Escenas de California

Por: | 13 de febrero de 2011

Sábado por la mañana en Los Angeles. Jay Z y Gucci organizan un brunch para calentar el ambiente de la 53 edición de los premios Grammy que se entregan el domingo por la tarde. Soho House es un club privado con espectaculares vistas panorámicas de toda la ciudad. Desde esa azotea puedes imaginar que Sunset Boulevard conecta las montañas nevadas con el mar.

108916274KK010_Gucci_And_Ro Will Smith y Jay Z charlan en el brunch pre Grammy.

Solange Knowles y Mark Ronson pinchan en la terraza. Dado que allí está Jay Z es el lugar en el que se apiña todo el mundo. No es una noticia bomba que el culto a la fama en esta ciudad roza lo histérico. Esta fiesta es una evidencia: la otra sala está completamente vacía. Hay que estar cerca de los famosos, aunque la verdad es que no están haciendo nada en particular. Y ello significa estar algo más apretados de lo que indica la decencia a casi 30 grados.

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Los invitados se concentran en la terraza de Soho House

La lista de invitados ilustra el papel que Jay Z y Beyoncé ostentan en la industria del espectáculo. Está Will Smith, Rihanna, Adrian Brody, Charlize Theron, Camilla Belle, Ellen Pompeo, Paz Vega...  A mi me despierta ternura Ryan Phillipe, un actor que estuvo casado con Reese Whiterspon, y que se ha convertido en un perdedor musculoso al que nadie presta atención. Nadie estira la cabeza para mirarle, ni hacerle una foto. Solo en la barra de la sala desierta, cubierto por una gorra innecesaria, parece esperar la redención de la mano de Sophia Coppola.

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Los anfitriones: Beyoncé, Patrizio di Marco (presidente de Gucci), Frida Gianni (directora creativa) y Jay Z (Getty Images)

De vuelta a la atestada terraza, hay algo lascivo en el choque de cuerpos turgentes embutidos en ajustadísimos y minúsculos vestidos. El atuendo y la anatomía de la audiencia la diferencia notablemente de la que acudiría a una llamada equivalente en Nueva York, París, Londres o Madrid. En un número reciente de la edición estadounidense de revista Elle, se proponía un juego tan simplista como efectivo. Se seleccionaba a tres mujeres típicamente neoyorquinas y se las vestía a la manera de Los Angeles. Luego, se tomaba a tres californianas de libro y se les ponía atuendos puramente NY.

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Florence Welsh, de Florence+The Machine, con Rihanna (Getty)

El proyecto era una tontería más o menos divertida, pero servía para subrayar cuán dispar es todavía la personalidad estética de las dos costas estadounidenses. Es un activo que a mantener en EEUU y en cualquier parte. La sombra de la uniformidad y lo homogéneo acechan a una sociedad global, pero en la orgullosa reivindicación de los apetitos locales hay una esperanza. Si bebemos, vestimos, comemos y hablamos igual en todas partes corremos el riesgo de disolvernos en una marea insulsa. En cambio, si mantenemos nuestra identidad y huimos del gusto único estamos un poco más lejos del peligroso pensamiento único.

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Mark Ronson pinchando en Soho House

¿Se pondría Beyoncé un mono fucsia con tacones turquesa y melena de Barbie en Nueva York? Probablemente, no. Pero qué necesario es abrazar el espectáculo al pie de las colinas de Hollywood. A un par de horas de que empiece la entrega de los Grammy, solo queda esperar que el riesgo se imponga a lo políticamente correcto. Y que la policia de la moda tenga motivos para multar sin parar.  

 

 

 

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Delitos y faldas

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Entresijos y entretelas. La moda vista desde el forro de sus prendas. Otra mirada de los desfiles, los diseñadores, las tendencias, los héroes y los villanos que pueblan el ecosistema fashion y todos sus aledaños. Una bitácora sobre estilos de vida y maneras de vivir coordinada por y .

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