10 ene 2011

El reverso tenebroso de la Audiencia

Por: José Yoldi

El mismo agua que hace a una nave flotar, hace que naufrague. Se trata de un proverbio clásico, pero su mensaje es más actual que nunca. La Audiencia Nacional, considerada hace años el buque insignia de la justicia, surca aguas procelosas. Los jueces se ven obligados a dictar sentencias leves contra narcos para los que inicialmente se pedían importantes penas de cárcel, porque la Fiscalía Antidroga llega a acuerdos con los abogados para rebajar notablemente las condenas a cambio de que los procesados reconozcan su culpabilidad. Y como el principio acusatorio exige que un tribunal no pueda imponer penas más altas que las solicitadas por la acusación, los jueces tienen las manos atadas, aunque no la pluma y así lo han denunciado los magistrados de la Sección Cuarta, Ángela Murillo, Teresa Palacios y Juan Francisco Martel, en un par de sentencias.

Las primeras críticas surgieron en Galicia, porque jefes de organizaciones de narcotraficantes a los que en principio se pedían entre 18 y 22 años de cárcel acababan condenados a cuatro años, y, en algún caso, en lugar de la cárcel, acababan en centros de desintoxicación.

Es cierto que determinados procesos con 20 o 30 procesados se eternizan con recursos y maniobras dilatorias y que los juicios, con cientos de testigos y peritos, son muy complicados y tediosos, por lo que llegar a un acuerdo previo en la pena supone un ahorro en tiempo y dinero para la justicia y el contribuyente, pero eso no puede conllevar que jefes de organizaciones mafiosas salgan del juicio con las penas ya cumplidas o casi cumplidas.

El caso es que para llegar a esas sentencias pactadas se utiliza una figura, la del arrepentimiento tardío, que no está en la ley sino que es una creación de la jurisprudencia.

La atenuante de arrepentimiento espontáneo exige para la rebaja de la pena que el culpable repare o disminuya los efectos del delito antes de que se abra un procedimiento penal contra él y que colabore con la justicia confesando la infracción.

El Supremo admitió su aplicación por analogía, siempre y cuando el supuesto arrepentido, además de reconocer su culpa, proporcione datos que refuercen las pruebas existentes contra los otros acusados, lo que no ocurre en estos casos.

Se ha dado la circunstancia de  que los jefes de la organización se han acogido al arrepentimiento tardío y han pactado la pena con el fiscal, pero no sus subordinados, con lo que se produce la paradoja de que los esbirros son condenados a penas mucho más elevadas que los capos, lo que constituye una evidente injusticia.

Para obtener una rebaja en las penas con la que los narcos se conformen se ha  aplicado además en algún caso la atenuante de drogadicción, es decir que por efecto de las drogas que consumían los acusados tenían tan afectadas la inteligencia y la voluntad que o no sabían lo que hacían o no podían evitarlo.

Al tribunal le parece incongruente que se aplique una circunstancia atenuante tan inverosímil,  pero la ha admitido porque no le queda otro remedio. Y contraargumenta: si una operación de narcotráfico requiere planificación, organización y astucia para llevarla a cabo, cómo alguien se va a creer que los jefes estaban permanentemente drogados. Es absurdo.

La Fiscalía Antidroga está muy molesta por las críticas de los jueces a su actuación y ha justificado alguno de los acuerdos a los que ha llegado en la necesidad de asegurar una condena, aunque esta no fuera elevada. Fuentes de ese organismo señalaron que tenían serias dudas sobre la legalidad de las escuchas telefónicas que dieron lugar al procedimiento lo  que podría haber determinado la anulación de todo lo actuado.

Sin embargo, la Constitución atribuye al fiscal la  misión de promover la acción de la justicia en defensa de la legalidad, por lo que si  había  intervenciones telefónicas sospechosas de ilegalidad, ¿no debería haber sido el fiscal  el primero en instar su nulidad?

¿No les recuerda un poco a aquella frase del que probablemente pasará a la historia como el peor presidente de Estados Unidos, George W. Bush, que decía: “No es la contaminación la que amenaza el medio ambiente, sino la impureza del aire y del agua”.

A la vista de los hechos y ahora que se han cumplido 30 años del estreno de El imperio contrataca, segunda entrega de La guerra de las galaxias, no queda sino decir: cuidado con el reverso tenebroso de la Audiencia.

Hay 1 Comentarios

Ahora se cumple un cuarto de siglo de la célebre frase del ilustre jerezano D.Pedro Pacheco. Su frase de plena vigencia hay que añadirle la coletilla de....con recochineo. ¿Nadie se dá cuenta de la necesidad de romper el empate técnico entre políticos y jueces?. Y la abogacia del Estado sin enterarse. Como los del Tribunal de Cuentas y la plantilla al completo de interventores y auditores.No tenemos arreglo.Y en ese plan.Ninguno.

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Sobre el autor

(Donostia-San Sebastián, 1954)
es periodista licenciado en la Universidad
de Navarra. Lleva en El País desde 1983, donde ha
sido corresponsal de Interior y miembro del equipo de
Investigación. Como redactor jurídico ha cubierto casi todos los
juicios importantes que ha habido en España, desde el 23-F, el
síndrome tóxico o el crimen de los Urquijo hasta los atentados del 11-M.

Sobre el blog

Este blog es un lugar de encuentro sobre temas jurídicos, pero no es para todo el mundo. Es muy recomendable tener mucho sentido común y ganas de sonreír, ya que el humor es síntoma de inteligencia. La única norma es el respeto a los demás. Si usted prefiere insultar es muy libre, pero le agradecería que no se molestase en seguir leyendo, yo también preferiría estar en la playa.
El blog se alimentará también -o principalmente- con la serie de artículos que bajo el título “El último recurso” se publican los lunes en El País

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El último recurso El último recurso. Los artículos que forman parte de este compendio fueron publicados en EL PAÍS bajo el epígrafe El último recurso durante los años 2010 y 2011. Todos ellos fueron escritos durante esas horas de la noche en la que todo parece estar parado y en silencio. Mi objetivo era centrar el foco o aportar un punto de vista particular hacia algunas noticias que me parecía que merecían mayor atención que la que se les había prestado. La otra finalidad, no menor, era que el lector se lo pasara bien y que, a ser posible, esbozara una sonrisa. Y ello, aunque el tema a tratar fuera tan tremendo como la rebaja de cinco años en la condena de un tipo que dejó a su mujer parapléjica a golpes.

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