Fernando Galdoni

Por una tajada de sandía

Por: | 16 de abril de 2012

La historia, circular y aleccionadora, quiso que el cierre de la Cumbre de las Américas de Cartagena de Indias, marcado por la oposición estadounidense a que el régimen de Cuba sea invitado a la próxima cita regional, coincidiese con un nuevo aniversario del incidente conocido como de la “tajada de sandía” entre estadounidenses y panameños de 1856, una revuelta que EEUU utilizó para llevar a cabo su primera intervención de facto en Panamá. Este suceso, sumado a las andanzas del filibustero William Walker en Centroamérica y los intentos por apoderarse de Cuba; fueron clave en los inicios del sentimiento antiestadounidense en América Latina. 

Sucedió lo siguiente: El 15 de abril de 1856, a eso de las seis de la tarde, un grupo de cuatro estadounidenses, un poco ebrios, se acercaron al puesto de sandías del panameño José Manuel Luna. Uno de ellos, Jack Oliver, tomó una tajada de sandía, la mordió, y la tiró al suelo. Cuando Luna le exigió que le pagara, Oliver lo insultó. Luna, según los anales judiciales, le respondió: “Cuidado, que aquí no estamos en los Estados Unidos; págame mi real (50 centavos de dólar)”. Oliver sacó una pistola y disparó a un lugareño, lo que provocó la ira de los vecinos. Mientras huía con sus compañeros hacia la cercana estación de ferrocarril, llegó un convoy que transportaba estadounidenses provenientes de la ciudad de Colón, quienes se involucraron en el pleito.  Los enfrentamientos se saldaron con 17 muertos y 15 heridos de EEUU y dos muertos y 13 heridos entre los locales.

El incidente de la tajada de sandía, según muchos historiadores centroamericanos, exteriorizó la gran preocupación que existía por entonces en Nueva Granada por la presencia filibustera estadounidense en la región. El más conocido de todos estos ‘piratas’ de la segunda mitad del siglo XIX que intentaron someter parte de México y Centroamérica al poder de EEUU fue sin duda William Walker.

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Nacido en Nashville, Tennessee, en mayo de 1824, Walker era un convencido de la causa esclavista de los Estados confederados y de que la supervivencia de su “mundo” pasaba por la expansión territorial del mismo. En 1853 en México intentó conquistar los territorios de Sonora y Baja California, lo que lo llevó a fundar una “república” que terminó en fracaso. Fue juzgado por violar las leyes de neutralidad pero fue absuelto. Muchos en EEUU lo habían recibido como un héroe.

En 1855, junto a un grupo de reclutas conocidos como Los Inmortales, se dirigió hacia Nicaragua, país que se encontraba inmerso en una guerra civil, y luchó junto al bando liberal, que pretendía derrocar al presidente Fruto Chamorro Pérez. Derribó al gobierno conservador pero, en vez de entregar el poder, Walker amañó unas elecciones para lograr la presidencia. Obtuvo el reconocimiento diplomático norteamericano, pero las protestas de España, Francia y países americanos como Brasil, Chile y Perú forzaron al presidente Franklin Pierce a darle la espalda.

Debido a la amenaza que representaba su presencia en Centroamérica, varios países de la región iniciaron una ofensiva para expulsarlo del territorio. En mayo de 1857, acorralado por las tropas centroamericanas, Walker puso pies en polvorosa hacia EEUU. Si embargo, incapaz de aceptar la derrota por una alianza de pueblos a los que consideraba inferior, Walker desembarcó en 1860 en Honduras decidido a reconquistar el poder. Fue nuevamente acorralado por los locales y se rindió a las tropas británicas para obtener su protección. Se presentó como presidente derrocado de Nicaragua y los ingleses, que ya no lo soportaban, lo entregaron a los hondureños. Estos lo fusilaron sin más trámites a las 8 de la mañana del 12 de septiembre.

El incidente de la tajada de sandía y la lucha en contra Walker en Centroamérica y de otras expediciones de filibusteros fueron clave en la renovación de las ideas bolivarianas de unidad continental. Ejemplo de ello fue el memorable discurso de Justo Arosemena, considerado “el padre de la nacionalidad panameña, en julio de 1856 en Bogotá. Arosemena declaró: “Señores: Hace más de 20 años que el Águila del Norte dirige su vuelo hacia las regiones ecuatoriales. No contenta ya con haber pasado sobre una gran parte del territorio mexicano, lanza su atrevida mirada mucho más acá. Cuba y Nicaragua son, al parecer sus presas del momento, para facilitar la usurpación de las comarcas intermedias, y consumar sus vastos planes de conquista un día no muy remoto”.

“Siga la del Norte desarrollando su civilización, sin atentar a la nuestra. Continúe, si le place, monopolizando el nombre de América hoy común al hemisferio. Nosotros, los hijos del Sur, no le disputaremos una denominación usurpada, que impuso también un usurpador. Preferimos devolver al ilustre genovés la parte de honra y de gloria que se le había arrebatado: nos llamaremos colombianos; y de Panamá al Cabo de Hornos seremos una sola familia, con un solo nombre, un Gobierno común y un designio. Para ello, señores, lo repito, debemos apresurarnos a echar las bases y anudar los vínculos de la Gran confederación colombiana”. El cambio de nombre nunca prosperó pero la idea de un frente común contra la América sajona, para tratar con esta en pie de igualdad, sigue latente.

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Sobre el autor

, argentino, nacido en el 68, jefe de la sección Internacional de El País y apasionado lector de historia y literatura iberoamericana.

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