Menos es suficiente

Por: | 11 de abril de 2016

  Aureli_Menos es suficiente CUBIERTA

El legendario menos es más asociado a Mies van der Rohe se basa en un tipo de belleza que rechaza lo que no sea estrictamente necesario. Pero traducir la austeridad a términos puramente formales tiene difícil cabida hoy en un mundo que exige un contenido más social a la arquitectura.

Sobre las diversas derivas, interpretaciones o manipulaciones de la célebre frase ha escrito un ensayo el arquitecto Pier Vittorio Aureli, profesor en la Architectural Association de Londres y en la universidad de Yale. Su libro Menos es suficiente (Editorial Gustavo Gili con traducción de María Serrano) indaga en el espacio indispensable para poder vivir. Titulando su aportación Menos es suficiente Aureli parece querer zanjar la discusión razonando que los capitalistas han intentado siempre obtener “más con menos”. “El capitalismo no es solo un proceso de acumulación, sino también, y sobre todo, una incesante optimización del proceso productivo orientado a una situación en la que menos inversión de capital significa más acumulación de capital”: más trabajo por menos dinero, más creatividad con menos seguridad social.

De este modo, Aureli apunta que el ascetismo hoy no es un retiro del mundo sino una forma de cuestionar las condiciones sociales y políticas. Por eso, dispuesto a analizar la existenzminimum, el profesor parte de lo que para él supone el lujo: “la posibilidad de vivir de acuerdo con el propio ritmo”. Y rastrea esa posibilidad hasta hallarla en la fortaleza de las celdas monacales: “el equilibrio entre la vida individual y la colectiva”, un ambiente que lejos de mitificar llega a comparar con una cadena de montaje: “las campanadas otorgan un sonido específico a cada hora que regula la secuencia de actividades con la precisión de una fábrica taylorista”.

El “ama y haz lo que quieras” agustiniano del monasterio contrasta con los centros benedictinos, auténticos centros de poder, tan productivos que el más famoso de la orden, Cluny, “se expandió hasta convertirse en una ciudad por derecho propio”. Aureli recuerda que allí, en lugar de poseer un hábito, una casa o un libro los utilizaban. El uso, la apropiación temporal, era la forma suprema de la vida en común. Esa idea le lleva a apuntar que la pobreza autoimpuesta –el ascetismo- se inspiraba en la vida de los animales, donde no existe la propiedad privada. Al tiempo que la propiedad privada, asociada a la acumulación de bienes y de poder, conduciría a una “incitación trascendental para que las personas vivieran más centradas en sus condiciones económicas y, por tanto, fueran más dependientes de ellas”. Con el Estado moderno defendiendo la propiedad y la vivienda, la administración del hogar pasa a ser algo productivo.

El libro cita una idea de vivienda mínima ,descrita por Sebastiano Serlio en Los siete libros de la Arquitectura, no pensada para el eremita sino volcada en una pobreza productiva que hace más soportable la condición de vida de las clases pobres. Y describe a este arquitecto renacentista como alguien sin miedo a abandonar la arquitectura monumental para dedicarse a la mejora social. Sin embargo, la simiente paternalista de los modernos la halla ya entonces, a la hora de resolver la paradoja de asociar ascetismo y propiedad: el ascetismo en el capitalismo empuja al sujeto a trabajar más duro, a producir, a acumular y a consumir más hasta llegar al apartamento burgués, descrito por Benjamin. Este otro, repleto de objetos cuyo único propósito era reafirmar la ideología de la casa -las huellas convertidas en identidad- llevó al filósofo a loar el desarraigo y la precariedad para afirmar que la única forma de vida aceptable era la de un bárbaro: capaz de empezar de la nada y dispuesto a pasárselas con poco. La deriva baudelariana de vivir con lo mínimo con la ciudad convertida en una enorme morada.

De la celda a la ciudad sin domicilio, Aureli traza un recorrido que busca incomodar para cuestionar e ir más allá de la forma al hablar de la célula arquitectónica: la morada, la habitación, la celda o la casa.

Hay 3 Comentarios

Una frase muy adecuada sobre todo para el mundo de la arquitectura.

Como dice el dicho, menos es más, en diseño y creatividad esta frase tiene mucho sentido.

El recubrimiento de austeridad en la arquitectura me parece un elemento más de su lenguaje. Con menor o mayor arraigo en la clientela dependiendo de sus intereses. No encuentro muchos ejemplos de "austeridad" sincera entre los arquitectos, tal vez solo Alberti en el interior de San Andrea de Mantua.
Su entrada sirve para pensar en ello, además de resultar una estupenda recomendación de lectura.
Me gustaría ser más inocente frente a la arquitectura, menos escéptico, pero...es tan dificil entre el griterio.
Un saludo, Manuel

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Del tirador a la ciudad

Sobre el blog

Del tirador a la ciudad. Ése era para Mies van der Rohe el ámbito de su oficio. La arquitectura, como la sanidad o la educación, nos afecta a todos. Puede también fascinarnos. Como todo informador, me valdré de lo que creo saber. Trataré de no enmascarar lo que ignoro.

Sobre el autor

Anatxu Zabalbeascoa

La periodista e historiadora escribe sobre todas las escalas de la arquitectura y el diseño en El País y en libros como The New Spanish Architecture, Las casas del siglo, Minimalismos o Vidas construidas, biografías de arquitectos.

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