Cosas que importan

Cosas que importan

No tan deprisa. Las cosas importantes no están solo en los grandes titulares de portada. A veces se esconden en pequeños repliegues de la realidad. En este espacio habrá mucho de búsqueda, de exploración, de reflexión sobre las cosas, pequeñas y grandes, que nos pasan. Y sobre algo que condiciona, cada vez más, la percepción que tenemos de lo que ocurre, la comunicación.

El enigma Puigdemont

Por: | 17 de enero de 2016

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La insistencia con la que diferentes líderes del soberanismo catalán en que han de ampliar la base social del independentismo implica un suave pero inequívoco intento de corregir la estrategia seguida hasta ahora y un reconocimiento de que los resultados electorales les han conducido a un callejón sin salida. Finalmente se han dado cuenta de que con la fuerza electoral obtenida en las autonómicas de septiembre no están en condiciones de plantear, y mucho menos ganar, el pulso que mantienen con el poder central. A tenor de sus palabras, no se trata de corregir el rumbo, pero si la velocidad y la forma de navegar. El soberanismo parece haber tomado conciencia de que con las fuerzas de que dispone, ya no puede mantener el rumbo rápido de colisión en el que estaba inmersa, sino un rumbo zigzagueante que le permita despistar al contrario y ganar tiempo para reponer fuerzas. Todo ello a costa de renunciar a los plazos que se había fijado y desaprovechar la ventana de oportunidad que veía en la debilidad de la política española ante la dificultad para conformar un gobierno sólido y estable en Madrid.

Los primeros gestos de Carles Puigdemont como presidente de la Generalitat son significativos. Puigdemont ha insistido de entrada en que el plazo de 18 meses para culminar el proceso que figura en los pactos con la CUP no tienen por qué ser un corsé. Si se pueden acortar, mejor, pero si se han de alargar, no pasa nada, ha dicho sin titubear. Ha insistido también en que todo el proceso se hará preservando en todo momento la seguridad jurídica, porque se irá “de la ley a la ley”. Eso es algo difícil de creer si se aplica la hoja de ruta que figura en los pactos poselectorales, pues no es posible ir a un proceso de “desconexión” de España para crear la nueva república catalana yendo sin más desde la ley española a la ley catalana si ese proceso no se ha pactado antes. ¿Quiere eso decir que Puigdemont antepone la negociación a la confrontación? Desde luego no me atrevería a ir tan lejos, pero algo parece no cuadrar en el discurso soberanista en las últimas semanas. La insistencia de Puigdemont puede ser una estratagema para calmar la ansiedad que reina en medios económicos, pero también puede ser un modo de preparar a los suyos para cambios ulteriores.

De entrada, el proceso de elaborar la nueva legalidad catalana pasaría, según esa hoja de ruta del soberanismo, por la aprobación de una constitución catalana. Pero de momento, Puigdemont ya ha aclarado que la primera parte de ese proceso no consistirá en debatir y aprobar un texto constitucional en sede parlamentaria, cosa que sería objeto de rápida impugnación por los poderes del Estados y de la previsible intervención del Tribunal Constitucional, sino en un “proceso participativo” de la ciudadanía para que esta pueda debatir los términos de la nueva constitución. Es decir, no una comisión parlamentaria impugnable por perseguir una finalidad para la que no tiene competencia, sino en una campaña de agitación política para facilitar la participación de la sociedad civil y de paso, tratar de ampliar esa base social que ahora considera insuficiente.

Puigdemont ha tenido además buen cuidado en situar su independentismo en el plano estricto de la gestualidad política y en todo momento ha evitado contravenir abiertamente la ley. Ha suscitado un gran escándalo mediático que en el juramento de toma de posesión como Presidente de la Generalitat evitara comprometerse a respetar la Constitución y utilizara una fórmula claramente provocadora. Pero pocos remarcaron que apenas unas horas antes había aceptado sin reparos el cargo de diputado con un juramento que incluía, por supuesto, el respeto de la Constitución aunque fuera “por imperativo legal”. Es evidente que el nuevo presidente no ha querido contravenir la legalidad, ni siquiera en el terreno de lo simbólico, pues mientras el juramento de aceptación de los cargos electos está claramente regulado y exige el acatamiento de la Constitución, no ocurre lo mismo en el caso de la toma de posesión del cargo de Presidente. 

¿Hemos de considerar pues estos movimientos como un indicio de que algo está cambiando en el soberanismo? Es pronto aún para responder a esa pregunta, pero los primeros movimientos del nuevo presidente tienen algo de enigma. Habrá que observar con atención los próximos pasos.

 

Imagen: Carles Puigdemont con Oriol Junqueras en el Patio dels Torongers de la Generalitat, el día que tomó posesión como presidente de la Generalitat. AFP.

Hay 3 Comentarios

Durante mucho tiempo los españoles se han quejado de la incapacidad de los partidos de acordar la reforma constitucional, de acordar leyes basicas del Estado-educacion, laboral, seguridad,...Los españoles con su voto no han pedido cambio, ni han pedido ruptura,....LOS ESPAÑOLES LO UNICO QUE HAN PEDIDO ES ACUERDO, QUE ENTRE TODOS NOS SAQUEN DE LA CRISIS ECONOMICA, CRISIS TERRITORIAL,....El electorado socialista no entenderia que el PSOE antepusiera la ambicion del poder, al interes de España y de los españoles (crisis economica, territorial..). Lo logico es que el PSOE y el PP negocien por escrito las reformas y las leyes que preteden cambiar (Reforma Constitucional, leyes de Estado, nuevo modelo economico.... Y si hay acuerdo el PSOE se abstenga y permita un Gobierno del PP ( PP+CIUDADANOS), con una hoja de ruta en los temas pactados. El PSOE ni debe formar gobierno con los resultados electorales obtenidos, ni debe de formar parte de ningun gobierno del PP. El repetir las elecciones es simplemente el fracaso de la politica. Muchos quieren que el PSOE forme gobierno para hundirlo con la situacion actual

Puigdemont no tiene que demostrar esencia independentista. Lo es, y todo el mundo sabe que lo es.
Por lo tanto tiene margen de flexibilizar tiempo y condiciones. Si en lugar de 18 meses tienen que ser 23, pues se aceptará. Si en lugar de DUI tiene que ser referéndum de ratificación de la Constitución Catalana, o incluso referéndum acordado con el estado español, pues se aceptará.
Ahora bien, que nadie en España lo olvide. "Anem a totes", como ya dijo Romeva en julio de 2015, en la presentación de Junts pel sí.
Cuanto antes lo aceptemos TODOS, mejor.
La solución será el Referéndum. Y teniendo en cuenta que es un acuerdo que no satisface a ninguna de las dos partes, evidencia que será un buen acuerdo.
A los independentistas no nos gusta porque significa reconocer que no podemos maniobrar únicamente con nuestras fuerzas sociales y nuestras instituciones, y tendremos que aceptar la cesión de soberanía española para convocar un referéndum vinculante como hicieron UK y Escocia ; como antes hicieron Canadá y Quebec.
A los constitucionalistas no les gusta porque supone aceptar que más allá de la proclama patriótica que la soberanía recae en el conjunto del pueblo español, significa en la práctica aceptar que Catalunya és un sujeto jurídico, una nación, y que tiene derecho a decidir democráticamente su futuro.
Mejor que TODOS lo aceptemos. Las alternativas supondrán un coste social, político, económico alto.
Y para que al final la UE tenga que obligar a las dos partes a celebrar la consulta, mejor que ya antes las dos partes se hayan puesto de acuerdo.
Es mi opinión sobre lo que creo que sería más conveniente y sobre lo que creo que pasará.
(Y mira que me sabe mal tener que esperar más de los dichosos dieciocho meses - the hateful eighteen, en lenguaje tarantiniano- , para tener mi pasaporte catalán en el bolsillo. Pero es que, al mismo tiempo que soy soberanista, también soy demócrata.)

Me parece muy aconsejable para todos el conocer un mínimo de historia de la evolución del catalanismo-nacionalismo-independentismo desde hace más de CIEN AÑOS, y no exagero. Recuerden, por ejemplo...Bases de Manresa, Solidaritat Catalana, Mancomunitat, Estatuto republicano, Estatuto de la Transición.... Todo esto no ha sido "un soufflé", sino una llave de trinquete, que a cada paso ha hecho "clic" a un nivel más avanzado de progreso y de tensión. Ahora conviene consolidar los avances recientes (digamos 2010-2016). Con perspectiva histórica, es evidente que seis meses más o menos no tienen ninguna importancia!!

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Sobre el autor

Milagros Pérez Oliva. Me incorporé a la redacción de EL PAÍS en 1982 y como ya hace bastante tiempo de eso, he tenido la oportunidad de hacer de todo: redactora de guardia, reportera todoterreno, periodista especializada en salud y biomedicina, jefe de sección, redactora jefe, editorialista. Durante tres años he sido también Defensora del Lector y desde esa responsabilidad he podido reflexionar sobre la ética y la práctica del oficio. Me encanta escribir entrevistas, reportajes, columnas, informes y ahora también este blog. Gracias por leerme.

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