La no ciudad

Por: | 03 de marzo de 2014

Vallas urbanas copia

¿Cuánto cortoplacismo se le puede inyectar a una ciudad hasta que deja de ser ciudad? ¿Cuánto se tiene que despreciar hasta dilapidar su identidad?¿Cuántos centros comerciales necesitamos los ciudadanos y cuánto están dispuestos a comprar los turistas en los parques temáticos urbanos que reproducen, una y otra vez, las mismas marcas?

Escribió Walter Benjamin que habitar significa dejar huellas. Pero hoy, entusiasmados por lo novedoso, las ciudades se hacen más arrasando que dejando huellas de nuestro paso por ellas. Ese sistema puede tener un rédito económico (inmediato), pero las pérdidas resultan irreparables. Borrar el pasado implica, en realidad, empezar a borrar el futuro.

Durante años, el souvenir más vendido en las Ramblas de Barcelona –el paseo que une el antiguo centro urbano con el puerto de la ciudad- fue el sombrero mexicano. No eran barretinas sino gigantescos sombreros mexicanos lo que se apilaba a las puertas de los comercios. Por pocos euros proporcionaban un regalo suntuoso y útil –decían-. Se trataba, en última instancia, de una elección divertida. ¿Será la diversión lo que está arruinando nuestras ciudades? ¿O será que hemos aprendido a confundir diversión con destrucción?

Los sombreros se vendían en casi todas las tiendas de recuerdos de las Ramblas, un paseo que ha visto desaparecer los pájaros y buena parte de las flores que lo ocupaban para hacer sitio a lo que demandaban los turistas: refrescos, bocadillos y camisetas el Barça. Lo de más, en aquellos sombreros, era la broma, la gracia de regresar al crucero con un objeto fabricado en China y adquirido en Barcelona. Que los familiares de los turistas relacionasen luego España con México era la menor de las consecuencias de la ocurrencia. Pero no dejaba de ser una pena buscar la broma en algo tan aparatoso cuando en España tenemos un magnífico arsenal de payasadas nacionales que harían reír a cualquiera, si es que, finalmente, de eso se trataba.

Que los suizos construyan reputación con algo tan infantil como el chocolate y tan antipático como los relojes –o los bancos- debería darnos que pensar a nosotros, incapaces de salvaguardar toneladas de talento (artesano y artístico) y ciudades hechas a capas, con la huella de diversas culturas y de múltiples ambiciones y sueños.

En Londres, es posible descubrir nuevos barrios siguiendo las placas moradas que reconocen a personajes de otras épocas y protegen lo que queda de ellos: la memoria y el lugar en el que vivieron, nacieron, trabajaron o murieron.  Enfrentarse a uno de esos medallones produce una mezcla extraña entre el descubrimiento, el conocimiento y el reconocimiento de nuestra condición transitoria. Las placas que informan sobre algunos rincones de las ciudades multiplican esas ciudades, aumentan la curiosidad, el conocimiento y las visitas turísticas sin necesidad de venderles a los visitantes sombreros mexicanos ni sangría barata.

No hay mejor manera de mostrar la convivencia cívica en una ciudad que con la amalgama de comercios, usos y épocas que convive en sus calles, tiendas y edificios. Cuando no se entiende que solo la diversidad genera riqueza y asegura el futuro se cae en el cortoplacismo que no ve más allá de los números. Ahora que en Barcelona se ha prohibido la venta de los sombreros mexicanos en establecimientos de recuerdos, los tenderos barceloneses se han unido para reclamar no solo el mantenimiento de algunos comercios antiguos como marcas históricas de la ciudad sino también el tipo de negocio (la protección del uso) para preservar su impronta. Merecería la pena pararse a pensar qué ciudad queremos dejarles a nuestros nietos: una urbe sin memoria, que construye sobre lo destruido, o un lugar de convivencia en el que la historia termina por urdir una trama integradora.

Cuando lo genérico sustituye a lo específico se adentra uno en el territorio de nadie de la no ciudad. Antes de que el desorbitado ritmo de vida consumista nos haga reventar a todos, ciudades y ciudadanos, salvemos el corazón de las ciudades para quienes no tengan ni miedo ni pereza de caminar con la visa puesta en una ambición mucho mayor que la de exprimir la ciudad: revitalizar su día a día para disfrutar de su eternidad. 

Hay 5 Comentarios

Ningun cortoplacismo ( sombrero mejicano) mato jamas a una ciudad...Un "eterno presente" ( consumerismo edonista) tampoco.
El neo-liberalismo y su seudo globalizacion, avatares del ( puñetero) capitalismo, llevan ya unas decadas rompiendo equilibrios sociales, medioambientales, espaciales y cambiando el clima. De hecho, NO es "cortoplacismo". Han destruido la idea misma de Ciudad? NO porque la necesitan. Han destruido lo "social"? Que fue Gamonal?
Cual es la alternativa a tanto "corrtoplacismo"? "Museificar" las ciudades europeas o re-industrializarlas? Donde esta la Barcelona de las clases obreras y de los charnegos de media España? Acaso esa "Barcelona" fue mejor?

Estoy muy de acuerdo, aunque creo que la comparación con Londres no es muy acertada; si hay un equivalente a las Ramblas en Londres, está claro que es Oxford street y ésta tiene aún menos que ver con la historia de la ciudad que su homóloga en Barcelona. Lo que pasa en Barcelona no es algo necesariamente diferente de lo que pasa en Londres, París o Roma: no somos –desgraciadamente– los únicos que nos hemos entregado a las demandas del turismo de masas. Es algo sintomático de la lógica actual: mercado manda, no la tradición, ni la historia, ni el interés por el patrimonio. Pero creo que es una condición de escala mayor que la que aquí se presenta.

No tenemos remedio. Tampoco somos únicos. Son ya unos cuantos post atacando lo mismo desde distintos ángulos, ¿no? Cuando era pequeño en mi ciudad había muchas fuentes distribuidas por la ciudad, centenarias. El agua era de manantial y la potabilidad estaba controlada por el ayuntamiento. Alcalá de Henares. Ya no queda ninguna de esas fuentes, que nos venían muy bien. En su lugar no hay nada, al menos no hay una horterada y eso es un medio consuelo. Destruir por nada. En Barcelona se venden sombreros mejicanos como en Atenas cascos de los 300 y en Roma otras paridas. Eso ni justifica ni es consuelo. No sé si España es un país para destruir o un país en destrucción. Les recomiendo "La meglio gioventù".

http://www.youtube.com/watch?v=N0VYLTYwx3s

Como "Cuéntame cómo pasó" pero a la italiana, mucho mejor.

Professore: Lei promette bene, le dicevo, e probabilmente sbaglio, comunque voglio darle un consiglio, lei ha una qualche ambizione?
Nicola: Ma... Non...
Professore: E allora vada via... Se ne vada dall'Italia. Lasci l'Italia finché è in tempo. Cosa vuol fare, il chirurgo?
Nicola: Non lo so, non... non ho ancora deciso...
Professore: Qualsiasi cosa decida, vada a studiare a Londra, a Parigi, vada in America, se ha le possibilità, ma lasci questo Paese. L'Italia è un Paese da distruggere: un posto bello e inutile, destinato a morire.
Nicola: Cioè, secondo lei tra un poco ci sarà un'apocalisse?
Professore: E magari ci fosse, almeno saremmo tutti costretti a ricostruire... Invece qui rimane tutto immobile, uguale, in mano ai dinosauri. Dia retta, vada via...
Nicola: E lei, allora, professore, perché rimane?
Professore: Come perché?! Mio caro, io sono uno dei dinosauri da distruggere.

El agua...Eso si, que pude perjudicarle a BCN, ya sea por exceso que por falta. Y sin olvidarnos el ( jodidisimo ) cambio climatico.
Saludos.

Discrepo aunque comprendo su razonamiento : Ningun sombrero mejicano mato jamas a una ciudad. La Ciudad es indestructible si su TERRITORIO soporta los cambios de modo de produccion economica. Vea la Roma eterna. Vea como Detroit sobrevive. Vea como la ruinas de Ankhor todavia cumplen su deber de memoria y del cual todos deberiamos aprender.
PD: Han llevado las conclusiones erroneas de los trabajos del colectivo ETH Studio Basel sobre el territorio suizo a una perdida de solidaridad entre las diferentes regiones "geograficas" y linguisticas?
Es mejor el chocolate belga?
Son mas honestos los bancos luxenburgueses?

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Del tirador a la ciudad

Sobre el blog

Del tirador a la ciudad. Ése era para Mies van der Rohe el ámbito de su oficio. La arquitectura, como la sanidad o la educación, nos afecta a todos. Puede también fascinarnos. Como todo informador, me valdré de lo que creo saber. Trataré de no enmascarar lo que ignoro.

Sobre el autor

Anatxu Zabalbeascoa

La periodista e historiadora escribe sobre todas las escalas de la arquitectura y el diseño en El País y en libros como The New Spanish Architecture, Las casas del siglo, Minimalismos o Vidas construidas, biografías de arquitectos.

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