Fernando Galdoni

Cuba libre para todos

Por: | 07 de octubre de 2011

Ayer terminé de leer el libro Bacardí y la larga lucha por Cuba de Tom Gjelten -editado por Principal de Libros- y confieso que ha sido una grata sorpresa. Cuando un amigo me lo regaló, como quien no quiere la cosa, lo miré con cierto recelo porque imaginé que era una historia panfletaria sobre la gran destilería cubana y propaganda anticastrista. No es ni una cosa ni la otra, es un ensayo muy bien planteado que recorre la historia de Cuba de los últimos 150 años a través de la saga familiar y empresarial de los Bacardí. Al menos un miembro de este clan familiar ha estado en primera línea de los acontecimientos de la isla desde que Facundo Bacardí empezó con una pequeña destilería de ron en el número 32 de la calle Marina Baja de Santiago de Cuba.

Por supuesto que el libro cuenta el origen de popular trago cuba libre y del daiquirí, pero no es por esto por lo que destaca, sino porque cuenta hechos muy interesantes. Creo que no es de dominio público que los Bacardí estuvieron a la cabeza de la oposición a Fulgencio Batista y que apoyaron a Fidel Castro. Es más, cuando el comandante viajó a Washington poco después de tomar el poder al único empresario que llevó en su comitiva fue a José Pepin Bosch, yerno del fundador, presidente de la destilería en los cincuenta y ex ministro de Finanzas cubano durante la presidencia de Carlos Prío. Evidentemente, la relación se rompió después de que Castro expropiara las propiedades de la familia y la situación obligara a los Bacardí a abandonar la isla. Tanto se quebró, que en 1963 Bosch llegó a comprar un bombardero A-26 Invader para destruir una refinería en Cuba. El plan nunca se ejecutó porque ningún piloto aceptó la misión y porque las autoridades de Costa Rica, desde donde iba a despegar el aparato, dejaron de apoyar el atentado. 

Es verdad que la anécdota de Bosch es otra de las tantas historias de amor y odio visceral en el elenco de la revolución cubana, pero a mí nunca dejan de sorprenderme. Bosch fue uno de los cinco miembros fundadores de la Representación Cubana en el Exilio (Rece), entre los que también estaba Jorge Mas Canosa, quien más tarde sería el líder del movimiento anticastrista en Estados Unidos. El libro habla, por supuesto, del ascenso de Mas Canosa, de su relación con Luis Posada Carriles y de cómo la comunidad cubana se abrió paso en Washington. El autor defiende "que la familia Bacardí construyó una empresa ligada al desarrollo social y económico de Cuba. Llegaron a la mayoría de edad con la nación cubana y la épica historia de sus vidas y aventuras a lo largo de varias generaciones, muestra temas cubanos clásicos: revolución, romance, placer e intriga". El libro no es un panfleto, es una buena e instructiva novela.

Carlos Andrés Pérez, QEPD

Por: | 03 de octubre de 2011

Por fin Carlos Andrés Pérez va a descansar en paz. Tras más de diez meses de disputas entre las dos mujeres de su vida, el cadáver de CAP, como se le conocía, será sepultado esta semana en un cementerio de Caracas. Ganó la viuda Blanca Rodríguez, que vive en la capital venezolana. Perdió la pareja de hecho y ex secretaria de la presidencia, Cecilia Matos, que se quedará en Miami sin una tumba a la que llevar flores. Y aunque lo lamento por la señora Matos, creo que CAP merece reposar en el país que lo vio nacer y en el que fue una de las figuras clave del Siglo XX. Porque al que fuera dos veces presidente de Venezuela se lo puede criticar, pero jamás negar lo importante que fue para su gente y para el resto de latinoamericanos.

Ni siquiera el presidente Hugo Chávez, quien en 1992 encabezó un golpe de Estado contra Pérez, puede negar que el político socialdemócrata tuvo más aciertos que errores. Después de todo, el presidente-comandante no solo ha copiado muchas de las políticas de CAP, sino que también está decidido a repetir su mayor equivocación: gastar todo el dinero del petróleo sin pensar que en el futuro los precios de las materias primas pueden hundirse o los recursos acabarse. 

Pérez alcanzó la primera presidencia en 1974 con el lema "Democracia con Energía". Fue uno de los primeros en abrazar la tesis de que los países menos desarrollados podían utilizar sus recursos para presionar a los más ricos y lograr un mundo más equitativo. En cuanto asumió el cargo "nacionalizó" el petróleo y con las divisas por las exportaciones puso en marcha un ambicioso programa social. Para más inri, el embargo de los países árabes contra los aliados de Israel tras la guerra de Yom Kipur disparó los precios del crudo y eso a la CAP le vino de perlas. Nació la "Venezuela saudí".

Con los petrodólares, CAP también decidió ganar peso internacional y apoyó varias causas regionales. Respaldó a Omar Torrijos en su lucha por la restitución del Canal de Panamá y apoyó las campañas de Jaime Paz Zamora en Bolivia, Bertand Aristide en Haití y Violeta Chamorro en Nicaragua. Chávez también apoya a gobiernos extranjeros con el dinero del petróleo: al boliviano de Evo Morales, al nicaraguense de Daniel Ortega y a Mahmud Ahmadineyad en Irán. Sin olvidar que el Gobierno venezolano aun respalda al derrocado gobierno del dictador Gadafi. 

En su segunda presidencia (1989-1993), CAP se vio arrastrado por unos precios del crudo en declive y una deuda externa monumental, fruto de años de derroche desde mediados de los setenta. Sufrió la mayor revuelta social de la historia moderna venezolana, superó dos golpes de Estado y finalmente fue procesado acusado de corrupción y destituido por el Congreso. La decisión solo tenía entonces un precedente en la historia suramericana: el caso del ex presidente brasileño Fernando Collor de Mello.

Boquerón, una batalla que lo cambió todo

Por: | 29 de septiembre de 2011

Cuando me dijeron que el lanzamiento de la nueva web de Internacional de El País era este 29 de septiembre y que ese día debía arrancar mi blog rebusqué de inmediato entre mis notas a ver con qué historia podía empezar. Encontré una fecha simbólica: 29 de septiembre de 1932. Ese día fue el último de la batalla de Boquerón, el primer gran enfrentamiento de la Guerra del Chaco que libraron paraguayos y bolivianos entre ese año y 1935. El Boquerón ya supuso una lección entonces: demostró a Bolivia que había subestimado al Ejército de Asunción y que la propaganda triunfal que La Paz puso en marcha para obtener el apoyo de la opinión pública era una farsa.

Pero las secuelas de lo que sucedió en el fortín del Boquerón tuvieron importantes consecuencias en la historia de los países beligerantes. Coincido con el historiador Robert L. Scheina, entre otros, en que la derrota de Bolivia en la contienda encendió la mecha de la Revolución de 1952. Y no nos engañemos, el eje de la política económica del actual presidente Evo Morales gira en torno al capitalismo de Estado que consagró esa revolución. El actual Gobierno boliviano ha disparado la participación del Estado en la economía: se ha apoderado del sector enérgético y creado empresas públicas de bienes y servicios. Aunque aquellas medidas de mediados de los cincuenta acabaron fracasando, Morales decidió recuperarlas para poner en pie lo que él ha llamado su revolución socialista e indigenista. Tal es la vigencia del conflicto que allá por 2007, cuando el descontento con el Gobierno de Morales estaba en su punto álgido en Santa Cruz de la Sierra, un residente me dijo: "Tendríamos que haber aprovechado la Guerra del Chaco para separarnos de los andinos".

A Paraguay, demás está decirlo, la conquista de El Chaco le produjo un subidón de autoestima después de la derrota sufrida en la Guerra de la Triple Alianza. Habiendo perdido ambos países sus opciones de salir al mar -Bolivia la perdió en la Guerra del Pacífico-, La Paz y Asunción decidieron ganar territorio en el hostil e inexplorado Chaco. Uno de los oficiales que destacó en esa guerra fue Alfredo Stroessner, quien unos años después sería ascendido a general de brigada, el más joven de Sudamérica, según las enciclopedias. Stroessner encabezó más tarde una dictadura que duró nada menos que 35 años y fue una de las más sangrientas de la región.

La batalla de Boquerón, un episodio en una guerra que apenas tuvo repercusión fuera de la región y en la que murieron más de 85.000 combatientes de los 450.000 movilizados, la mayoría en las filas bolivianas; me pareció una buena excusa para empezar este blog. Es necesario desentrañar la historia latinoamericana para entender muchas de las políticas y los personajes que dominan la escena regional. La Guerra del Chaco, como todas las guerras posindependentistas, se debió a la pésima delimitación de fronteras heredadas de España y Portugal. A su vez esas guerras generaron un fuerte malestar entre vecinos que aun perduran y dieron munición a aquellos dirigentes que con la bandera del nacionalismo enfrentan a unos y otros. Hay una nueva corriente de revisionismo histórico en la región. Veremos adonde nos conduce. 

Sobre el autor

, argentino, nacido en el 68, jefe de la sección Internacional de El País y apasionado lector de historia y literatura iberoamericana.

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