Michael Murphy: el arquitecto como guía (Otros arquitectos 3)

Por: | 08 de agosto de 2014

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FOTO: Iwan Baan. Escuela en Girubuntu de Mass Design Group 

Convencido de que el diseño nunca es neutral, “o ayuda o hiere”,  con menos de treinta años, y mientras estudiaba un máster en la Universidad de Harvard, el norteamericano Michael Murphy (1980) supo que los mejores edificios son los que mejoran la vida de quienes los construyen. De modo que no se lo pensó mucho y, antes de graduarse en 2011, fundó con otro compañero de estudios, Alan Ricks, Mass Design Group. Esta asociación sin ánimo de lucro propone arraigar los proyectos, partir de las necesidades y no solo de las ideas. Así, funciona analizando sociológica, económica, cultural y hasta psicológicamente los proyectos antes de realizarlos. El propio Murphy vivió en una tienda de campaña, en Kigali, un año y medio antes de empezar a construir su primer trabajo: una escuela en Girubuntu (Ruanda).

Investigar el lugar, no solo informarse sobre él, supone implicar a los futuros dueños en la construcción y supone que el papel del arquitecto se convierte en el de un guía que acompaña a los trabajadores y a los clientes durante todo el proceso de construcción. Esta es la idea de Murphy de una arquitectura capaz de cambiar el mundo: un diseño de interés público en el que se puedan leer las manos que hicieron el edificio.

Aunque a la escuela le siguieron un hospital en Butaro (Ruanda) y otros proyectos en Haiti, Murphy reniega de una arquitectura social o humanitaria, simplemente, explica, trata de cambiar las reglas del juego. Trabaja en lugares donde la mano de obra es barata, muchas veces está por formar, y otras tiene un conocimiento pre-industrial, artesanal, digamos. Sin embargo, donde él trabaja los materiales son caros, es decir, sucede justo lo contrario de lo que ocurre en el mundo occidental.

Por eso, él está convencido de que es la mano del hombre lo que hay que recuperar, los edificios en los que queda la huella del trabajo. No es nostalgia de la época del Arts&Crafts lo que lo motiva, es la lógica. ¿Qué sentido tiene la prefabricación en países donde no existe una industria desarrollada? Murphy y su equipo parten de ideas que, se encargan de analizar y comprobar, son de interés público. Su último proyecto, Umusozi Ukiza, ha consistido en hacer unas viviendas atractivas junto al hospital de Butaro (Ruanda). “¿Pudiendo ofrecer mejores casas, conseguiremos mejores médicos?”, se pregunta.

  Michael murphy

FOTO: Mass Design Group

 

Hay 3 Comentarios

Un chico de Harvard viviendo durante año y medio en una tienda de campaña en Kigali, es decir, en el culo del mundo. Hummm....¿Tenía dineritos ganados de au pair durante sus estudios? ¿De su familia? Parece que ser superguay, en estos días, es muy fácil. ¿O soy un mal pensado?

Este tipo de experiencias nos ponen ante la encrucijada del porvenir de la arquitectura. Si para Mies el futuro de la disciplina venia ligada al desarrollo de la tecnología y el concurso de nuevos materiales, su expresión obedecía al "espíritu de la época". Es decir, que podemos mirar estos proyectos como anti y pro-miesianos a la vez. Paradojas de la contemporaneidad. Sostenibilidad y artesania como Zeitgeist? Solo se que un buen muro de ladrillo requiere mucha experiencia (mi padre era albañil) y veces la prefabricación es la opción mas razonable y sospecho que única.

Y qué sucedió con el episodio -2 ?

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Del tirador a la ciudad

Sobre el blog

Del tirador a la ciudad. Ése era para Mies van der Rohe el ámbito de su oficio. La arquitectura, como la sanidad o la educación, nos afecta a todos. Puede también fascinarnos. Como todo informador, me valdré de lo que creo saber. Trataré de no enmascarar lo que ignoro.

Sobre el autor

Anatxu Zabalbeascoa

La periodista e historiadora escribe sobre todas las escalas de la arquitectura y el diseño en El País y en libros como The New Spanish Architecture, Las casas del siglo, Minimalismos o Vidas construidas, biografías de arquitectos.

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