El guapo del barrio. Con RCR en L'Hospitalet

Por: | 15 de julio de 2010

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FOTO: RCR

Sugiere Rafael Aranda que quedemos en la puerta del Hotel Porta Fira, el edificio encorsetado en tubos rojos que Toyo Ito ha levantado en L’Hospitalet, a un paso de Barcelona. Su nueva sede para la inmobiliaria Laietana está justo en frente. Temo no reconocerla en un mar de edificios con fachadas de muro cortina, pero al llegar no hay lugar para esa duda. El inmueble del estudio RCR impone su fachada dura, drástica y elegante de costillas de acero. Es el guapo del barrio.


El encargo era complicado. Albert Viaplana es el autor de la ordenación de la zona, un barrio cosmopolita junto a la nueva feria de muestras barcelonesa  en la población obrera de l’Hospitalet de Llobregat. La zona es muy densa junto a la Plaza de Europa, que articula el proyecto, sin embargo, se pierde como una onda expansiva al alejarse de esa plaza. Salvo la vedette de Ito, las torres del nuevo barrio tienen la planta cuadrada, de 25x25 metros. Y el condicionante de la fachada de cristal. Entre esos prismas transparentes, otros inmuebles tumbados, también con fachadas de muro cortina, ordenan el entorno de la plaza. El inmueble de este estudio de Olot, RCR, es uno de esos bloques bajos (75m de largo por 18 de ancho y 10 de altura que menguan retranqueándose hasta convertirse en 6 metros en la planta que lo corona). “Os estoy haciendo un regalo envenenado”, cuenta Rafael Aranda (una de las dos erres del estudio, la otra es Ramón Vilalta y la C es su mujer, Carme Pigem) que les dijo el promotor Santi Mercadé.
“Todos los edificios del barrio son sólo piel, como la mayoría de la arquitectura de hace unos años”, explica Aranda. “Mucha gente sólo habría llegado a plantear eso: una diferencia de piel. Pero innovar exteriormente para dejar por dentro el típico edificio de pladur pintado nos descoloca”. ¿Qué hacer entonces? Aranda explica que analizaron la ordenación y comprendieron que todo estaba geométricamente relacionado con la Plaza de Europa. Así, decidieron que su inmueble fugara todo hacia ese punto que organiza el urbanismo. Y para no competir sólo con la piel idearon un objetivo: “En el interior del edificio se estaría como en el aire”. Todavía en el exterior, una se pregunta cómo esa cortina de costillas de acero reciclado (proveniente del desguace de barcos indios),  retranqueada, formando unas gradas que se encogen cuatro metros de crujía cada dos plantas en la fachada que da a la plaza, va a ser capaz de hacer sentir a los oficinistas en el aire.
Entramos. Antes de atravesar las costillas de un metro de ancho que actúan como un brise soleil vertical y que se hunden en los cimientos, pisamos otro metro de suelo de vidrio, una franja que rodea el perímetro del edificio que mira hacia el eje organizador de la plaza. Por allí llega luz hasta la planta subterránea, por allí y por los cortes, como arañazos, que cortan la crujía del edificio para llevar hasta el interior patios estrechos longitudinales desde los que los empleados podrán saber si fuera ha empezado a llover. Como en el resto de los edificios horizontales del barrio, una zona porticada mira hacia la plaza. Para acceder a ella es necesario atravesar las costillas. Cuando lo hacemos aparece otra gran plaza –privada pero pública- con toda la altura de las cuatro plantas del edificio, unos diez metros. Por allí se accede a las oficinas. Y ya en ella se empieza a intuir lo que Aranda trataba de explicar cuando hablaba de vivir en el aire.
Es verano y son las cuatro de la tarde. En el edificio el ambiente es fresco. Fresco y luminoso. En el interior no hay columnas. Todo el peso se lo llevan las costillas que confieren a la fachada un aspecto reservado, críptico incluso, pero que, sin embargo, una vez dentro, parecen desaparecer. No se perciben. “Creo que todos estos edificios cuyo límite entre el interior y el exterior lo marca un vidrio terminarán por desaparecer. No son humanos. Las personas necesitamos más recogimiento”, cuenta Aranda.
Y es cierto que en sus últimos proyectos estos arquitectos trabajan la idea del filtro, de la sombra, de la profundidad, de una piel activa, a franjas, que, paradójicamente, en lugar de encerrar, permite un mayor y mejor contacto con el exterior. El edificio de Laietana tiene certificado Leed que premia la buena gestión de los recursos energéticos, explica el arquitecto.
“Nos sigue gustando confiar en la materia, dice. Nos interesa la arquitectura que hace sentir”. En el interior el suelo también es de acero. No hay nada, pero esa nada está diseñada al milímetro (armarios para extintores, luminarias…). Pregunto por el precio. Me asegura que menos de 1.200 euros el metro cuadrado.
Llevar la materialidad a un edificio de oficinas no está de moda. El logro de este inmueble elegante y contundente es que aquí esa idea se siente como natural. Frente a otros edificios de este estudio, como la Biblioteca de Sant Antoni, que paga en su interior el exceso de acero y diseño perdiendo, justamente, el carácter abierto de un edificio de uso público, este edificio privado de oficinas se estrenará en septiembre fuera del tiempo, sin nada que lo arraigue a una moda o a una época concreta. Será la joya del barrio. Y la coraza de sus empleados, una coraza protectora que les permitirá, efectivamente, trabajar en el aire.

Hay 4 Comentarios

1200 €/m2 debe ser el coste de la ejecución material de la obra, es un coste normal tirando a carillo

En mis visitas constantes a algunos blogs con diferentes temas, trata de adquirir algo de información para enriquecer mi conocimiento, este era el blog más millas que llamó la atención porque inriquecedora encontrar información para que podamos orientarnos y nos pusimos un poco de conocimiento que Venga a conocer algunas necessidades que deben. Felicitamos por este blog, porque super cool e interesante, seguir haciendo este trabajo tan importante.

"Pregunto por el precio. Me asegura que menos de 1.200 euros el metro cuadrado"

....eso son sus honorarios no ??

(ni de coña ha costado eso)

¿Fotos del interior?

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Del tirador a la ciudad

Sobre el blog

Del tirador a la ciudad. Ése era para Mies van der Rohe el ámbito de su oficio. La arquitectura, como la sanidad o la educación, nos afecta a todos. Puede también fascinarnos. Como todo informador, me valdré de lo que creo saber. Trataré de no enmascarar lo que ignoro.

Sobre el autor

Anatxu Zabalbeascoa

La periodista e historiadora escribe sobre todas las escalas de la arquitectura y el diseño en El País y en libros como The New Spanish Architecture, Las casas del siglo, Minimalismos o Vidas construidas, biografías de arquitectos.

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