Paseo ‘clandestino’ con polémica

Por: | 19 de octubre de 2014

El lunes 6 de octubre, la noticia de que una auxiliar de enfermería de Madrid, Teresa Romero, se había contagiado con el virus del ébola, tuvo repercusión mundial al ser el primer caso registrado en Europa. La redacción de este periódico se movilizó para cubrir exhaustivamente un suceso con implicaciones sanitarias, políticas y sociales. También periodísticas, a juzgar por las muchas cartas de protesta que he recibido. Los lectores critican que hayamos publicado una foto privada de la auxiliar de enfermería, de la que decimos, erróneamente, que es enfermera en algunos textos.

La información que más protestas ha motivado ha sido, no obstante, la publicada el 10 de octubre en la sección de España, bajo el título, “Paseo clandestino por la quinta planta”, firmada por Pilar Álvarez y Elisa Silió. El artículo ocupaba una página y en él se relataba una visita furtiva a la planta del centro donde están ingresadas personas que tuvieron contacto con Romero. Lo que venía a demostrar que el acceso a esa zona especial carecía de vigilancia.

“Colarse en el Carlos III no es periodismo”, señala en un mensaje Mercedes Munárriz. “Es difícil relacionar este ‘artículo’ con los conceptos ‘información’ o ‘investigación’. No se han informado de nada”. Laura Cruz me escribe: “Quiero expresar, como lectora, mi total rechazo a ese artículo, no sólo falto de ética periodística (yo también soy periodista y duele leer este tipo de ‘informaciones’), sino también irresponsable por parte de quien haya encargado que se hiciese”. Quejas parecidas remite Jenaro Álvarez: “No se puede criticar a las autoridades por improvisación o falta de celo en la aplicación de los protocolos de seguridad y al mismo tiempo violarlos deliberadamente con acciones como esta”. Nicolás Lupo no ve el interés de la información, “más allá del posible sensacionalismo de entrar en una planta que supuestamente está restringida, como si fueran dos niños que entran en una casa de campo abandonada”.

Otro lector, Paco Rubio, hace su propia reflexión sobre el artículo a la vista de la doble firma y del pie de página en el que figuran otros dos nombres más: “se describe cómo, burlando al vigilante de seguridad, El PAÍS, o sea, una o varias personas: ¡No se sabe quiénes son!,  merodean irresponsable y temerariamente por un lugar por el que no se puede andar, poniendo en peligro su salud y la de los demás”.

En realidad sólo una persona, Pilar Álvarez, entró en la planta quinta del Carlos III. Otra compañera se quedó en la cuarta, y dos redactoras más aportaron datos al texto sin moverse de la redacción. Álvarez describe así su visita: “El recorrido por la quinta planta se limitó al acceso a través del ascensor y a un primer pasillo. Entré por mi propio pie, sin llevar ninguna indumentaria que condujera a error, sin que nadie me pidiera identificación y sin que nadie me parara en ningún momento”. 

Jorge A. Rodríguez, redactor-jefe de Noticias, asume su responsabilidad, ya que fue él quien tomó la decisión de entrar en la quinta planta, “a sabiendas de que era un lugar seguro, de la imposibilidad de contagio y sin tener contacto con nadie”, dice. Si la quinta planta era tan segura y carente de riesgos, ¿por qué damos por sentado que la situación de los pacientes que alberga exige vigilancia especial, inexistente el día de la visita?

En cuanto al por qué se entró en ese zona del Carlos III, Rodríguez explica: “Entramos en el hospital porque creemos que era nuestra obligación como periodistas, del mismo modo que hemos ido a los hospitales de Liberia o Sierra Leona (donde hemos entrevistado a enfermos), hemos entrado en escenarios de atentados, hemos subido a barcos susceptibles de ser secuestrados por piratas o vamos a lugares de riesgo (guerras, etcétera). Creemos que aportaba información y que era un asunto relevante y noticioso para los lectores. Queríamos mostrar que no había seguridad suficiente y que cualquier ciudadano podía entrar. El resultado es que al día siguiente fue reforzada la seguridad”.

Los periodistas vamos a las guerras o a los hospitales de Liberia y Sierra Leona para contar lo que ocurre allí. No vamos para decir que hemos ido, como parece ser el caso del “Paseo por la quinta planta”, una crónica en la que el objeto informativo es nuestra propia aventura, posible gracias a la falta de vigilancia que denunciamos. Y cuyo `botín’ informativo apenas da para unas líneas en el texto publicado.

Ante una crisis como la del ébola, que ha provocado gran alarma social y ha desatado una psicosis generalizada, nuestra obligación es ofrecer a los lectores una información veraz, completa y de alta calidad.       

Existe un subgénero periodístico que apuesta por violar normas y leyes para conseguir información cuyo conocimiento público justifica tal conducta a ojos de quienes lo practican. Algunos lo llaman ‘periodismo encubierto’ y ha dado grandes periodistas, como el alemán Günter Wallraff, que fue su adalid entre 1970 y 1990. Pero el modelo, además de discutible, pierde su razón de ser cuando todo lo que se persigue es un titular. Creo que entrar en la quinta planta del Carlos III ha sido un error.

Quiero abordar también otra polémica relacionada con el ébola. La que ha provocado el reportaje “Los charlatanes del ébola”, firmado por Javier Salas, que se publicó en la edición digital de este diario, el 8 de octubre, en la sección de Ciencia|Materia. El autor repasa los distintos remedios, en algunos casos dañinos, que se están proponiendo para curar el ébola, entre ellos el que publicita en un vídeo Josep Pàmies, que cuenta con el apoyo de la conocida monja Teresa Forcades, cuya foto, sacada de uno de sus vídeos, ilustra el texto. Varios lectores me han escrito quejándose del reportaje.

Patricia de la Cruz señala: “La monja Teresa Forcades, que además de monja es licenciada en medicina por la universidad de Nueva York y doctora en salud pública por la de Barcelona, no ha afirmado en ningún momento que el ébola se pueda curar ni ha aconsejado el uso del MMS [siglas de ‘Miracle Mineral Solution’, el dióxido de cloro] en relación con dicha enfermedad”. Para Juan Fernando Sánchez, el texto es “insultante desde el título hasta el final. ¿Dónde queda el auténtico periodismo? Cabe preguntarse si se ha propuesto este periódico reeditar su estilo de hace cinco años, cuando, con ocasión de la “gripe A”, llamó a Teresa Forcades ‘la monja bulo’”.

Xavier Lalaguna no entiende que el artículo se ilustre con una foto de Forcades porque, afirma: “He visto el vídeo que aparece en y no dice nada sobre el ébola. Considero que el periodista no ha hecho bien su trabajo y por ello solicito su intervención”.

El autor del texto explica por qué incluyó a Forcades: “[ella] es quien está consiguiendo llevar el peligroso mensaje de Pàmies más allá de los círculos de convencidos en los que él se mueve: el vídeo en el que asegura que habría que probar si el agua de mar cura el ébola lleva casi 650.000 reproducciones. Aunque en este caso su papel sea el de difusora de las proclamas de Pàmies, es finalmente su imagen la que proyecta la confianza necesaria para que cale este mensaje que pone en riesgo la salud pública”. Aún así, me parece que no está justificada la fotografía de Forcades junto a un título tan descalificador (‘Charlatanes del ébola’). Su utilización puede suscitar dudas, además, sobre si la razón última de haber elegido su imagen es la de hacer más visible el artículo.

Hay 4 Comentarios

Buenas noches. Más que el paseo con polémica yo hablaría de la foto perseguida con polémica. Esas fotos de los médicos y de la habitación de la Sra. Romero violando el derecho a la intimidad y privando como consecuencia a la paciente y a los profesionales que la atendían de la luz del sol.
Ha sido simplemente un vergonzoso ejercicio del "periodismo" más detestable con el único objetivo de lograr una instantánea para vender más ejemplares pasando por encima del más elemental respeto y consideración a la dignidad de una persona que estaba luchando por su vida.
Perdieron no solo norte sino cualquier atisbo de decencia en el ejercicio de la profesión. Simplemente el director de este diario y su redactor jefe son unos ... que deberían irse por haber autorizado semejante despropósito día tras día y haciendo caso omiso a los llamamientos de los médicos.
Se han pasado por el forro muchos de los principios que figuran en lo que debe regir la buena práctica del periodismo de calidad.
Ojalá les cayera una demanda de las que dejan sus ya deterioradas cuentas en la UCI. Es lo que se han ganado y con creces.

Las trampas de la consulta . Francisco J. Laporta, filósofo :
"Y sin embargo se obstinan en hacer la pregunta. ¿Por qué? La respuesta no puede ser más que esta: en realidad, cualquiera que sea el resultado de la consulta, al realizarla habrán conseguido el reconocimiento jurídico y político de Cataluña como un demos que tiene derecho a manifestarse como sujeto político autónomo. He ahí la trampa subyacente. No es que Cataluña sea una nación y en virtud de ello tenga derecho a decidir; es que si se le reconoce tal derecho se le está atribuyendo la condición de sujeto político con un cuerpo electoral propio. Y si además ese derecho a pronunciarse versa, como es el caso, sobre quién ha de ser el depositario de la soberanía política, entonces se le está reconociendo como nación política."
Marededéu senyor !!!
En los JJOO de la demagogia le darían la medalla de plata.
(La de oro, no. Hay que tener un poco más de nivel.)
Cómo puede un filósofo expresarse así? Un poco de respeto intelectual hacia los lectores. Y hacia los demócratas.
Esta tendencia a adjetivar a los catalanistas (o a cualquier adversario político) de falsos demócratas, de aspirantes a totalitarios es muy curiosa viniendo de un ciudadano de un estado que a 2014 aún subvenciona la Fundación Francisco Franco, de un estado que aún permite símbolos nazis (contraviniendo las leyes que rigen en países europeos), de un estado que modifica la constitución a petición de un organismo supranacional, pero no lo va a hacer por la petición de un porcentaje relevante de sus ciudadanos, que permite "capitalismo cobarde" (caso Castor), que indulta delincuentes económicos "de su facción", que permite apologías de la violencia a miembros de su partido (M.A.R.) pero se muestra implacable para detener un adolescente internauta (caso Fénix).
Pues bien, delante de estos ejemplos de democracia manifiestamente mejorable, de nacionalismo español excluyente, el señor filósofo decide preocuparse de un proceso popular, democrático, pacífico, incluyente y transversal. Que no le guste es comprensible. Que lo criminalice utilizando retórica y un pelín-pelón de demagogia, me resulta incomprensible. Casi inaceptable por lo que subyace.
En fin.
Cuando no se quiere entender, no se entiende.
Debe ser eso de que no hay peor ciego que el que no quiere ver, no hay peor sordo que el que no quiere oir.
Y finalmente. El proceso para votar el 9N está siendo muy tortuoso, es cierto. Pero es la reacción al inmovilismo español, y con pocos precedentes. O sea que se hace lo que buenamente se puede.
Y a lo mejor, en un tiempo deviene una referencia sobre como manejar cívicamente una situación política de envergadura, sin que haya habido graves incidentes.
No todas las sociedades pueden enorgullecerse de lo mismo.
Pero mientras tanto, Sr. filósofo Laporta, puede continuar utilizando su cátedra para definir de poca calidad democrática el proceso catalán.
Considera que el estado español tiene mucha calidad democrática? Sí / No
En caso afirmativo
En qué centro curso sus estudios de filósofia?

Buenos días. No sé por qué dice esta herramienta que estoy firmado como Lola Galán. Mi nombre es Luis Fernando Areán.

Quiero comentar las opiniones de lectores sobre el tema Forcades. Forcades podrá ser doctora en medicina, pero restregarnos el título por la cara es una falacia de apelación a la autoridad. Es un hecho que Forcades está en contra de la medicina científica como la entienden sus cientos de miles de practicantes en todo el mundo.

Tampoco me parece excesivo llamarla charlatana. Lo es. y para demostrarlo basta con hablar con cualquier médico del sistema de salud. El periodista levantará ámpulas, pero ha acertado de lleno.

¿El uso de la foto? Forcades ha elegido ser un personaje público que difunde ideas peligrosísimas para la salud pública, como que las vacunas son perniciosas. Es portavoz voluntaria de la charlatanería. También ha dicho cosas tan ridículas como que podría ser que la OMS quisiera eliminar al 25% de la población. Es verdad que lo insinúa, no lo afirma, pero insinuar despropósitos de ese calibre no es menos grave.

De hecho, Forcades es más que una charlatana. Es una delincuente, y en un país normal la habrían freído a multas, con suerte. Sin ella, habría ido a dar directamente con sus huesos a la cárcel.

Felicidades a la nueva defensora. Además de dar voz a los lectores que se dirigen a ella, toma postura frente a la noticia o reportaje objeto de su sección. Es lo que esperamos, al menos, que nos ofrezca la explicación de lo sucedido pero que también nos dé su opinión. Muchas gracias.

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Lola Galán

se incorporó a la plantilla de EL PAÍS en 1982, tras una etapa como colaboradora del diario. Ha sido redactora de las secciones de España y Sociedad, y reportera de la sección Domingo. Entre 1994 y 2003 ha ocupado las corresponsalías de Londres y Roma. En los últimos años ha trabajado para los suplementos del fin de semana, incluida la revista cultural Babelia. Madrileña, estudió Filosofía en la Universidad Complutense y Periodismo en la Escuela Oficial de Madrid.

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