La batalla de los electrosensibles

Por: | 16 de septiembre de 2015

El 10 de septiembre EL PAÍS publicó  un largo artículo dedicado a informar de los pormenores y las reacciones internacionales a la sentencia de un tribunal de Toulouse (Francia), que ha reconocido la hipersensibilidad electromagnética de una mujer, Marine Richard. El artículo -"Una pensión del Estado por tener 'alergia' al Wi fi", firmado por el redactor de Ciencia Manuel Ansede, señalaba que la comunidad científica se ha rebelado contra esta decisión judicial, debido a la falta de evidencia probada de que haya una relación de causa a efecto entre las patologías sufridas por Richard y las ondas electromagnéticas. Un par de lectoras, Blanca Salinas y María Jesús Sánchez Felipe, me han escrito cartas indignadas, por considerar que el artículo es despreciativo con las personas que sufren estas patologías, y poco ecuánime, ya que no recoge la opinión de los científicos que sí creen en que son causadas por las ondas electromagnéticas.

Mi primer artículo como Defensora del Lector, hace casi un año, abordó precisamente la queja de numerosos lectores por una información que daba por demostrado que las ondas electromagnéticas dañan la salud. Nueva defensora, quejas recurrentes, se titulaba. Y el título hacía referencia a que el tema había sido tratado ya por mi inmediato antecesor. En aquella ocasión, las quejas procedían de lectores que señalaban, con razón, que a día de hoy no hay evidencia científica para asegurar que las ondas electromagnéticas dañen la salud. Mi contacto con el tema me permitió saber que existen personas electrosensibles, que asocian sus patologías a estos campos electromagnéticos, omnipresentes en la vida cotidiana. En esta ocasión la protesta es de signo contrario. Son algunas personas electrosensibles las que me han escrito para quejarse del artículo de Manuel Ansede.

Blanca Salinas, que me ha explicado en conversación telefónica los sufrimientos que le ha causado la Electrohipersensibilidad (EHS), y me ha enviado numerosos correos electrónicos, considera que, “todo el artículo, de principio a fin, es tendencioso, poco riguroso y lleno de falsedades e inexactitudes, además de que no recoge sino una única postura en un tema en el que existen opiniones totalmente encontradas. No es la primera vez que su periódico hace este mismo tratamiento con noticias referentes a estos temas".

"En primer lugar, utilizan un término inapropiado e inexistente para denominar un problema de salud ya reconocido por la OMS y considerado en Suecia como enfermedad y motivo de incapacidad: la electrohipersensibilidad electromagnética o el síndrome de los CEM, como lo denomina el Colegio de Médicos de Austria".

"En segundo lugar me parece una manipulación informativa escandalosa y descarada afirmar que, 'Todas las entidades científicas coinciden ….sin encontrar efectos para la salud en los límites permitidos actualmente'. Esto es rotundamente falso, pues son centenares los científicos que están alertando de las graves consecuencias biológicas que las ondas están provocando a niveles miles de veces por debajo de los umbrales permitidos”.

La organización que agrupa en España a las personas electrosensibles, a la que pertenece la señora Salinas, me ha enviado también dos largos mensajes, y en uno de ellos incluye, entre otros, este enlace a un llamamiento realizado en mayo pasado por 129 científicos alertando de los riesgos para la salud que plantean las infraestructuras que permiten las comunicaciones inalámbricas:

 http://cemyelectrosensibilidad.blogspot.com.es/2015/05/nuevo-llamamiento-cientifico.html

La señora Salinas cita en apoyo de su tesis el Informe Bioinitiative, “un metaestudio que recoge todos los estudios científicos que analizan los efectos de los campos y ondas electromagnéticos para la salud, tanto los que encuentran evidencias como los que no las encuentran. Centenares de estos estudios y las conclusiones del propio estudio alertan de gravísimos efectos en niveles miles de veces por debajo de los permitidos por la legislación. Se habla de daño en las células por estrés oxidativo, daño en los sistemas nerviosos central y autónomo, en el corazón, en el sistema inmunológico, roturas y mutaciones de ADN, daños en los espermatozoides, afectación de en torno a un 5% de la población por electrohipersensibilidad…"

"Un sector amplísimo de la comunidad científica que cada vez es más numeroso, está alertando de estas evidencias (el informe Bioinitiative se publicó en 2007 y se ha revisado en 2012 y 2014 y cada vez es más elevado el porcentaje de los estudios que encuentran efectos)”.

Por su parte, María Jesús Sánchez Felipe, socia de la asociación vallisoletana de afectados por las antenas de telefonía móvil, lamenta en su larga carta que el autor del artículo haya hablado únicamente con científicos que niegan que el wi fi y los campos electromagnéticos constituyan un peligro para la salud. Me envía un  largo listado de nombres de doctores que defienden lo contrario. Así mismo rebate la independencia de dos de los científicos citados por Ansede en su artículo, precisando que cobran de la Fundación Vodafone. También la señora Salinas pone en duda la independencia de los científicos citados por Ansede. “Teodoro Samaras, presidente del Comité Científico de los Riesgos Sanitarios Emergentes y Recientemente Identificados (CCRSERI), fue en el pasado asesor de Vodafone", dice en uno de sus mensajes. "Él y buena parte de los científicos pertenecientes a este comité han sido denunciados por varias decenas de asociaciones y ONGs de Italia, Holanda, Reino Unido, Francia, Polonia, Finlandia, España, etc. ante la Defensora del Pueblo Europea por conflicto de intereses, pues varios de los miembros de este organismo, están vinculados con empresas de telecomunicaciones. (https://www.ecologistasenaccion.org/article29678.htm)”

      Por último, Electrosensibles Derecho a la Salud, una asociación que agrupa en España a este colectivo, señala en una de sus cartas lo siguiente: “Aunque es un trastorno del cual aún se están estudiando los mecanismos biológicos implicados, la electrohipersensibilidad está diagnosticada mediante variables objetivas por especialistas como el Doctor Dominique Belpomme del Instituto del Cáncer de París. Los marcadores determinados por Dominique Belpomme –hipoperfusión en el cerebro, apertura de la barrera hematoencefálica, proteínas de stress, antimielina en las neuronas, descenso de melatonina en orina- tienden a estabilizarse en afectados por EHS después de un periodo de tres meses de alejamiento de los campos electromagnéticos. Otras investigaciones como las de Magda Havas y las de Olle Johansson constatan distintas alteraciones fisiológicas producidas por los campos electromagnéticos como la variabilidad cardíaca o el número de mastocitos en la piel”.  

Los autores de la carta reconocen que, “la electrohipersensibilidad resulta controvertida porque su existencia está cuestionando la seguridad respecto de las telecomunicaciones inalámbricas. La doctora Mallery Blythe  –experta en EHS- considera que el efecto nocebo como causa de la electrohipersensibilidad está totalmente descartado dado que los síntomas se producen independientemente del conocimiento de los sujetos de la exposición a los campos electromagnéticos. En la reciente Declaración de Bruselas sobre electrohipersensibilidad y Sensibilidad Química Múltiple expertos de todo el mundo manifiestan que el efecto nocebo no es una explicación dado que existen alteraciones fisiológicas objetivas ante las exposiciones detectables inclusive en animales". 

"Algunos investigadores afirman que para creer en el carácter real de la electrohipersensibilidad los afectados deben demostrar que son capaces de reconocer los campos electromagnéticos. Esta condición es negada por otros investigadores que consideran que la electrohipersensibilidad puede producirse independientemente de la capacidad de los sujetos para reconocer los campos electromagnéticos y que los criterios de diagnóstico deben ser las variables fisiológicas objetivas. Los estudios de provocación –en los que el sujeto debe distinguir cuando está activa la fuente electromagnética- han sido planteados como la prueba de la no existencia de la electrohipersensibilidad. Las dificultades para diseñar correctamente los estudios de provocación, -que se deben realizar en condiciones de aislamiento electromagnético, con suficientes tiempos de descanso entre exposiciones, a las frecuencias a las que más responde el sujeto- han posibilitado porcentajes relativamente bajos respecto de la capacidad de los sujetos electrohipersensibles para reconocer los CEM-campos electromagnéticos-, pero en absoluto suficientemente pequeños como para llegar a la conclusión de investigadores como G. James Rubin cuando niegan la EHS”.  En la carta se cita también el estudio realizado en el Informe Bioinitiative. Y finaliza así: “En el tema de la electrohipersensibilidad y la contaminación electromagnética nos encontramos con una situación que está lejos de poder considerarse aclarada y que requiere el mayor acceso posible a información procedente de las diferentes partes”. Entre otros documentos, en su correo me envían el siguiente enlace a su web donde se recogen los datos sobre la enfermedad:

http://electrosensiblesderechosalud.org/documentacion/herramientas-basicas/

He enviado a Manuel Ansede todos los correos. Esta es su respuesta.

“Creo que las críticas recibidas se resumen en que supuestamente recojo "una única postura". Y es cierto. Mi trabajo como periodista es buscar la verdad, no el equilibrio. Y la verdad, según la actual evidencia científica, es que los síntomas que padecen los autodenominados electrosensibles no están causados por los campos electromagnéticos. Lo resumió muy bien la Defensora del Lector en 2010: "en periodismo médico no cabe equidistancia entre la evidencia científica y las teorías no demostradas".

 

Los datos son tozudos. La Organización Mundial de la Salud (ver última nota de posicionamiento), el comité de expertos de la Comisión Europea (ver hoja informativa de 2015), la Administración de Medicamentos y Alimentos de EEUU (FDA, ver su web), el comité de expertos del Ministerio de Sanidad español (ver informe técnico) y un larguísimo etcétera dicen lo mismo: los campos electromagnéticos no provocan efectos sobre la salud. Hablamos de miles de estudios científicos en revistas científicas de calidad".

 "Las lectoras critican que no cite el 'llamamiento de 129 científicos de 34 países a la OMS y a la ONU de mayo de 2015' para pedir protección frente a los campos electromagnéticos. En ciencia no sirve la falacia del argumento de autoridad. Por ejemplo, Kary Mullis, premio Nobel de Química, y Peter Duesberg, profesor de Biología Molecular de la Universidad de California en Berkeley, sostienen que el virus del sida no existe. Pueden decir misa, porque sus teorías no se sostienen con la actual evidencia científica. El periodismo científico debe huir de la tramposa equidistancia. Para elaborar un reportaje sobre el cambio climático no hay que llamar a negacionistas del cambio climático. Y para un reportaje sobre la alergia al wifi se podría haber llamado a alguien que hubiera demostrado su relación con los campos electromagnéticos, pero esa persona no existe".

 

"Las lectoras críticas también citan el Informe Bioinitiative, supuestamente "independiente", pero editado por Cindy Sage, propietaria de una empresa que cobra 300 dólares por medir los campos electromagnéticos en una casa. La Agencia Francesa de Seguridad Sanitaria del Medio Ambiente y del Trabajo explicó en un informe (a partir de la página 322) por qué el Informe Bioinitiative es sesgado y anticientífico. Si no se habla francés, se puede leer el documento de posicionamiento sobre el Informe Bioinitiative del Comité Científico Asesor de Radiofrecuencias y Salud impulsado por la Fundación General de la Universidad Complutense de Madrid".

 "Afirma una lectora que "es sumamente tendenciosa e inexacta la información que proporciona la noticia", porque "hay estudios a doble ciego que demuestran las alteraciones fisiológicas que producen las ondas electromagnéticas". Cita un estudio, elaborado con una sola persona. Un estudio con una muestra de una sola persona, obviamente, no es ciencia".

 "Dice la lectora Blanca Salinas: "EL PAÍS se alinea con los intereses y la información sesgada y torticera de las grandes empresas de telecomunicaciones, ocultándonos a los ciudadanos información vital y muy relevante para nuestra salud". Y continúa: "¿Es que les interesan más sus ingresos por publicidad y las corporaciones que los financian que defender la verdad con imparcialidad y ecuanimidad, más aún si lo que está en juego es la salud de los ciudadanos que los leemos?". Puede estar tranquila. Cuando haya información vital y muy relevante para su salud, allí estará el buen periodismo científico para contárselo. Pero la Tierra no es plana porque lo digan 129 científicos. Hay que demostrarlo".

Estoy totalmente de acuerdo con la opinión de mi antecesora que cita Manuel Ansede: "En periodismo médico no cabe equidistancia entre la evidencia científica y las teorías no demostradas". Y me parece muy correcto que Ansede busque la verdad científica y no la equidistancia en sus artículos. El problema que veo en la información objeto de las críticas, -en la que no veo ninguna actitud despreciativa hacia las personas electrosensibles-, es que está dedicada a glosar una sentencia del tribunal de Toulouse, de la que el propio redactor señala que es "una sentencia histórica en Europa". Por eso, junto a la opinión de la comunidad científica que la rechaza porque, como dice Ansede, la hipersensibilidad electromagnética es, "un conjunto de síntomas pero sin causa demostrada", hubiera sido interesante contar con la opinión de quienes consideran que esta sentencia es un triunfo. El autor recoge unas declaraciones muy breves de la abogada de la señora Richard a quien, según me ha explicado, intentó entrevistar sin conseguirlo. Ante esta imposibilidad, creo que hubiera debido recoger la opinión de alguno de los científicos o médicos que puedan estar de acuerdo con la sentencia.

 

 

Hay 32 Comentarios

Estimada Sra,
quisiera ofrecer una valoración de algunos puntos del artículo a debate y de su post en este blog, en concreto, de los argumentos que el autor del artículo, le ha hecho llegar, después de haber leído las críticas recibidas.
Del artículo sólo mencionaré los subtítulos. El primero incide en las críticas que al parecer la comunidad científica ha emitido sobre este hecho “en tromba”. Como lectora, me gustaría saber quiénes son los científicos o los organismos que se han quejado por esa sentencia y en qué términos. Falta información que ilustre ese importante punto de la noticia que merece un subtítulo y que sería, de cara a la justa y democrática argumentación del debate, la clave de bóveda sobre la que después podríamos seguir debatiendo. Me parece inexacto y tendencioso hacer un sólo grupo de la, así llamada, comunidad científica. ¿No pertenecen a la comunidad científica los científicos críticos? Tendría el autor que explicar por qué. El segundo subtítulo es, a mi juicio, impropio del buen periodismo. Ningún juez hace afirmaciones científicas; tampoco lo hizo aquel juez italiano. Las conclusiones de la sentencia estuvieron basadas en el testimonio de informes, de médicos del denunciante y de la participación directa de investigadores de autoridad internacional sobre este asunto en el juicio. El periódico, en la voz de su autor, no es quién para afirmar de forma zanjada en un subtítulo una cuestión que, cómo mínimo, se halla actualmente en un fértil debate y que, además, contraviene una monografía completa y una declaración sobre la carcinogeneidad de los campos electromagnéticos de la IARC 2011 que permanece vigente.
Paso ahora a los argumentos posteriores de Asende, que recoge Vd. en su blog. No entiendo y no comparto la definición que hace de su postura y su misión como periodista. Le critican que recoja una postura única y, sin rubor alguno, afirma que es cierto, cuando además la postura que deja fuera es la de los afectados. No me parece de recibo por su parte, ni por parte del rotativo.
Por otro lado, el Sr. Ansede dice buscar la verdad, no el equilibrio. La verdad es una abstracción huidiza y multifacética en nombre de la cual se han cometido y se cometen muchos crímenes y muchos errores. En ocasiones, dos planteamientos son verdaderos a la vez, siendo necesario comprobar y dilucidar la compatibilidad de ambas verdades. Muchas veces, es necesario demorarse en los recodos de esos planteamientos hasta que se encuentra la respuesta. Esa tarea queda truncada, en este caso, cuando se atiende unilateralmente a una sola versión de los hechos. Incluso en ciencia, tarea meticulosa y lenta, las cosas son verdad hasta que dejan de serlo, como bien nos enseño Thomas Kuhn. Y quizá en ese recorrido el equilibrio que Asende desprecia sea un buen consejero. Al menos, para esta que le escribe, como lectora y como ciudadana.
Habla Asende de datos tozudos. Alude, en primer lugar, a la última nota de posicionamiento de la OMS. Es posible traer a colación aquí, por ejemplo, las dos cartas que el equipo de investigación de Hardell/Calberg han remitido al grupo de la OMS encargado de redactar el próximo informe sobre salud y CEM que será publicado en 2016, alertándoles de los múltiples errores y defectos que ellos detectan en su ámbito de investigación: móbiles y tumores cerebrales, ofreciéndose reiteradamente a colaborar con ellos y solicitando, a la luz de sus investigaciones, que la carcinogeneidad de la radiación electromagnética de este tipo pase al grupo 1.
https://lennarthardellenglish.wordpress.com/2015/08/07/letter-to-who-regarding-brain-tumour-risk-associated-with-exposure-to-radiofrequency-fields/
http://cemyelectrosensibilidad.blogspot.com.es/2015/08/carta-de-hardell-y-calberg-la-oms.html
Sobre este punto cabe preguntarse por qué la OMS prescinde de los científicos que detectan riesgos para la salud a la hora de elaborar sus informes.
En segundo lugar, Asende menciona la hoja de expertos de la Comisión Europea y el enlace nos lleva a un documento de SCENIHR. Como conocerá, la Defensora del Pueblo Europeo manifestó la necesidad de revisar y comprobar la independencia y la pluralidad de los comités de expertos de la UE, incluido el SCENIHR. Le adjunto, como ejemplo de las dudas razonables sobre la independencia de ese comité y, por lo tanto, de la validez de la información que remite el autor al confiar sin atender, entre otras cosas, a la denuncias de más de 40 ONGs de toda Europa, un artículo elaborado por el Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de Valencia, Gabriel Doménech, en el que argumenta por qué este comité puede no ser confiable. Las denuncias de las ONGs europeas ya las conoce: SCENIHR no incluyó entre la literatura científica CEM-salud los informes epidemiológicos elaborados por el equipo de Hardell/Calberg y que conducirían a un aumento de la clasificación de la carcinogeneidad. Parece ser que han considerado que esos datos no. La Defensora ha admitido la denuncia.
https://es.scribd.com/doc/271905256/2013-Not-entirely-reliable
http://cemyelectrosensibilidad.blogspot.com.es/2015/07/avaate-denuncia-conflicto-de-intereses.html
En tercer lugar menciona Asende una agencia estadounidense, que parece quedarnos algo lejana. Ampliamos el debate; me parece bien. En ese caso tendrá que admitir como información el trabajo de investigación periodística elaborado por Norm Alster sobre la FCC (Federal Communication Comission) que ha sido publicado por el Centro para la Ética Edmond Safra de la Facultad de Derecho de la Universidad de Harvard.
http://cemyelectrosensibilidad.blogspot.com.es/2015/07/comision-federal-de-comunicaciones-eeuu.html
Al hilo de esta cuestión, resulta imprescindible aludir a la denuncia de corrupción institucional que en esta misma institución elevara Franz Adlkofer, jefe de los equipos de investigación del Informe REFLEX UE (2004), en el que participó España, y cuyas conclusiones incluyen que niveles de radiación muy inferiores a los permitidos legalmente rompen enlaces simples y dobles de ADN. Ese proyecto contaba de una segunda parte que, ante esta conclusión, fue inmediatamente eliminada. Posteriormente, hubo una campaña de desprestigio internacional y denuncia, alegando que los datos del REFLEX habían sido falsificados, algo que ha sido rechazado por un Tribunal de Hamburgo este mismo verano. El denunciante, Alexander Lerchl, una semana antes de que se emitiera la sentencia, dando un giro de 180 grados a su línea “negacionista” previa, publicó con su equipo un estudio de provocación en animales en el que confirman que la contaminación electromagnética de la tecnología inalámbrica es copromotora de cánceres de diversos tipos.
Invito al Sr. Asende a que compruebe las conclusiones del Informe REFLEX, un informe oficial de la UE y que encuentre algún científico que las rechace y que explique por qué. Y si no, que admita que las emisiones electromagnéticas de los móviles y tecnologías inalámbricas similares son, como describe el informe, genotóxicas.
http://cemyelectrosensibilidad.blogspot.com.es/2014/03/ponencia-de-adlkofer-en-harvard.html
http://cemyelectrosensibilidad.blogspot.com.es/2014/02/corrupcion-politica-y-de-la-industria.html
http://cemyelectrosensibilidad.blogspot.com.es/2015/08/tribunal-de-hamburgo-alexander-lerchl.html
Sra. Galán, como puede ver el terreno quizá merecería un análisis más detenido en el cual los múltiples factores que interactúan en el conplejo mapa de los campos electromagnéticos y la salud (incluida la electrohipersensibilidad; le dejo una publicación reciente: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/26372109) pudieran ser considerados en sí mismos y quedar bien representados. Esto es algo que intentó ayudar a hacer, a mi entender con éxito, las Jornadas que la PECCEM organizó el pasado 26 Junio en la sede del Parlamento Europeo de Madrid, con motivo del Día Internacional Contra la Contaminación Electromagnética, acto al que el diario El País estaba invitado, y al que no acudió. En él intervino, entre otros invitados, el Relator del Grupo de Trabajo del Comité Económico y Social de la UE, encargado de elaborar un Dictamen sobre la electrohipersensibilidad: el Sr. Hernández Bataller. Le dejo aquí el enlace a las intervenciones de aquel día, imprescindible la del Sr. Hernández Bataller. Le invito a que visione la de Asunción Laso (ambas de 20’ aprox)
Siendo un español el encargado de coordinar la redacción de ese dictamen en Europa ¿quizá podrían contactar con Hernández Bataller y entrevistarle? En mi opinión, sería un testimonio interesante para ser trasladado a la opinión pública.
http://cemyelectrosensibilidad.blogspot.com.es/2015/07/jornada-dia-internacional-contra-la.html

Atentamente.
María del mar Rosa

La cosa es que la sentencia no dice que la electrosensibilidad sea real. Sólo reconoce como real la incapacidad que padece dicha persona para el trabajo. Es como si un juez determina que una persona con agorafobia, o con esquizofrenia, no puede ir a trabajar. No está diciendo que enfrentarse al mundo exterior sea peligroso de verdad o que las voces que oye el paciente sean reales, sólo que esa persona ha demostrado que no está bien para trabajar.

Si se trata este tema con seriedad y rigor, hay tres elementos que son incuestionables:
1- Hay científicos que afirman que las ondas no son dañinas para la salud.
2- Hay otros muchos (más cada vez), que afirman que sí lo son.
3- Hay miles de personas en todo el mundo que estamos enfermando por las ondas electromagnéticas.
Cuando ha existido un problema de salud creado por ejemplo por un químico (vease el tabaco o el amianto), han pasado años hasta que se ha llegado a una completa e incontestable unanimidad científica (con el amianto pasaron 100 años desde que realizó el primer informe de alerta hasta que se prohibió). Ante esto, y hasta que se llegue a conseguir unanimidad, no vale negar las evidencias que ya hay. Sólo cabe, como recomiendan el Parlamento Europeo y el Consejo de Europa aplicar el principio de Precaución. Y esto no se está haciendo.
Intentar negar los dos segundos puntos y tratar de psiquiatrizar o frivolizar estas enfermedades es muy grave y perjudica seriamente a quienes las padecemos.
Yo Inicé un declive físico y cognitivo progresivo y demoledor justo cuando me vine a vivir a la casa donde actualmente resido. Durante años, los médicos no supieron dar explicación a lo que me pasaba. Yo por supuesto tampoco. Alteración absoluta del sueño, contracturas y dolores corporales, ciáticas, lumbalgias, cansancio extremo, deterioro cognitivo, incapacidad para realizar ejercicio y otros muchos síntomas que me llegaron a incapacitar laboralmente. Me diagnosticaron fibriomialgia y síndrome de fatiga crónica. Me pusieron un tratameinto con dosis bajas de antidepresivos que agravó todos mis síntomas hasta extremos insoportables (el sueño desapareció y no lo conciliaba ni con pastillas para dormir, los dolores se intensificaron y aparecieron otros nuevos tipos de dolor que se sumaron a los que ya padecía, cualquier actividad me agotaba y apenas podía andar, los problemas cognitivos se intensificaron hasta perder la ortografía o no saber por dónde empezar a multiplicar)... Acabaron descubriendo que tenía un problema en las células, un déficit de un 40% de coenzima Q10, lo que provocaba una patología mitocondrial y una incapacidad de mis células para producir energía. Por eso ni mis músculos ni mi cerebro funcionaban, y los antidepresivos empeoraban mi estado pues interferían en el funcionamiento celular (de ahí la gravedad de hacer ver que este es un problema psiquiátrico, lo que ya de por sí piensan muchos médicos por pura ignorancia, pues no han estudiado nada parecido en su carrera). Al retirar los antidepresivos y ponerme tratamiento con esa misma coenzima, experimenté una mejoría espectacular. Pero pronto pude comprobar, en un proceso completamente empírico, ratificado por los médicos, que si me exponía a químicos o a ondas, todos mis síntomas reaparecían. Mi calidad de vida dependía estrictamente de evitar las exposiciones. Mis síntomas no son inmediatos (un problema celular no se produce en un instante), aparecen muchas veces horas después de las exposiciones. No siento nada inmediatamente si me acercan un móvil, tampoco muchas veces al entrar en contacto con un químico, pero estar en contacto con ondas, no puedo saber exactamente a partir de qué cantidad, me provoca recaídas y reaparición posterior de los síntomas. Por supuesto, si me utlizaran para un estudio de provocación, yo no podría decir si estoy o no expuesta.
Hace 18 años que inicié toda esta situación y llevo ya casi 7 jubilada. Tan sólo hace cinco años que descubrí que tenía sensibilidad química y tres años que comprobé que era electrohipersensible. Ahí es donde se han producido realmente mis mejorías. Jamás lo hubiera imaginado, pero descubrí que las ondas de una antena cercana a mi casa y los wifis e inalámbricos de mis vecinos eran los que me hacían recaer, y que si lograba evitarlos se producían en mí mejorías muy significativas. Recuperaba la calidad de vida. Cambié mi dormitorio de lugar y realicé apantallamientos en mi casa. Durante dos años he estado como hace muchos años que no estaba. Pero desde principos de 2015, con la llegada del 4G, he empezado un nuevo declive. Lo primero que se ha resentido es el sueño. Luego va viniendo poco a poco todo lo demás. He realizado pruebas empíricas, y compruebo que si me voy de mi casa a un sitio sin ondas (en la medida que hoy es eso posible), mi sueño y todos los síntomas asociados, se recuperan. Ante esta situación, me he decidido a marcharme de mi casa, todavía no sé a qué lugar. Es sumamente difícil tratar de llevar una vida normalizada cuando los transportes públicos, los cines, los teatros, los restaurantes, hasta estar con un grupo de amigos que tienen sus móviles encendidos, compruebo que me producen empeoramientos. Por eso leer el artículo del señor Ansede me indignó. Me imagino que si uno no ha pasado por una situación parecida puede frivolizarla y juzgarla sin tener en cuenta el daño que produce. No se imagina lo mucho que llevo sufrido, padecido y peleado.

Llevo 9 años investigando, contactando con investigadores y leyendo estudios científicos. Sólo estos tres últimos años he indagado sobre ondas. Lo que he descubierto me ha dejado anonadada, Por ejemplo, que los químicos y las ondas se han introducido sin realizar ningún estudio previo sobre sus efectos para la salud. Hasta 1991 no había obligación de realizar ninguna prueba previa para poner en circulación un químico, y para entonces ya había 100.000 circulando. Respecto a las ondas, en 1999 se fijaron los niveles máximos de intensidad contemplando sólo los efectos térmicos de exposiciones agudas y puntuales, que se podían producir si aumentaba en más de 1 º la temperatura corporal. Pero no se tuvieron en cuenta los efectos no térmicos o biológicos producidos por exposiciones crónicas, y desde entonces se han publicado miles de estudios in vivo, in vitro y epidemiológicos que han hallado graves efectos de las ondas sobre las células, el cerebro, el sistema nervioso, el sistema inmunológico o el corazón. Por ejemplo en el apartado del Estudio Bioinitiative destinado a investigaciones sobre estrés oxidativo, los estudios confirman que las ondas provocan múltiples alteraciones celulares, generan estrés oxidativo, radicales libres, déficit de antioxidantes y que pueden generar o agravar una patología mitocondrial. Pero generan multitud de problemas en todo el organismo humano, pues interfieren con procesos electroquímicos del cerebro, el sistema nervioso, las neuronas, las células o el corazón. Probablemente la variabilidad de síntomas en estos síndromes se deba a que cada persona, genéticamente, tiene una mayor o menor debilidad en alguno e estos sistemas y eso pueda ser también la causa de que, aparentemente, sólo algunas personas nos veamos afectadas y otras muchas, aun cuando lo estén, no lo sepan relacionar, como era mi caso, si sus síntomas no son inmediatos.
Señor Ansede: mi proceso ha sido justo al revés del que usted describe. Durante años de tener síntomas sin saber ni remotamente imaginar la causa, haberla descubierto está posibilitando en mí importantes mejorías. Si a mí me hubieran dicho hace seis años que la causa de todos mis sufrimientos podían ser las ondas, me hubiera echado a reir y no lo hubiera creído. Pero ahora, compruebo que mi recuperación de la calidad de vida pasa por evitarlas y a la vez es casi imposible sustraerme por ejemplo a que las ondas invadan mi casa.
He llegado a la conclusión de que todas estas enfermedades emergentes que me han ido diagnosticando son la misma y que son el resultado de que nuestro organismo se ha visto superado en su capacidad de adaptación a nuestra propia tecnología que ha roto su homeostasis.
Estas enfermedades son orgánicas y sistémicas. Frivolizarlas o tratar de psiquiatrizarlas es muy grave, pues hace un profundo daño a quienes las padecemos.

Es fundamental trasladar los posicionamientos institucionales europeos con respecto a este tema.
La Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, institución de referencia en la defensa de los derechos humanos, en su Resolución 1815 "Peligros potenciales de los campos electromagnéticos y sus efectos en el medio ambiente", ha recomendado a los Estados miembros:
"prestar especial atención a las personas "electrosensibles" afectadas de un síndrome de intolerancia a los campos electromagnéticos y la adopción de medidas especiales para protegerlos, incluida la creación de "zonas blancas" no cubiertas por redes inalámbricas".
El Sr. Jean Huss, ponente de la exposición de motivos del proyecto de dicha resolución, aprobado posteriormente, destaca en el contexto de los riesgos probados y potenciales de los campos electromagnéticos, el hecho de que algunas personas pueden ser más sensibles a la radiación u ondas electromagnéticas que otras. Las investigaciones realizadas por ejemplo por el profesor Dominique Belpomme, presidente de ARTAC (Asociación de Investigación Terapeútica Anti Cáncer), en más de 200 personas que se denominan "electrosensibles" han demostrado, con resultados de análisis clínicos y biológicos de apoyo, la existencia de un síndrome de intolerancia a los campos electromagnéticos. En este contexto, Suecia ha concedido a las personas que sufren de hipersensibilidad electromagnética el estatus de personas con capacidad reducida para que puedan recibir una protección adecuada.
Importante mencionar que los Parlamentos Vasco como el Navarro además de los ayuntamientos de S. Sebastián, Vitoria, Hospitalet, o el propio Colegio Oficial de Biólogos de Galicia se han adherido a la Resolución 1815 del Consejo de Europa.
La Resolución del Parlamento Europeo de 2 de abril de 2009 sobre las consideraciones sanitarias relacionadas con los campos electromagnéticos "pide a los Estados miembros que sigan el ejemplo de Suecia y reconozcan como una discapacidad la hipersensibilidad eléctrica con el fin de garantizar una protección adecuada e igualdad de oportunidades a las personas que la sufren".

Hola: Yo quisiera enfocar el tema desde el punto de vista humano. He de decir que el periodismo debería de contactar con los afectados, escuchar sus historias... Lamentablemente yo he tenido que escuchar muchas, demasiadas... ¿Quien se puede creer que la contaminación electromagnética sea el contaminante más estudiado en toda la historia y decir que no nos afecta? ¿Quién puede creer que haya tantos científicos "independientes" reportando estos problemas una y otra vez, con miles de publicaciones en revistas científicas de prestigio? ¿Quien se puede creer que haya miles de personas en todo el mundo reportando la misma sintomatología cuando están cerca de una antena, un móvil, un wifi? ¿Quien puede creer que esto es una moda que está ganando adeptos día a día cuando nuestro hogar,trabajo, amigos y familia es lo más sagrado y tienen que abandonarlo?. ¿Es una moda?... La SQM, hasta hace nada era un problema psicológico... pues bien, ahora parece que los diputados ya no piensan lo mismo y lo han metido en un el CIE, ahora es más difícil cuestionarlo, como es dificil cuestionar la fibromialgia y como es dificil cuestionar otras tantas enfermedades que incluso antiguamente se quemaban a los enfermos en las hogueras por herejes, así como quien decía que la tierra NO era plana... Como el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, esto no iba a ser menos... Hay mucha gente huyendo de sus hogares, viviendo en coches, tiendas de campaña e incluso en cuevas huyendo de estas radiaciones que tanto parece gustarle a algunos. Estas personas están siendo literalmente torturadas física y psicológicamente, siendo cuestionadas y nada protegidas. El caso es que el periodismo parece estar ajeno de esta "pandemia", deberían de entender que este mundo es dinámico, todo cambia, se generan nuevos problemas a los cuales hay que encontrar nuevas soluciones. No ven, porque no saben, porque no se interesan, la cantidad de suicidios, debido a esta nueva forma de contaminar, que se están produciendo en todo el mundo, entre ellos el de una niña de 15 años en Julio, y el de una madre con dos niñas gemelas pequeñas hace tan sólo 3 semanas. Digo que no se interesan, porque sin ir más lejos, NO fué ni un sólo periodista (de los medios convencionales) a la conferencia que se dió en la sede del Parlamento Europeo en Madrid el pasado 26 de Junio en el día internacional Contra la Contaminación Electromagnética, para tratar la "Electrosensibilidad", donde asistieron científicos, médicos, eurodiputados, diputados nacionales, autonómicos, asociaciones, fundaciones, consejería de Sanidad, cuando estaban convocados. Quizá si hubieran asistido, se habrían informado de primera mano. Pueden preguntar a Grö Harlem, ex presidente de la OMS, que lo negaba, hasta que ella se hizo "electrosensible", Joely Collins (hija de Phil Collins), Jolie Jones (hija de Quincy Jones), ambas EHS, Sheryl Crown... Por último decir que esto nos afecta a TODOS, periodistas o no, creamos o no... y que en la ley de Salud Pública ya viene reflejado el principio de precaución y habla explicitamente de este nuevo contaminante que no se ve, no se huele pero está.. Un saludo.

¿De qué ciencia me hablan? Las antenas de telefonía se desplegaron en los años 90 sin tener ningún estudio científico previo sobre sus posibles efectos para la salud y sin tener inicialmente permisos urbanísticos ni medioambientales para su instalación. Apresuradamente, y a posteriori, se elaboró la Recomendación1999/519/CE relativa a la exposición al público de los campos electromagnéticos y se traspuso a la legislación española en 2001 (en ello colaboró el señor Alejandro Úbeda, miembro del Comité Científico Asesor de Radiofrecuencias y Salud (CCARS), una de las dos "Fuentes Científicas" que utiliza el artículo del señor Ansede). Esta normativa sólo tuvo en cuenta los efectos térmicos. Inmediatamente y hasta hoy, cientos de científicos con estudios publicados en miles de prestigiosas revistas científicas han alertado que edamás de esos, las ondas producen efectos biológicos en niveles miles de veces por debajo de los límites legales ahora permitidos. La ciencia no es monolítica. Y no puede absolutizar la palabra y reducir la Ciencia a la postura de dos instituciones que además no son independientes, pues al menos una de ellas ha tenido relación con el establecimiento de esos límites y la otra tiene a un gran número de sus miembros demandados por conflicto de intereses. ¿Van a admitir ellos que se equivocaron y que lo que ellos ayudaron a regular está causando enfermedad?
Descalifican por otro lado a cientos de prestigiosos científicos independientes que tienen miles de publicaciones en las más importantes revistas científicas ¿Con qué derecho?
Ustedes están tratando a estos cintíficos precisamente como se trató en la prensa a los primeros científicos que hablaron del cambio climático. Con desprecio y prepotencia. La ciencia avanza porque se cuestionan los paradigmas establecidos. Pero en el caso de las ondas, no existen esos paradigmas. Sencillamente no se investigó sobre los riesgos para la salud antes de ponerlas en marcha. Tan sólo se realizó una chapuza precipitada para tratar de "regularlas" una vez que ya se habían desplegado. Si eso es Ciencia... yo no lo creo.
Cuando el señor Ansede afirma que "no existe ningún científico que pueda demostrar la relación de los problemas de salud con los campos electromagnéticos", sencillamente falta a la verdad. Les invito a que si su periódico está interesado en este tema realicen una entrevista a Ceferino Maestú, profesor en la Escuela de Telecomunicaciones de la Politécnica y director del Laboratorio de Bioelectromagnetismo, o a José LUis Bardasano, profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad de Alcalá y Presidente de la Fundación Europea de Bioelectrmagnetismo, o a Olle Johansson del Instituto Kalorinska de Estocolmo, o a Lennardt Hardell, epidemiólogo y oncólogo sueco, o a Dominique Belpomme, oncólogo francés volcado ahora en la investigación de la lectrohipersensibilidad.
Publicado por: Blanca Salinas Álvarez |

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Lola Galán

se incorporó a la plantilla de EL PAÍS en 1982, tras una etapa como colaboradora del diario. Ha sido redactora de las secciones de España y Sociedad, y reportera de la sección Domingo. Entre 1994 y 2003 ha ocupado las corresponsalías de Londres y Roma. En los últimos años ha trabajado para los suplementos del fin de semana, incluida la revista cultural Babelia. Madrileña, estudió Filosofía en la Universidad Complutense y Periodismo en la Escuela Oficial de Madrid.

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