20 feb 2012

En la absolución, yo te condeno

Por: José Yoldi

Tribunal que condenó a Garzón
Tribunal de la Sala Penal del Supremo que condenó a Garzón por las escuchas de la Gürtel. En el extremo de la izquierda, Luciano Varela; en el de la derecha, Manuel Marchena. Foto: Claudio Álvarez

 

¿Hay algo más sutilmente perverso que arruinar el prestigio de una persona en el mismo acto por el que le absuelves?
Verán, el 2 de febrero de 2009 la Sala Penal del Tribunal Supremo archivó la primera querella por cohecho (soborno) y prevaricación (dictar a sabiendas resolución injusta) presentada contra el juez Baltasar Garzón por el patrocinio de los cursos celebrados en el centro Rey Juan Carlos de la Universidad de Nueva York. El ponente de aquella resolución, que ponía fin al proceso declarando que no había habido delito en la conducta del magistrado, fue Luciano Varela. Este se mostraba contundente al señalar que era de una “abrumadora obviedad” que no había habido prevaricación y tampoco cohecho, pero hacía constar que Garzón no había comunicado al Consejo que cobraría un sueldo de la Universidad, que lo percibido podía exceder los límites fijados en la ley sobre compatibilidad y que ello podría constituir una falta disciplinaria muy grave de faltar a la verdad en la solicitud de obtención de autorizaciones. Pero Garzón, al pedir el permiso de estudios, había especificado que estaba gestionando que la Universidad cubriera “los gastos de desplazamiento, vivienda, y mantenimiento personal y familiar”, por lo que no había mentido. Así lo había interpretado el Consejo del Poder Judicial que ya había archivado una denuncia por ese hecho presentada por el mismo letrado. Pero Varela y sus compañeros, en la resolución por la que exculpaban a Garzón, deducían testimonio para que el Consejo actuase contra él. Debían conocer, porque lo había publicado la prensa, que el Consejo ya se había pronunciado, pero es que además, como finos juristas, estaban en la obligación de saber que incluso en el caso de que hubiera habido falta muy grave, que no la había, habría prescrito (por haber rebasado el plazo que se fija el Estado para perseguirla), porque habían transcurrido más de dos años desde que Garzón había regresado de Nueva York. En la absolución, yo te condeno.
El caso es que aunque en febrero de 2009 la querella fue rechazada porque no había delito, los abogados la presentaron de nuevo en julio y, curiosamente, esta vez sí se admitió. El juez Manuel Marchena fue nombrado instructor. Este, con tenacidad parecida a la fe del converso sometió durante dos años a Garzón a una investigación casi inquisitorial y rechazó todas las pruebas que el juez proponía para su defensa.
El fiscal mantuvo en todo momento que Garzón no había cometido delito y que el de cohecho impropio (recibir regalos por razón del cargo que se ocupa) que Marchena apreciaba “no podía soportarse en la especulación”, y era contrario al “resultado apreciable de una valoración lógica”.
Pero Marchena no se arredró y al archivar el caso por prescripción (algo que un juez del Supremo sabía que tendría que hacer al ser obvio que no había prevaricación) dejó un relato de lo ocurrido en el que arrastra la honorabilidad de Garzón por el fango, al dar por supuesto que cometió delito de cohecho impropio (el mismo que Garzón había imputado a Camps por el caso de los trajes). Un relato que no son los hechos probados de una sentencia, pero que en claro regodeo han recogido los voceros afines. Es decir, una iniquidad, de la que, tras el archivo de la causa, ya no puede defenderse. En la absolución, yo te condeno.
Varela y Marchena son dos de los jueces recusados por Garzón por falta de imparcialidad y que le han condenado en el caso de las escuchas de la Gürtel. Seguro que a la vista del resultado, Garzón hubiera preferido que le juzgara el TAS (Tribunal de Arbitraje del Deporte, que ha condenado a Contador).
Como con sutil ironía proclama un juez de derechas: “Se hace mejor doctrina cuando simplemente detestas al querellado que cuando además le aborreces”.
Y mientras tanto, el presidente del Supremo y del Poder Judicial, Carlos Dívar, puesto en la tesitura de que la condena a Garzón se convierta en el caso Dreyfus de la justicia española, hablaba en el Congreso de la Santísima Trinidad y de los mandingos. Además, como perla inolvidable, confundía el castillo de Balmoral, en Escocia —lugar de esparcimiento de los reyes de Inglaterra desde los tiempos de la reina Victoria y donde se refugió Isabel II durante la crisis de la muerte de Lady Di—, con Navalmoral. No llegó a precisar si el Navalmoral del que hablaba era de la Mata (Cáceres) o de la Sierra (Ávila), aunque tampoco importa, porque concluyó: "Yo estoy en un puesto verdaderamente difícil". Quizá le parece que con las últimas resoluciones, el buque insignia de la justicia hace agua y él se siente como el capitán del Costa Concordia. Y así nos va.

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Castillo de Balmoral, en Escocia.

Hay 39 Comentarios

¿ y la actitud y la actuación de este juez no es perseguible? ahora bien si se le persigue por prevaricación, que es lo que ha hecho se le podría condenar o nos quedaríamos perplejos ante su absolución y sus carcajadas?

Estimado señor Burjasotte, Muchas gracias por sus amables palabras. Me abruma usted con sus elogios. Le aseguro que sobrellevo mejor mis miserias, por conocidas, que mis virtudes, bastante ignotas, y le reconozco que trato de compensar con dedicación y trabajo mi escaso talento. Es verdad que hay días mejores y peores - en una semana escasa han fallecido dos amigos y grandes luchadores, la juez Raimunda de Peñafort Lorente (Mundi), un baluarte contra la violencia de género, y el abogado Juan Francisco Martín de Aguilera, el conde rojo, probablemente el tipo más honesto y luchador contra la injusticia que he conocido- y que precisamente no estoy como unas castañuelas, pero a mis 58 de vellón puedo presumir de que soy un superviviente (los supervivientes siempre presumen de que lo son hasta que los matan), que efectivamente lo muy poco que sé lo he aprendido en la batalla de la vida y de la justicia y que eso me ha convertido, como la mayoría de los periodistas veteranos en un tipo cínico, escéptico y tremendamente sentimental. Le agradezco sinceramente todos los comentarios que ha realizado a mis artículos y la sabiduría y buen tono de que los impregna, incluso en los ásperos rifirrafes con otros comentaristas más impulsivos o pertinaces, como el señor García, que aunque a simple vista no lo parezca, es un mendrugo (en su acepción de pedazo de pan) entrañable. Gracias por todo, señor Burjasotte

Señor Yoldi: De aquí en adelante, y mientras mi cuerpo aguante, seré lector de los artículos que publica en su blog. Le confieso que no le conocía, pero mire usted por dónde el inocente don Baltasar Garzón Leal, infelizmente condenado por actuar por imperativo legal, facilitó esta oportunidad de leerle. Sus reflexiones trasladadas con rigor y claridad a sus artículos hacen que sus contenidos sean motivo para disfrutarlos. Su visión y conocimientos se me antojan los ha adquirido en el campo de "batalla" de la vida judicial y social. No me gusta polemizar cuando las cosas son tan claras como las que usted expone. Cada cual tiene relativamente asumidas o determinadas sus convicciones acerca del acontecer que la vida nos impone. A una avanzada edad, las virtudes y miserias están más que descubiertas. Dialogar sobre ellas significa estar abierto a opiniones discrepantes siempre que en las mismas no se atisbe o, dicho más propiamente, no se perciban intolerables absolutismos en los que yo mismo puedo incurrir. La verdad absoluta solo es propiedad de los divinamente ungidos quienes de forma activa alimentan, queriéndolo o no -supongo-, el escepticismo a nivel social y el agnosticismo si de cuestiones religiosas se trata. Una vez más, le pido disculpas por haberme soportado en unos cuantos comentarios que hice en algunos de los artículos que publicó no sin antes desearle salud, larga vida y felicidad personal y familiar. Ah, y que no decaiga su entusiasmo en la hermosa tarea de publicar sus excelentes, mesurados y diseccionadores artículos sobre la matrecha justicia cuyos intérpretes son mayoritariamente, no exclusivamente, los culpables del estado en que la misma se encuentra.

Estos jueces ademas de ejercer el cinismo han delinquido al ajercer la conrumacia

Gracias por su respuesta, Señor Yoldi. Seguiremos en la búsqueda de las motivaciones del juez Marchena. Hoy en la edición impresa del diario, el diputado Llamazares nos ofrece unas cuantas pistas. Un cordial saludo.

Por supuesto, Sr. Yoldi. Tiene razón. Pero creo que en sus palabras está el fundamento de lo que he expresado hasta ahora. El sentido común no hace referencia sino a una serie de virtudes. Aunque puede parecer una cuestión meramente terminológica, estimo que al hablar de sentido común nos referimos a una serie de cualidades, que nada tienen de sentido, ni son, en absoluto, comunes. Es más, considero que el sentido común en la aplicación de la ley es sinónimo de arbitrariedad (eso sí, matizando, porque no es lo mismo un juez novel que un magistrado muy experimentado). Al final, yo creo que podemos convenir que nuestra disputa sobre el sentido común es más una cuestión de forma. Y que, para evitar equívocos, yo prefiero utilizar expresiones como "saber" o "formación". Y, por último, que conste que me acordé de usted al oir a Rajoy. jajaja
Buenos dias y un saludo para todos

Buen día a todos. Me he quedado un poco sorprendido cuando nuestro gran líder Mariano ha pedido a través de la televisión "mesura y sentido común" a todos los ciudadanos españoles. ¿Por qué cree que será, don Alfonso?
Los conocimientos técnicos se presumen a un magistrado y más si es del Tribunal Supremo, lo mismo que a un cirujano cardiovascular o al ingeniero que diseñó el Eurotunel del Canal de la Mancha. Es la aplicación racional de esos conocimientos, el uso de la lógica al razonar y la prohibición de la arbitrariedad y de la falta de un fundamento, lo que venimos a denominar sentido común. Por tanto, lo mismo que en el ejército el valor se supone hasta que se demuestra en el campo de batalla, los conocimientos técnicos van de "soi", aunque en ocasiones sea mucho suponer. Y lo dicho, don Alfonso, aunque el cirujano tenga importantes conocimientos sobre el corazón, yo preferiría que si me tiene que operar no se decante por practicar una técnica loca en la que la supervivencia del paciente sea del uno por mil, frente a otra menos genial pero que garantiza una supervivencia del 90 por ciento. Disfruten del día.

Sr. García: mis disculpas por confundirle, no me ofenden los chistes, ni las ironías. Hay cosas más importantes en esta vida que un simple debate de ideas contrapuestas.
Como dijo Dostoiewski: " Si dios ha muerto, todo está permitido"...pues eso mismo, barra libre para todo-os.
Saludos

pues si el sentido común es tan maravilloso, espero que cuando compren un coche acudan a una compañía que fabrica coches por personas con mucho sentido común, pero sin ser ingenieros; que les operen no licenciados en medicina, cuyo sentido común desborde los límites de la comprensión. En fin, que mejor eliminar las universidades e implantar un pequeño cursillo para saber usar el sentido común... Yo alucino en colores. Pues yo prefiero que me opere el cirujano más inteligente, más formado y más preparado. El sentido común es el recurso, en materias técnicas, del no saber (y esto es un eufemismo). ojo, siendo todo esto mi opinión. Pero una última cuestión ¿cómo siendo el sentido común algo inherente a la persona (algo ontológico, por ser "común") discrepamos de la conveniencia de utilizar este criterio como canon interpretativo o de aplicación de la ley? Precisamente, el saber que uno no se halla en posesión de la verdad, creo yo, le hace descartar el sentido común.
Muy buenas noches y saludos cordiales.

Hola a todos. Lo primero de todo, me gustaría felicitarles por el buen tono que impera en el blog. El señor García muy comprensivo y el señor Burjasotte haciendo extensivas las recomendaciones de buena literatura. Me gusta mucho que traten de ponerse en el punto de vista del otro, aunque a veces cueste y a veces solo sirva para reafirmar el propio punto de vista. Y me gusta también que el Señor García, a veces, solo a veces, me dé la razón. Yo creo que él también la tiene a veces, y que en ocasiones la tenemos los dos, porque nuestras opiniones son coincidentes aunque expresadas de forma diferente. Cuando hablo de sentido común, como él dice muy bien, hablo de lógica, de que los argumentos utilizados en las sentencias o resoluciones no sean peregrinos o arbitrarios y que los razonamientos no sean irracionales. Por eso, aunque le duela, el señor García admite que en algunas ocasiones se aprecian otro tipo de condicionantes que no obedecen a la lógica jurídica. No es lo habitual, ni siquiera frecuente. En general , los jueces tratan de impartir justicia desde su leal saber y entender y créanme que conozco a muchos y algunos muy buenos. También conozco otros que son un desastre, pero incluso en esos casos, la mayoría trata de hacer lo correcto.
Por eso, cuando alguno destaca por lo contrario, nos chirría. La prescripción, Don Javier T. se puede apreciar de oficio en cualquier momento del proceso. Otra cosa es que se haga. Muchas veces, como en el caso de Los Albertos, se aprecia en sentencia. Lo que usted pregunta quedará para los arcanos de la justicia, salvo que alguien sea capaz de sonsacar al señor Marchena, pero a la vista del resultado queda poco margen para la imaginación. Señores, estoy fundido, así que me piro a cenar. Saludos a todos y gracias.

Hago extensivo a todos los posibles lectores que les agrade la buena literatura y estén interesados en conocer los entresijos de la justicia, y que leen las sentencias que se dictan con sentido de lo que debe ser su recta administración y que, sin embargo, al conocer su contenido y fallos estos rechinan estridentemente causando profundo malestar social extendiéndose la sensación de que hay personas que antes de ser juzgadas ya están previamente condenadas confirmándose este sentimiento al comprobarse que no se les admiten medios de pruebas que le son esenciales para defender su inocencia y todo ello porque así lo deciden jueces imparciales???; repito para todas estas personas que, igualmente, sostienen que el sentido común es una mercancía perecedera, recurrente y oportunamente válido en función de qué situación sea conveniente tenerlo en cuenta usándolo como útil comodín, les recomiendo la lectura de las novelas que indiqué en anteriores comentarios y que evito su reproducción en aras de no ampliar este comentario.

Sr. Burjasotte: ayer me limité a señalar que el sentido común, como la sana crítica (concepto que, a diferencia del anterior, sí tiene refrendo legal) no aparece codificado o cifrado en norma alguna y que, por ello, es concepto mudable o, si vd prefiere, indeterminado. Por lo demás, el contexto social al que vd venía haciendo referencia sí tiene ese refrendo positivo (3.1CC) y la lógica, obviamente también. A lo que voy es que sé a lo que se refiere el señor Yoldi cuando dice que alguna de las sentencias del Alto Tribunal están huérfanas de sentido común, significa que son ilógicas o, peor aun, arbitrarias, en lo que puedo darle la razón. El problema es que ese mismo concepto se usa frecuentemente para dar a entender que el operador jurídico (singularmente el juez) es una especie de marciano que vive en un mundo distinto del de sus conciudadanos, cuando muchas veces es precisamente su absoluta e incondicional sumisión a la Ley la que hace que la solución rechine al sentir moral de la colectividad (o, a veces, ni siquiera eso, pues la resolución, rectamente entendida , no es ni ilógica, ni irrazonable, ni arbitraria, pero para comprender eso hace falta leérsela , intentar entender el problema y retener, por un segundo, las ganas de insultar). Saludos y, por cierto, me duele mucho que no me recomiende vd también algún libro, que los untermensch de derechas también tenemos algún derecho a cultivarnos.
PD: De nada doña Inma, pero el que le procura atención literaria es el señor Burjassotte, que fue quien le recomendó libros. Yo me limité a hacer un chiste quizás no muy afortunado y, en todo caso, no entendido. Afectuosos saludos

Sra.Inma: Estupendo comentario el suyo. Dice Mariano Rajoy que contra el desprecio, no aprecio. Miren por donde don Mariano debe apuntarse de comentarista en este blog. En su defecto, -el pobrecillo, bastante tiene con exigirnos a los españolitos de a pie que nos apretemos el cinturón hasta que caigamos exhaustos porque nuestra condena (la de los españolistos), como la de Garzón, es justa y necesaria- me adelanto, sin su permiso (el de Rajoy) para expresar al señor Yoldi que ante las insidias y malediciencias que algunos intervinientes le atribuyen, no debe afligirse porque como él muy bien apuntó en algún comentario/constestación que hizo a las personas que dicen que el sentido común es ridículo, resulta que las mismas cuando les apretan las clavijas saltan con espíritu y rapidez de atleta olímpico y proclaman, con todo el énfasis posible, que la ley y el orden son prioritarias porque al fin y al cabo es preferible la injusticia al desorden. Y en dichos supuestos, lo dicen sin rubor, recurren, como no podía ser de otra forma, al sentido común (se supone que será el suyo que, de momento, está inédito). Todo ello dicho sin "acritud".


Señor Yoldi, hay algo que no entiendo bien de esta historia y como asiduo lector de sus crónicas, agradecería que me dé su opinión. La prescripción es una cuestión previa que tiene que dilucidarse antes de entrar en el fondo del asunto. Si se comprueba que los hechos que dan lugar al proceso no son perseguibles por que el delito que se imputa ha prescrito, el caso se archiva sin entrar a juzgar las pruebas. No procede, por consiguiente, hacer ninguna valoración ulterior de la licitud o ilicitud de la conducta del encausado. Política aparte, ¿en qué se sustenta la valoración que hace en este caso el Supremo?

Siempre se ha asociado delincuencia con individuos socialmente desfavorecidos, nada más lejos de la realidad empírico-científica. Shutherland, en la obra "White collar crime" (1949), demostró que las teorías sobre la criminalidad de las clases menos afortunadas tendían a infraestimar los delitos cometidos por personas de mejor posición económica. Este criminólogo recurrió al término con que popularmente se conoce a los delitos de cuello blanco para referirse a ellos: "...es aquel tipo de delito cometido por una persona respetable y de alto estatus social en el curso de su ocupación...". Estimó que la comisión de estos ilícitos penales suponían un gran coste para un país, sobre todo a nivel económico, también concluyó que era una práctica bastante extendida y que, cuando se cometía la conducta ilítica, raras veces se llegaba a un arresto y no digamos ya a una condena. Han pasado muchos años y multitud de estudios al respecto de éstas afirmaciones. Vemos que cada día es más habitual la comisión de estos delitos...
Las anteriores palabras vienen al hilo del tipo de delincuencia que está tan arraigada en España y que tan escasamente condenada. En el caso de la Gürtel sólo ha sido condenado un hombre: Garzón y es el mismo que se atrevió a meter sus narices en los asuntos del PP....
Sr. Garcia, muchas gracias por sus recomendaciones literarias-técnicas y sus atenciones.
Sr. Yoldi, ni caso a los que les gustan las calumnias e injurias (con publicidad), es fácil lanzar la piedra, es la táctica de muchos, muchisimos de los que pierden los argumentos.
Cordial saludo

Hola Don Alfonso, hoy le voy a hacer el favor de ser breve, que da la impresión que ha estado apurando el carnaval, y más le vale que el cirujano que le vaya a operar del corazón, o del hígado, o de los riñones, o de lo que sea actúe con sentido común, o de lo contrario está usted perdido a pesar de los conocimientos milenarios de los que se disponen y a los que contribuyeron Galeno, Fleming e incluso Barnard. Esto del sentido común se corresponde más o menos con actuar como se debe, que en lenguaje Mariano ha sido acuñado con el latiguillo "como dios manda". Las astracanadas pueden ser muy creativas y en ocasiones geniales, pero el doctor House es una serie de televisión y por mucho que nos guste, no todo es lupus, ni sarcoidosis. A veces solo es dolor de cabeza y no hay que aplicar quimioterapia.
no se preocupe señor Burjasotte, todos los que claman contra el sentido común son gente de ley y orden y, aunque aquí parezca lo contrario, siempre son los primeros en reclamar su aplicación. Saludos a todos y buen día, que hoy se presenta terrible de trabajo.

Sr. Yoldi: No se inquiete. Continúo alucinado. Entre axones, terminaciones de neuronas, blanco, negro, gris y este enorme descubrimiento acerca de que el sentido común no existe ni en la ley ni en la vida y que, por lo visto, aquello que nos enseñaron en los comienzos de nuestros estudios universitarios de que fundamentalmente el derecho se sustenta en la lógica y que el sentido común ayuda decisivamente en la aplicación de la ley pues debe examinarse no solo el texto de la misma (ley) sino el contexto en la que se desenvuelve y debe ser aplicada, pues mire usted, aquellos principios han caído en desuso. Nunca me acostaré sin haber aprendido algo nuevo. No somos nadie Sr. Yoldi. Vivimos aislados en una isla rodeados por todas partes de sabiduría. Al parecer, eso es lo evidente a juzgar por la altura de tan sesudos comentarios. Buenas y carnavaleras noches. Se impone, definitiva y permanentemente, vivir con disfraz y máscara.

Cómo está hoy el patio!!! Bueno, permítanme que les diga un par de cosas sobre eso tan recurrente últimamente sobre "el sentido común": es un argumento ridículo. Primero, porque la ley trasciende de la vida de una generación y por más que uno piense mucho, no puede llegar a alcanzar la sabiduría que miles de años han proporcionado al ser humano; segundo, porque no creo que en Bamako tenga mucho "sentido común" que haya gente haciendo lo que nosotros y a su lado muchos mueran de hambre (es muy duro de decir, pero creo que hay que dejar las cosas claras); tercero, porque el cabo austriaco tenía muchísimo sentido común, según él mismo claro; la imposición de las chekas y de la modernización agraria rusa fue algo de terrible sentido común, salvo para algunos... (ejemplos no sobran en la historia, pero estos, por próximos y sangrantes son muy gráficos); cuarto, porque hasta los sicópatas más trastornados dicen que tienen muchísimo sentido común... Hay argumentos de sobra, podría seguir muchas líneas más, pero ya me he cansado, como para establecer que el "sentido común" no es nada. No creo que un médico actúe con sentido común, ni un ingeniero naval tampoco. Una cosa es hablar de una ley (que puede ser, con criterios técnicos, más o menos correcta o acertada) y otra de la aplicación de la ley. La aplicación de la ley, sin ser mecánica, ha de estar alejada del sentido común; puede haber distintos criterios, basados en la motivación, no en el sentido común.
Bueno, con tanta verborrea he perdido el hilo, asi que lo dejo ya, que ni sé lo que digo.
Un cordial saludo y buenas noches para todos

Señor García, señor García: ¿no será usted periodista?, que parece que me manipula un poquito. Resulta que usted dice: “la crítica de que los jueces dictan sentencias "alejadas del sentido común" no es de las mejores que le he oido a vd, y mira que le he escuchado censuras estupendas”. Pues bien, me ha costado encontrarlo, porque era del primer comentario, pero no me resisto a recoger lo que yo decía: El Supremo, “algunas de cuyas resoluciones chocan tanto con el sentido común que da la impresión de que está muy alejado del pueblo”. La madre del cordero de la frase es: ALGUNAS. No digo muchas, ni la mayoría, ni mogollón, ni otras cantidades mayores o menores. Repita conmigo: Algunas. ¿Está usted en condiciones de afirmar que todas las sentencias del altísimo tribunal rebosan sentido común? Pues nada, celestial, como los mensajes de Dívar. Ánimo, que hoy está de suerte.

Mi muy estimado señor Yoldi: lejos de mi compararle con el nefasto cabo austriaco. Me limite a recordarle que los jueces deben servir solo a la Ley y que así se sirven a sí mismos y a la colectividad. Vd es uno de los que opina ofreciendo argumentos, que es más de lo que otros pueden decir.Lo que ocurre es que la crítica de que los jueces dictan sentencias "alejadas del sentido común" no es de las mejores que le he oido a vd, y mira que le he escuchado censuras estupendas. ¿Quien dice lo que corresponde al sentido común y lo que no? Dña Encarnación Roca habla del mencionado sentido en la contraportada de su periódico (ya ve que me lo he empapado bien), y dice que se comporta siempre con arreglo al mismo. Me parece muy bien, pero lo cierto es que un juececillo de esos que conoce vd , amigo mío, ha empezado a denegar pensiones compensatorias a señoras de más de 60 años que se han dedicado toda su vida al hogar con base en el cuerpo de doctrina que la estupenda jurista catalana ha ido conformando en el último año y medio (siempre es ella la ponente de estas cosas, se ve que como viene de la Uni, la semana caribeña no rige para ella). ¿Es sentido común lo que se hace ahora o lo de antes? Muy afectuosos saludos, y perdone por mi desafortunada comparación

Señor otroargentino: Debería informarse mejor. No es posible renunciar a la prescripción, ni en España ni, por lo que me dicen, en Argentina. No sé qué le hizo a usted Garzón, pero su afirmación de que hubo cohecho en su actuación no se sostiene. Si hubiera sido así, no tenga dudas de que algunos de los muy imparciales magistrados de la Sala Segunda hubieran cumplido con su deber y le hubieran condenado con todas las de la ley. ¡Y lo que les hubiera gustado! Su afirmación de que los bancos son juzgados con severidad, no sé en Argentina, pero desde luego en España, provoca hilaridad. Aquí los banqueros y los poderosos gozan de un plus de inocencia, a pesar de la tan proclamada ironía de que todos somos iguales ante la ley. En fin, ni lo que usted considera “anormalidades” son normales, sino precisamente irregularidades, ni hubiera sido injusto que el Supremo hubiera ordenado escuchar el teléfono de Garzón, si lo hubiera considerado necesario para la investigación. Revise los preceptos legales que realiza usted unas afirmaciones un tanto aventuradas.
Señor García: ¡Que alegría!, hacía tiempo que no me comparaban con Hitler, y eso que no está encendido. Jajajaja. Es usted el mejor. Así que me erijo en oráculo y supremo intérprete de lo que piensa el pueblo, jajaja Yo soy mucho más humilde, pero acepto gustoso esa crítica, porque es verdad que hablo con los poderosos y los humildes, con los bedeles y los catedráticos, los magistrados y los agentes de los juzgados, Margarita Robles y ciertos juececillos de pueblo que no pintan nada pero que me gustan mucho, con los de izquierdas y con los de derechas, incluso con los sectarios. Dicho esto, el señor Gil Calvo, no es mi compañero, es columnista y no le he visto en mi vida, aunque en ocasiones coincida con su punto de vista, igual que con el suyo, jajaja
Señor Jonás: Garzón puede querellarse contra quien quiera, pero ¿cree usted que el Tribunal Supremo iba a admitir una querella por prevaricación contra el señor Marchena?. No me sea ingenuo. Seguro que la rechazaban a límine y le condenaban a pagar las costas por temeridad y mala fe.
Saludos cordiales a todos.

Y es que además se habla de cohecho impropio y propio sin enterarse que el nuevo Fiscal General del Estado -Torres-Dulce- nombrado por el nuevo gobierno del PP ya tiene manifestado que no hubo ni lo uno ni lo otro. De verdad, alucinante.

Sr. Yoldi: Me asombran los juicios de valor sobre el señor Garzón, las especulaciones sin fundamentos que se hacen sobre su socialismo/comunismo y su manera de actuar en los asuntos que, por razón de su cargo, función y competencia tuvo que conocer y decidir. Estoy desconcertado, más bien, como dice la juventud, alucino.Claro que con el árbol caído todo el mundo hace leña. O bien es por eso, o como en la viña del Señor hay de todo, también es posible que hayan personas que les agrade pasar el tiempo haciendo comentarios.

Garzón debería querellarse contra el instructor por prevaricación. Si un juez no sabe contar los tiempos para la prescripción debería ser apartado de la carrera.

Si, como se presume, lo sabe hacer y, a pesar de tener claro que un delito ha prescrito, y dicta resoluciones, procesamientos y demás pues parece que está dictando a sabiendas resolución injusta, además con ánimo de dañar al procesado.

Pues que el alguacil sea alguacilado.

Jonás.

Las "anormalidades" que denuncia Yoldi son completamente normales. Sí, denuncias rechazadas se presentan de nuevo y a veces son aceptadas. El supremo oyó o vió todas las "pruebas" que presentó Garzón y no aceptó la validez de ninguna. Eso es común en los juicios penales y Garzón lo debe haber hecho muchas veces. Injusto habría sido que el TS ordenase escuchar el teléfono de BG. Aquí se dice q la sala penal del TS (3 de sus magistrados socialistas) estaba ideológicamente sesgada hacia la derecha, lo cual es un disparate. Pero ademas: qué tan seguro esta Yoldi de que Garzón nunca sentenció con sesgo político?

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Sobre el autor

(Donostia-San Sebastián, 1954)
es periodista licenciado en la Universidad
de Navarra. Lleva en El País desde 1983, donde ha
sido corresponsal de Interior y miembro del equipo de
Investigación. Como redactor jurídico ha cubierto casi todos los
juicios importantes que ha habido en España, desde el 23-F, el
síndrome tóxico o el crimen de los Urquijo hasta los atentados del 11-M.

Sobre el blog

Este blog es un lugar de encuentro sobre temas jurídicos, pero no es para todo el mundo. Es muy recomendable tener mucho sentido común y ganas de sonreír, ya que el humor es síntoma de inteligencia. La única norma es el respeto a los demás. Si usted prefiere insultar es muy libre, pero le agradecería que no se molestase en seguir leyendo, yo también preferiría estar en la playa.
El blog se alimentará también -o principalmente- con la serie de artículos que bajo el título “El último recurso” se publican los lunes en El País

Nuevo libro

El último recurso El último recurso. Los artículos que forman parte de este compendio fueron publicados en EL PAÍS bajo el epígrafe El último recurso durante los años 2010 y 2011. Todos ellos fueron escritos durante esas horas de la noche en la que todo parece estar parado y en silencio. Mi objetivo era centrar el foco o aportar un punto de vista particular hacia algunas noticias que me parecía que merecían mayor atención que la que se les había prestado. La otra finalidad, no menor, era que el lector se lo pasara bien y que, a ser posible, esbozara una sonrisa. Y ello, aunque el tema a tratar fuera tan tremendo como la rebaja de cinco años en la condena de un tipo que dejó a su mujer parapléjica a golpes.

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