Soberanismo impreciso

Por: Francesc Valls | 23 mar 2012

Oriol Pujol

 

Convergència afila sus herramientas dialécticas para ofrecer su mejor perfil nacionalista. Vela armas para que el Congreso de Reus proyecte a la sociedad catalana una  imagen de fuerza batalladora en pos de la soberanía plena. Aunque solo un 11% de las enmiendas presentadas al congreso del fin de semana hace hincapié en las bondades del independentismo, el 71% de los delegados pide para Cataluña un estado propio. Y  esa va a ser la sustancia base que los dirigentes de CDC administrarán en el cónclave de Reus hasta lograr la mezcla perfecta: un soberanismo tan exitoso como polisémico y de contornos imprecisos. El crescendo nacionalista va a ser ensordecedor, tanto por el ruido interno como por el externo. El congreso convergente llega arropado por una buena banda sonora. Cierta prensa conservadora se empecina en remachar el clavo de que el Gobierno de Artur Mas conduce el país hacia la independencia. Uno de los motivos esgrimidos por los apologetas de la enosis a ultranza es la famosa ley consultas, bajo la que se pretende preguntar sobre ese primer peldaño de la transición nacional: el pacto fiscal. La ley está actualmente en trámite en Parlamento catalán gracias a la luz verde obtenida de los grandes partidos, incluido en PP.

    Así las cosas, el debate nacionalista instrumentado corre el riesgo de convertirse en una comedia de enredo, en la que un cúmulo de malos entendidos y medias verdades cree situaciones surrealistas. Mientras la delegada del Gobierno da órdenes para que la Policía Nacional y la Guardia Civil se aseguren de que la bandera española ondea en todos los ayuntamientos, el Ejecutivo catalán garantiza asesoramiento jurídico a los municipios que se apunten al desafío y decidan descolgar la rojigualda. Ese lance de capa y espada llena periódicos y  webs. Sus promotores anuncian que el eje derecha-izquierda ha fallecido en beneficio de la antinomia catalanismo-españolismo. Mientras, el PP se presta a pactar con CiU  los presupuestos de la Generalitat, con sus recortes y sus  leyes de acompañamiento. Y Convergència apoya la reforma laboral del Partido Popular y pone ojos interesantes ante la posibilidad de pactar las cuentas del Estado para 2012. Del congreso de Reus saldrá una CDC mucho más soberanista que, en el día a día, seguirá siendo sostén legitimador del PP en el Congreso de los Diputados, mientras que los populares continuarán dando apoyo al Gobierno catalán. El último episodio es el acuerdo al que han llegado CiU y PP para gobernar la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales. CiU la presidirá y el PP ocupará la vicepresidencia del ente, lo que en palabras pronunciadas hace unos días por Artur Mas en Bruselas, es un elemento “normalizador” para el partido de Mariano Rajoy en Cataluña. Mientras los símbolos chocan, los hechos unen. ¿Hasta cuándo?

Hay 30 Comentarios

guisante, no se puede criticar concretamente a uno por hacer lo que hacen todos, incluido el mismo que hace las críticas, el sr. Valls. Criticar a un partido político por hacer propuestas imprecisas es como criticarlo por querer ganar votos, o incluso por incumplir promesas electorales. Es algo que es tan habitual y que lo hacen todos, que criticar específicamente a uno por ello es ridículo.

Hay muchos aspectos específicos de CiU que son criticables, sin ir a meterse en uno que es común a todos.

Y por cierto, un 71% de independentistas en CIU, después de todo el machaque propagandístico que ya dura años y de "treure el santcristo gros" con Jordi Pujol declarándose independentista, me parece una cifra muy cortita. A ver si es que va resultar que en CIU también hay gente que piensa por sí misma....

@resumewritersworld O sea, que según tú no se puede criticar a CIU porque el PSC, a tu entender, hace lo mismo. ¿Es eso? ¿Que hay que callarse y nos tiene que parecer genial todo lo que haga CIU?

Resultan chocantes las críticas hacia lo que el autor llama "un soberanismo tan exitoso como polisémico y de contornos imprecisos", cuando lo que él (y otros habituales de estas críticas, es decir, el sector PSC-PSOE) propone en su lugar es un federalismo aún más polisémico y de contornos más imprecisos, con la única diferencia de que no es nada exitoso y depende de los españoles, que ya han dejado claro que no tienen ningún interés en él. ¿Porqué Valls exige precisión y delimitación extrema al soberanismo y no exige lo mismo a su federalismo?


Supongo que porque sabe perfectamente que la ambigüedad calculada es un juego que puede dar buen rendimiento electoral. Se lo ha dado desde hace mucho a CiU, y el PSC-PSOE intenta jugar al mismo juego (aunque con menos éxito). Pero si el sr. Valls fuera un poco coherente aplicaría el mismo criterio y las mismas exigencias a los dos planteamientos, ¿no?

Very nice!

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Sobre el autor

Francesc Valls

. Viví la transición democrática en primera línea periodística y personalmente. Luego me enriquecí espiritualmente viajando con Juan Pablo II alrededor del mundo. Descendí a lo terrenal con Jordi Pujol. Desde siempre he sido un adicto a la política. Soy subdirector de EL PAÍS en Cataluña.

Sobre el blog

El día a día del contraste entre ese dulce postre tradicional y la amarga austeridad. Todo aderezado con unas gotas de tabasco soberanista.

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