El titular falso del vídeo 'viral'

Por: | 11 de septiembre de 2015

 

Todo el mundo entiende lo que significan unas comillas y para lo que sirven. Reproducen frases textuales de una determinada persona. Cuando se utilizan en un titular es porque se considera que son lo suficientemente elocuentes como para encabezar toda una crónica. O un vídeo. Por eso no pueden usarse cuando lo que se reproduce no es literal, o es una frase ‘reconstruida’ por el redactor. Este concepto elemental del periodismo no fue respetado por EL PAÍS en la titulación de un vídeo que se difundió en la edición digital del 4 de septiembre.

Ustedes lo recordarán seguramente, porque se situó durante buena parte del pasado fin de semana en los puestos más alto de la lista de los temas más vistos. Me refiero al vídeo confeccionado y colgado en su página de Facebook por una periodista venezolana llamada Yael Farache, que EL PAÍS reprodujo con el siguiente título: “Hoy me pasó algo super raro: me atendió un negro en una tienda”, al que acompañaba el subtítulo: “Una periodista venezolana recibe una oleada de críticas por publicar comentarios racistas en Facebook”.

El titular era falso. No correspondía a ninguna frase textual pronunciada por Farache en la grabación. Así lo ha admitido el responsable de los contenidos digitales, que ha procedido a sustituirlo por otro meramente informativo: “Una periodista venezolana, acusada de racismo por un vídeo que se hizo viral”.

     Confieso que no pinché ese vídeo el fin de semana y que la primera noticia sobre el error del titular me la dio un colega, al que se sumaron después un par de lectores. En dos de los casos, los mensajes incluían un enlace al blog de Farache donde esta periodista critica lo ocurrido con su vídeo en EL PAÍS.

 Guillermo Ferrer, uno de los lectores que me ha enviado el enlace al blog de la señora Farache, donde figura también un acceso al vídeo original de seis minutos de duración, se lamentaba, con razón, de que EL PAÍS hubiera entrecomillado en un titular una frase que Yael Farache no pronuncia en ningún momento. No menos estupor manifestaba otro lector, Phil van Herij, que me ha escrito desde East Sussex (Reino Unido) lo siguiente: “No soy capaz de encontrar un motivo para publicar algo tergiversado contra una mujer, que usa un canal social para subir un video de forma privada, personal, no como parte del ejercicio de su profesión. Lo que sí veo claramente es el daño que para su futuro profesional pueda causarle.

Que EL PAÍS se permita publicar un video que circula manipulado, incompleto, por las redes, requiere análisis; que además sume sus propias apreciaciones desde la distorsión o descontextualización, es todo un lujo”.

Entiendo que en esta lamentable historia hay que responder a dos preguntas esenciales: ¿Por qué se tituló con un entrecomillado falso el vídeo de Farache? Y en segundo lugar, ¿Por qué se editó y se subió a la web del diario un vídeo supuestamente privado que en mi opinión carece de interés periodístico?

He formulado estas preguntas al editor de multimedia que ‘pescó’ el vídeo en Internet. Esta es su respuesta:

“La noticia de Yael Farache surge tras advertir el pasado 4 de septiembre a través de Facebook que uno de sus vídeos se había convertido en viral debido a las acusaciones de racismo que algunos usuarios de esa red vertían contra ella. Tras comprobar que el vídeo en cuestión había sido visto por unas 300.000 personas (cifra exponencialmente superior a cualquiera de sus vídeos anteriores) y repasar las críticas que desembocaron en el cierre de su cuenta por racismo por parte de Facebook, nuestro titular recogió la sorpresa de Farache por haber sido atendida en el probador de una tienda por un hombre negro. Aunque esa declaración aparece en el arranque del vídeo (si bien las comillas no eran textuales, sí recogían el espíritu de su declaración) nuestro error, del que me hago plenamente responsable, consistió en no valorar el contenido del resto de la grabación en la que explica el enfado que le impulsó a grabar el vídeo: haber sido atendida por un hombre en el probador de mujeres. Su queja, en esencia, no es que le atendiera un negro, sino que le atendiera un hombre. Aún advirtiendo sus gestos de desagrado cuando describe al dependiente como “negro”, hablando con un estilo “supergueto” o de estatura “intimidante”, fue un fallo editorial por nuestra parte debido a una acumulación de trabajo unida a una falta de suficiente reflexión”.

     “Sobre el comentario del lector en relación a la edición del vídeo, solo puedo señalar que en la noticia se indica su duración completa (seis minutos) y se incluye un enlace para verlo íntegro, al margen de  una versión editada que creemos que refleja bien el espíritu de un vídeo que, por supuesto, no fue retocado”.

He visionado las dos versiones y estoy de acuerdo en que no puede hablarse de manipulación del vídeo por parte de EL PAÍS, ya que la versión corta respeta totalmente el espíritu del original. Tampoco estoy segura de que la forma de mantener la privacidad de algo sea colocarlo en Facebook. Todos sabemos que no hay discreción posible en las redes sociales y creo que quienes las usan asiduamente son perfectamente conscientes de ello.

       Dicho esto, considero un error grave que se titulara el vídeo con una frase entrecomillada que no se pronuncia en el mismo. Y por más que Yael Farache hable en un tono discutible del aspecto, la indumentaria o la forma de expresarse del dependiente masculino que le atendió en el citado comercio, al que se refiere alguna vez como “un negro”, no me parece aceptable la explicación del editor, según la cual, “si bien las comillas no eran textuales, sí recogían el espíritu de su declaración”. Lo ‘super raro’ a lo que se refiere la señora Farache en su vídeo no es en ningún caso que la atendiera “un negro” en un comercio de ropa, sino que haya tiendas de ropa que consideren normal emplear hombres en los probadores de mujeres. Ligar las dos palabras en una frase es construir una falsedad negativa además para la autora de la grabación.

Las comillas tienen que ser textuales y un redactor no puede interpretarlas o incluir en ellas palabras que están, supuestamente, en el “espíritu de la declaración”.

     Entiendo que la presión del trabajo y la velocidad con la que se emiten juicios en Internet puede haber influenciado al editor contagiándole de una opinión global que el vídeo había suscitado ya cuando lo encontró en la red. Pero eso no le exime de la responsabilidad de haberlo titulado indebidamente, agravando ese juicio negativo generalizado que ha provocado en las redes sociales la grabación de la señora Farache. Considero que la sección multimedia debe someterse a los mismos controles que el resto del periódico en lo relativo a la veracidad, el rigor y la precisión a la hora de publicar una información.

Hay 5 Comentarios

Muy acertado el análisis.

Me siento bien representado por la Sra Defensora quien sin duda ha honorado su posición, lo aprecio y agradezco.

No pareciera estar a la altura del diario al que se deben, quienes cometieron el error. Pretenden justificar con la falta de tiempo y carga de trabajo, el error cometido perdiendo el tiempo al hacer un trabajo innecesario. De paso, con cierto trasfondo de intencionalidad, muy mal disimulada.
Bastaría publicar –de ser considerado de valor informativo– el video completo, sin perder un minuto, con todos sus vicios y virtudes, sin añadir ni recortar ninguna, y dejar que cada lector saque sus propias conclusiones, sin pastorearnos hacia los “negros” pastos.


Coincido plenamente que, incluso los que siguen directrices partidistas que inundan las redes, y usan su posición escudados detrás del nombre de El País, decidan en un futuro no muy lejano, “someterse a los mismos controles que el resto del periódico en lo relativo a la veracidad, el rigor y la precisión a la hora de publicar una información.”

"El Pablo Iglesias británico"
Por Pablo Iglesias
.
"¿Por qué todos hablan del Pablo Iglesias británico?"
Por Pablo Iglesias
.
Antes de sonrojarme del todo ante tal ¿manipulación? en el periódico de mis amores, ¿alguna explicación? Busco y rebusco en el Libro de Estilo que "un titular se puede cambiar sobre la marcha en la edición digital sin explicación alguna", y no encuentro nada al respecto. ¿Alguna explicación? ¿Se han dirigido al autor con alguna explicación, ya que no a sus lectores?

Sera que algún día los racistas tendrán el coraje de asumirse como tal en vez de escudarse en el "soy políticamente incorrecto"?.

Lo de Yael es racismo puro y duro.

El motivo por el que se publicó ese video y el interés periodístico que tiene son los incentivos del Foro de Sao Paulo que explican el pertinaz publirreportaje a Podemos en Cuatro y la orientación legitimadora y aun elogiosa de toda la información de 'El País' sobre las FARC. Se trata de destruir a una persona que pese a su desagradable acento ha hecho la mejor descripción del partido de Pablo Iglesias (http://acapulco70.com/la-verdad-acerca-de-pablo-iglesias-y-su-partido-poltico-podemos/). La acusación de racismo no tiene sentido, pero ¿no leyó la defensora del lector los comentarios en que cientos de personas relacionadas con ese sector político aseguraban que Yael Farache es una ciberprostituta? Más de la mitad de los comentarios que escribo resultan censurados por no ser favorables a Podemos y a los gobiernos que promueven a ese partido, ¿cómo es que esas calumnias repugnantes sí fueron publicadas? Si algo tienen los desalmados que los hace más despreciables es el tono santurrón. ¿Habrá que creer que la defensora del lector desconoce esos incentivos?

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Defensora del Lector

Sobre el blog

La figura del Defensor del Lector fue creada por la Dirección de EL PAIS para garantizar los derechos de los lectores, atender a sus dudas, quejas y sugerencias sobre los contenidos del periódico, así como para vigilar que el tratamiento de las informaciones es acorde con las reglas éticas y profesionales del periodismo. Puede intervenir a instancia de cualquier lector o por iniciativa propia.
Principios éticos del diario EL PAÍS

Defensora del lector

Lola Galán

se incorporó a la plantilla de EL PAÍS en 1982, tras una etapa como colaboradora del diario. Ha sido redactora de las secciones de España y Sociedad, y reportera de la sección Domingo. Entre 1994 y 2003 ha ocupado las corresponsalías de Londres y Roma. En los últimos años ha trabajado para los suplementos del fin de semana, incluida la revista cultural Babelia. Madrileña, estudió Filosofía en la Universidad Complutense y Periodismo en la Escuela Oficial de Madrid.

Contacto

Los lectores pueden contactar con la Defensora del Lector:

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal