Fernando Galdoni

La primera decepción del Libertador

Por: | 14 de octubre de 2011

Campaña admirable bolivar libertadorUna colega venezolana me recordó que un 14 de octubre pero de 1813 a Simón Bolívar le fue otorgado el título de Libertador de Venezuela. Lo aceptó señalando que para él "era más glorioso y satisfactorio que el cetro de todos los imperios de la tierra". Fue un momento de esplendor de la llamada Campaña Admirable con la que Bolívar consiguió la liberación del occidente venezolano y que, junto a los éxitos militares de Santiago Mariño -otro líder surgido de la elite colonial como Bolívar- por el oriente, dio paso a la Segunda República de Venezuela. Además, en el baile en honor de Bolívar que se celebró en la capital, este conoció a Josefina Machado, Pepita, una veinteañera que sería su amante por más de cuatro años.

Hay dos cosas que me vienen a la memoria de esos años de la Segunda República. La primera es la guerra a muerte entre los dos bandos. Tanto realistas como revolucionarios asesinaron, degollaron y mutilaron a infinidad de hombres, mujeres y niños. El pillaje también era corriente. Al igual que Bolívar y su líderes militares, los oficiales españoles como Antonio Zuazola o el caudillo asturiano José Tomás Boves, financiaron la guerra echando mano de las propiedades de los enemigos e hicieron la vista gorda con los crímenes perpetrados por sus subordinados. "Las grandes medidas, para sostener una empresa sin recursos, son indispensables aunque terribles", escribiría el Libertador años después de la guerra a muerte.

La segunda es el decepcionante desenlace de esta etapa para el Libertador. Bolívar aprendió mucho durante la Campaña Admirable sobre estrategia militar, pero mucho más como político. Antes de partir hacia el exilio en Jamaica en mayo de 1815, el Libertador se dio cuenta de que el verdadero desafío esos años no habían sido los españoles o sus aliados, sino los propios revolucionarios americanos. Bolívar había sido derrotado por la rivalidad entre los criollos y la hostilidad de los caudillos. Ambos problemas serán cada vez más acuciantes y lo acompañarán hasta el final de sus días. Afianzarán también en el Libertador la idea de que las cosas solo salen bien cuando logra imponer sus políticas y sus proyectos, una peligrosa creencia que conduce a la dictadura.

Por cierto, Pepita, presionada por su madre, también abandono a Bolívar al final de esta frustrante etapa. "Mi deber de hija me lo impone, Simón", según el relato del historiador José Ignacio García Hamilton. "Él contempló con desolación su rostro claro y sus cabellos renegridos y prefirió, por un resto de orgullo, no contestarle".

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Sobre el autor

, argentino, nacido en el 68, jefe de la sección Internacional de El País y apasionado lector de historia y literatura iberoamericana.

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