Cosas que importan

Cosas que importan

No tan deprisa. Las cosas importantes no están solo en los grandes titulares de portada. A veces se esconden en pequeños repliegues de la realidad. En este espacio habrá mucho de búsqueda, de exploración, de reflexión sobre las cosas, pequeñas y grandes, que nos pasan. Y sobre algo que condiciona, cada vez más, la percepción que tenemos de lo que ocurre, la comunicación.

El día que Évole volvió a hacer de Follonero

Por: | 24 de febrero de 2014

Evole 3
Jordi Évole se había ganado un merecido prestigio gracias a un programa que combinaba osadía, inteligencia y seriedad. Salvados había conseguido niveles muy altos de credibilidad con un tipo de periodismo inquisitivo, que no se contenta con la primera respuesta ni con la versión oficial de los hechos. Cierto que en el formato incluía en ocasiones ligeras concesiones a la “puesta en escena”, pero nunca habían llegado a comprometer el prestigio del programa pues servían a la eficacia narrativa sin distorsionar el contenido. Con el falso reportaje sobre el 23F, Jordi Évole ha traspasado una línea, ha dado un triple salto mortal del que es posible que no salga indemne.

Siempre quedará la duda de si la razón última del experimento era poner en cuestión la opacidad sobre lo ocurrido el 23F o más bien ganar audiencia a costa de uno de unos hechos que ha marcado la historia reciente de este país y sobre el que más se ha escrito y publicado. Con Operación Palace Évole logró encaramarse hasta el 23,9% de share, con 6,2 millones de espectadores en el momento de máxima audiencia. Todo un éxito. Pero el procedimiento seguido para lograrlo no es neutro. Tiene su iatrogenia. El propósito podía ser legítimo y hasta loable: mostrar hasta qué punto los medios son capaces de manipular, de mentir, de distorsionar la realidad. Generar un debate en la profesión y entre los espectadores sobre esta cuestión puede ser interesante y hasta necesario, pero me temo que no todo vale para generar polémica, igual que no todo vale para ganar audiencia. En periodismo, la forma, los medios, sí que importan. Se puede experimentar con los formatos, con los estilos, con la manera de narrar las noticias, siempre que no se ponga en cuestión lo más importante: la veracidad del contenido y la credibilidad del medio.

Evole2El procedimiento es lo que empaña el resultado. Y puede volverse contra sus creadores, no solo contra Évole, sino también contra quienes han participado en la pantomima. Porque lo que se puso en juego para lograr el propósito declarado era nada menos que la autoridad de las fuentes y la credulidad de los espectadores. Si políticos y periodistas pueden ser tan eficaces mintiendo, ¿cómo sabremos cuándo dicen la verdad? El resultado es una pérdida de confianza en todos los medios y todas las fuentes.

Solo la presencia de esas fuentes solvenes podía hacer verosímil una teoría tan descabellada como la de que, para anticiparse al golpe de Estado que se estaba preparando, el Gobierno de Suárez, con la complicidad de políticos y periodistas, había pergeñado una representación teatral “preventiva”, dirigida por el cineasta José Luís Garci, a la que se habría prestado incluso el Rey. Únicamente el coronel Tejero habría creído que se trataba de un golpe de Estado real. De no llegar arropada con el formato del periodismo de calidad, semejante versión hubiera conducido directamente a la hilaridad. Y sin embargo, muchas personas creyeron lo que estaban viendo y su única duda fue, durante buena parte del programa, como atestigua Twitter, cómo era posible que eso se hubiera podido mantener oculto durante tanto tiempo.

Si se quería suscitar un debate sobre la necesidad de permitir el acceso a documentos sobre el 23F que todavía están clasificados, podían haberse utilizado muchos otros procedimientos. No hay que matar para demostrar que la muerte es terrible. Y si de lo que se trataba era de hacer un experimento televisivo sobre el dilema de si es posible "conocer una verdad a través de una mentira" o, lo que es lo mismo, hasta qué punto se puede mentir para sostener una verdad, algo recurrente en el debate periodístico, debían saber que el procedimiento para hacerlo no suele ser neutral.

Operacion_luna__318x216[2]Como experimento televisimo para generar debate podía ser interesante, pero tampoco era innovador. Y eso es lo que contribuye a la sospecha de que lo que se pretendía en realidad era dar la campanada para ganar audiencia. Se han recordado los dos antecedentes más conocidos. El primero fue la adaptación radiofónica que hizo Orson Welle en 1938 de “La guerra de los mundos” en la cadena norteamericana CBS. El relato de cómo las naves marcianas estaban invadiendo el país era tan realista y verosimil, que muchos oyentes entraron en pánico. El segundo fue un documental titulado “Operación Luna”, emitido por el canal francés Arte el día de los Inocentes de 2004. En forma de documental, se sostenía, con testimonios trucados, que la misión Apolo XI que llevó a dos astronautas a la luna en 1968, había sido un montaje del Gobierno de Richard Nixon. Los paralelismos entre “Operación Luna” y “Operación Palace” son evidentes. Ambos adoptan el formato de documental, ambos se sostienen con falsos testimonios y ambos utilizan el mismo argumento: decir que un acontemiento muy importante, ampliamente difundido por los medios y seguido en directo por miles de ciudadanos, era un montaje, una pantomima. La única diferencia relevante es que en el caso de Arte, las declaraciones de los testimonios habían sido trucadas, mientras que en Operación Palace, los testimonios se han prestado a colaborar como actores en la falsa representación.

Pero el antecedente más próximo al de “Operación Palace” es el programa “Camaleón”, emitido por TVE en Cataluña en 1991. El propósito era exactamente el mismo: demostrar hasta qué punto los medios pueden engañar a la audiencia. Y también los medios utilizados fueron parecidos. El programa se iniciaba de tal modo que simulaba una interrupción de la programación ordinaria para conectar con la corresponsalía en Moscú. En esa conexión, el presentador habitual de los informativos explicaba que, según la agencia Reuters, se había producido un golpe de Estado en Rusia, que se veían tanques por las calles de Moscú y que corría el rumor de que Gorvachov había sido asesinado. Conexiones con otras corresponsalías, entre ellas de la Washington, con una crónica de Núria Ribó, daban cuenta de las reacciones en el resto del mundo.

Abril.jpgEl hecho de que el formato fuera el habitual en las conexiones de los informativos, y los protagonistas, los propios presentadores y corresponsales, es lo que daba verosimilitud a la falsa noticia. Hasta el punto de que otros medios la reprodujeron sin contrastarla y Felipe González fue sacado urgentemente de una reunión. Esa fue la razón por la que el experimento se saldó con el cese del jefe de programacion. La emisión provocó un amplio debate, del que quedó clara el menos una cosa: la precipitación con la que los periodistas se conducen en muchas ocasiones, y cómo la extrema competencia lleva a algunos medios a difundir una noticia espectacular sin contrastarla. ¿Qué aportaba de nuevo el experimento de Évole a este debate? 

Para que la farsa pudiera ser creída, para que el experimento pudiera ser eficaz, necesitaba utilizar elementos que le dieran credibilidad. De lo contrario, nunca hubieran podido penetrar en la credulidad de la audiencia. Sin el formato de documental y sin la colaboración de conocidos políticos y periodistas, pocos hubieran caído en la trampa del falso documental sobre el 23F. Pero ahí está, precisamente, el punto débil del experimento. Que para poder demostrar la tesis, necesita engañar a los espectadores con los instrumentos que habitualmente utiliza para ganar su confianza. Es como si un médico deliberadamente prescribiera un tratamiento nocivo a sus pacientes para decirles que estén alerta, porque se puede equivocar. Mentir de esta forma supone dar un golpe bajo a la credulidad de los espectadores. En la polémica posterior al progama, algunos incluso les han culpado de no ser tan listos como para darse cuenta del engaño. Pero ellos pueden sentirse, con razón, heridos por haber confiando una vez más en aquellos en quienes cada semana solían confiar, y ser tratados por ello de tontos.    

Al final, a lo que el experimento contribuye es a la teoría de que nada es fiable. De que todo puede ser  falso. Incluso aquello que en principio goza de la máxima presunción de veracidad. Es cierto que los medios tienen el poder de la manipulación. Y que lo utilizan. Que pueden distorsionar imágenes, ocultar hechos, cambiar la apariencia de las cosas. Pero precisamente porque pueden hacerlo, la única manera que tienen de seguir cumpliendo su función de intermediación y mantener la confianza de los ciudadanos es preservar a toda costa, como un capital intocable, la credibilidad. Ser dignos de la credulidad de la gente.

Ya en su faceta de Follonero en el programa de Andreu Buenafuente Jordi Évole nos caía muy bien. Tenía la virtud de darle la vuelta a las cosas, de incordiar, de poner el dedo en el ojo. Era una pieza fundamental de aquel espectáculo televisivo que tenía el sano atrevimiento de no considerar intocable ningún tema. Y que no engañaba a nadie, pues en ningún momento se presentaba como algo distinto de un programa de entretenimiento que utiliza la realidad como elemento esencial de su contenido. Más tarde, como incisivo periodista del programa Salvados, Évole logró también grandes cotas de popularidad y prestigio. Le admiramos y le apreciamos por ello. Pero ha de elegir. Los dos papeles a la vez no pueden ser. O hace espectáculo, o hace periodismo. 

 

Hay 33 Comentarios

Predecible homenaje a Orson Welles a los setenta y seis años de su genialidad. Desprendía ya al inicio un suave aroma a naftalina parecido al que anima los enfrentamientos de nuestros líderes, en días de debate.

Yo creo que, en general, la gente se está quedando con un mensaje muy simple: nos pueden engañar muy fácilmente. Pero en realidad creo en una lectura un poco más compleja; si tenemos que aceptar que los de arriba pueden ocultar la verdad de los acontecimientos que nos atañen a todos durante el tiempo que les dé la gana, ¿por qué no tenemos el derecho a confabular con lo que sucedió y hacer de ello una parodia? Personalmente, creo que es una manera de poner "el dedo en la llaga" y reivindicar una mayor transparencia en todo lo que acontece en este país. Mi enhorabuena al equipo de Jordi Évole, siguen dando mucho que hablar en este país.

No me molesta que haya hecho una ficción con personajes reales, sino que haya sido mala, pobre. Esperaba mucho más de Évole. Creo que era una oportunidad para hacer algo provocador, hacer una teoría de la conspiración que uniera todas las teorías de la conspiración. Seguro que hubiera hecho pensar, sin decantarse por una teoría concreta. Eso esperaba yo. Pero fue solo un divertimento. Dicho esto, para mí no afecta nada al trabajo de Évole en Salvados, que es otra cosa. En cuanto a las personas que se lo creyeron y que tuvieron la prisa de hablar antes del final, han demostrado ser no tontos, pero sí un poco cándidos y mal informados (los anuncios del programa ya dejaban claro que se iba a trata de una ficción, y la propia trama es del todo increíble). Por cierto , a mi me gustó mucho más el debate de Iker Jiménez, del que casi nadie habla sino es para despreciarlo, un poco más tarde.

Muy buen artículo, le felicito, por exponer tan claramente lo que muchos pensamos. Llevo días leyendo comentarios de personas que o manifiestan su disgusto y argumentan el porque, o defienden a ultranza la bazofia esta. La diferencia entre ambos suele ser que los segundos suelen despreciar, algunos insultar, a los que opinamos de otro modo....Muy significativo.

Al menos los profesionales de la información (Iñaki Gabilondo, Fernando Ónega, Luis Mª Anson...), y no Jordi Évole, que como dice Milagros Pérez Oliva, fueron quienes dieron credibilidad al engaño, no debieron prestarse nunca a esa pantomima. Bien que lo lamento, pero su credibilidad y solvencia ha quedado herida. Me sentí estafado por ellos. Y lamento hondamente que a algunos les haga gracia mi credulidad. Pero les diré a éstos que no se preocupen por mí, sino por la perdida credibilidad de esos tres periodistas.

¿Todo este texto para decir que si no viene de un "periodista certificado" no vale?

Admitidlo: os ha pasado por la derecha, y sin avisar. Lo que hace Évole es periodismo. Incómodo. Mucho.

Lo que hace El Pais es contar lo que conviene. Como muchos otros.

Un analisis y unos comentarios tan prolijos indican a las claras que se parte de prejuicios muy arraigados. No se necesitan tantas palabras y retruecanos para explicar algo tan sencillo. Al final del todo, al fin de todo, lo que importa, lo unico que tiene trascendencia, es aquello de lo que se dice que aun a dia de hoy sigue siendo un misterio: la ubicua caja/cajita/cajon que acompaña al Rey en todas y cada una de las epocas, imagenes y videos que aparecen a lo largo de todo el documental. ¿Que que esa caja de estetica Stars Wars? Quiza el secreto de su poder, el titulo que lo aupo a su puesto, el llamado consenso o contrato tacito de los medios que en la practica protege a la monarquia y la blinda de miradas, analisis y criticas, los muchos negocios, propiedades, contratos y cuentas corrientes de la casa real, todos ellos asuntos que estando aparentemente a la vista de todos son precisamente hurtados del escrutinio publico. Y tambien quizas el papel del citado en el propio golpe de Estado, nunca suficientemente aclarado por la cortesana prensa. Esa puede ser la clave, la caja, lo demas como diria el propio Evole es una version mas, un relato, una lectura, un entretenimiento, una diversion precisamente de lo que si importa, que por otro lado no se puede contar.

Pues a mí me parece que hacía muchos años que no se producía en este país nada tan divertido y tan educativo a la vez, dos cosas que no están para nada reñidas. Yo reconozco que me lo acabó colando tras un rato de dudas gracias sobre todo a la participación de gente como Iñaki Gabilondo, persona en la que, tras muchos años de seguimiento, confío. Y fallé en lo de menos pero acerté en lo principal: aparte de reirme un buen rato, he aprendido más de mi forma de manejar información. Por supuesto, el equipo nos sacó inmediatamente de dudas, pero enriquecidos. Mis felicidades a Jordi. Y los españoles vamos estando ya maduros, sigue habiendo quién se cree las conspiranoias realmente graves, las que no se reconocen como tales y buscan réditos políticos, pero a otros esto no nos impide ver que hay fuentes más fiables y menos, pero nos ha agudizado la capacidad de analizarlo.

Absolutamente en desacuerdo con el artículo!

Yo creo que fue un gran programa, sobre todo porque nos dijeron lo que era al final, desvelando "el misterio" y dejando claro que era un montaje.
Diferente es que hubiesen dejado la duda para al finalizar el programa, pero el fin del reportaje no era engañar, ni siquiera hablar del 23F... el fin del programa era enseñarnos como nos pueden engañar de manera fácil

Salu2

http://www.alicantegusta.com

Tengo la impresión de que nos falta perspectiva y nos sobra afán por juzgar un programa que, por cierto, nunca se ha presentado como informativo: en un país (el nuestro) donde los criterios para organizar la información televisiva hace años que han sido doblegados por espúreos intereses comerciales y empresariales; en un país (el nuestro) donde el periodismo —el de verdad— languidece aplastado por la manipulación, el control político y las inercias productivas de máxima rentabilización al mínimo coste; en ese país (el nuestro) cuyos espectadores decimos estar hartos de programas de cotilleos, estúpidos realities y series para “señoras de Cuenca”, el ejercicio arriesgado, atrevido y provocador (pero honesto: aclaró su pretensión de inmediato) de quien tantos han loado en público y en privado, recibe hoy un caudal de críticas tan desproporcionadas e incoherentes (no se escuchan ante ejercicios mucho más perversos) que sólo evidencian que tenemos la TV en abierto que nos merecemos, ya que la audacia y la imaginación están penalizadas con enfervorecida incomprensión y trascendental rechazo. Que además, y con el tiempo, sospecho que se revelará ridículo.

Qué decepción. Cuando Jordi Evole hacía de "follonero" me parecía un pobre diablo que se hacía el listillo para ganarse la vida. Era triste y patético. Después, cuando, con un trabajo serio y riguroso, se había convertido en un periodista de referencia, por lo menos para mi, me pareció un profesional valiente y serio, y me sabía mal haber tenido anteriormente una opninión negativa de él. Ahora ya no podré confiar más en lo que nos cuente... porque no tiene respeto por su audiencia. Los fans que le jalean me recuerdan el chiste de Gila que decía que la boticaria del pueblo se había enfadado mucho porque los mozos con un petardo le habían volado la cabeza a su chico... "¡Pues si no saben aguantar una broma, que se marchen del pueblo!". Hay bromas que ofenden y vacilar a la audiencia con aquel lamentable episodio de nuestro pais, con el espurio objetivo de ganar audiencia, a mi me resulta ofensivo. Espero que nadie bromee con él llamándole para decirle que su madre ha muerto en un accidente para poder decirle luego ¡inocente!

Jordi Évole es un crack y ha demostrado lo fácil que es engañar a la gente desde los medios. Aquí tienen otro ejemplo: http://xurl.es/9ik46

Parece que a Milagros Pérez Oliva, al igual que a un compañero suyo en otro artículo en El País, les molesta que alguien de su mismo gremio ponga en cuestión la credibilidad de los medios de comunicación. Lo de Évole fue un aviso para navegantes, simplemente, para demostrar lo fácil que es caer en el borreguismo.

1. Ahora resulta que Jordi Évole era el ídolo de todos los periodistas de El País. Qué pena que lo digan ahora que, según ustedes, ya es un vulgar presentador de la tele y no un verdadero PERIODISTA.
2. El programa de ayer no fue una mentira, sino una broma. ¿De verdad no han entendido nada? Es fácil pero inevitable la comparación con la publicación de la falsa foto de un Chávez moribundo. Eso sí se hizo por vender más (y para que no les pisaran la primicia no confirmaron si la foto era realmente de Chávez).
3. A la vez que niegan que el programa haya servido para lo que decía buscar Évole (la denuncia de las mentiras oficiales, la rebelión contra el silencio), ustedes no pueden evitar teorizar sobre el tema. Vamos, que le dan la razón por puras ganas de quitársela.
4. Ustedes entran en el tema con fruición precisamente porque ahora Jordi Évole vende. Si todo fuera una burda broma copiada de otros sitios, no merece tan sesudos (algunos, que otros ni eso) artículos.
5. No sé por qué el hecho de que Jordi Évole firmara el programa de ayer le quita autoridad a sus otros programas. ¿No venden ustedes cacerolas y productos del supermercado de El Corte Inglés? ¿Eso le quita autoridad a El País para comentar nada? Creo que expresan más un deseo que una realidad.


Absolutamente de acuerdo con el artículo. El programa era creíble por el aval que le prestaban los participantes cuyo prestigio confundía cualquier análisis de las sospechan que se suscitaban. Agradezco que me hayan hecho ver que no te puedes fiar de nadie pues nada impide que en otra ocasión omitan que es falso lo contado, han demostrado que pueden ser perfectamente unos manipuladores perfectos. A partir de ahora lo primero que habrá que hacer es no analizar si el tema es en principio interesante sino la credibilidad de quien lo presenta y sus ocultas intenciones y por tanto descartarlo de plano si fuese conveniente sin entrar en el fondo del asunto. Sería interesante estudiar si los participantes llegan a recuperar la credibilidad tan tontamente despilfarrada.

De falsos documentales y fakes en general hay a estas alturas hasta para aburrir. Cierto que siempre es bueno que alguien de renombre reinvente la rueda porque siempre hay quien no se había enterado.

Un formato como el falso documental requiere de un uso inteligente y que el realizador sepa mantener la credulidad del espectador hasta el final. Hasta el final. Un falso documental desde el momento que es percibido como tal ya no lo es. Y Evole no lo consiguió. La mayoría no picó. Sólo los más pobres culturalmente podían seguirle el juego; entre los cuales, cierto es, algún ilustre sociólogo como twitter ha puesto en evidencia. Y luego además no había continuidad con el debate porque no había conexión entre la defensa de la desclasificación de documentos con la tontería que se había visto. Si se quería debatir algo que se hubiera puesto algo sobre la mesa.

"Mentir de esta forma supone dar un golpe bajo a la credulidad de los espectadores."

Hombre, es que supongo que de eso se trata precisamente. No soy especial seguidor de este Évole pero todo lo que sea hacer más consciente a la gente de que los medios pueden manipular y manipulan la información constantemente no puede ser malo, otra cosa es que haya conseguido esto con ese programa. En cualquier caso es un hecho que los grandes medios de comunicación están lejos de ser neutrales y desinteresados, y por tanto bien harán los espectadores en ser incrédulos y críticos antes de tragarse sin masticar toda la información sesgada y tendenciosa que se les da a diario.

Creo que el artículo tiende a autodefenderse de la fiabilidad de la prensa, tanto escrita como visual, y se siente molesta con este documental-ficción e incluso se percibe cierto resentimiento porque los participantes en él, bien elegidos para darle ese tono "realista", se prestaron a colaborar en la creacción del mismo. Desde mi punto de vista, lo que Evole trató de enseñarnos o demostrarnos es que en los medios de comunicación todo es manipulable, todo se puede alterar y hacer pasar por bueno cuando interese a quien interese, que muchas imágenes que vemos no son ciertas, están alteradas, modificadas y no se ajustan a la realidad, con lo que se crea un ánimo en el ciudadano que pasa a ser controlado y dirigido hacia uno u otro lado. Yo, como fotografo aficionado, puedo crear una foto distinta partiendo de una real, puedo incluir o suprimir lo que más me interese y, una vez hecho eso, la puedo presentar, enseñar y vender, si me la compran claro, como si fuese real. El único que sabe la verdad soy yo, eso es, sigue siendo mi opinión, lo que entiendo quiso decir el autor del documental-ficción...que no nos fiemos de lo que nos enseñen sino solo de lo que podamos ver, oír o sentir, lo demás es pura y dura manipulación.

Llegué tarde al documental y me fui quedando alucinado y me lo tragué. Se que pensaréis que he sido un ingenuo pero llevo tantos años oyendo y viendo como los poderosos siempre son presuntos y nunca condenados,y que cuando lo son se les indulta, que veía posible que hubieran montado tamaño embuste. De hecho no han desclasificado la información porque debe ser alucinante lo que debe haber allí. Pero pasado el primer enfado creo que ha sido más útil que perjudicial porque me ha recordado que todos tenemos intereses, todos. Y no debemos olvidarlo. El altruismo no existe, el paternalismo sí.

Entre los detractores de Evolé los encuentro de dos clases: los de siempre y los defraudados. Los de siempre se creen haber dado por fin con la prueba irrefutable de que el periodismo de Jordi E es una farsa (caso Juan Espàñol). Los defraudados no entienden cómo un adalid de la contracultura se embarca en un proyecto que no implique el desenmascaramiento de alguna negra fuerza oculta. Ambos pecan de soberbios. Haciendo este falso documental, Evolé les pone a ambos en evidencia , es hoy más fuerte que ayer y se allana el camino para muchos muchos programas más. Magistral el Follonero.

De acuerdo con el artículo.Si Evole dejó de ser "el follonero", no venìa a cuento lo de ayer y encima con polìticos y periodistas, algunos de ellos, de dudoso gusto. Pecò de pretencioso por saberse estar en un pedestal

En España NOS LA COGEMOS CON PAPEL DE FUMAR.
¿A quien hace daño el documental de Jordi? ¿De verdad creemos que 30 años después alguien puede sentirse ofendido? El que lo sienta así es un triste.
¡¡¡Enhorabuena Jordi!!!

Creo que lo que ha quedado demostrado con este "experimento" es el mundo espectral en el que viven gran parte de los televidentes. Un mundo en el que realidad y ficción se amalgaman sin que, en el fondo, le importe mucho a nadie qué es mentira y qué es verdad.

Creo q este artículo se sale de contexto. No estamos acostumbrados en este país a lo diferente, y cuando se hace siempre hay gente que al no entenderlo lo intenta degradar. A mi me gusta su programa y me gustó el de anoche, aunque no tanto como otros, porque a mitad de la emisión ya pensaba que era mentira, pero eso no significa que no siga confiando en la credibilidad de sus próximos trabajos

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Sobre el autor

Milagros Pérez Oliva. Me incorporé a la redacción de EL PAÍS en 1982 y como ya hace bastante tiempo de eso, he tenido la oportunidad de hacer de todo: redactora de guardia, reportera todoterreno, periodista especializada en salud y biomedicina, jefe de sección, redactora jefe, editorialista. Durante tres años he sido también Defensora del Lector y desde esa responsabilidad he podido reflexionar sobre la ética y la práctica del oficio. Me encanta escribir entrevistas, reportajes, columnas, informes y ahora también este blog. Gracias por leerme.

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