Sobre el autor

Francesc Valls

. Viví la transición democrática en primera línea periodística y personalmente. Luego me enriquecí espiritualmente viajando con Juan Pablo II alrededor del mundo. Descendí a lo terrenal con Jordi Pujol. Desde siempre he sido un adicto a la política. Soy subdirector de EL PAÍS en Cataluña.

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El día a día del contraste entre ese dulce postre tradicional y la amarga austeridad. Todo aderezado con unas gotas de tabasco soberanista.

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La prima y el pacto fiscal

Por: Francesc Valls | 30 may 2012

PACTE FISCAL

"Elegí un mal día para hablar del pacto fiscal", debió pensar el miércoles por la mañana Artur Mas. La prima de riesgo de la deuda española alcanzó los 540 puntos, atizada por la opacidad del  rescate de Bankia –más de un 2% del PIB español- , y los partidos catalanes hablando de la financiación autonómica. Como le sucedía a Lloyd Bridges en el film Aterriza como puedas, el día elegido era malo para todo: para dejar de fumar, de beber o de esnifar pegamento. Pero contra viento y marea, los representantes de los partidos desafiando las inclementes condiciones objetivas se enclaustraron para hablar de la futura financiación de Cataluña. Durante tres horas el Salón Torres-Garcia del Palau de la Generalitat se convirtió en una suerte de cápsula ingrávida.

    El pacto fiscal, que durante un par de años ha debido competir para robar titulares a las recetas de recortes y austeridad, se las ha tenido que acabar viendo el día de su alumbramiento colectivo en sociedad con el momento más crítico de la crisis. Con la deuda catalana reducida a bono basura, la Generalitat solo tiene el recurso a un  Estado en momentos bajos. Y es que, al margen de la justicia que encierra la reivindicación del pacto fiscal, hasta que las aguas de la crisis no se apacigüen  va a resultar difícil huir del camarote si el barco naufraga.

            CiU y la gran mayoría de fuerzas políticas catalanas pretenden que, con el pacto fiscal, el déficit pase del 8% al 4%, pero eso, por sí mismo, no da una salida a la situación. La propuesta estatutaria de Antoni Castells era inteligente en el sentido de que vinculaba la mejora de la financiación con las inversiones del Estado en Cataluña. Pero el incumplimiento reiterado por parte del Gobierno central –tanto por parte del PSOE como del PP- de lo establecido en la adicional tercera del Estatuto ha convertido en agua de borrajas ese buen propósito. Y, por añadidura,  inmersos en la crisis, todo se antoja más difícil. Los partidos catalanes, sin embargo,  han aprendido las lecciones de lo que el democristiano Josep Antoni Duran Lleida denominó  “vía crucis del Estatuto”. Todo va a encararse en dos meses, no en dos años y el frente debe ser lo más amplio posible, evitando las negociaciones a traición que tanto abundaron durante la negociación del Estatuto catalán.

           Ahora los dos primeros partidos catalanes –CiU y PSC- no deben competir por entenderse con el Gobierno central, porque al otro lado de la mesa el negociador es el PP. Los populares, que han contado con el apoyo de CiU en sus proyectos legislativos estrella,  no van a volver a la política de tierra quemada que practicaron con tan buenos resultados con su campaña anti estatutaria fuera de Cataluña. La clave del éxito está en el consenso lo más amplio posible y en que su planteamiento no se circunscriba a una mera política de gesticulación soberanista. La carta de navegación hacia el pacto fiscal solo tiene sentido si se orienta hacia una política de cohesión social y de crecimiento. Y desde luego hacia la salida de la crisis española y europea.

El País

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