Carlos Dada

Mitt Romney y los Escuadrones de la Muerte

Por: | 02 de octubre de 2012

Titular A: El candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos hizo su fortuna con capital centroamericano.

O más o menos. Mitt Romney era en los años ochentas un ejecutivo a cargo de un fondo de inversiones llamado Bain Capital que reclutó a millonarios centroamericanos para que pusieran dinero en la aventura, y el negocio le salió de maravilla. Entre ellos se encontraban miembros de algunas de las familias más adineradas de El Salvador. 

La historia fue rescatada hace unas semanas por algunos medios de comunicación en Estados Unidos, que encontraron, en plena campaña electoral, un ángulo distinto. Uno que relacionaba a los inversionistas salvadoreños de Bain con los Escuadrones de la Muerte que operaban en El Salvador.  

 Titular B: Mitt Romney hizo su fortuna con dinero de financiadores de los Escuadrones de la Muerte.

O más o menos. Así lo aseguró El Huffington Post (publicado en español por El País). La aseveración se basaba en que Bain recibió fondos de millonarios salvadoreños pertenecientes a familias como De Sola o Salaverría; apellidos que aparecen en documentos desclasificados e informes de prensa por su pertenencia, como financiadores y/o ejecutores, de las actividades de los Escuadrones de la Muerte.

En 1981, el periódico The Pittsburgh Press, interesado en conocer al exilio salvadoreño en Miami, entrevistó a algunos de ellos.

Alfonso Salaverría, un hacendado cafetalero salvadoreño y pistolero de conocidas credenciales entre los grupos de ultraderecha que formaron los escuadrones de la Muerte en los años ochenta, declamó esta joya:  "No comemos niños. No somos salvajes. No somos oligarcas en el sentido de explotadores. Desarrollamos nuestro país, penetramos sus junglas y sembramos café. Somos como los pioneros de Estados Unidos. No queremos privilegios injustos. Solo queremos que nuestro país regrese a un régimen democrático".  

Desde un par de años antes, decenas de millonarios salvadoreños comenzaron a mudarse a Miami, donde tenían su segunda casa, para huir del conflicto armado y orquestar, desde la comodidad de Florida, su aporte a la lucha anticomunista que libraba el Ejército con ayuda militar estadounidense. 

Salaverría, junto a otro cafetalero llamado Orlando de Sola que también había abierto brecha entre los grupos radicales de ultraderecha, tomaron la vocería del grupo. Formaban parte de una organización llamada "The Freedom Foundation" fundada poco antes en Florida por el propietario del periódico El Diario de Hoy, Enrique Altamirano (que aún lo dirige), y el comerciante Roberto Daglio. Ambos, Altamirano y Daglio, junto a otros dos miembros de la familia Salaverría, aparecen mencionados en cables del Departamento de Estado como integrantes de un grupo llamado "The Miami Six" que financiaba los Escuadrones de la Muerte. Según la diplomacia estadounidense, entregaban dinero y listas de víctimas y atentados a Roberto D'Aubuisson, un ex oficial de inteligencia que fundó el partido ARENA, y quien ordenó el asesinato de nuestro Monseñor Oscar Arnulfo Romero. 

Algunos salvadoreños de Miami pusieron millones de dólares en otras actividades menos macabras, como invertir en el fondo de inversiones que dirigía Romney. Y de ese primer encuentro surgió una amistad que treinta años después mantiene el candidato presidencial republicano. El Huffington Post cita una cena de 2007 en la que Romney recolectaba fondos para su primera campaña presidencial, en la que mencionó a cuatro latinoamericanos a los que les debía "mucho", entre ellos dos salvadoreños: Ricardo Poma y Miguel Dueñas. 

Ambos están entre los salvadoreños más ricos, en un país con altísimas tasas de desigualdad y en la que empresarios como ellos han sido muy "exitosos" controlando gobiernos, dictando políticas públicas y evitando reformas fiscales que les obliguen a pagar impuestos y a aceptar políticas de mejor redistribución del ingreso. El Los Angeles Times asegura que los inversionistas de Romney se manejaban con empresas off shore, registradas en Panamá. Una práctica común entre los empresarios centroamericanos. 

El Huffington Post tituló así su nota: Mitt Romney fundó Bain Capital con dinero de familias ligadas a los escuadrones de la muerte de El Salvador

Poma, cuyo hermano fue asesinado por un comando guerrillero que lo intentó secuestrar (y que negoció rescate cuando su víctima ya había muerto), tenía suficientes razones para buscar una vía de combate a los insurgentes. Se involucró en la política y llegó incluso a ser presidente de ARENA, el partido fundado por D'Aubuisson. Pero lo fue muchos años después de la guerra, cuando ARENA era ya el principal partido político de El Salvador y, al contrario de lo que sugieren los reportes de prensa estadounidenses, no hay ningún documento o testimonio que lo vincule directamente con actividades de los Escuadrones de la Muerte. No, al menos, que yo conozca. 

Titular C: Romney hizo fortuna con dinero de salvadoreños que tenían parientes vinculados a los Escuadrones de la Muerte.

Bueno, pues… Sí. Mejor. El Huffington Post aplicó una lógica que no funciona en El Salvador: en casi todos los conflictos las familias, las tribus y los clanes suelen uniformarse con algún bando. 

En El Salvador la guerra se hizo entre gente de todos los sectores y como el país es tan pequeño pasaron cosas impensables en otras partes. Aquí, literalmente, hermanos peleaban contra hermanos y guerrilleros luchaban contra familias que daban empleo a sus madres.

Alguna vez la ultraderecha se trajo a unos asesores argentinos para enseñarles prácticas contrainsurgentes (educaron a la Guardia Nacional para que aprendiera a torturar con métodos "eficientes" y a secuestrar). Los periodistas estadounidenses Craig Pyes y Laurie Becklund, que investigaban a los Escuadrones de la Muerte, narran una conversación con la señora Alicia Llovera, vinculada a la ultraderecha, que les contó un episodio con los argentinos: "Nos sugirieron matar a las familias de los izquierdistas para que aprendieran la lección. Les dijimos que no, porque en El Salvador todos estamos emparentados".   

Shafick Handal, el líder comunista y comandante del FMLN, tenía parientes ultraconservadores que también aportaron a las actividades de grupos paramilitares o "escuadrones".

Enrique Álvarez Córdoba, uno de los más grandes hacendados de El Salvador, entregó sus propiedades a una cooperativa de campesinos, se vinculó a un grupo político de izquierda y fue asesinado por elementos de las fuerzas de seguridad del Estado que actuaban en coordinación con los Escuadrones de la Muerte. Cuerpos de seguridad que siempre habían tenido entre sus funciones cuidar las propiedades de la familia Álvarez. 

Al contrario de lo que se piensa, D'Aubuisson no era el líder de los Escuadrones de la Muerte. Era apenas uno de sus directores ejecutivos. El más visible y el más bocón. Un mayor del Ejército que se robó los archivos de inteligencia después del golpe de Estado de 1979 y  que recibía dinero, documentos, órdenes y listas negras de manos de algunos de los empresarios que estaban en Miami. Les hacía el trabajo sucio y les organizó el partido político del que nunca se separaron ni grandes empresarios ni escuadroneros, la ultraderecha salvadoreña. A cambio, D'Aubuisson aceptó de buena gana ser el rostro del anticomunismo, el depositario de todas las acusaciones de crímenes de guerra, Escuadrones de la Muerte y desapariciones forzosas.   

D'Aubuisson y sus hombres no actuaban solos, sino en coordinación con oficiales activos del Ejército, de la Guardia Nacional y de equipos privados de seguridad proporcionados por los empresarios, para salir de cacería todas las noches. 

Ciertamente D'Aubuisson dio la orden para matar a Monseñor Romero. Se la dio a los ejecutores. Pero eso no significa que él tomó la decisión. En eso participaron varios. Todo parece indicar que formaron parte de esta conspiración algunos de los que estaban en Miami, probablemente  invirtiendo en el fondo de Romney y enviando dinero a los grupos paramilitares salvadoreños y a la Liga Anticomunista. Probablemente.  

Pero esas nunca fueron decisiones familiares, sino individuales. Que Alfonso Salaverría, o que sus parientes Julio y Juan Ricardo, se hayan involucrado en operaciones de este tipo, no significa que toda la familia Salaverría estaba involucrada. Lo mismo aplica a la familia De Sola. A todas las familias salvadoreñas. 

La hermana menor de Roberto D'Abuisson, Marisa, era una religiosa izquierdista que años después fundó la Fundación Romero en memoria del arzobispo asesinado por su hermano, y aún hoy mantiene un programa radial, todos los sábados, dedicado a leer y reflexionar sobre las homilías de Monseñor. Entienden la idea. 

Titular D: Estados Unidos financió a los Escuadrones de la Muerte

Es muy posible que algunos "escuadroneros" hayan invertido en Bain, pero no lo sabemos. Ninguna de las publicaciones aparecidas en las últimas semanas en Estados Unidos ha establecido con precisión la inversión de un escuadronero en los fondos de Romney. El candidato republicano dice que investigaron a los inversionistas y que se aseguraron de que estuvieran "limpios".

De cualquier manera, la publicación en Estados Unidos obedece no al interés por esclarecer la historia y aportar a develar los nexos entre la ultraderecha latinoamericana y el "establishment" estadounidense. La intención es meramente coyuntural.  

Algunos de los personajes que sí aparecen directamente vinculados a Escuadrones de la Muerte acabaron invitados a la toma de posesión de Ronald Reagan. Para eso se requería apoyo de gente con mucho poder en Washington que sabía perfectamente lo que hacía la ultraderecha salvadoreña. Gente poderosa en Washington, en Florida...

Pero los vínculos eran más amplios. Los Escuadrones de la Muerte solo podían funcionar con la participación de los cuerpos de seguridad salvadoreños, los mismos a los que el gobierno de Estados Unidos, con aprobación del Congreso, destinó cientos de millones de dólares. Algunas audiencias y reportes del Congreso confirman que en Washington estaban al tanto de que las fuerzas de seguridad salvadoreñas eran responsables de asesinatos, desapariciones forzosas y torturas. 

En 2005, un grupo de abogados logró abrir un juicio civil en Memphis contra el ex viceministro de Defensa Nicolás Carranza, que vivía en esa ciudad desde el fin de la guerra. A medio juicio, Carranza hizo una sorpresiva revelación: dijo que de lo úncio que se arrepentía era de haber sido empleado de la CIA durante toda su carrera. Carranza fue encontrado culpable de torturas y desapariciones forzosas. 

Después del 1 de noviembre, y sobre todo si, como indican las últimas encuestas, Romney es el candidato perdedor, la historia de los escuadroneros y el fondo de inversiones quedará enterrada. Ya no habrá interés en la prensa de Estados Unidos por descubrir cómo y por qué quienes financiaban los escuadrones de la muerte se organizaban, justamente, en territorio estadounidense. Eso ya no importa. 

 

 

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Sobre el autor

Carlos Dada, periodista salvadoreño, es fundador y director de El Faro (www.elfaro.net), un medio reconocido por su independencia y su alta calidad. Dada ha trabajado en prensa, radio y televisión cubriendo noticias en más de 20 países. Es Knight Fellow por la Universidad de Stanford y ha sido galardonado con el LASA Media Award 2010 y el Maria Moors-Cabot de la Universidad de Columbia.

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