22 nov 2011

Aquellas costillas que se lanzaban contra las porras

Por: José Yoldi

IGOR_PORTU en el Hospital
Igor Portu en el Hospital Donostia, al día siguiente de su detención. Puede apreciarse el collarín para las lesiones de la zona cervical, el párpado morado y la lesión costal.

 

A principios de los años ochenta, un miembro de ETA con un ojo morado fue conducido ante un juez de la Audiencia Nacional, que hace años no está en activo. El magistrado al ver al etarra preguntó: ¿Qué le ha pasado? ¡Vaya ojo tiene!

Como el terrorista no respondió, el juez repitió la pregunta, y el policía que le custodiaba explicó: Es que se ha tropezado y se ha golpeado con un armario.

El magistrado, admirado, comentó: Pues vaya golpe, podría haber perdido el ojo. Y acto seguido, inquirió de nuevo: El armario ¿era metálico o era de madera?

El etarra, ya enfurecido, respondió: ¿No ve que me han pegado, o qué?

A lo que el juez replicó: Claro, seguramente usted no les quería contar algo que ellos querían saber.

La anécdota es un hecho real que durante años contó un jefe de seguridad de la Audiencia que tampoco sigue en activo. 

Desde entonces, las cosas han cambiado mucho. La dirección de ETA elaboró un manual para sus militantes sobre cómo comportase en caso de detención, en el que les incita a que siempre denuncien haber sido torturados. Mientras, las fuerzas de seguridad han reducido los malos tratos a casos puntuales, aunque nunca los acusados por torturas han admitido haberlas cometido y, desde la Transición, recurren a la excusa de que los detenidos se resistieron o trataron de huir y que a ellos no les quedó más remedio que utilizar la fuerza para reducirlos. De modo que para llegar a la verdad, los jueces deben aplicar la lógica y el sentido común a las pruebas existentes.

Ahora, la Sala Segunda del Supremo ha revocado la sentencia de la Audiencia de Guipúzcoa que condenó a cuatro guardias civiles por haber torturado a los etarras Igor Portu y Mattin Sarasola, a su vez penados con 1.040 años de cárcel como autores del atentado que el 30 de diciembre de 2006 voló el aparcamiento de la T-4 de Barajas, que causó la muerte de dos ecuatorianos y del proceso para el fin dialogado de la violencia.

Los magistrados del Supremo alegan que los dos terroristas siguieron las órdenes de ETA y denunciaron unas torturas que nunca existieron; que las lesiones que tenían fueron causadas en la detención cuando intentaban huir, y que pretendían utilizar la denuncia en los procesos que había contra ellos en la Audiencia Nacional. Una auténtica pirueta en la lógica y el sentido común.

Es posible que esos dos amantes del coche bomba y el tiro en la nuca siguieran las instrucciones de ETA, pero en todo caso, si las siguieron, las siguieron mal, porque precisamente en el proceso de más proyección mediática e internacional, su juicio por participar en el atentado de la T-4, decidieron no defenderse. Sarasola había realizado ante la Guardia Civil un pormenorizado relato de su participación en ese atentado y otros. Pero no lo ratificó ante el juez y con alegar torturas podría haberlo impugnado con facilidad, y sin embargo, no lo hizo. Ni Portu ni Sarasola declararon en la vista, ni denunciaron torturas, con lo sencillo que lo tenían porque el proceso en Guipúzcoa seguía todavía vivo, ni hicieron la publicidad que ETA aconseja. Ordenaron a su abogada que no les defendiera y no recurrieron la sentencia que les condenaba a 1.040 años, que ya es firme.

¿De dónde se saca entonces el Supremo que iban a utilizar la denuncia en los procesos pendientes de la Audiencia Nacional? Da igual, la sentencia señala que no pretende “escrutar las razones últimas” de los etarras para no intentar demostrar la existencia de torturas en el juicio de la Audiencia, “que deben quedar en el arcano de su conciencia”. Impresionante razonamiento lógico. 

Y en otra imperecedera afirmación el alto tribunal establece que “las torturas que se denuncian en San Sebastián son torturas vindicativas, esto es, realizadas en venganza por su pertenencia a ETA”. Y recuerda que nadie ha planteado que se tratase de torturas indagatorias, es decir las realizadas para obtener una confesión. El Supremo parece olvidarse del principio de economía o de la navaja de Ockham, según el cual cuando dos teorías tienen las mismas consecuencias, la más simple suele ser la correcta. ¿Venganza? ¿De quién? ¿De los que tenían las lesiones o de los que las provocaron? Porque, aunque nadie lo menciona en la sentencia, estos eran los primeros etarras detenidos en España —6 de enero de 2008— después del asesinato por parte de ETA de los guardias civiles Fernando Trapero y Raúl Centeno el 1 de diciembre de 2007 en la localidad francesa de Capbreton.

La versión del Supremo de que las lesiones fueron causadas cuando los etarras pretendían escapar es similar a aquellas de la transición cuando las costillas se lanzaban contra las porras. Un delirio. Cuando uno o dos agentes se lanzan encima de alguien le pueden causar una, dos o media docena de lesiones y suelen ser en el mismo lado. ¿Ha leído el Supremo los dos interminables folios de hematomas, equimomas, eritemas, erosiones, escoriaciones e incluso fracturas de los partes médicos? Sarasola presentaba 18 lesiones distintas, varias de 8 x 7 centímetros, en ojo, tórax, abdomen y brazos y Portu, aparte de una docena de hematomas y erosiones, tenía varias fracturas costales con colapso pulmonar y derrame pleural, además de otras lesiones en un ojo, abdomen y piernas. ¿Semejante cantidad de lesiones al reducir a un fugitivo?

Porque resulta que la Audiencia, que al contrario que el Supremo pudo ver y oír a los etarras y a los guardias acusados durante el juicio, afirmó que no hubo intento de fuga, lo que es lógico, porque el operativo policial estaba formado por cuatro Nissan Patrol, dos vehículos camuflados y 15 guardias civiles. Una fuerza disuasoria impresionante. Y los etarras no estaban fichados, por lo que creían que no les iban a detener y accedieron a ser identificados. En ese momento estaban encañonados, al menos, por tres guardias. Cualquier intento de fuga en esas condiciones hubiera sido suicida.

Decía Chesterton: “Puedo creer lo imposible, pero no lo improbable”. Pero usted, como el Supremo, puede creer lo que quiera. 

 

Hay 11 Comentarios

Este articulo es un ejercicio de verdad y dignidad impresionante.

Yo no soy español pero podría compartir Estado y regimen democrático con el señor YOLDI , no así con otros muchos cenutrios que escriben en este periodico. Este articulo es soberbio y el redactarlo le separa a YOLDI para siempre de los asesinos de ETA y de los estupidos defensores de una ESPAÑA que consiente la tortura. ¡Enhorabuena!

Por cierto, lo de las torturas vindicativas tiene bastante gracia. Es evidente que los agentes estaban quemados por lo de Capbreton, pero recuerdo que Sarasola(que tenía lesiones externamente aun más impresionantes que las de Portu) cantó "La traviata" cuando llegó a las dependencias de la Dirección General de la GC. Durante el viaje señala que sus custodios le siguieron golpeando (le recuerdo que fueron 15 los acusados, aunque solo cuatro los efectivamente condenados, los que trasladaron a los detenidos desde Mondragón hasta Intxaurrondo)¿Alguien se cree que las sevicias sobre Sarasola no tuvieron nada que ver con el hecho de que en Madrid reconociera ser autor de lo de la T4, su pertenencia al comando Elurra y diese un monton de datos que finalmente permitieron su condena y la de su compañero?

Es dificil sostener lo del TS, una vez leida la st. Primero,porque desecha las conclusiones de los forenses de Donosti con la peregrina tesis de que su informe se funda en una kantada, cuando lo único que tiene que señalar el forense es si las lesiones son más o menos compatibles con lo que los detenidos cuentan o con lo que dice la GC (en este caso, no se ofrece duda alguna). En segundo lugar, porque exige pruebas imposibles: habla de que ni el instructor ni las acusaciones han logrado localizar el rio (Asier Aguirre no le vale, que es alcalde de ANV). Es dificil localizar pista y rio si los detenidos iban con capucha puesta y los agentes niegan que existiera: con semejante nivel de exigencia probatoria jamás se sancionará un delito de torturas ocurrido fuera de dependencias. En tercer lugar, porque no habla de elementos cruciales que obran en la causa, como los tickets que acreditan que los agentes llegaron a las 9.53 al peaje de Mondragón, mucho más pronto de lo que reconoce el sargento director del operativo y mucho más próxima a la hora de la detención que señalan Portu y Sarasola que la que dicen los agentes, extremo de relevancia porque esa media hora es la que presumiblemente se invirtió en el traslado a la pista. El "correo" incautado a Txeroki, que se lo crea quien quiera, eso es ayudita de la Gendarmerie o de quien sea a sus beneméritos colegas.
Me alegro de su artículo.

Como dice un magistrado, presidente de Audiencia, “El Estado de Derecho debe defenderse en la teoría, con grandes discursos, pero también en la práctica, en los casos concretos que son incómodos”.
Mire Don Alejandro, soy consciente de la poca simpatía que despierta el tener que defender el derecho de los asesinos a la verdad y a la justicia, pero esa defensa es lo que nos diferencia de ellos.
Gracias a todos por su interés y participación.

En España se ha torturado desde Franco a hoy siempre.
Pero hay una ley del silencio que impide que se conozca.
No tengo la menor simpatía por Igor Portu.
Pero tampoco la tengo por sus torturadores.

Alejandro: Me parece que hay pocas cosas más importantes que los derechos humanos. Si en un estado se tortura y el poder judicial lo respalda, hay un problema serio. Lamentablemente, ésa es la situación y esa es la "justicia" que funciona en Españistán. Desde el rechazo total a ETA y la nula simpatía hacia Portu y Sarasola, creo que el estado que tortura y la justicia que respalda esa tortura no trabajan ciertamente por la democracia.
Yoldi: gracias por el post. Esclarecedor y valiente.

Personalmente creo que hay temas mas importantes para preocuparnos de si se maltrata o no a unos asesinos.

magnífico artículo.
La representación del estado nunca puede cometer actos contrarios a la ley. Y si los comete debe ser sancionada con el máximo rigor, caiga quien caiga.
Si no, está uno de nuevo camino de la dictadura que nos ha dominado durante siglos. Y que ha hecho de nosotros un pueblo en el que los mentirosos, los oportunistas, los ileales, los faltos de coraje y los que se burlan de la ley y del vecino son un porcentaje mayor que en otros muchos pueblos que gozaron de la democracia.

"Puedo creer lo imposible...pero no lo improbable" que gran frase..es sin duda una de mis preferidas...Gracias por habérmela recordado!!! Saludos!!!

Desgraciadamente, desde el fatídico -no solo para los que lo sufrieron- 11-S, todo ha vuelto a cambiar. De nuevo, -con el amparo de la Ley- se tiene que demostrar que uno es inocente.

¿Cómo demonios se esconde tan facilmente lo evidente en España?

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Sobre el autor

(Donostia-San Sebastián, 1954)
es periodista licenciado en la Universidad
de Navarra. Lleva en El País desde 1983, donde ha
sido corresponsal de Interior y miembro del equipo de
Investigación. Como redactor jurídico ha cubierto casi todos los
juicios importantes que ha habido en España, desde el 23-F, el
síndrome tóxico o el crimen de los Urquijo hasta los atentados del 11-M.

Sobre el blog

Este blog es un lugar de encuentro sobre temas jurídicos, pero no es para todo el mundo. Es muy recomendable tener mucho sentido común y ganas de sonreír, ya que el humor es síntoma de inteligencia. La única norma es el respeto a los demás. Si usted prefiere insultar es muy libre, pero le agradecería que no se molestase en seguir leyendo, yo también preferiría estar en la playa.
El blog se alimentará también -o principalmente- con la serie de artículos que bajo el título “El último recurso” se publican los lunes en El País

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El último recurso El último recurso. Los artículos que forman parte de este compendio fueron publicados en EL PAÍS bajo el epígrafe El último recurso durante los años 2010 y 2011. Todos ellos fueron escritos durante esas horas de la noche en la que todo parece estar parado y en silencio. Mi objetivo era centrar el foco o aportar un punto de vista particular hacia algunas noticias que me parecía que merecían mayor atención que la que se les había prestado. La otra finalidad, no menor, era que el lector se lo pasara bien y que, a ser posible, esbozara una sonrisa. Y ello, aunque el tema a tratar fuera tan tremendo como la rebaja de cinco años en la condena de un tipo que dejó a su mujer parapléjica a golpes.

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