Carlos Dada

Sobre el autor

Carlos Dada, periodista salvadoreño, es fundador y director de El Faro (www.elfaro.net), un medio reconocido por su independencia y su alta calidad. Dada ha trabajado en prensa, radio y televisión cubriendo noticias en más de 20 países. Es Knight Fellow por la Universidad de Stanford y ha sido galardonado con el LASA Media Award 2010 y el Maria Moors-Cabot de la Universidad de Columbia.

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Dime por quién votas

Por: | 10 de marzo de 2012

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Poster de candidatos en San Salvador. Foto de Mauro Arias, Elfaro.net

La cantante de rancheras Karina Mendoza se quita un saco y salta al ruedo con un trajecito que deja mostrar sus virtudes físicas, y que atrapa una mirada estilo Doctor Cándido que Juan Carpio, el candidato a alcalde por San Isidro, Cabañas, no puede contener. Es día de jaripeo, una fiesta celebrada en un rodeo que mandó a instalar el candidato para su mitin en este pequeño pueblo, al norte de El Salvador, la parte más bronca del país. Los asistentes llegan en camionetas, con sombreros y botas adornados con hojas de mariguana y hebillas con revólveres de plata. Karina Mendoza comienza a cantar corridos mientras otro cantante, anunciado como El Potro de Sinaloa (pero que en realidad es un imitador del mexicano que canta El Cargamento del Diablo, Chapo Guzmán y El Hueso del Perrón), se ajusta las botas para su presentación. Más tarde los hombres más recios del pueblo intentarán montar por más tiempo una de las vaquillas que ha traído Juan Carpio; o probar suerte con el lazo o hacer bailar a sus caballos.  

Juan Carpio, claro está, tiene dinero. Mucho dinero. Suficiente para comprar esas gruesas cadenas de oro que le cuelgan del pecho, suficiente para montar este espectáculo, suficiente para prometer a su pueblo ganadero que lo va a volver próspero. Cuenta que ha vuelto a San Isidro después de muchos años de vivir en Estados Unidos, donde amasó su fortuna en el negocio de la construcción. Ahora ha venido para reclamar la autoridad del pueblo. A su lado, en la fiesta, uno de los candidatos a diputado por el departamento de Cabañas, Lorenzo Rivas. Si este país tuviera un mayor tamaño, aquí sería El Salvador profundo. Ese que vive a otro ritmo, a miles de kilómetros culturales de San Salvador, con el que comparte pocos espacios comunes. Aunque en realidad baste con manejar una hora y media desde la capital para llegar aquí. 

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Juan Carpio, candidato a alcalde de San Isidro, y la cantante Karina Mendoza. Foto de Mauro Arias, Elfaro.net 

 

Uno de esos espacios comunes tendrá lugar este domingo, cuando San Isidro celebre junto al resto del país elecciones municipales y legislativas. A cambiar alcaldes y diputados o a dejar a los mismos. 

Las campañas políticas, en todo el país, serían el delirio de los comediantes si no fuera de verdad dramática la situación. Entre los que buscan la reelección se encuentra, por ejemplo, un diputado que hace algunos años se pasó de copas y se pasó también un control policial, y ante la insistencia de los agentes sacó su arma y disparó, hiriendo a una policía. 

Su partido, según nos reveló recientemente el presidente del Banco Central, votó a favor de la dolarización de la economía salvadoreña a cambio de que no le quitaran la inmunidad parlamentaria al diputado agresor. Y desde entonces la moneda oficial de El Salvador es el dólar. 

Hay otro diputado que se anuncia así: "Cuide su bolsillo, vote por El Grillo". El candidato debió haber puesto mejor: "Cuide MI bolsillo…": pasó varios años sin pagar impuestos y cuando el caso salió a la luz simplemente dijo que todo era culpa de su contador y que bueno, que el delito ya había prescrito. 

Otro, que ofrece salud para todos, ocupaba plazas de médico a tiempo completo, en instituciones del Estado, mientras ejercía como diputado y miembro de la Directiva de la Asamblea. Otro ha faltado el 97 por ciento de las sesiones de una de las comisiones parlamentarias de las que es miembro. Dice que él solo asiste cuando tratan temas importantes. Otro faltó al 70 por ciento de las sesiones de su comisión legislativa porque estaba enfermo, pero se curó justo a tiempo para pedir el voto para un periodo más. 

Otro cobró viáticos por viajes que nunca hizo.  

Hay otro que hace algunos años presidía la Corte de Cuentas, el organismo contralor del Estado, y la Asamblea lo destituyó por corrupto. Después fue presidente de la Asamblea (¡¡¡!!!) y entre muchas otras cosas será recordado por presidir ebrio una sesión plenaria. Ahora pide el voto solo con una sonrisa debajo de su bigote negro, tupido, a pesar de sus casi 70 años. 

Tres más -incluyendo al que hirió a la agente policial- se quedaron con tierras del Estado destinadas a campesinos pobres.  Al ser interrogado, uno de ellos dijo: "Lo legal y lo ético no siempre son lo mismo, jajaja". La carcajada fue toda suya. ¿Más? Varios candidatos a alcaldes o alcaldes electos están vinculados al crimen organizado. Reparten dinero en sus comunidades y los votantes, pobres pobres pobres, se sienten beneficiados por el patrón del pueblo. 

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Solo hablo aquí de este tipo de candidatos, para no alargar eternamente la lista de aquellos que piden el voto con los eslóganes más crípticos que usted pueda imaginar. Como un diputado que solo anuncia su rostro sonriente junto a un eslogan que dice: "Las cosas como son". ¿Le entiende usted? 

Para consuelo de los que se ofenden porque uno "expresa una imagen negativa del país en el extranjero", apunto que esto pasa en toda América Latina. Eso, se trata de un mal de muchos.

Los políticos latinoamericanos se han encargado de convertir la política en lo que es actualmente en América Latina: un espacio que los cínicos y los inescrupulosos le han devorado a los pocos que aún resisten intentando transformar de verdad las condiciones de vida de los ciudadanos. En el que la corrupción y el crimen organizado marchan cómodos y sin mayor resistencia del sistema. 

La de los partidos políticos es una sensibilidad moral distinta a la que expresan todos los escritos fundamentales de nuestra nación: la justicia, la dignidad, la seguridad pública y la seguridad social son derechos de todos; y por tanto garantizar estos derechos debe ser prioritario. Pero garantizarlos es labor de las autoridades del Estado. Incluyendo esas que vamos a elegir el domingo. Aún quedan unos pocos, en todos los partidos, que de verdad quieren transformar las condiciones de vida de los salvadoreños. Pero esos que resisten son cada vez menos populares. Los jaripeos son mucho más efectivos para conseguir un voto que una propuesta elaborada, en un país de ciudadanos que no tienen responsabilidad política, y que por eso volverán a elegir a los mismos. 

APÉNDICE CULTURAL

Menos común será que en un país tan violento, tan desigual, con tanta corrupción y tanta pobreza, el gran debate nacional la semana previa a las elecciones no sea por qué los partidos permiten este tipo de candidatos o cuál es la agenda de los candidatos para combatir la corrupción. No. El gran debate nacional en El Salvador la semana pasada era qué partido apoyaba o no a la familia salvadoreña y estaba dispuesto a demostrarlo aprobando una reforma constitucional que prohibe los matrimonios homosexuales. 

Hasta aparecieron los directivos de la Cámara de Comercio rodeados de un grupo de mujeres envueltas en la moral y las buenas costumbres advirtiendo que los homosexuales amenazan con destruir la familia. Y que de eso se trata, de proteger a la familia contra esos monstruos. Uno supondría que tienen suficiente capacidad para encontrar información que les permita ver que la familia salvadoreña ya está destruida, y no precisamente por los homosexuales; que la emigración, la violencia, la pobreza, irresponsabilidad de los padres y la falta de educación y salud la han destruido desde que registra la memoria de la república. Y que es patético que en vez de plantear seriamente un debate nacional aprovechen con oportunismo una campaña electoral para apuntar con el dedo del castigo divino a todos aquellos que se nieguen a reformar la constitución para prohibir los matrimonios gays y no para exigir a sus propios partidos (o a los de los maridos de las señoras de las buenas costumbres) que expulsen a los corruptos, que aprueben una ley de financiamiento de campañas para que sepamos que el narcotráfico no está financiando su campaña y que no se sigan oponiendo a reformas fiscales que darían al Estado más recursos para proteger a las familias. Probablemente ese Dios que castiga apunta el dedo hacia otro lado. Quién sabe. 

 

 

El País

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