Inmigrantes, ¿peligro o tragedia?

Por: | 18 de febrero de 2014

El titular que encabezó la portada impresa de ayer, “30.000 subsaharianos preparan el salto a Europa por Ceuta y Melilla” ha sido objeto de crítica por parte de varios lectores y de reproches en las redes sociales. Enrique Cuesta, por ejemplo, ha escrito que se trata de “un titular propio de otros tiempos y de otros diarios. Todo ello en medio de la polémica por la actuación de la Guardia Civil en los incidentes del pasado 6 de febrero en la frontera de Ceuta. El artículo no mejora el anuncio del titular. Rozando la inverosimilitud, se cuenta una movilización desde Mauritania para llegar a tiempo al salto tumultuario del día 6. Si no fuera por el respeto que me merece Jesús Duva, magnífico periodista, pensaría que se trata de un relato de realismo mágico. Semejantes titulares rescatan la idea de invasión tan querida por la cada vez más activa ultraderecha europea y dan cobertura a las justificaciones, cada vez más increíbles, por parte de nuestras autoridades ante actuaciones como las vistas en los últimos días. Me decepciona profundamente el uso de este tipo de lenguaje y de mensajes por parte de un diario que siempre se ha declarado progresista, además de una hipocresía, si contrastamos la información de hoy, con la preocupación expresada ayer y durante toda la pasada semana por los resultados del referéndum suizo y sus implicaciones en la libre circulación de ciudadanos en la UE”. Argumentos similares expone Neus Suñer: “El tratamiento que se ha dado en la portada del 17 de febrero de 2014, sobre el posible salto de la valla de 30.000 personas es xenófobo y causa alarma social. Un tema tan delicado no se puede tratar como lo ha hecho este diario, y menos siendo un referente por lo que respecta a la prensa escrita. Como servicio público que es el periodismo, creo que se debería dar voz a todas las partes y tratar la información con "delicadeza". Están incumpliendo todos los códigos éticos posibles al tratar a personas que intentan buscar un futuro mejor como terroristas. Además, en su página web, mientras mantienen el titular de la portada, escriben con voz crítica (nada que decir sobre eso) sobre Suiza y las sanciones que ha recibido por su nueva ley sobre inmigración”. Para la lectora, tratamientos como éste “sólo aumenta el racismo en la sociedad y la visión paternalista y de superioridad europea”.

 He trasladado las quejas a José Manuel Romero, subdirector responsable de esta área informativa. En su respuesta explica que “la información sobre la presión migratoria en las dos puertas a Europa que existen en el norte de África, las fronteras de Ceuta y Melilla, es relevante por cuanto explica las tensiones que se están produciendo en esos dos puntos en los últimos meses y avisa de que el problema debe ser tratado de forma global. No es la primera vez que EL PAÍS publica informes del CNI basados en la captación de información en los puntos calientes del norte de Marruecos y otros países del África Subsahariana. Siempre lo hemos hecho en el contexto de la llegada masiva de inmigrantes a distintos puntos de España. En los años 2005 y 2006 citamos informes del CNI relacionados con la llegada de cientos de cayucos a las Islas Canarias, por ejemplo. En esas publicaciones, EL PAÍS denunció el trato que se le daba a los inmigrantes que llegaban a las islas y que eran retenidos en centros de internamiento saturados.  La publicación del informe de los servicios españoles de inteligencia no puede ser interpretado en clave de apoyo al Gobierno ante la tragedia ocurrida en la frontera de Ceuta el pasado 6 de febrero.  EL PAÍS no ha obviado en ningún momento el drama de las 15 muertes de inmigrantes ahogados en la playa mientras eran tiroteados con balas de goma desde la orilla. Desde aquel día, se han producido numerosas informaciones en este periódico que ponían en cuestión la actuación de las Fuerzas de Seguridad españolas, dando voz a los inmigrantes que sufrieron el ataque y a las ONG que los defiende, destacando las versiones falsas de las autoridades españolas respecto a la actuación de la Guardia Civil y reclamando transparencia para que se investiguen los hechos. Tanto es así que ayer mismo publicamos, junto a los informes del CNI, la petición de la fiscalía y del PSOE para que el ministerio del Interior entregue las grabaciones de las cámaras de seguridad situadas en el perímetro fronterizo de Ceuta”.

Informativamente es interesante conocer los datos que maneja el Gobierno español sobre los movimientos de personas en la frontera africana y su publicación no sirve de ninguna manera de atenuante sobre el drama ocurrido pocos días antes en Ceuta. El editorial del día 15 es claro al respecto: “Disparar hacia inmigrantes que están en el mar interpela severamente al Gobierno”. Sin embargo, lo que explica la queja de los lectores es que el titular ponga el énfasis en el peligro que supone que 30.000 subsaharianos preparen el salto a Europa por encima de la tragedia humana de esta situación. La llamada presión migratoria es un problema que va más allá de una preocupación por el orden público, aunque ésta sea la prioritaria de los aparatos policiales.

Hay 3 Comentarios

Lamento que no hable de las críticas al diario por el tono antiinmigrante del artículo, no sólo se criticó el tema.

No son números, son personas. Los mejores...

http://expurgoscontraelolvido.blogspot.com.es/2013/06/los-mejores.html

En las calles se ven personas que andan buscando una ayuda, o removiendo en los contenedores.
Duermen en la calle.
Y si están en España, es que deben ser ciudadanos españoles como se supone que somos la mayoría.
Can carnet de identidad y domicilio, o sea como Dios manda, trabajando o en paro, pero pagando los impuestos y colaborando cada uno a su nivel.
En la sostenibilidad del estado de derecho, ganado con el sudor de la frente desde hace mucho tiempo.
Ahora toca señalar si los derechos que tenemos y defendemos también los repartimos como si nos sobrara a nosotros, por solidaridad con el tercer mundo.
Ser solidarios somos y lo tenemos demostrado por encima de otras sociedades menos dados a regalar.
Pero ahora no podemos nosotros repartir de lo que no tenemos.
No se discute la ley ni la justicia en cuanto a derechos humanos, ni la solidaridad.
Ni el derecho a prestar auxilio a personas en situaciones de apuro extremo.
Pero en los países siempre ha existido un orden, y en nuestras casa particulares igual.
Nadie abre la puerta de su casa alegremente, para que entre y se acomode cualquiera que pase por la calle y le apetezca, por no tenga donde ir.
La solidaridad es una cosa, y el derecho de las personas y el trato correcto también.
Pero si existe una frontera será por algo.
Y si existen documentos, y normas de convivencia entre vecinos, y entre países.
Será porque sin normas no se puede sostener una sociedad como la que tenemos.
No podemos confundir la solidaridad con la impunidad de que cada cual pueda hacer lo que le venga en gana.

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Lola Galán

se incorporó a la plantilla de EL PAÍS en 1982, tras una etapa como colaboradora del diario. Ha sido redactora de las secciones de España y Sociedad, y reportera de la sección Domingo. Entre 1994 y 2003 ha ocupado las corresponsalías de Londres y Roma. En los últimos años ha trabajado para los suplementos del fin de semana, incluida la revista cultural Babelia. Madrileña, estudió Filosofía en la Universidad Complutense y Periodismo en la Escuela Oficial de Madrid.

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