21 jun 2012

El presidente que nunca debió ser nombrado

Por: José Yoldi

Apertura año judicial 20111
Apertura del año judicial de 2011. De izquierda a derecha: Juan Antonio Xiol, presidente de la Sala Civil; Francisco Caamaño, entonces ministro de Justicia; Carlos Dívar, presidente del Supremo y del Poder Judicial; Cándido Cónde-Pumpido, entonces fiscal general del Estado, y Juan Saavedra, presidente de la Sala Penal.

El primer presidente del Tribunal Supremo que en 200 años se ha visto obligado a dimitir nunca debió ser nombrado. Fue uno de los mayores errores de José Luis Rodríguez Zapatero, que, en un alarde de consenso, pactó con Rajoy la designación de Carlos Dívar, un tipo conservador, con un sentido religioso casi mesiánico, sin ninguna talla jurídica ni política, que fue recibido con las mismas dosis de sorpresa y chirigota en el Tribunal Supremo y que en el Consejo del Poder Judicial siempre votó en contra de los intereses de los socialistas. Como se ve, todo un acierto.

Porque toda la judicatura sabía en 2008 quién era Dívar, que por aquellas fechas presidía la Audiencia Nacional. Tanto es así que cuando se hizo público su nombramiento en el Supremo se recibió con rechifla. Varios magistrados comparaban la designación de Dívar, que no era uno de los suyos porque no tenía la primera categoría de la magistratura, con la Cirilo Cánovas, ministro de Agricultura en el octavo Gobierno de Franco, y recordaban la anécdota del telegrama -“Te juro por la memoria de mamá que a Cirilo lo han hecho ministro”- con el que el 25 de febrero de 1957 el estupefacto hermano del nuevo ministro notificaba a su hermana lo que consideraba un notorio disparate.

La sorpresa fue general en toda la carrera judicial, porque hasta entonces, todos los que habían ocupado el cargo habían sido o magistrados del alto tribunal o catedráticos de universidad de reconocido prestigio. Sin embargo, Dívar no parecía reunir las teóricas características que debe tener un presidente del Supremo. Nunca ha puesto una sentencia, ni ha formado parte de ningún tribunal colegiado. Tampoco tiene la categoría de Magistrado del Tribunal Supremo, circunstancias teóricamente importantes. Tampoco se le conocen artículos o publicaciones por los que haya destacado en el campo del Derecho. Eso sí, con esos condicionantes fue presidente de la Audiencia Nacional durante siete años y, anteriormente, durante otros 21, luchó contra el terrorismo, el narcotráfico y el crimen organizado como juez central en el citado órgano.

Malagueño, de 70 años, soltero y próximo al Opus Dei, estudió Derecho en Deusto y Valladolid y ejerció como juez en Castuera (Badajoz) y Orgaz (Toledo) antes de llegar a la Audiencia Nacional. No pertenece a ninguna asociación judicial, aunque sus profundas convicciones religiosas y su pensamiento cristiano más tradicional le sitúan ideológicamente próximo a los postulados del PP.

Sin embargo, Dívar supo venderse con éxito. Disciplinado y respetuoso con el poder, hizo gala de sentido institucional. Tanto es así que informaba por igual de lo que ocurría en la Audiencia a los ministros del Interior del PP y del PSOE, y tenía buenas relaciones con representantes de todas las opciones políticas democráticas, a los que invariablemente aseguraba que rezaba por ellos, lo mismo que también repetía a otros magistrados, fiscales, funcionarios o periodistas.

Su trato es extremadamente afable y melifluo, por lo que se pensó que podía generar consensos desde su nuevo puesto, lo que evidentemente en los más de tres años que ha presidido el Consejo del Poder Judicial no se ha producido.

Dívar vive de forma exacerbada la religión y, además de peregrinar regularmente a Palestina, en estos tres años de mandato ha visitado varios santuarios marianos, como Fátima y Lourdes, y ha hecho ejercicios espirituales en Roma. Precisamente a la virgen de Fátima, y no a la casualidad o a la suerte, atribuye que su conductor eligiera un itinerario distinto para ir desde su domicilio a la Audiencia Nacional, cuando un 13 de mayo ETA preparó un atentado contra él en el recorrido que solía hacer habitualmente.

Ha dado conferencias acerca del “testimonio cristiano en la vida pública” en el Arzobispado de Madrid y en la página web de la Hermandad del Valle de los Caídos puede todavía encontrarse un escrito suyo titulado “Justicia y Juan Pablo II”, en el que tras reflejar su coincidencia de pensamiento con el del anterior Papa sobre temas como la justicia divina, los derechos de Dios, la independencia judicial, los nacionalismos, la dignidad del ser humano, los emigrantes y refugiados, el matrimonio, la familia y el aborto, concluye: “Sólo en amar a Cristo y hacerle amar, en una vida coherente y cabal, se encuentra la única y verdadera Justicia”.

Dívar ha gozado de una vida divina y suele huir de los problemas como del mismísimo diablo, pero de lo que no ha podido huir es de la justificación de esos 32 viajes de fines de semana caribeños disfrutados en los tres años de presidencia del Consejo y que ha cargado en su mayoría a los presupuestos de la institución. Nadie se cree que haya ido 20 veces a Puerto Banús por motivos oficiales, y las coartadas ofrecidas sobre los otros 12 viajes de fin de semana de cuatro días a Galicia, Barcelona, Mallorca o Cantabria se han desmoronado como azucarillos en agua. Incluso el ex presidente Miguel Ángel Revilla afeó su conducta al señalar que nunca le invitó, en contra de lo que había dicho Dívar, y que fue este quien pidió entradas gratis para visitar la cueva de El Soplao.

Ahora se ha convertido en el primer presidente del Supremo y del Poder Judicial obligado a dimitir por indignidad. Nunca debió ser nombrado.

Hay 7 Comentarios

joer, siempre se dice cuando la cosa sucede... y por qué no antes...? todos ahora hablan del caído en desgrazia pero podían haber actuado a tiempo, por qué esperan cuando se le caen las bragas? si perdón por la zafiedad de la expresión pero a veces conviene soltar eso de pedocacaculopis pa impactar; todos sabían lo de untagarín hasta en mi pueblo se cmtb, todos sabían lo de la can, cam los grandes financieros tan listosss, todos sabian...

Enhorabuena, muy buen articulo Sr. Yoldi.

Ah!, y gracias señor Burjasotte por volver por estos lares. Le echábamos de menos.

Gracias a todos. Parece que no se indicó que este perfil de Carlos Dívar es una actualización de otro que hice en 2008 cuando este fue nombrado como presidente del Supremo y del Poder Judicial y que se tituló "Un cordero entre los lobos". Queda dicho. Saludos Cordiales

Un error que ambos partidos deben reconocer, pero que no justifica la acción ilegal y amoral de este supuesto creyente confeso. Hay que serlo, no solo parecerlo, despedido Dívar.

http://casaquerida.com/2012/06/20/si-volvieran-los-quijotes/

¡Plas,plas,plas!
No sé por qué, al ver las diferentes noticias relacionadas con el asunto del CGPJ me he acordado de la película Seven, debe ser..., según escribo me ha venido a la mente El nombre de la rosa, que el diablo anda suelto.
Saludos

Sr. Yoldi: Le dije hace bastante tiempo que no participaría más con/entre sus ilustres contertulios porque lo mío no es polemizar. Por una vez, quebraré mi promesa. Confío mereceré no ser condenado. Desde ahora, solicito tenga en cuenta todas las atenuantes y eximentes. Me aparto de consideraciones personales del dimitido expresidente del TS y del CGPJ y le sugiero haga hincapié en las pintorescas declaraciones de los portavoces de los partidos políticos, todos sin excepción, sobre la decisión adoptada por el viajero caribeño a costa del erario público. Y ya puestos, en el desparpajo de Gallardón justificando su dije y el digo. Sería perdirle mucho a éste último que por un mínimo de coherencia y congruencia también presentara su dimisión? En cuanto a las posturas manifestadas por los indicados portavoces no cree usted que son dignas de atención? A mí me provocan inevitables sonrisas. Juegan a ser originales y obtienen dispares resultados y réditos políticos. Sinceramente, no creo que a estas alturas lo consigan por muy "alegre" que sea el juego. Sigue en pie mi invitación para que, al menos por una vez, se introduzca briosamente en el estudio de ese cruzadillo de propósitos -es un decir- de nuestros egregios representantes políticos.Reciba mí más cordial saludo.

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Sobre el autor

(Donostia-San Sebastián, 1954)
es periodista licenciado en la Universidad
de Navarra. Lleva en El País desde 1983, donde ha
sido corresponsal de Interior y miembro del equipo de
Investigación. Como redactor jurídico ha cubierto casi todos los
juicios importantes que ha habido en España, desde el 23-F, el
síndrome tóxico o el crimen de los Urquijo hasta los atentados del 11-M.

Sobre el blog

Este blog es un lugar de encuentro sobre temas jurídicos, pero no es para todo el mundo. Es muy recomendable tener mucho sentido común y ganas de sonreír, ya que el humor es síntoma de inteligencia. La única norma es el respeto a los demás. Si usted prefiere insultar es muy libre, pero le agradecería que no se molestase en seguir leyendo, yo también preferiría estar en la playa.
El blog se alimentará también -o principalmente- con la serie de artículos que bajo el título “El último recurso” se publican los lunes en El País

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El último recurso El último recurso. Los artículos que forman parte de este compendio fueron publicados en EL PAÍS bajo el epígrafe El último recurso durante los años 2010 y 2011. Todos ellos fueron escritos durante esas horas de la noche en la que todo parece estar parado y en silencio. Mi objetivo era centrar el foco o aportar un punto de vista particular hacia algunas noticias que me parecía que merecían mayor atención que la que se les había prestado. La otra finalidad, no menor, era que el lector se lo pasara bien y que, a ser posible, esbozara una sonrisa. Y ello, aunque el tema a tratar fuera tan tremendo como la rebaja de cinco años en la condena de un tipo que dejó a su mujer parapléjica a golpes.

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