Entrar en un colegio como quien entra en una iglesia

Por: | 13 de octubre de 2016

Lucía Berlin

Lucia Berlin

“Yo enseñaba español en el nuevo módulo de secundaria, que parecía un juguete de colores plantado en la otra punta del patio. Cada mañana, antes de clase, pasaba por la escuela de primaria a oír las oraciones, pero también simplemente para entrar en el edificio, como quien entra en una iglesia. El colegio era una antigua misión, construida en el siglo XVIII por los españoles, construida para seguir en pie mucho tiempo en el desierto. Era diferente de otros colegios antiguos, cuya quietud y solidez es un mero cascarón para los niños que pasan por ellos. Había conservado la paz de una misión, de un santuario.

En la escuela primaria las monjas reían, y los niños reían. Eran todas monjas muy mayores, pero no como las ancianas agotadas que se aferran al bolso en la parada del autobús, sino orgullosas, queridas por su Dios y por sus niños. Respondían al cariño con ternura, con risas dulces que quedaban contenidas, cuestionadas, tras las macizas puertas de madera.

Varias de las monjas de la escuela secundaria se paseaban por el patio vigilando que nadie fumara. Estas eran monjas jóvenes y nerviosas. Daban clase a ‘chicos desfavorecidos’, ‘con un pie en la delincuencia’ y en sus caras demacradas se delataba el cansancio, el hartazgo ante tanta mirada impasible. No podían recurrir al respeto o el cariño, como las monjas de la escuela primaria. Optaban por la impenetrabilidad, la indiferencia hacia los estudiantes a los que dedicaban sus esfuerzos y su vida”.

La desaparecida Lucia Berlin (1936-2004) escribió su Manual para mujeres de la limpieza en 1977. Recuperado en 2015, ha sido traducido al castellano este año por Eugenia Vázquez Nacarino para la editorial Alfaguara. En este compendio de sus mejores cuentos, la escritora norteamericana, que trabajó de enfermera, profesora o mujer de la limpieza para mantener a sus hijos mientras lidiaba con el alcoholismo que heredó de su madre y su abuelo, también se fija en la arquitectura.

 Así, más allá de, efectivamente, aconsejar a las mujeres de la limpieza que cojan siempre la ropa que les dan las señoras –la pueden dejar en el autobús- o que no caigan en robar la calderilla –que se lleven otra cosa-, Berlin hace retratos urbanos, y arquitectónicos, como el del colegio de El Paso en el que dio clases de español (vivió muchos años en Santiago de Chile) a alumnos que creían saber castellano pero lo confundían con el inglés. La mirada de la escritora a la hora de contrastar el buen humor de las monjas viejas y la solidez de la escuela con el esfuerzo yermo de las religiosas jóvenes podría prestarse a una metáfora arquitectónica. Es evidente que no basta con el esfuerzo, pero puede que no esté suficientemente claro que para poder aportar algo uno debe hacerlo, además de desde el esfuerzo, desde el placer.

 

Hay 1 Comentarios

Qué delicada y humana esta visión de la arquitectura. Sin duda, me gustan las personas que miran y reflexionan sobre lo que les rodea, me gusta esa manera de estar en el mundo. Felicidades por el artículo.

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Del tirador a la ciudad

Sobre el blog

Del tirador a la ciudad. Ése era para Mies van der Rohe el ámbito de su oficio. La arquitectura, como la sanidad o la educación, nos afecta a todos. Puede también fascinarnos. Como todo informador, me valdré de lo que creo saber. Trataré de no enmascarar lo que ignoro.

Sobre el autor

Anatxu Zabalbeascoa

La periodista e historiadora escribe sobre todas las escalas de la arquitectura y el diseño en El País y en libros como The New Spanish Architecture, Las casas del siglo, Minimalismos o Vidas construidas, biografías de arquitectos.

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