Los buenos pueblos

Por: | 19 de julio de 2010

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Ampliación de Jumilla, Murcia, 1969. Dependencias agrícolas vistas desde la calle de acceso (de J.L. Fdez del Amo) Foto: Kindel

 

Fueron muchos los arquitectos españoles que, entre 1940 y 1971, echaron mano de ideas, ingenio, talento y dedicación para paliar, con buen diseño, austeridad y mano de obra y materiales locales, la necesidad de reconstruir la España rural. El resultado fueron cerca de 300 pueblos de colonización levantados con una arquitectura cúbica, blanca, sencilla y abstracta y un urbanismo que velaba por la vida cotidiana de las personas primando su recreo y sus desplazamientos por encima del tráfico rodado. Dos publicaciones recuerdan, y detallan, aquella iniciativa todavía modélica.

Sostenía Jose Luis Fernández del Amo que “el artista sólo es artista cuando rasga el velo de algún mundo nuevo”. Él, y 78 arquitectos más, lo rasgaron durante décadas destilando tradiciones y escasez de medios para obtener el diseño con el que sembraron de nuevos pueblos el paisaje español.

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Centro social en El Realengo, Alicante, 1957 ( de J.L. Fdez del Amo) Foto: Kindel

 

La idea partía de los esfuerzos realizados durante la II República para mejorar la agricultura española con un plan de regadíos que incluía desde grandes obras hidráulicas hasta la construcción de viviendas en las que asentar a los agricultores. El arquitecto Miguel Centellas, autor de Los pueblos de colonización de Fernández del Amo, (arquia/tesis) ha escrito que “la reforma de la agricultura fue el proyecto de mayor envergadura iniciado por la República” cuando casi la mitad de la población trabajaba en ese sector. Centellas apunta en su tesis doctoral que Franco supo aprovechar esos esfuerzos. Su libro, parte de los Cinco Congresos Nacionales de Riegos que, entre 1913 y 1934 trataron de transformar los secanos  en regadíos y concluye analizando el arte y la abstracción en las iglesias proyectadas por Fernández del Amo, un arquitecto profundamente creyente y un artista decididamente abstracto. En medio quedan las tripas de pueblos como Jumilla (en Murcia) Miraelrío (en Jaén), Cañada de Agra (en Albacete), Vegaviana (en Cáceres) o Villalba de Calatrava (en Ciudad Real) fotografiados por Kindel.

Otra publicación, Los Itinerarios de arquitectura 3,4 y 5 “Pueblos de colonización”, compilada por Manuel Calzada y editada por la Fundación Arquitectura Contemporánea, añade 128 pueblos más en una guía, con visita virtual en DVD, que propone tres itinerarios por las zonas del Guadalquivir y la cuenca mediterránea sur, el Guadiana y el Tajo, y, finalmente, el Ebro, el Duero, el Norte y el Levante peninsular, en los que rastrear los poblados.
Con Fernández del Amo, de la Sota, Torroja o Fernández Alba firman muchos de esos pueblos blancos construidos cuando la tecnología disponible era escasa, los presupuestos mínimos y la decisión de emplear los materiales y la mano de obra de la propia localidad o de la región era firme. El resultado son ensayos urbanísticos en forma de grandes cortijadas, trazados orgánicos, con manzanas hexagonales, o parcelaciones giradas,  en los que todos los elementos –de los pavimentos y faroles a los bancos, escalinatas, fuentes o verjas- tienen, todavía hoy, un enorme valor estético.

Ideas como sustraer de las calles con viviendas el tráfico rodado -llevándolo a circuitos exteriores- o la voluntad de tratar esas mismas calles peatonales como zonas de estar, lugares para el reposo y el paseo están presentes en los trazados de muchos de estos pueblos. “La calle recta es apropiada para el tránsito, pero no para estar en ella”, recuerda Centellas. Proponer la plazoleta –rodeada de casas- frente a la manzana –con las casas agrupadas- o interrumpir las circulaciones para humanizarlas fueron algunos de los recursos sencillos, pero certeros, empleados por aquellos arquitectos. En el Poblado B, que de la Mora, Lacasa, Martí y Torroja proyectaron junto al Guadalquivir, las cuatro calles de acceso al pueblo no se prolongaban entre sí. Interrumpen su línea recta al llegar a la plaza central.

Los poblados tenían entre 100 y 400 casas. Y el arquitecto jefe del servicio de arquitectura del Instituto Nacional de Colonización, la institución que supervisó durante el franquismo la construcción de los poblados, fue, durante 34 años, José Tamés. Ese nombre está detrás de los trabajos de funcionarios como Jesús Ayuso Tejerizo, Pedro Castañeda,  Agustín Delgado, Manuel Jiménez, Manuel Rosado o el propio Fernández del Amo.

En julio de 1959 una muestra sobre el pueblo de Vegaviana en el Ateneo de Madrid ganó la Medalla de Oro Eugenio D’Ors, el Premio Anual de la Crítica de Artes Plásticas. Dos años después, el urbanismo de ese pueblo cacereño, y el de otros cuatro, lograban otra medalla de oro, la de la Bienal de Sao Paulo otorgada por un jurado presidido por Oscar Niemeyer que valoró “que las viviendas, partiendo del hombre, sirvieran para su plena expansión vital”.   Fernández del Amo, que fue compañero de Miguel Fisac y Francisco Cabrero y, entre 1952 y1958, director del Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, alimentó con los encargos para las iglesias de sus pueblos las escasas finanzas de muchos de los pintores y escultores del grupo El Paso (de Manuel Millares a Rafael Canogar). En 1990, cinco años antes de morir, fue nombrado pregonero de las fiestas en honor de la virgen de Fátima que se celebran Vegaviana. Hasta allí fue con los artistas que habían decorado la iglesia. Luego, a una de las plazas de ese pueblo le pusieron su nombre.


 

Hay 8 Comentarios

Lo de engarzarlo con la 2ª República es de coña. Son obra de Franco y la Falange ¿Por qué no podéis reconocer la inmensa obra social, arquitectónica y cultural del franquismo y el desastre que es este régimen que padecemos?-------------A los pueblos de colonización me remito.

Rafael, gracias por la corrección.
Disculpa que no haya modificado los créditos de las fotografías hasta ahora,pero me acaba de llegar la información que pedí a la Fundación Caja de Arquitectos a raíz de tu comentario, ya que fueron quienes me la hicieron llegar inicialmente. Saludos.

Anatxu, des de hace unos doce o trece años, cuando viniste a la Universitat Jaume I de Castellón a darnos una conferencia sobre mobiliario urbano alos entonces estudiantes de diseño industrial, sigo tus artículos simepre que puedo, ya que me gusta tu estilo. Este artículo sobre la arquitectura rural es magnífico, y saca a la luz grnades ideas y proyectos modestos, realizados con pocos recursos...y válidos en el tiempo; ya veremos que pasa dentro de unos años, cuando observemos "La Ciudad de las Artes" de Valencia...si podemos decir lo mismo.

anatxu, la foto del centro social de El Realengo, es el poblado de la amplación de Jumilla, y la de Llanos del Sotillo, es el centro social de El Realengo, y es de mi padre. Saludos, Rafael

Has dado en el clavo con este artículo (como dice un arquitecto de mi familia que me recomendó su lectura) y te animo, a partir de aquí, a que escribas sobre los barrios del Instituto de la Vivienda en los años 60 y 70. Una historia muy distinta por escasez de presupuestos, malas calidades y desvíos de capitales. Estamos hablando de La Mina en Barcelona, San Blas en Madrid, Otxarkeaga en Bilbao, La Paz en Murcia y su polémica, especulativa y aparcada "regeneración urbanística" actual, el Junquillo en La Línea de la Concepción en Cádiz, y tantos otros barrios similares en Valencia, Málaga, Algeciras,... Los arquitectos, al igual que los ciudadanos, si meten las manos en la masa, sacarán a la luz razones históricas sobre el porqué estamos donde estamos. Quiero decir la crisis.

interesante articulo.
muchas gracias.

saludos anatxu.

Anatxu, para mi, este es el mejor artículo que he visto publicado en tu blog (lo sigo desde el primer dia). Hablas de los arquitectos olvidados, hablas de los responsables de la arquitectura que ahora mismo se exhibe como la vanguardia de siglo XXI, como si esta forma de hacer se hubiera inventado, apenas hace cuatro años. Los que ya llevamos tiempo en esto, sabemos de que va esa historia. Un diez por Centellas, un gran tipo, un sabio.

Hace poco estuvimos de excursión con Miguel Centelles por Cañada de Agra y Mingonil, y pudimos observar la buena y barata arquitectura que se hacía. Impresionan las torres abstractas casi nórdicas de las iglesias. Estos tipos de aquella generación, tuvieron un aprendizaje de primera en una escuela de alto nivel y luego todos viajaron al Norte y aprendieron de los nórdicos. Vease el caso de Fisac en los Institutos Laborales.
Muy interesantes sin duda. Y bueno el poner el foco en este tipo de arquitectura popular, abstracta en el momento de crisis-oportunidad actual.

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Del tirador a la ciudad

Sobre el blog

Del tirador a la ciudad. Ése era para Mies van der Rohe el ámbito de su oficio. La arquitectura, como la sanidad o la educación, nos afecta a todos. Puede también fascinarnos. Como todo informador, me valdré de lo que creo saber. Trataré de no enmascarar lo que ignoro.

Sobre el autor

Anatxu Zabalbeascoa

La periodista e historiadora escribe sobre todas las escalas de la arquitectura y el diseño en El País y en libros como The New Spanish Architecture, Las casas del siglo, Minimalismos o Vidas construidas, biografías de arquitectos.

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