Inventario de errores

Por: | 09 de noviembre de 2014

Los tiempos cambian, pero nuestra capacidad de cometer errores se mantiene. Una parte importante de los mensajes que recibo, como les ha ocurrido a mis antecesores, son quejas de los lectores por erratas, faltas de ortografía, pies de foto equivocados, frases incomprensibles o títulos mal elegidos. En las últimas semanas me han llegado diversas cartas de este tipo que quiero repasar hoy porque son una muestra de nuestras debilidades y, al mismo tiempo, de lo extremadamente atentos que están los lectores a lo que escribimos.

       El sábado 25 de octubre, las ediciones de País Vasco, Andalucía, Galicia y Comunidad Valenciana, no incluyeron una de esas informaciones que la gente espera encontrar en el diario, la que anunciaba el cambio de hora. Un lector, Paco Redondo, lo comprobó con irritación al abrir el periódico. “Miré y remiré, busqué hasta en Babelia, y no encontré ni un recordatorio del cambio de hora. Ni el reloj de “a las 3 serán las 2”, ni publicidad de esos relojes que la cambian solos, ni nada. Por lo visto, los lectores de EL PAÍS, además de estar sobradamente informados -no sé para qué lo compramos- no tenemos derechos a ser despistados”. Maite Rico, subdirectora responsable del diario el viernes 24 de octubre, pide disculpas a todos los afectados y explica lo que ocurrió. “En realidad el cambio de hora no salió en la primera edición (y por tanto, en las delegaciones) porque se nos pasó meter la información. No es que se levantara en Andalucía: es que no estaba. La incluimos en segunda (Madrid y Barcelona). Fue un fallo de la redacción de Madrid”. Por fortuna sí figuraba en la edición digital, pero no es un consuelo para los lectores que, como Paco Redondo, compran el periódico impreso.

      Otra rutina esencial, la revisión de los textos, falló en una noticia el 29 de octubre, tal y como se apresuró a manifestarme otro lector, Lluís Martín Cafarell. “Seguimos con la desaparición del cargo de corrector de pruebas. En su edición impresa Catalunya de hoy, hay un artículo firmado por Carlos Yárnoz acerca del presupuesto francés. Aparece un vicepresidente de la Comisión, Jyrki Katainen, en el segundo párrafo, que pasa a apellidarse Kataynen en el cuarto y recupera el anterior al final en el Cruce de cartas. ¿Nadie lee los artículos antes de enviarlos a impresión?”

     Carlos Yárnoz, corresponsal en París, asume su responsabilidad. “El lector tiene toda la razón y seguro que el error estuvo en el origen, o sea, en mi versión original. El apellido es con i latina”. Aunque evidentemente podría haber sido subsanado por cualquiera de los redactores que leyeron el texto, como reconoce Andrea Rizzi, redactor-jefe de Internacional, que pide, ante todo, disculpas, y pasa a explicar el funcionamiento de su sección. “Por supuesto, los textos se leen antes de ser enviados a impresión. Cuando un corresponsal envía su crónica, un periodista de la mesa la lee y edita; y después el periodista que está de cierre la relee y se asegura de que todo esté correcto. La persona que está a cargo de la sección le da el último visto bueno. La sección ha perdido muchos redactores entre jubilaciones anticipadas, ERE y salidas de otro tipo. Con ello, ha perdido buena parte de su veteranía. Por otra parte, cada vez tenemos más tareas: casi toda la sección trabaja tanto para la web como para el papel, y la cantidad de informaciones que gestionamos cada día ha aumentado considerablemente. Los tiempos en los que uno se leía toda la información sobre un tema para editar una sola crónica se acabaron. Pero no se acabó el anhelo de alcanzar los máximos estándares de calidad. Trabajamos con compromiso y honradez para ello todos los días”.

      Nadie está libre de equivocarse, por eso los mejores diarios del mundo publican frecuentes fes de errores, aunque lo ideal sería no necesitarlas. Eso es lo que viene a exigirnos un lector, Vicente Herrera Silva, que confiesa guardar “como oro en paño” el primer número de este diario. “Esto, creo que me autoriza a decir que no me gustaría dejarlo a mis 77 años pero cada día lo veo más cerca. Estoy leyendo titulares con faltas sintácticas, fotografías atrasadas un día y otro, el descarado giro de apoyo a la derecha; y lo que es peor la mano de gente de poco fuste y por tanto mal pagada en el hacer del diario. Pero lo que ya ha rebasado todos los límites ha sido lo del título del libro de Luis Landero. Ni siquiera en esos países latinoamericanos que por negocio tanto frecuentan, se daría el caso de que alguien escriba la crítica de un libro de un autor de primera línea ¡sin ni siquiera haberlo tenido en sus manos! No cabe otra cosa; es imposible un error en el titular, y la reincidencia en el texto, si el crítico hubiese leído el libro. Y lo peor de todo es que, la sección fe de erratas es tan fija como la mancheta”.

    He mantenido con este lector una comunicación privada para explicarle que, sin restar gravedad al error, no se había producido en una crítica del libro, sino en la noticia de su presentación. Juan Cruz, autor del texto, le pide disculpas personalmente. “Lamenté aún más que el lector que con tanta razón protesta el error que cometí en el título de la obra de Luis Landero El balcón en invierno; y no sólo publicamos de inmediato una fe de errores en el periódico sino que además rectificamos este error lamentable en la web. Observé luego, lo que son las cosas, que un error similar se produjo en otro medio con respecto a este libro. De veras que lo siento, y así se lo dije esa misma mañana al autor. Tiene razón el lector, fue un error imperdonable por el que vuelvo a pedir excusas”. 


     El 26 de octubre, otro lector, Enrique, me envió un mensaje tras leer una información de la sección España, en la que se decía lo siguiente: “El exministro y ex secretario general del PP, Ángel Acebes, ha sido imputado por el juez Ruz en el caso Bárcenas y mantiene en prisión desde hace 15 meses al ex tesorero del PP.” Una frase, se lamentaba, “muy defectuosa gramaticalmente, hasta el punto de ser incomprensible, ya que su sentido original se ve gravemente alterado por la mala sintaxis”. José Manuel Romero, que firmaba el texto, no se explica cómo pudo ocurrir, y pide disculpas por ello.

     Adrián Cifuentes y Juan Durán Uña, coincidieron en señalarme un titular erróneo publicado en la portada de la edición digital del 23 de octubre: “El Gobierno considera apta para el trabajo a una mujer con cáncer”. La noticia relataba la batalla de una enferma de cáncer, Beatriz Figueroa, por lograr que la Seguridad Social le conceda la incapacidad.

    “¿El Gobierno?”, se pregunta Adrián Cifuentes, “¿Se ha debatido la concesión o no de la incapacidad total a Doña Beatriz Figueroa en el Consejo de Ministros? ¿Ha sido una resolución adoptada por un ministro, o un secretario de Estado? ¿Qué órgano del Gobierno, de los que figuran en la Ley 50/97 de 27 de noviembre, es el responsable de dicha denegación? Evidentemente, tal y como se deduce tras la lectura de la noticia, la resolución denegatoria emana de un órgano administrativo, el INSS”. La noticia se tituló correctamente “La Seguridad Social insiste en negar la incapacidad a una enferma de cáncer”, en la edición impresa del 24 de octubre.

    Michael Nicholas, asiduo lector de las columnas de David Trueba, me escribió a propósito de una cita en la publicada el 23 de octubre. “Trueba nos dice en su artículo People que las siglas GOP que hacen referencia al Partido Republicano significan Gobierno de la Gente. Creo que quieren decir Grand Old Party”. Trueba, reconoce que su error, “se debió a una confusión entre la expresión de Gobierno de la Gente, que fue popularizada por el presidente republicano Lincoln y lo que esconde detrás del GOP que define a este partido como Grand Old Party. Inmediatamente que me llegó la corrección corrí a solventarlo de manera abierta y pública en el siguiente artículo que se tituló Lo nuevo”.

   Hay lectores, como Víctor Ovies, de Granada, capaces de llevar a cabo una verdadera investigación periodística para establecer la verdad de las cosas. Ovies me escribió para protestar porque en la crónica publicada el 23 de octubre sobre el concierto ofrecido la noche anterior por el cantante Jamie Cullum, en el Teatro Circo Price de Madrid, su autor, Jesús Ruiz Mantilla, hacía referencia a la escasez de público en la sala, atribuyéndolo a que esa noche jugaba el Real Madrid contra el Liverpool. Ovies no daba crédito porque, decía en su mensaje, “me resultó imposible conseguir una entrada aunque lo intenté desesperadamente”. Insatisfecho tras las explicaciones adicionales del periodista, el lector se puso en contacto con el departamento de gestión de audiencias del Price, y así se enteró de que, efectivamente, Cullum había actuado las dos noches programadas en Madrid con un aforo reducido, pero no por falta de público, sino por el deseo del cantante británico de actuar en una atmósfera íntima. Todo un detalle en estos tiempos.

 

Hay 13 Comentarios

Sra. Defensora del Lector, después de haber leído las aportaciones críticas de los lectores, y las columnas en que usted explica la gestión realizada sobre ellas tengo que llegar a la conclusión , -más ahora que estamos en el "procés", y van a pisarse muchos callos- que su puesto de trabajo es, junto con el de entrenador del Barça cuando no lidera la clasificación, una de las que más debe estresar.
En fin, con todo el respeto, molts ànims!

He escrito dos comentarios estos días pasados sobre el artículo que escribió el otro día el Sr. Iñaki Gabilondo y no he visto ninguno de ellos reflejado en los comentarios. Me gustaría saber por qué. Muchas gracias.

Si no he entendido mal , el error está en escribir sin la preparación suficiente del que lo realiza.

Significativo que El País haya sustituido la sección de Educación por la de Estlo. ¿Cambio de dirección hacia la frivolidad?

Después de leer todos estos artículos y comentarios, me dá la impresión que EL PAIS se equivoca a menudo.

No, no nos damos cuenta de las faltas de ortografía y gramaticales porque pongamos atención "extrema" (sic) sino porque chillan de tal modo que es imposible no verlas. Y esa ausencia de conocimiento se extiende, lógicamente, al contenido. La wikipedia y tuíter no deberían ser fuentes de ningún artículo.

Inventario de errores - http://blogs.elpais.com/defensor-del-lector/2014/11/inventario-de-errore.html
Los "mejores errores"de EL PAÍS son los de la censura de comentarios "no convenientes" : Es como si te llaman a una fiesta para luego darte portazo. La prensa es de quién invierte en ella; una siervita más del poder económico y/o político.

Otra de las quejas, mías, en este caso, es la de los titulares: hay ocasiones que el titular es bastante partidista del que lo suscribe, luego, cuando se lee la noticia se comprueba que no es para tanto. Claro que, eso no está generalizado, en la profesión se supone que hay de todo, también partidistas de que la noticia cause el efecto deseado, que para eso seguramente está escrita.
A veces eso se nota demasiado.

Vaya con la defensora del lector... en la sexta línea del primer párrafo... "de la extrema la atención que prestan los lectores a nuestro trabajo"... si quieres les recomiendo una buena correctora de textos, que ahora mismo está en paro.

Saludos cordiales y a mejorar.

El papel de corrector de pruebas a pie de artículo ha sido abandonado durante años a los lectores del diario, por extinción del puesto. La recuperación de esta competencia nos permitiría al menos la defensa propia.

No hay peor corrector que el propio redactor o el mismo escritor: siempre creen leer lo que quisieron escribir, pero a menudo no es así. De ahí la importancia que en su día tuvieron los correctores, un puesto de trabajo, o cargo, como se lee más arriba, en peligro de extinción y desaparecido ya de las redacciones de los diarios, en parte por ahorro económico, en parte por la ralentización que suponía que alguien leyera, corrigiera y, por tanto, "parara" el proceso de edición. Se sacrificó la calidad y así nos va...

"José Manuel Romero, que firrmaba el texto, no se explica como pudo ocurrir, y pide disculpas por ello." Sobra una r y falta una tilde en esta frase. Ni en un artículo así son capaces de hacerlo bien. Yo me encuentro al menos una errata en todos los artículos que leo en El País últimamente, y muchas de ellas no son faltas tipográficas, sino errores gramaticales o sintácticos que delatan que detrás del artículo hay un becario yogurín mal pagado, y que no se han molestado en corregirlo con cuidado. Y se supone que un periódico de su talla debe ser guardián de la lengua. Lamentable, señores.

No hace falta ser "extremadamente atentos". Las faltas y los errores en el diario denotan falta general de cultura, no de gramática o sintaxis. No es negligencia, es ignorancia creciente. Y terquedad (falta de artículos, como en "la mayoría de personas", o "Zarzuela dice", o evitar escribir "la jueza" en lugar de "la juez"...) El problema es que con tres redactores y sin corrector, quieren hacerlo todo y la calidad, directamente, no importa. Llenar y vender. Aunque no es exclusivo de El País, la decadencia del lenguaje en su periódico es muy señalada y lastimosa.

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Lola Galán

se incorporó a la plantilla de EL PAÍS en 1982, tras una etapa como colaboradora del diario. Ha sido redactora de las secciones de España y Sociedad, y reportera de la sección Domingo. Entre 1994 y 2003 ha ocupado las corresponsalías de Londres y Roma. En los últimos años ha trabajado para los suplementos del fin de semana, incluida la revista cultural Babelia. Madrileña, estudió Filosofía en la Universidad Complutense y Periodismo en la Escuela Oficial de Madrid.

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