Sobre el autor

Francesc Valls

. Viví la transición democrática en primera línea periodística y personalmente. Luego me enriquecí espiritualmente viajando con Juan Pablo II alrededor del mundo. Descendí a lo terrenal con Jordi Pujol. Desde siempre he sido un adicto a la política. Soy subdirector de EL PAÍS en Cataluña.

Sobre el blog

El día a día del contraste entre ese dulce postre tradicional y la amarga austeridad. Todo aderezado con unas gotas de tabasco soberanista.

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Las horas más bajas del PSC

Por: Francesc Valls | 22 nov 2011

Sociapierden
El revés del  PSC en las elecciones generales es el de mayor magnitud sufrido por los socialistas de toda España. En Cataluña, tradicional granero de votos de izquierda, se ha operado un vuelco que trastorna todos los planes de la actual dirección. El PSC ha perdido una media del 18% de votos, frente al 15% de la media del socialismo español. La que iba a ser una plataforma de lanzamiento de Carme Chacón para liderar el PSOE se ha convertido en una rampa deslizante. Los resultados complican las legítimas aspiraciones  a liderar el PSOE de la ministra, que proyectaba su marcha triunfal a Madrid. La Cataluña que debía ser estandarte de la  resistencia ante la marea azul del PP es la bandera de la derrota.

            Al Partit dels Socialistes se le encabalgan los problemas y tiene otra asignatura pendiente: la celebración de su congreso los días 16, 17 y 18 del próximo mes de diciembre. En sus horas más bajas, el partido ha pasado de tenerlo todo –Gobierno catalán, ayuntamientos y diputaciones- a perderlo casi todo. El 20-N ha sido la culminación del ajuste de cuentas al que el electorado catalán ha sometido a los socialistas después de  tres convocatorias electorales –autonómicas, municipales y generales- que han ofrecido un espléndido hat-trick a CiU.

No ha pasado desapercibida a ojos de la ciudadanía la errática política de votar una cosa en el Parlament y otra en el Congreso, como sucedió hace unas semanas con el famoso preámbulo del Estatut. O el tener que pasar bajo las horcas caudinas del pacto PP-PSOE para poner un techo al déficit mediante la reforma de la Constitución, un texto que siempre ha sido considerado intocable por parte de la dirección real de los socialistas catalanes.  O criticar los recortes del Gobierno de Artur Mas, mientras desde el Gobierno central se pedía contención al gasto de las autonomías. La falta de liderazgo y de un proyecto político claro se ha encargado de convertir lo que pretendía ser una opción con perfil propio en un sfumato leonardesco sin valor artístico.

            La confección de la lista al Congreso de los Diputados a medida de la dirección –nutrida representación de la vieja guardia montillista-, y la presentación del propio ex presidente de la Generalitat José Montilla como candidato al Senado por designación autonómica–voluntad reiterada en la primera ejecutiva poselectoral- han contribuido a que la sensación de desorientación, abandono y orfandad de liderazgo se adueñen del ataño poderoso Partit dels Socialistes. Para salir del bache no queda más remedio que hacer tabla rasa en el próximo congreso, refundar el partido con nombres nuevos, que se acerquen  a esa sociedad mayor de edad que les ha dado la espalda ya en tres ocasiones electorales. Además de su peso político como formación de izquierda, el PSC ha sido en los últimos años el puente más sólido entre Cataluña y España. Y eso, además de una voluntad política, recoge un estado de ánimo de un sector todavía mayoritario de la sociedad catalana, que trata de huir de los nacionalismos que se hallan a uno y otro lado del puente.

De pesca en los caladeros del PSC

Por: Francesc Valls | 16 nov 2011

Coscu
Antes de las elecciones catalanas que en noviembre del año pasado dieron de nuevo a CiU el Gobierno de la Generalitat, un dirigente socialista se quejaba amargamente de la falta de respaldo a su partido por parte de intelectuales y opinadores. El socialismo que históricamente ha tenido a gala aglutinar a la intelectualidad catalana se encuentra en esta campaña más huérfano que nunca de apoyos. La asunción por parte del PSOE  de la receta europea para afrontar la crisis y el impasse en el que se halla el PSC, a la espera de definir sus objetivos y nuevo liderazgo en el congreso del próximo mes de diciembre, ha acelerado esa sensación de orfandad. Carme Chacón tiene una papeleta más que compleja. Sus compañeros de partido no han presentado ni van a hacerlo en lo que queda de campaña un manifiesto de personalidades relevantes pidiendo el voto para su proyecto.


Iniciativa per Catalunya está pescando en los viejos caladeros del PSC. Y así ha conseguido que personalidades como el sociólogo Manuel Castells, Marina Subirats –que fue concejala del PSC en el Ayuntamiento de Barcelona- o Ramon Espasa –exsenador socialista- apoyen a la campaña del cabeza de lista ecosocialista, Joan Coscubiela. La guinda la ha puesto el fichaje del diputado socialista y ex dirigente de CCOO Antonio Gutiérrez, que rompió la disciplina de voto sobre la reforma laboral y la reforma constitucional en el Congreso.

Aunque no es bueno que haya intelectuales de guardia ni partidos secuestrados por escuelas de pensamiento, -aseguraba un dirigente socialista- el PSC ha perdido uno de sus hechos diferenciales respecto a los demás partidos: ya no cuenta con la porción más grande del pastel de los formadores de opinión. Jordi Pujol relativizó durante sus 23 años de presidencia el papel de una intelectualidad que él juzgaba contraria al nacionalismo. No tenía mayor importancia política, puesto que él desde 1980 se entendió con el electorado sin intermediarios. Pero ese no es el caso de la izquierda, siempre empeñada en resolver sus crisis con revisiones doctrinales y con exigencias a la política.


El día después del 20-N sonará el disparo de salida en la carrera para el congreso del partido y ahí se deberán definir proyectos, confrontar ideas y renovar liderazgos. Será un punto de partida para que el PSC –superada la campaña acéfala- intente recuperar esa centralidad social, cultural e intelectual. 

Ni Europa ni euro

Por: Francesc Valls | 12 nov 2011

TEJEcandi015
La palabra Europa no salió en el debate hasta que Jorge Fernández (PP) la rescató del olvido para afirmar que desde Bruselas  no se ve bien al independentismo catalán. Al igual que en el cara a cara  Rubalcaba-Rajoy,  el debate que los cinco cabezas de lista al Congreso de los Diputados por Barcelona realizaron ante las cámaras de TV3 pasó bastante de puntillas sobre el espacio que los mercados dejan a la política o sobre la desagradable tarea de cómo reducir el déficit y llegar a los objetivos marcados por la Unión Europea. Como si Merkel y Sarkozy no existieran y el euro tampoco.

Josep Antoni Duran Lleida, el cabeza de lista de CiU, hierático, como salido de los pinceles de Piero della Francesca,  trató de colocar su trinomio de campaña: cabeza, corazón y bolsillo, para sacar a colación el pacto fiscal. Durante la primera hora de debate,  la mirada del  democristiano ignoró a todos sus contrincantes. Solo se dirigía a la cámara y a la moderadora, Ariadna Oltra, que por cierto hizo bien su trabajo.  Tras el descanso alguien debió de advertirle de que aquello era un debate y se flexibilizó.

La ministra y candidata del PSC, Carme Chacón, estuvo más ágil que Duran desde el principio. Llegó armada de gráficos  y papeles. Era la que peor lo tenía. La pertenencia al Gobierno de Zapatero no se lo ponía fácil. Por eso, cuando mejor lo hizo, cuando más fuerza argumental puso en sus palabras, fue cuando explicó los logros en derechos individuales: ampliación del aborto y matrimonio homosexual.  Lo cierto es que cuando se atrincheraba tras los recortes de las comunidades de CiU o el PP, su escudo argumental se agrietaba.

Al candidato del PP, Jorge Fernández Díaz, la afonía le jugó una mala pasada: su voz era idéntica a la de su antitético Alejo Vidal-Quadras, pero el contenido de  su discurso descubría que esa era una apreciación equivocada. Sigue siendo uno de los rostros más amables que el PP que recurrió el Estatuto puede presentar en Cataluña.

El republicano Alfred Bosch quiso ser la cara razonable y educada del independentismo, aunque algo falto de tablas comparado con sus compañeros de debate.  Joan Coscubiela, el ecosocialista, estuvo ajustado en su papel de azote del fraude fiscal, de conciencia de los incumplimientos, eso que solo pueden permitirse las fuerzas políticas minoritarias. Un sobresaliente a su frase “si gana la derecha, decidirán los derechos de mujeres y homosexuales los obispos y sus representantes en la Tierra: Rajoy y Duran”.

¿Cara a cara "colonial"?

Por: Francesc Valls | 08 nov 2011

Caracara
“No hablan del pacto fiscal; es un debate colonial”, aseguraba un profesor universitario cercano a CiU la noche del cara a cara entre Rajoy y Rubalcaba. Twitter ardía. Y es que  las fuerzas soberanistas y allegados dejaron la red alfombrada de mensajes que oscilaban entre la indignación, el desengaño y la afirmación nacionalista. La indignación,  hija de su no presencia en el debate; el desengaño por el hecho de que no se debatió sobre Cataluña; la reafirmación nacionalista, la síntesis de ambas cosas: no se hablaba de Cataluña porque ellos no estaban invitados.

El pacto fiscal no salió en toda la noche y eso es inaudito para la fuerza política que es hegemónica en las elecciones catalanas. “Cataluña es irrelevante”, ya que no pronunciaron “ni una sola palabra” sobre ella, destacó  el cabeza de lista Josep Antoni Duran i Lleida. “El debate fue un empate 0-0 en el que Cataluña salió perdiendo”, apunto el republicano Alfred Bosch.

Lo cierto es que la ausencia de argumentos sobre  nacionalidades y regiones entre los aspirantes a presidir el Gobierno español fue total. Y afectó a todo el mapa territorial español. El único elemento que surgió en el debate fue la supresión de las diputaciones provinciales que sugirió el candidato socialista.  Como tampoco se habló de inmigración, Europa y se sobrevoló la ayuda a las dependencias. Y muy pocos soberanistas lo han echado de menos.

Cataluña es un conjunto de hombres y mujeres a los que cuando les preguntan en una encuesta si quieren el pacto fiscal, dicen que sí un 75,7%. Cuando llegan las elecciones legislativas hacen que el PSC sume 25 diputados y el PP, ocho. O sea, que un 72% (¿estará en ese 75,7%?) de los que acudieron a las urnas en las legislativas de 2008 se inclinaron por estas opciones que, a juicio de algunos, no representan a Cataluña. En los mismos comicios, los soberanistas –si sumamos CiU y Esquerra- se quedaron en un 27% (13 diputados), el que resta –hasta el total de 47 diputados- es el representante que obtuvo Iniciativa per Catalunya-Esquerra Unida, fuerza que se encuadra  en el federalismo.

El relativismo que ofrece la realidad es una eficaz  manera de combatir la verdad universal. El mapa político catalán es mucho más complejo que el español, motivo añadido para hablar en términos precisamente  más relativos. La nación, según consta en el preámbulo del vapuleado Estatut, se compone de hombres y mujeres con banderas y carteras –como reza el eslogan de CiU-, lo que significa con intereses e ideologías. Y el  hecho de vivir en un territorio no predetermina una forma de pensar concreta. Lo contrario equivaldría a entrar en viejos esquemas, como el que apuntaba que ser miembro de la clase obrera da automáticamente el carnet del partido comunista. Queda tiempo para que todos traten de mejorar resultados. Y hay que evitar que bien desde España o desde Cataluña se intente patrimonializar la idea de nación.

Jordis contra Mohameds

Por: Francesc Valls | 03 nov 2011

Convergais
El  cabeza de lista de CiU al Congreso, Josep Antoni Duran Lleida, lleva una campaña con matrícula de honor en la asignatura de desbordar por la derecha. Mientras el líder del PP, Mariano Rajoy,  procura no romper ninguna copa en su mudanza hacia La Moncloa,  Duran está decidido a hacer añicos la vajilla. Si el programa del PP ha pasado de puntillas sobre la ley del matrimonio homosexual,  el líder democristiano se ha vuelto a reivindicar como ferviente abolicionista del texto. El cabeza de lista de CiU se muestra convencido de que el PP no revisará la ley del matrimonio homosexual, y agrega que si lo hiciera él votaría por la revocación.

Las declaraciones de Duran a la emisora Rac-1 se han producido cuando no han pasado ni 24 horas desde que Carles Campuzano, compañero de federación y de bancada del democristiano, se haya reunido con el colectivo Convergai  -los gais de CDC- en el hotel Axel de Barcelona. Junto a Mercè Pigem, Joan M. Miró y a Montserrat Candini –todos convergentes, en la fotografía-, Campuzano ha tratado de calmar el mar embravecido que dejó  su cabeza de lista al recomendar a los homosexuales una terapéutica la visita al psiquiatra, si así lo deseaban.

La actuación de Duran parece encaminada a atraer votos conservadores en estos comicios generales. Él también representa y se reivindica como una opción política claramente de orden. Por eso actúa como si quisiera arrebatar las banderas que los populares  han decidido arrinconar por incómodas en esta campaña. “No son nervios, Duran actúa así por cálculo político”, asegura un alto dirigente de la federación nacionalista. Las encuestas que sitúan a CiU como tercera fuerza política en Cataluña –por detrás del PSC y PP- auguran nuevas declaraciones polémicas del líder democristiano.

Y en su afán recaudatorio, Duran tampoco le hace ascos a los votos xenófobos de Plataforma per Catalunya. Así, el líder democristiano ha expresado su preocupación porque en la comarca del Baix Empordà se registren más niños con el nombre de Mohamed que Jordi. Todos son catalanes, claro. ¿Unos  más que otros? ¿Se puede ser buen catalán y fiel musulmán? ¿Será que a Duran le preocupa que su formación democristiana deba migrar a aires más ecuménicos?  Para su tranquilidad, en el año 2010, en Cataluña los Jordis registrados ganaron a los Mohameds:  426 contra 375.  De momento, no habrá que derribar catedrales para levantar mezquitas.

El fraude fiscal

Por: Francesc Valls | 02 nov 2011

Masco
Las noticias que escoltan a los candidatos en campaña son propias de estas fechas, es decir, de celebraciones de cementerio. Todo tiene un cierto aire de misa de réquiem en el que el fiel difunto no es difícil de identificar. La crisis dispara la desigualdad entre los españoles a niveles solo superados por Letonia, Lituania y Rumanía; los dos grandes partidos o descafeínan o no quieren ni oír hablar de la dación en pago para saldar las hipotecas. Se aducen razones de escrupulosa legalidad para rebatir la retroactividad de la dación. Para colmo, la recesión asoma sus garras. La derecha se apresta a estimular la economía bajando impuestos, dice, y la izquierda asegura que mantendrá los servicios subiendo tasas.

The Economist sugería hace unas semanas que, en lugar de aumentar la presión fiscal –y, desde luego sin reducirla-, tal vez convendría combatir de forma decidida el fraude a la Hacienda Pública, que en España se sitúa en el 23% del PIB, unos diez puntos por encima de la media europea. Cada año, Hacienda deja de ingresar, por lo menos, 40.000 millones de euros correspondientes a lo que deberían tributar las grandes fortunas. Y eso sin contar con lo que Vito Tanzi denomina “termitas fiscales”, personas que a través de intersticios legales dejan de pagar lo que deberían. Excepto algunos partidos minoritarios, nadie levanta de forma decidida la bandera del combate fiscal. Ni en España en general ni en Cataluña en particular. Para los amantes de las cifras, los 16.500 millones anuales que el consejero de Economía, Andreu Mas-Colell, calcula como déficit fiscal equivale, en su franja baja, al fraude fiscal catalán estimado, de acuerdo con la aportación al PIB español.

No hace falta que quienes pagan paguen más. Basta con aplicar la legalidad, esa de la que algunos se muestran tan escrupulosos defensores, para recaudar más. Pero para eso hace falta tener voluntad de luchar contra el fraude fiscal.

El País

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