Sobre el autor

Francesc Valls

. Viví la transición democrática en primera línea periodística y personalmente. Luego me enriquecí espiritualmente viajando con Juan Pablo II alrededor del mundo. Descendí a lo terrenal con Jordi Pujol. Desde siempre he sido un adicto a la política. Soy subdirector de EL PAÍS en Cataluña.

Sobre el blog

El día a día del contraste entre ese dulce postre tradicional y la amarga austeridad. Todo aderezado con unas gotas de tabasco soberanista.

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Soluciones de costa para la crisis

Por: Francesc Valls | 31 mar 2013

Saloufest

Al principio la crisis era una oportunidad para apuntar hacia un nuevo modelo. Con el pacto fiscal bajo el brazo, fuimos los primeros de España en fustigarnos con ramas de abedul antes de meternos en la sauna de la austeridad regentada por CiU. Íbamos al sufrimiento con la convicción de alcanzar la vida eterna. Estábamos destinados a ser ejemplo en la Europa de la troika. Cataluña sería el paradigma, la guía del recorte y el control de déficit. De momento nos hemos quedado en la primera fase: estado ascético al borde de la muerte por inanición. Expectativas, hechos y decisiones tomadas están tan fatalmente dispuestas que condenan a nuestras almas a vagar para siempre.
    No hay signos alentadores ni atisbo de reformas en profundidad. Políticamente, no se negocia más allá de la flexibilización del déficit. Y, en lo inmediato, los planes de choque de la Generalitat contra la pobreza, el paro y para facilitar vivienda son meramente publicitarios, cuando no inoperantes. Las soluciones milagrosas vienen de la mano de arcángeles del tamaño de Enrique Bañuelos, que está construyendo -el proyecto tiene medio año recién cumplido- por encargo de la Generalitat Barcelona World, el gran casino de consolación frente a Port Aventura. La elección llegó después y como respuesta a que Sheldon Adelson decidiera levantar el becerro de oro de Eurovegas a Madrid. Bañuelos, un icono del boom del ladrillo, conocido por su reputada afición al cemento a lo largo de la costa mediterránea, fue el ungido para conducir el gran proyecto catalán. Sus antecedentes como gran vaciador de la burbuja inmobiliaria valenciana no amilanó al Gobierno catalán, que le ofreció otra oportunidad con la construcción de seis parques temáticos y otros tantos casinos frente a Port Aventura por 4.500 millones de euros. Se trata de un proyecto en el que pocos -excepto el Gobierno de la Generalitat- creen. Y es que la costa siempre ha sido tierra de comercio y oportunidades. Porque Barcelona World limita al norte con los amigos rusos de Lloret de Mar. Ahí está Petrov, con sus patrocinios e inversiones, siendo partícipe del crecimiento catalán con presunta ayuda del ayuntamiento de la localidad.
    Pero, con todo, la Costa Daurada es el filón fundamental. La leve metáfora es el comienzo del desembarco de una alegre tropa de 9.500 jóvenes estos días en Salou -distinguida con la etiqueta de turismo familiar- para participar en actividades deportivas. Proceden de universidades de Inglaterra, Escocia y Gales y solo con verlos bajar del autocar con sus atuendos se intuye lo reñida que va a ser la competición: por 230 euros, la gran mayoría va intentar pillar la mayor cogorza jamás vista. Hasta para las autoridades turísticas catalanas el concepto de familia (turística) está cambiando a marchas forzadas. Solo hay que prestar atención a las universitarias disfrazadas de conejitas de play boy que deambulan zigzagueantes por las calles de Salou. O los jóvenes ataviados de superhéroes orinando en las esquinas de la localidad costera.
    Aunque, para no faltar a la verdad, hay que subrayar que este año, a los 9.500 deportistas procedentes de la Gran Bretaña se les ha ampliado el campo de acción: podrán participar por vez primera en pruebas de equitación y de balonmano. Y es que lo importante es empezar la casa por sus cimientos éticos: casinos, fiestas etílicas o blanqueadores rusos.
    Nuestro particular concepto de moralidad consiste en aplicar mano dura y ordenanzas de civismo a los conciudadanos y en ser indulgentes con los turistas. Quizás pensando en evitar futuros desmadres, estos días el Museo Británico está repartiendo notas de advertencia a los padres o tutores sobre algunas escenas de sexo explícito que brinda la exposición Vida y muerte en Pompeya y Herculano. El dios Pan fornicando con una cabra es una escultura que puede herir la sensibilidad de los menores visitantes. No vaya a ser que, cuando los pequeños lleguen a los estudios universitarios, recreen algún cuadro escénico similar en las pruebas atléticas de Saloufest, en esa Cataluña de ética instrumental.

Dimitir, no delegar

Por: Francesc Valls | 19 mar 2013

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La moda en las formaciones catalanas mayoritarias consiste en que los imputados dimitan temporalmente de sus puestos en el partido, pero no de sus cargos de representación democrática. En estos momentos, en el Parlamento de Cataluña hay cuatro diputados sometidos a procedimientos judiciales:  tres de CiU y uno del PSC. Pues bien ninguno de ellos ha dejado su acta. El objetivo es que, si se demuestra su inocencia,  les sean restituidos galones y charreteras y puedan así volver por la puerta grande a sus puestos orgánicos. El máximo riesgo que corren es dejar temporalmente su cargo en el partido, una medida tal vez pensada en clave corporativa para prevenir que la maquinaria se contagie y propiciar así una larga vida al aparato... Es un sarcasmo que en Cataluña, donde cada día hay 89 parados más, los políticos se sometan a ese régimen especial que les preserva del frío exterior. La reforma laboral, aprobada con los votos de PP y CiU, contempla la modalidad de despido disciplinario que el empresario puede aplicar, entre otras muchas cosas, por  transgresión de la buena fe contractual. Tal vez algunos diputados deberían probar su propia medicina y aceptar honestamente el despido por faltar al contrato con la ciudadanía,  con sus votantes.

         En plena crisis económica, con unos recortes que este año –de no mediar nuevo reparto del déficit-  supondrán para la sociedad catalana 4.400 millones de euros, es una vergüenza que algunos políticos se aferren a las ubres del cargo público.  CiU además arrastra un notable sobrepeso de corrupción: CDC tiene la sede embargada por el caso Palau;  la cárcel persigue a los condenados por el caso Pallerols (Unió); Xavier Crespo (CDC) tiene  supuestos  vínculos con la mafia rusa; Ferran Falcó (CDC) infló presuntamente los presupuestos de remodelación de barrios que ejecutaba la empresa pública Adigsa. Y todo eso sin contar con esa caja de sorpresas judiciales que es la Diputación de Barcelona. También en el campo socialista, Daniel Fernández sigue siendo diputado autonómico, en aplicación de esa doctrina de “delegación temporal” para imputados que tanto parece gustar a socialistas y convergentes.

    La imputación de Oriol Pujol llega dos semanas después de que Artur Mas haya propuesto un pacto anticorrupción, cuyo alcance gallináceo -consiste en mantener a los imputados-  a la vista está. Los motivos por los que el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya ha decidido imputar a Oriol Pujol no son baladíes: el tribunal ve serios indicios de que Pujol se valió de su “peso político” para lucrarse y beneficiar a empresarios amigos con la concesión de Inspecciones Técnicas de Vehículos. La situación demanda ejemplaridad para todos: empezando por quienes la piden desde la tribuna del poder democrático. Los imputados deben dimitir de todos sus cargos, no “delegar temporalmente” de los que tienen en el partido.

 

El País

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