Yoani Sánchez

Sobre los autores

. Una vez me gradué como filóloga, pero el periodismo y la tecnología me han subyugado más que la fonética y la gramática. Vivo en La Habana y fantaseo con que habito una Cuba a punto de cambiar.

Sin cargos de conciencia

Por: | 25 de junio de 2013

Eterna_construccionA ella se le ha roto una uña con la agitación. Mañana tendrá que volver a la manicure para que le restablezca el esmalte y la banderita inglesa en miniatura que le había pintado. A él la camiseta se le ha descosido en medio del fragor y todo el cuerpo le suda como si le hubieran lanzado un cubo de agua. No es una escena erótica, no es amor, sino ilegalidad. Una pareja bajo el sol de junio acarrea arena para terminar de remodelar una cocina. Se la han robado de un teatro que están remozando. Rondaron hasta que el custodio se quedó dormido después del almuerzo. Entonces llenaron dos bolsas, que alcanzan para fundir una pequeña meseta. La casita la han ido levantando así, tomando un poco de allá y de acá, esperando a que alguien mire hacia otro lado para cargar unos ladrillos o unas lozas de piso. Su pequeño hogar ha sido el resultado de la depredación, de esa rapacidad que tantos cubanos asumen ante los recursos del Estado. Tomar todo lo que se pueda, arrebatarle a ese poderoso dueño cualquier cosa, piensan… y lo llevan a vías de hecho.

Entre los motivos por los que algunas edificaciones demoran tanto en construirse o repararse no sólo están la desidia y la falta de eficiencia. El robo de cemento, acero y otros materiales constructivos ralentizan también muchas obras públicas. Algunas ya antológicas, donde la cantidad de recursos robados multiplicó por tres los cálculos iniciales en los costos de la edificación o la restauración. Los lavamanos desaparecen nada más descargarlos del camión, las latas de pintura se rellena con agua para revender la otra parte en el mercado clandestino y hasta se sabe de un hotel donde fueron desfalcados 36 aparatos de aire acondicionado, unos días antes de su inauguración. Ante tantos hurtos, cada objeto y recurso debe ser vigilado atentamente y a su vez vigilar a quien lo vigila.

Muchos ojos aguardan por un desliz. En una madrugada sin control una loma de recebo quedará reducida a su tercera parte. En unas vacaciones de verano, una escuela que no tenga custodio puede perder varias ventanas y alguna que otra taza de baño. Los lámparas desaparecen, los interruptores eléctricos son arrancados y el saqueo se extiende también a las manillas de las puertas, las barandas de las escaleras, las tuberías y hasta las tejas del techo. Sin cargos de conciencia, ni complejos de culpa por parte de los perpetradores. Más bien como el pobre expoliado que le quita al patrón un trozo de su suculenta merienda cuando éste se entretiene mirando por la ventana. Sintomático que la casi totalidad de quienes substraen materiales de construcción de obras estatales, no sienten ningún remordimiento por hacerlo. Le llaman a eso “recuperar”, “inventar”, “luchar”, “sobrevivir”. Cuando se bañan en una ducha hecha con azulejos robados, piensan bajo el chorro de agua “lo que te den tómalo y lo que no te den… también.”

Veinte años después: del dólar a Internet

Por: | 05 de junio de 2013

Elpais_nauta

En 1993 Fidel Castro se vio contra las cuerdas de la crisis económica y aceptó la circulación del dólar en territorio cubano. Hasta ese momento, la tenencia de divisas extranjeras podía pagarse con varios años de cárcel. “La moneda del enemigo” entró para quedarse, aunque años después sería reemplazada por un sucedáneo llamado peso convertible. Entre los detalles más llamativos del decreto que autorizaba la dualidad monetaria, estaban los motivos para hacerlo. En la Gaceta Oficial se reconocía que esta medida “contribuye positivamente a disminuir el número de hechos caracterizados como punibles lo cual aliviará y favorecerá el trabajo de la policía y los tribunales de justicia”. O sea, para ahorrarle trabajo a instructores y jueces se permitía portar dólares. Sin embargo, la clave principal radicaba en la fecha elegida para que la nueva legalidad entrara en vigencia: el 13 de agosto, día del cumpleaños del Máximo Líder.

Han pasado dos décadas de ese momento y aún la sociedad cubana sigue atenazada a la esquizofrenia monetaria. Ya Fidel Castro no ocupa el cargo de presidente pero parece que su hermano también es dado a mezclar las flexibilizaciones legales con el calendario familiar. El 3 de junio ha conmemorado no sólo sus 82 años de vida, sino que ha puesto fin a una estrategia de control excesivo sobre el acceso a Internet. Apenas pocas horas de terminar esa jornada abrían las 118 salas de navegación con conexión pública a la web. Un regalo de cumpleaños un tanto amargo para el General que había estado demorando todo lo posible la conversión de los cubanos en internautas. Muy probablemente a este pequeño paso hacia la flexibilización informática le ocurrirá lo mismo que a la despenalización del dólar: no tendrá marcha atrás.

Desde la mañana de hoy martes comenzaron a funcionar los nuevos locales públicos con servicio de Internet e Intranet. Por el costo de 4.50 pesos convertibles (CUC), alrededor de 3,50 euros, el usuario cuenta con una hora de acceso al ciberespacio. También se puede optar por una navegación en la intranet nacional por 0.60 CUC o en su lugar utilizar solo el correo electrónico “.cu” a un precio de 1,50 CUC la hora. En varias pruebas realizadas no se detectó –hasta el momento- ninguna página censurada por considerandos políticos. Con una velocidad mínima de conexión de 512 Kbps, la interfaz que da la bienvenida al usuario nada más encender el ordenador lleva el nombre de Nauta. Aunque todo el funcionamiento y los programas instalados discurren sobre Microsoft Windows.

En la primera jornada de apertura eran accesibles desde los nuevos locales de Internet portales como El Nuevo Herald, sitio de noticias al estilo de Diario de Cuba y varios blogs críticos con el gobierno hechos desde dentro de la Isla. El costo elevado del servicio, en un país donde el salario medio mensual ronda los 17 euros, parece ser la limitante fundamental. Lo cual contradice al viceministro de comunicaciones quien recientemente había declarado que “no será el mercado quien regule el acceso al conocimiento en nuestro país”. Hasta el momento quienes tienen la moneda fuerte –autorizada a circular por el otrora presidente- podrán costearse la entrada a redes sociales, a sitios de clasificados y las apetecidas bolsas de empleo o becas para inscribirse e intentar emigrar.

Curiosamente ambas medidas: la despenalización del dólar y esta tímida apertura a Internet, han sido fruto más de la presión que del deseo aperturista del gobierno. Permitir que los cubanos pudieran portar moneda convertible, fue una decisión tomada ante la evidencia de que en el mercado informal los llamados “verdes” circulaban cada día con más fuerza a finales de los años ochenta y principio de los noventa. Similar situación ocurre ahora con la información que circula desde la gran telaraña mundial. Las conexiones piratas a la web por una lado y el avance de las redes clandestinas de distribución de audiovisuales por otro, confirman lo inútil de poner puertas al campo de los kilobytes.

Los primeros usuarios que probaron las salas de navegación esta mañana se sorprendieron ante la velocidad de la conexión pero lamentaron los excesivos costos de la misma. Varios periodistas oficiales revoloteaban alrededor de las mesas de un céntrico local del barrio del Vedado tratando de captar la instantánea de los habaneros lanzándose en masa sobre los teclados. En lugar de eso, unos pocos y cautelosos clientes tanteaban los límites del nuevos servicio. Cada uno debía mostrar su documento de identidad y firmar un contrato antes de sentarse siquiera frente a la pantalla del ordenador. En el mismo se aclaraba que no debe usarse el servicio para “acciones que puedan considerase (…) dañinas o perjudiciales para la seguridad pública”. Una espada de Damocles que podría ser interpretada también a partir de considerandos políticos e ideológicos.

De cumpleaños en cumpleaños, así van los cambios en Cuba. Hace veinte años fue el dólar… hoy Internet.

El País

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