18 jul 2011

Sin piedad

Por: José Yoldi

Gunfight at OK Corral Se van a cumplir ahora 65 años del estreno de la película Gunfight at O.K. Corral, protagonizada por Burt Lancaster y Kirk Douglas, que recogía la última pelea entre Wyatt Earp y los Clanton y que en España llevó por título Duelo de titanes.

Y un auténtico duelo de titanes es el que mantienen la vocal del Poder Judicial Margarita Robles, que es magistrada de la Sala Tercera del Tribunal Supremo, y el que fuera presidente de la citada Sala y hoy magistrado emérito, Ramón Trillo, y que es la única razón que explica algunas resoluciones adoptadas por el Consejo General del Poder Judicial.

Nadie conoce exactamente la razón de tan profunda rivalidad, pero todas las fuentes consultadas la circunscriben a los primeros plenos de la Sala de lo Contencioso en los que participó Robles. Ella era novata en el Supremo e intervino “con más pasión que argumentos jurídicos”, al decir de un magistrado que estuvo presente. Ante sus más de 35 compañeros, fue corregida por el entonces presidente de la Sala,   Ramón Trillo, “con su habitual sorna y sutileza, pero de forma aplastante en lo jurídico e inmisericorde en lo demás”, al decir de otro de los asistentes. Una humillación en toda regla. Máxime cuando otros celebres magistrados se pusieron de parte de Trillo.

  El caso es que al poco tiempo de que Robles fuera elegida vocal, Defensa propuso a Trillo para la Cruz del Mérito Militar con distintivo blanco, en razón de que había sido el magistrado encargado de acceder a los documentos secretos del CNI. Pero se requería para ello un informe de trámite del Consejo del Poder Judicial. Inicialmente, el organismo contestó que no había objeción para la concesión de la condecoración, pero días después, a instancias de Robles, se recabó de Defensa el expediente completo y la emisión del informe se demoró varios meses hasta que, por fin, Trillo pudo ser condecorado.

Como nada es gratis en esta vida, Trillo —fino jurista y notable escritor— publicó un artículo en Abc, titulado Primores de lo vulgar, en el que criticaba que el Consejo incumpliera una de las funciones que la Constitución le encomienda y llevara más de dos años sin cubrir la vacante que dejó Enrique Bacigalupo en la Sala Segunda del Supremo por el turno de juristas de reconocida competencia. Trillo se mofaba de la alianza entre los vocales Manuel Almenar y Margarita Robles para pactar los nombramientos entre ellos e imponerlos al Pleno, y decía que había que acabar con “el insostenible hábito de demorar a tiempos indefinidos los nombramientos judiciales, como si se estuviese a la espera de que alumbre el camino una astilla de roble puesta en almenar, ignorando que, al no ser rico en resinas, el roble no hace tea”. Sin comentarios.

Pero al llegar a los 70 años, Trillo se jubiló, dejó la presidencia de la Sala, y como la inmensa mayoría de los magistrados del Supremo, para no perder emolumentos, quiso seguir como emérito.

Y Robles, siguiendo la máxima de Jardiel Poncela de que “cuando el trabajo no constituye una diversión, hay que trabajar lo indecible para divertirse”, no se atrevió a rechazar la habilitación de Trillo como emérito, pero consiguió que el Consejo la limitase a un año en lugar de los cinco habituales.

Trillo, indignado por lo que consideraba una arbitrariedad de Robles, recurrió la decisión del Consejo ante el tribunal competente, que no es otro que la propia Sala que él presidía y de la que Robles forma parte.

Y ahí, la vocal nunca podía ganar, porque todos los magistrados de ese tribunal se van a ver en la situación de Trillo antes o después, de modo que al fallar el caso de su ex presidente estaban también fallando su propio caso de futuro. Y poca gente cae en la tentación de votar contra sí mismo.

De modo que, al margen de las necesidades que tenga el Supremo, los magistrados fallaron que no hace falta habilitación alguna del Consejo para ser designado emérito al llegar a la jubilación, sino que el nombramiento es automático y por cinco años.

La sentencia pasó al Consejo para su ejecución y Margarita Robles, a pesar de anunciar su abstención, batalló lo inimaginable en el Pleno para que se  hiciera constar que el Supremo se había excedido porque el nombramiento de Trillo por cinco años comprometía presupuestos futuros. ¡Como si cualquier nombramiento no lo hiciera! La pasión de Robles fue tal que uno de los vocales llegó a decir: “Nunca he visto una abstención tan beligerante”.

Aunque ha perdido esta batalla, el duelo continúa, porque Robles, como dice otro miembro del Consejo: “No será Castán [José Castán Tobeñas, prestigioso jurista, catedrático y magistrado del Supremo fallecido en 1969], pero es todo un carácter”.

 

Carlos Dívar (i) con Ramón Trillo. Uly Martín
El presidente del Tribunal Supremo y del Consejo del Poder Judicial, Carlos Dívar (izquierda), con Ramón Trillo, en la toma de posesión del primero, en 2008. Uly Martín

 

NOTA: El blog entra en un periodo de inactividad debido a las vacaciones estivales del autor.

Muchas gracias por su atención.

José Yoldi

Hay 1 Comentarios

Felices vacaciones, señor Yoldi. Muchas gracias por sus comentarios. Piense, por favor, en la posibilidad de recoger sus comentarios en un libro y no me meta en el compromiso de tener que ser yo quien los baje y me haga mi propio libro con ellos, advierto ahora que la Sociedad General de Autores anda distraída con otros bajonazos.

El que advierte no es mantero sino lector desconsolado porque el artículo de prensa tenga tan breve vida.
Cordiales saludos.

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Sobre el autor

(Donostia-San Sebastián, 1954)
es periodista licenciado en la Universidad
de Navarra. Lleva en El País desde 1983, donde ha
sido corresponsal de Interior y miembro del equipo de
Investigación. Como redactor jurídico ha cubierto casi todos los
juicios importantes que ha habido en España, desde el 23-F, el
síndrome tóxico o el crimen de los Urquijo hasta los atentados del 11-M.

Sobre el blog

Este blog es un lugar de encuentro sobre temas jurídicos, pero no es para todo el mundo. Es muy recomendable tener mucho sentido común y ganas de sonreír, ya que el humor es síntoma de inteligencia. La única norma es el respeto a los demás. Si usted prefiere insultar es muy libre, pero le agradecería que no se molestase en seguir leyendo, yo también preferiría estar en la playa.
El blog se alimentará también -o principalmente- con la serie de artículos que bajo el título “El último recurso” se publican los lunes en El País

Nuevo libro

El último recurso El último recurso. Los artículos que forman parte de este compendio fueron publicados en EL PAÍS bajo el epígrafe El último recurso durante los años 2010 y 2011. Todos ellos fueron escritos durante esas horas de la noche en la que todo parece estar parado y en silencio. Mi objetivo era centrar el foco o aportar un punto de vista particular hacia algunas noticias que me parecía que merecían mayor atención que la que se les había prestado. La otra finalidad, no menor, era que el lector se lo pasara bien y que, a ser posible, esbozara una sonrisa. Y ello, aunque el tema a tratar fuera tan tremendo como la rebaja de cinco años en la condena de un tipo que dejó a su mujer parapléjica a golpes.

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