Amélie vuelve a Japón

Por: | 23 de marzo de 2015

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 “No levantéis aquí nada importante”, rezaba una estela milenaria descubierta, tras el tsunami, a un kilómetro de la central de Fukushima. Lo cuenta la escritora belga Amélie Nothomb, que en su último libro regresa al archipiélago donde ha vivido los momentos más transformadores de su vida: el nacimiento, el amor y, en esta tercera etapa narrada en el libro La nostalgia feliz (Anagrama), el reencuentro, el regreso del adulto que busca las huellas de sus primeros recuerdos.

Ese reencuentro con el escenario de la infancia y la juventud es también un ejercicio de observación arquitectónica. Superado el delirio de creer que si el lugar hubiera permanecido anclado en el pasado el mundo sería mejor o el universo estaría a salvo, Nothomb se impone el ejercicio opuesto, el de buscar lo que ha sobrevivido. Y en Shukugawa, el pueblo a las afueras de Kobe donde se crió, la supervivencia la encuentra en el tipo de silencio -“interrumpido por ladridos de perros desprovistos de agresividad”-, y en el aire. También en el canal. Sin embargo, en Tokio el parque en el que jugaba ha perdido el estanque (cubierto de hormigón) y los juncos y ha quedado reducido a apenas dos columpios.

 “Los reencuentros son un fenómeno complejo que sólo deberían producirse tras un largo aprendizaje o simplemente prohibirse”, escribe hablando de la mujer que la crió aunque podría estar hablando también de una ciudad. Lo mismo que cuando dice de la anciana “Está en posesión de un poder capital: domina el arte de no asimilar aquello que rechaza”. Esa defensa existe en las urbes. Las ciudades las activan sus ciudadanos.

A pesar de la sobredosis sensorial de Tokio -“Tokio es, antes que nada, un ritmo”- o de la yuxtaposición (que no suma) de épocas de Kioto, lo mejor del libro es un reencuentro distinto, no con su pasado sino con el del lugar. En una zona vacía de Fukushima, el conductor informa de que aquello fue un lugar habitado antes del 11 de marzo de 2011. “Uno sólo puede sentir admiración por los trabajos de limpieza. Ni rastro de escombros. Estamos empezando a apreciar el arte de borrar hasta los recuerdos de una catástrofe cuando descubrimos lo que fue el puerto de la localidad.

Las instalaciones portuarias están tan destruidas como si hubieran sufrido un bombardeo. Hay que hacer un esfuerzo permanente de memoria para recordar que semejante situación es obra de la naturaleza: ante un saqueo tan horrible, uno cree reconocer la mano del hombre”.

El título de la última ¿novela? de Amélie Nothomb es La nostalgia feliz, la única que existe en Japón (natsukashii) y que nombra al recuerdo hermoso recuperado por la memoria. Que la nostalgia triste no tiene palabra en japonés lo averigua Nothomb –que tiene la suerte de ser traducida al castellano por Sergi Pàmies- de su admirada amiga, la intérprete francesa Corinne Quentin, la más conocida de Tokio. Al final, apenas Flaubert le sirve para sacar conclusiones. “La estupidez consiste en querer sacar conclusiones”. No todo puede contarse con palabras, pero la arquitectura también puede ayudar a explicarlo.

 

Hay 2 Comentarios

Debo decir que Metafísica de los tubos fue un libro que en su momento me marcó, lo recomiendo por inesperado, interesante tanto en lo formal como en lo narrativo.

La conclusión que saco es que todos tenemos el impulso de volver a los lugares donde alguna vez fuimos felices.

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Del tirador a la ciudad

Sobre el blog

Del tirador a la ciudad. Ése era para Mies van der Rohe el ámbito de su oficio. La arquitectura, como la sanidad o la educación, nos afecta a todos. Puede también fascinarnos. Como todo informador, me valdré de lo que creo saber. Trataré de no enmascarar lo que ignoro.

Sobre el autor

Anatxu Zabalbeascoa

La periodista e historiadora escribe sobre todas las escalas de la arquitectura y el diseño en El País y en libros como The New Spanish Architecture, Las casas del siglo, Minimalismos o Vidas construidas, biografías de arquitectos.

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