Cosas que importan

Cosas que importan

No tan deprisa. Las cosas importantes no están solo en los grandes titulares de portada. A veces se esconden en pequeños repliegues de la realidad. En este espacio habrá mucho de búsqueda, de exploración, de reflexión sobre las cosas, pequeñas y grandes, que nos pasan. Y sobre algo que condiciona, cada vez más, la percepción que tenemos de lo que ocurre, la comunicación.

Segregados en el aula

Por: | 14 de marzo de 2016

En el debate educativo ha ocupado siempre un gran espacio la preocupación por el efecto que sobre los alumnos más brillantes tiene el hecho de que en clase haya estudiantes más rezagados. Con la extensión de la escolarización obligatoria hasta los 16 años, ese debate se ha intensificado ante la presencia de de alumnos que no solo no muestran ningún interés por los estudios sino que ni siquiera quieren estar en el aula. Esta nueva realidad, derivada de la reforma educativa, ha resultado especialmente enojosa para muchos profesores de secundaria que estaban acostumbrados a un alumnado más homogéneo, dada la criba social que se producía a los 14 años entre quienes continuaban en Bachiller y los que no. En cualquier caso, es un problema pedagógico nada fácil de abordar. Pasados unos años de desconcierto y descontento docente, se ha encontrado una solución en la posibilidad de hacer grupos de nivel, en los que se agrupa a los alumnos de cada curso en función de sus resultados.

Siempre he albergado dudas sobre los efectos de este modelo. Pensaba cómo hubiera influido en mi autoestima figurar en el grupo C y si eso me hubiera ayudado a remontar o a caer. Pero algunos docentes me decían que si bien no era la solución ideal, era al menos una solución. Pues bien, en un debate sobre fracaso escolar que tuve el honor de moderar en el Palau Macaya, dentro del ciclo Debates de RecerCaixa, pude comprobar que la cuestión no está, ni mucho menos, tan clara como parece.

1245699599_850215_0000000000_sumario_normalEmpecemos por el contexto. Es cierto que hemos dado un gran salto. Hemos pasado de una media de escolarización de la población adulta de 4,6 años en 1960 a 9,6 en 2010. Pero aún tenemos una tasa de fracaso escolar del 21,9% entre 18 y 24 años, la más alta de UE y casi el doble de la media comunitaria, que es del 11,1%. Hay que preguntarse pues qué pasa dentro y fuera del aula para que este indicador siga siendo tan negativo.

Obviamente influyen en primer lugar los factores sociales. Y entre ellos, uno de los más determinantes es el nivel de estudios de los padres, según ha podido comprobar el profesor Xavier Raurich en su investigación sobre Desigualdad, movilidad social, esfuerzo y educación. El hecho de que en España el 57% de la población de 16 a 65 años no tenga más estudios que los obligatorios —en Alemania es el 16%— tiene mucho que ver. En las familias en las que al menos uno de los padres tiene estudios postobligatorios, la tasa de abandono escolar es del 15%. En las que ninguno de dos los tiene —suelen ser también las familias con menos renta— la tasa sube al 45%.

Esta es la realidad de partida, en la que se puede y debe intervenir, según enfatizó Miquel Angel Essomba, comisionado de Educación del Ayuntamiento de Barcelona, con ayuda social. Y sobre esa realidad incidirá lo que ocurra dentro del aula. Tanto Pilar Ugidos, directora de la escuela pública Miquel Bleach de Barcelona desde su dilatada experiencia pedagógica, como Javier Díaz-Palomar desde la investigación académica en la Universidad de Barcelona, han constatado que la segregación por niveles dentro del aula no conduce en la mayoría de los casos al éxito, como se pretende, sino al fracaso o al abandono temprano de los que están en peores posiciones. En su opinión, la educación compensatoria, basada en la idea de que hay niños con déficits que deben compensarse con ciertos refuerzos en grupo, ha fracasado. Los grupos de nivel solo funcionan para los mejores. La experiencia dice que la segregación que comienza en los primeros cursos, se mantiene en los siguientes. Más que facilitar el éxito, es un sistema que enquista, un camino sin salida para los que tienen más dificultades. No es casualidad que tengamos un 30% de tasa de repetición de curso, la más alta de Europa.

Habría que buscar en las experiencias de éxito, que las hay, una alternativa a este modelo que permita progresar a todos los alumnos. Díaz-Palomar ha investigado más de 200 experiencias de este tipo. Su conclusión es que los mejores resultados se dan en los llamados grupos interactivos, que es lo contrario de estratificar a los alumnos por niveles de competencia. En estas aulas interactivas, los estudiantes trabajan en grupos pequeños y diversos, se ayudan entre ellos bajo la supervisión del docente, utilizan el aprendizaje dialógico y recurren a las tecnologías como instrumento para una comprensión más profunda. En los grupos interactivos desaparecen las etiquetas y los estigmas y, a diferencia de los grupos de nivel, todos mejoran tanto en resultados como en convivencia.

Me pareció un debate apasionante. Y me fui con una convicción: hay que cambiar los entornos de aprendizaje. Más que políticas compensatorias, hace falta políticas transformadoras. También dentro del aula.

Hay 5 Comentarios

Interesante opinión sobre la mejora en el rendimiento escolar, permíteme añadir la motivación como un elemento crítico de cualquier aprendizaje, la segregación por niveles no mejora el rendimiento, lo que mejora en todo caso es el funcionamiento de la dinámica en clase y simplifica la labor de enseñanza del profesorado. Sin embargo, la importancia no está en el grupo sino en el individuo. El interés por el estudio tiene su base en la motivación que para cada estudiante es distinta. Sería conveniente un programa educativo orientado a las necesidades y aptitudes de cada chic@ y una creciente partipacion de los estudiantes en los programas educativos con el fin de obtener contenidos educativos diseñados por todas las partes, y no sólo desde los ministerios y entidades educativas.

A veces la segregación es una opción individual, aunque no siempre lo sea. Algunos sociólogos han demostrado con números cómo se "logra" que un barrio sea monocolor a fuerza de incrementar individuos de una sola clase. Eso, unido a la tendencia a la media, puede explicar el fracaso escolar. Respecto de éste, hay que considerar que toda la clase media que procede de la generación babyboomer y que estudió en la Universidad o que la que procede de estos babyboomer, ha estudiado sin tener padres universitarios en su mayoría.
Algunas hipótesis son discutibles y los recursos en la enseñanza no garantizan el éxito; quizás el esfuerzo pueda aportar algo a ello, en una cultura falaz donde todos los días se le da pábulo a la lotería y al fútbol.
En mi tosca, por falta de datos, opinión o creencia, el fracaso escolar tiene mucho que ver con la falta de atractivo de los contenidos frente a cómo se puede aprender por Internet, con la ausencia de un modelo educativo estable, al margen de intereses ideológicos y políticos, con el exceso de materias y con el concepto de profesor=profesión, frente a profesor=vocación.

¿Sacrificar a los buenos alumnos para que los negados lleguen a algo? Es la política educativa más injusta. Como "buen" alumno que se vio en la situación (no buscada y prácticamente forzada) de tener que dar apoyo, no es mi culpa tener un cerebro y saber usarlo, y no es mi culpa que mis padres trabajasen a destajo para darme una buena educación y hacerme ver su importancia. Cada palo que aguante su vela.

En muchas ciudades los alumnos más brillantes, son invitados a un Colegio - por lo general sostenido por alguna Universidad - donde estos niños y jóvenes son especialmente guiados , con el fin de que vayan descubriendo sus vocaciones para abordarlas en el futuro. De ese modo, se les preserva de la belicosidad que suele reinar en las aulas, por parte de los demás estudiantes.

A mi también me parece mejor opción los grupos interactivos, o , por ejemplo, mezclar en clase o hacer que se sienten juntos alumnos más avanzados con otros menos o con peores resultados, siempre bajo la supervisión del profesor, que intuyo debe , en su caso, estimular la enseñanza. Pero yo creo que el verdadero problema está cuando los chicos terminan las clases, abandonan las aulas y se van para sus casas, ahí las realidades pueden ser muy distintas, por eso a lo mejor también podría ser interesante dejar una hora o dos para estudio, antes de irse a casa, por lo menos quizás puedan aprovechar algo más.

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Sobre el autor

Milagros Pérez Oliva. Me incorporé a la redacción de EL PAÍS en 1982 y como ya hace bastante tiempo de eso, he tenido la oportunidad de hacer de todo: redactora de guardia, reportera todoterreno, periodista especializada en salud y biomedicina, jefe de sección, redactora jefe, editorialista. Durante tres años he sido también Defensora del Lector y desde esa responsabilidad he podido reflexionar sobre la ética y la práctica del oficio. Me encanta escribir entrevistas, reportajes, columnas, informes y ahora también este blog. Gracias por leerme.

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