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08 jul 2011

La guerra perdida del periodismo

Por: Milagros Pérez Oliva

Daniela Poch Paz

El Movimiento del 15-M ha puesto su mirada crítica, esta vez, sobre el periodismo establecido, tildando de manipuladores a los medios que deciden cubrir las noticias relacionadas con esta supuesta revolución social; cabe entender que el Movimiento en sí ha supuesto la apertura de una nueva conciencia colectiva en la que muchos estamentos que hasta ahora nos atrevíamos a considerar sagrados o, por lo menos podían asumirse como un posible aliado del juego, acumulan una tendencia crítica cada vez más demoledora.

Se dice que los medios de comunicación han aprovechado algunos de las actuaciones violentas, acontecidas esporádicamente, para criminalizar el Movimiento. No podemos negar que algo de esto ha habido, no podemos negar que la comunicación es un poder demasiado lujoso para las plumas y las cámaras de algunos: negándolo seguramente se nos tacharía de inocentes, aunque advertirlo es caer en la evidencia. Pero no me gustaría quedarme parca en palabras. La evidencia es siempre necesaria.

Como dice Lluís Bassets, sería demasiado sorprendente que quienes repudian una representación política no se encargaran de controlar el modo en que se está llevando a cabo la mediación periodística de los acontecimientos. El periodismo es ahora uno de los grandes enemigos del Movimiento 15-M. Y es que ellos mismos van despojándose de posibles compañeros de viaje: todos estos periodistas que deben cargar con insultos y sabotajes casi tribales podrían formar parte del colectivo reivindicativo por sus precarias condiciones laborales y económicas, según afirma Joaquín Estefanía.

Pero volvamos a la función mediadora del periodismo, y a cómo ésta lo está conduciendo al fondo de un callejón sin salida (si todavía nos valen los tópicos). Por lo que parece, el Movimiento está echando carbón quemado a todo lo que supone vivir a través de mediaciones; la realidad más simplificada es que repudian de toda representación política y de toda representación mediática, es decir, dos grandes piezas del Sistema en mayúsculas. El Sistema se basa en grandilocuentes representaciones que han asumido, desde siempre, la función de mediatizar entre los diferentes bandos conflictivos de una sociedad. El Movimiento 15-M, que nació de una pequeña voluntad de evidenciar la poca transparencia en la representatividad de nuestros políticos, ha acabado transformándose en un Movimiento que no sólo pretende, tal y como se ha dicho, mejorar y revisitar las condiciones democráticas en las que vivimos, sino transformar el Mundo en un solo consciente colectivo en el que las mediaciones ya no sean requeridas. Una exigencia algo elevada, sino enormemente utópica. El cambio de mentalidad a partir de la creación de las redes sociales nos hace soñar en que una red que empieza siendo virtual pueda convertirse en una red humana y social que funcione sin instituciones mediáticas, es decir, que se mueva gracias a sentimientos críticos colectivos sin necesidad de ser filtrados.  

Si el Movimiento 15-M no ha conseguido cambiar todavía el Sistema político y no ha alcanzado a negociar propuestas ciudadanas para solventar la gran crisis, puede que, por lo menos, consiga transformar el Mundo, aunque sea sólo por un día, en una verdadera Reina de la Utopía Cumplida y Resuelta. Es decir, un neohippismo, la vuelta a la idealización y a la encarnación de sentimientos que necesariamente pasaban de ser individuales a convertirse en los sentimientos de todos. Algo similar sucedió aquí con la guerra de Irak, pero es diferente.

Se dice que el periodismo está en crisis; precisamente en los años sesenta, coincidiendo con la revolución hippie (desde mi punto de vista también fue una revolución), el periodismo también cayó en crisis y perdió, si no por completo, parcialmente, su autoridad para defender los problemas y causas de la época. Es ahí cuando nació el Nuevo Periodismo encarnado por autores como Tom Wolfe, Hunter S. Thompson, Norman Mailer, Truman Capote… el Nuevo Periodismo se creó a partir de una crisis social.

Me pregunto: ¿desde cuándo el periodismo no está en crisis? ¿Desde cuándo dejó de funcionar como arma esencial de la información y pasó a ser el enemigo del pueblo? ¿No será que el periodismo está en crisis desde hace mucho tiempo? Su estatuto de la verdad perdió vigencia cuando la Verdad dejó de ser una exigencia vital. No es nada nuevo que un movimiento social, respaldado desde tantos sectores, despotrique del enemigo verbal y no-objetivo que es el periodismo. Pero el problema, además, es que ahora la sociedad mundial es un gran monstruo unido. La globalización ha fomentado la creación de una masa uniforme crítica y que, esta vez, no va a dejar que el gran Sistema la aplaste.

Los años sesenta fueron una revolución precisamente porque dejaron desnuda a una sociedad que había confiado en estamentos que empezaban a quedarse obsoletos. La representación política se está quedando obsoleta ante una sociedad globalmente unida a través de redes virtuales, que ya no tan utópicamente son humanas y sociales; ¿qué hay del periodismo? ¿Qué está haciendo de nuevo el Movimiento 15-M más que querer romper estamentos anticuados ante el nacimiento de una nueva sociedad global?

Es por esta razón que ya no sorprende ninguna crítica a la interacción de los medios de comunicación. El periodismo es ahora el enemigo, pero creo que la desconfianza general a cualquier tipo de representatividad prima por encima de toda voluntad de paz con nuestros medios. La paz no se hace efectiva con el periodismo, es necesaria la guerra con él para que siempre exista la posibilidad de decir: «Ya no nos representa».

Daniela Poch. Estudió tres años de periodismo en la UAB y luego siguió sus estudios en la licenciatura de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. Actualmente está terminando la tesina que corresponde al Máster de Estudios Culturales y Literatura Comparada, cuyo tutor es el Doctor Gonzalo Pontón.

 

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