12 mar 2012

De mentiroso a delator

Por: José Yoldi

Barrionuevo tras el careo. Ricardo Gutiérrez 4-1-96

El exministro del Interior José Barrionuevo saluda a los periodistas a su llegada al Tribunal Supremo para su careo sobre los GAL con Ricardo García Damborenea. Foto: Santos Cirilo

 

Los careos, en los juicios y los procesos penales, se han convertido en una manera más o menos civilizada de insultarse, con un árbitro que es el presidente del tribunal.
Se trata de una práctica de confrontación de las versiones opuestas o contradictorias que mantienen los declarantes, sean testigos o acusados, que se viene utilizando desde que se inventó el derecho. Es un medio de prueba complementario que tuvo más sentido durante tiempos pasados —en los que el honor, la ética, la honradez y la verdad formaban parte de un código de los caballeros— que actualmente, cuando impera la cultura del éxito, en la que lo único que importa es vencer al rival como sea.
Ahora, el acusado tiene derecho a no decir la verdad y a no confesarse culpable, lo que en la práctica equivale a una licencia para mentir, y el tribunal ya lo tiene en cuenta. Pero los abogados saben que para salir airoso de un proceso, no vale mentir de cualquier manera, sino que es preciso ser creíble y los buenos bufetes enseñan a sus clientes lo que tienen que decir en cada momento.
En los careos no se decide quién de los dos oponentes dice la verdad. Lo único que se hace constar es cuál de los dos mostró mayor firmeza. Y firmeza, aunque suene a tautología, quiere decir firmeza. Es decir, los gritos en la mayoría de las ocasiones son mejores que los argumentos. Lamentable, pero cierto.
Por ello, los abogados no dudan en aconsejar a sus clientes en que si en pleno careo se ven atrapados por los argumentos del contrario repliquen con un contundente: “mientes”, lo que suele ser el inicio de la trifulca correspondiente, que tiene que parar el presidente del tribunal y acaba haciendo constar que ambos careados mostraron igual firmeza. Tablas, en el peor de los casos.
El caso es que el juez José Castro, que instruye el caso Nóos, ha rechazado por el momento la celebración de un careo entre el duque de Palma, Iñaki Urdangarin y su ex socio, Diego Torres, que, según consta en la causa, asumían una “dirección bicéfala” en el Instituto Nóos, del que el primero era presidente y el segundo, vicepresidente.
El juez estima que por el momento no se ha producido contradicción alguna, ya que Diego Torres se negó a declarar el pasado 11 de febrero hasta tanto no lo hubiera hecho Urdangarin. Este, en 40 folios de declaración, acusó a Torres de haberle robado fondos que le correspondían y achacó a su ex socio cualquier hecho o circunstancia por el que Urdangarin pudiera ser incriminado.
El juez no considera que las declaraciones prestadas por Torres ante la policía el 8 de noviembre de 2011 o la realizada en sede judicial el 11 de julio de ese mismo año puedan considerarse aptas para el contraste. La primera, porque para ser válida debería haberse prestado ante el juez y respetando el principio de contradicción, es decir, que hubieran podido preguntar todas las partes del proceso, y la segunda, porque los datos que obran en la causa en la actualidad son muchos más que entonces y Torres no respondió a aspectos por los que Urdangarin sí que fue preguntado. De modo que si Torres accede a declarar y se producen las previsibles contradicciones que no pueden ser aclaradas por otros medios, habrá vía libre para la celebración de ese careo, tan deseado por el público y por los medios de comunicación.
El caso es que, como acostumbran a recordar los jueces, si los acusados se ciñen a las instrucciones de sus letrados los careos no suelen servir para nada. Nadie se derrumba ni confiesa sus crímenes. Lo que sí puede ocurrir es que en el fragor de la disputa una ofuscación en uno de los acusados provoque un patinazo que resulte decisivo en la consideración de los jueces.
Así ocurrió el 9 de junio de 1998, cuando el Supremo, en el juicio por el secuestro de Segundo Marey por los GAL, acordó por sorpresa dos careos entre el exministro José Barrionuevo y el exdirector de la Seguridad del Estado Julián Sancristóbal, por un lado, y el ex secretario general de los socialistas de Bizkaia, Ricardo García Damborenea, por el otro. Barrionuevo acusó de “mentiroso” a Sancristóbal y también a Damborenea, hasta que en el acaloramiento se equivocó y le llamó “delator”. Aunque todos tuvieron similar firmeza, la pifia del ex ministro le costó una condena de 10 años de cárcel, aunque luego solo estuviera tres meses en prisión. Decía Viola Spolin: “Hay que ir con mucho cuidado con las palabras, porque se convierten en jaulas”.

Hay 15 Comentarios


Todos estos turbios asuntillos de dineros y personajillos regios se me antojan demasiado farragosos.
Tardamos años en enterarnos de algo.
Maquinaria anticuada y lenta, demasiadas idas y venidas.
Desde fuera se ve todo MUY ABURRIDO.
Además sin el juez GARZÓN ya no hay EMOCIÓN que valga.

Buenas noches Dº Luis. Inmensamente agradecido de que haya gastado su tiempo en comentar una hipótesis poco plausible.

En fin , para qué hablar de Ockham o de la lex parsimonia. Me remito a lo dicho por Yoldi jaunak en otras ocasiones sobre tal principio: lo más simple suele ser lo mas acertado. Si la Corona hubiera tenido tanto poder y si todas sus crisis se explicasen conforme a luchas intestinas en su seno solo tendrían explicación histórica las guerras carlistas. No habría habido repúblicas ni restauraciones, siempre precedidas de estupideces borbonas en la dirección de los asuntos del Estado, estupideces en las que se metieron ellos solitos , sin ayuda de ningún familiar (salvo que entienda vd como familiar alguno de los muchos amantes que tuvo la "Isabelona"). Pero bueno, será que no se nada de lógica económica. Saludos

Una pequeña aclaración sobre la sociología del conflicto.
Uno de sus principios es que toda crisis en una institución o en un poder dado tiene su origen en una fractura de su cúpula.
Es por ello que el caso sólo se explica como golpe de mano palaciego.
No se trata del caso Urdangarín, sino del caso Urdangarín "versus" su cuñado. O respetando las directrices de la Academia, "Urdangarín frente a su cuñado".
Si no le vale mi hipótesis sobre "garganta profunda" es porque tiene otra mejor.
Pero la de los fiscales no, por favor. Y tampoco vale la de los medios de comunicación.

Garganta profunda no existe. Castro y Horrach están deseosos de pescar a Matas y a lo que huela a corrupción populina en Baleares y se encuentran con el compañero de padel de Matas, don Untagarín. El importe de lo defraudado es tan fenomenal y el artificio tan burdo que ni don Cándido puede mirar a otro lado, igual que pasó cuando Barrioneuve se le puso a tiro en los tiempos que era Magistrado de la Sala 2ª. Y es que, al final, se produce la excepción que confirma la regla, y hasta algún poderoso queda atrapado en la ancha tela de red de la justicia (por el momento, que quizás el TS ya esté perfilando pro futuro la doctrina Urdangarín , que revolucione el concepto de extraneus en los delitos con sujeto activo especial o propio).

Bien, el análisis económico (las monarquías cuidan su capital-país porque sólo cuidándole pueden asegurar la continuidad de las rentas para su dinastía) y la sociología del conflicto (el poder nunca cae mientras no se produzca una quiebra en su cúpula) pueden estar equivocados.
No obstante, queda sin identificar "garganta profunda".
¿No existe en este caso?
No, eso sí que no es plausible.
Apunto un dato más. El empujón mediático al caso se dio con la convalecencia del Rey, es decir, cuando el Príncipe se sintió más fuerte.
A pesar de su comentario sigo creyendo por los instrumentos que utilizo en mi análisis que el caso ha sido un golpe de mano palaciego precisamente para prestigiar a la institución.

Hipótesis poco plausible , don Jorge (comentario 8). Pese a que el titular de este blog ha quebrantado gravemente mi creencia en las instituciones, incluso de aquellas de las que soy próximo, le he de decir que no pasa el rango de elucubración conspiranoica la hipótesis de que el Príncipe ha mandado a Pepe Castro y a los Fiscales Anticorrupción a meter el cuerno a su cuñado por el hecho de poner el dinero fuera de España, poniendo en serio riesgo de paso a la institución a cuya jefatura aspira. Que a algunos se le haya tolerado tal comportamiento entra en el ser natural de las cosas, que para eso son inviolables, sobre todo cuando hay otros que pechan por tí (razón, el Manco, ya difunto), pero que se consienta a los que emparentan con la prole es harina de otro costal. Ciertamente, en materia de independencia judicial, no somos Suecia o Inglaterra, pero tampoco somos Ecuador, Cuba, Venezuela o Corea del Norte. Saludos

Magnífico articulo, pero quizás debamos preguntarnos por "garganta profunda".
Desde la teoría económica aventuro una hipótesis en http://elunicoparaisoeselfiscal.blogspot.com/2012/03/urdangarin-contra-su-cunado.html

Estimados contertulios, y especialmente Sr. Yoldi. Aquí estoy, para hacerme notar. Aunque no tengo mucho que añadir a lo ya dicho. Siempre acaban beneficiando al más caradura o sinvergüenza... Pero en alguna rara ocasión sirven para algo. Como no hay discrepancia, hoy todos somos más "coleguitas" que en otras ocasiones!!
Un saludo a todos.

"juicio oral", "restringir". Y eso que he dado al preview. Cada vez estoy más topo.

Estimada doña Inma: el juzgador, si de verdad lo es (es decir, si preside sesiones de un jucio oral), no puede potestativamente retringir la publicidad de los debates, bajo pena de nulidad (cfr 680 lecr), salvo las excepciones que en mismo artículo se establecen, entre las que no se encuentran aliviar a los procesados la pena de banquillo. En fase instructora es distinto , pues se aplica el 301 lecr (la causa es secreta para los que no sean partes, sin perjuicio de que el juez pueda declarar que además es secreta para estas excepto para el Fiscal,para quien nunca lo es, cfr. 302), lo cual no evitará que, si lleva a documentarse en soporte apto para la grabación el mencionado careo, este se filtre inmediatamente a los medios por alguna de las partes al recibir copia del CD , como habitualmente sucede; cosas como esta, que enfangan tanto la imagen de la Justicia, es lo que desean malvados como el ocioso, disipado y feliz señor Yoldi. Saludos, efectivamente muy envidiosos, para él, y otros para vd, que sí pertenece a la clase trabajadora.

Buenos días tenga uds.
El careo es una figura jurídica poco o nada efectiva, el juez, en contados casos, puede aclararse al respecto de la contradicción de los imputados, testigos o demás fauna. En el caso de Urdangarín se está haciendo un ejercicio ¿prudente trato al duque?...Es potestad del juzgador permitir que la vista sea o no publica, en el caso de los personajes públicos que se hagan careos a puerta cerrada sería la mejor opción, no se sentirían coaccionados por el "escarnio" publico y, en caso de haber dudas, juez, fiscal y abogados pueden hacerse una idea de las contradicciones en que incurren los careados.
Saludos.

Perdón, perdón, que había leído mal. Ya veo que hoy me deja indemne. Ni yo critiqué el careo del juicio por el crimen de Marta del Castillo, ni tengo nada que ver en la pertinaz falta de honorabilidad de nuestros antepasados, ya que no se me puede aplicar la retroactividad en ese caso. De todas formas, debe ser el subconsciente, porque si que se le aprecia un cierto aire al estilo de Marchena en la opus cit. Afable abrazo solidario en su pestoso día de trabajo. Se le aprecia, señor García.

Es increíble señor García, jajaja. Hasta cuando me elogia me sacude. ¿Puede ser que haya cogido el estilo de Marchena en el auto de archivo del caso de los dineros de Nueva York de Garzón? jajaja Así me gusta, sin desfallecer para que el enemigo no se ablande. Es usted grande, señor García. Echo de menos a Don Alfonso, que también me suele repartir a modo.
Por cierto, me voy a pasear a la Pedriza a que me dé el aire de la sierra, a oler la hierba, a ver descender el proceloso Manzanares (jajaja) y a zamparme una tortilla de chorizo tras el saludable ejercicio. Esta tarde leeré un ratito tras la siesta molona. Espero que se muera de envidia, que ayer me tocó currar como un jabato. Saludos campestres.

Estimado maestro Mastropiero:estupendo artículo el suyo,se nota que hoy abandonó el violón, cogió el violín y puso su virtuosa mano sobre el mismo. No obstante, he de señalarle que no debían ser nuestros antepasados tan honorables cuando el ya añejo primer párrafo del 455 Lecr señala "no se practicarán careos sino cuando no fuere conocido otro modo de comprobar la existencia del delito o la culpabilidad del delincuente" (por ley del año 99 se introdujo otro párrafo para salvaguardar la indemnidad de los menores de edad). Es muy feo que una sala de justicia o el despacho de un juez de instrucción se convierta en un remedo de plató televisivo, pese a la pasmosa inclinación que tienen hasta los periodistas serios por la casquería (véanse las críticas al Tribunal de Marta del Castillo por no permitir más allá de cinco minutos el careo entre dos procesados por dicho crimen, careo ridículo y obviamente improductivo). Afinados saludos.

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Sobre el autor

(Donostia-San Sebastián, 1954)
es periodista licenciado en la Universidad
de Navarra. Lleva en El País desde 1983, donde ha
sido corresponsal de Interior y miembro del equipo de
Investigación. Como redactor jurídico ha cubierto casi todos los
juicios importantes que ha habido en España, desde el 23-F, el
síndrome tóxico o el crimen de los Urquijo hasta los atentados del 11-M.

Sobre el blog

Este blog es un lugar de encuentro sobre temas jurídicos, pero no es para todo el mundo. Es muy recomendable tener mucho sentido común y ganas de sonreír, ya que el humor es síntoma de inteligencia. La única norma es el respeto a los demás. Si usted prefiere insultar es muy libre, pero le agradecería que no se molestase en seguir leyendo, yo también preferiría estar en la playa.
El blog se alimentará también -o principalmente- con la serie de artículos que bajo el título “El último recurso” se publican los lunes en El País

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El último recurso El último recurso. Los artículos que forman parte de este compendio fueron publicados en EL PAÍS bajo el epígrafe El último recurso durante los años 2010 y 2011. Todos ellos fueron escritos durante esas horas de la noche en la que todo parece estar parado y en silencio. Mi objetivo era centrar el foco o aportar un punto de vista particular hacia algunas noticias que me parecía que merecían mayor atención que la que se les había prestado. La otra finalidad, no menor, era que el lector se lo pasara bien y que, a ser posible, esbozara una sonrisa. Y ello, aunque el tema a tratar fuera tan tremendo como la rebaja de cinco años en la condena de un tipo que dejó a su mujer parapléjica a golpes.

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