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03 jul 2011

No podemos imaginar el mundo sin intermediaciones

Por: Milagros Pérez Oliva

Guillermo Jiménez. Heidelberg (Alemania)

Aunque haya cosas que me indignan y aunque coincida con gran parte de las propuestas del movimiento 15-M no me etiqueto como “indignado”. Estuve en una de las concentraciones en Frankfurt y después de ponerme una pegatina en la camiseta con el lema “no nos representan” pensé que no era así como yo lo veía y preferí cambiarla por otra que era #spanishrevolution, #europeanrevolution. ¿Manipulación? ¿Subjetividad?

Utilizar la palabra manipulación es un acto de expresión subjetiva y, en algunos casos, es en si mismo una manipulación. No creo en la información veraz y completamente objetiva, ni siquiera la busco. La agencia de noticias Reuters sigue una política de información estrictamente objetiva. Su manual de estilo estipula que no se utilice la palabra “terrorista” excepto cuando se esté citando a alguien. Reuters afirmó que “lo que para unos es un terrorista para otros es un guerrero de la libertad”, lo que le valió sus críticas tras los atentados (léase actos de terror, incidentes, ataques, declaración de guerra, crímenes, hazañas, barbarie, etc.) contra el World Trade Center. Ese esfuerzo de Reuters por la objetividad me parece encomiable pero inevitablemente infructuoso. Tengo mis dudas de que el lenguaje, de momento nuestra mejor herramienta de comunicación, sea objetivo. Las palabras, las imágenes que las acompañan, la sintaxis de la frase, la entonación y mil cosas más tienen inevitablemente una carga subjetiva importante las use quien las use. Incluso los números, aparentemente objetivos, no lo son tanto: “Existen mentiras, grandes mentiras y estadísticas”.

Cuando Intereconomía intentó entrevistar a algunos de los concentrados en Sol antes de las elecciones se encontró con insultos, acusaciones o con una falta de claridad sobre qué querían los indignados como movimiento. Entonces se habló de manipulación. Al principio, y puesto que atribuyo a este grupo mediático un sesgo importante, yo también pensé que eran unos manipuladores. Luego llegué a dos conclusiones:

1 – Hay gente, ¿mucha? ¿poca? ¿importa cuánta?, concentrada en Sol que teme una entrevista en directo, que, así de repente y con las cámaras enfrente, no tiene o no es capaz de dar con argumentos sólidos para rebatir las preguntas de una entrevistadora posiblemente bien preparada. Yo no podría. Ante esa situación es más fácil cerrarse en banda y hablar de manipulación o hacer afirmaciones sobre las prácticas sexuales entre los medios de comunicación: afirmaciones no basadas en la objetividad pero que a algunos de nosotros nos hicieron reír.

2 – Intereconomía ni supo ni pudo ni quiso rascar un poco más para dar otra imagen del movimiento 15-M. El retrato parcial que había hecho les bastaba y les gustaba porque encajaba en su forma de entender el mundo. Además, sabía que muchos de sus espectadores compartían ese prisma reductor para interpretar a los “antisistema”, palabra que, por cierto, me encanta.

No podemos calificar de manipulación una noticia porque no nos guste o porque no estemos de acuerdo con ella y de veraz otra porque cuenta las cosas como nosotros las vemos. Rectifico, por supuesto que podemos hacerlo, pero creo que al hacerlo nos estamos engañando.

No solo es “difícil imaginar un mundo sin intermediaciones” como dice Lluís Bassets, sino que, de momento, es la única manera que conocemos de imaginarlo. No me refiero a una intermediación de los medios de comunicación, establishment político o mediático, sino a nuestra propia intermediación con la realidad exterior. La intermediación empieza en nuestra propia visión de las cosas, ese tamiz invisible y del que muy a menudo no somos conscientes por el que filtramos la realidad, sea lo que sea ese concepto de realidad, para que quepa en nuestra pequeña cabeza. La única manera que, de momento, sabemos contactar con el mundo, entenderlo y vivirlo es a través de la intermediación o interpretación propia y subjetiva de “lo que es”.

Últimamente tengo presentes las palabras de Krishnamurti de que es necesario llevar a cabo una revolución radical de la mente humana. El mundo, léase la sociedad, la política, la economía, las relaciones humanas etcétera, es como es porque nosotros lo hemos hecho así, porque nosotros somos así. El mundo es en realidad una extensión nuestra. Asumo mi parte de responsabilidad en ese mundo y en ese sentido siento que “sí que me representan” pero que lo están, o que lo estamos, haciendo muy mal. Y en ese sentido movimientos como el 15-M al que la mayoría de nosotros queremos o necesitamos definir para entenderlo y meterlo en nuestras pequeñas cabezas son para mí motivos de esperanza.

Jesucristo hablaba, corrijo, era la Verdad. Nosotros, que sólo podemos caminar por superficies sólidas, podemos hablar de nuestras verdades. Buda, el iluminado o el que ha despertado, consiguió liberarse de ese tamiz y pudo ver el mundo como “lo que es”. Una de sus enseñanzas, según nos dicen, fue “no creáis lo que yo os digo”. Cuando leo artículos escritos por periodistas en los principales medios (El País, Periodismo Humano, El Mundo, etcétera) no espero encontrar la verdad. Asumo, quizás me equivoque, que entre ellos no hay ni iluminados ni dioses hechos hombre o mujer.

Guillermo Jiménez

Heidelberg

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