El novelista del momento mira a su ciudad

Por: | 15 de octubre de 2015

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Ahora que Purity la esperada última novela de Jonathan Franzen, anda en boca de todos, puede que a quien le interese la arquitectura le parezca oportuno indagar en su primer libro, The 27th City (Ciudad 27 en una antigua traducción de Alfaguara), en el que el escritor le daba la vuelta a la ciudad de Saint Louis.

Publicada en 1988, cuando Franzen tenía 29 años y tras dedicar casi cinco a documentarse y escribirla, la novela describe una conspiración municipal -con motivación económica y conflicto social y racial de por medio-, generada para ocultar la recalificación de una parte importante de su suelo. Ese marco, en el que el escritor describe el vecindario burgués de Martin Probst –el respetable protagonista que también verá revolucionada su apacible vida-. Y ese barrio no es otro que Webster Groves, donde él mismo creció. Presentado como un lugar “donde las navidades transmiten plácidamente” el barrio es la excusa para que Franzen lance tanto su mordaz visión de la vida burguesa como su alarmante visión de la política y el urbanismo (como manipulación, engaño y corrupción). No es casualidad que sea el suelo el motivo de la codicia ni que la construcción sea la excusa para una ciega búsqueda del enriquecimiento que se llevará por delante no sólo cualquier estabilidad familiar de Probst sino también las vidas de varias personas.

Ubicada en los años ochenta, la novela recuerda el tiempo, a finales del siglo XIX, en el que Saint Louis llegó a ser la cuarta ciudad más poblada de Estados Unidos. Por detrás de Nueva York, Brooklyn y Filadelfia -y sorprendentemente por delante de Chicago-. Por entonces, aquella metrópolis se convirtió en la puerta de salida de los aventureros que partían dispuestos a construirse una nueva vida en el Oeste del país. Ese umbral fue lo que quiso subrayar, medio siglo después, el arco proyectado por el finlandés Eero Saarinen. El monumento sigue siendo el símbolo de una urbe que hoy, como cuando Franzen publicó su novela, ocupa el puesto 27 en el ranking de las ciudades norteamericanas más pobladas. De esa posición deriva el título de la novela. Que lo que fue un lugar de partida, de abundancia y de esperanza sea hoy una ciudad deslavazada con un centro urbano destartalado (junto al Mississippi, donde se levanta el arco) y un centro académico y cultural (Forest Park y la Universidad de Saint Louis) alejados y en mutua ignorancia es sintomático. Tan sintomático de la sociedad norteamericana como los desmantelamientos familiares que Franzen retrata con inteligencia, ironía y sin caridad.

Así, el escritor está atento no sólo a la batalla que enmascara la placidez familiar sino también a la guerra interna que ocultan los adoquines de las ciudades. Desmitificador hasta la paranoia, el Franzen primerizo demuestra -como apuntó Pairul Sehgal en la inmisericorde reseña sobre la novela que publicó en Slate- que el hijo de un ingeniero (al que sus padres obsesivamente desaconsejaron que no se dedicara a escribir) le demostró a sus progenitores que “con palabras también se puede construir una ciudad. Y destruirla”. 

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Del tirador a la ciudad

Sobre el blog

Del tirador a la ciudad. Ése era para Mies van der Rohe el ámbito de su oficio. La arquitectura, como la sanidad o la educación, nos afecta a todos. Puede también fascinarnos. Como todo informador, me valdré de lo que creo saber. Trataré de no enmascarar lo que ignoro.

Sobre el autor

Anatxu Zabalbeascoa

La periodista e historiadora escribe sobre todas las escalas de la arquitectura y el diseño en El País y en libros como The New Spanish Architecture, Las casas del siglo, Minimalismos o Vidas construidas, biografías de arquitectos.

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