Diario de un ex olímpico

Sobre el blog

El Palomero hace mudanza durante 17 días y abre espacio dedicado a los Juegos. Y es que unos Juegos dan para mucho. O al menos lo suficiente como para un diario "palomérico" sin más pretensiones que pasar revista a lo importante, secundario, anecdótico y también al más puro y duro chismorreo. Ah, y alguna batallita del abuelo.

Sobre el autor

Juanma Iturriaga

es muchas cosas en una, pero de lo que más orgulloso se muestra siempre es de haber sido olímpico en dos ocasiones. También le gusta recordar que en su segunda participación, en Los Angeles 84, se trajo para España una medalla de plata, que en aquella época fue algo histórico. Fue tal el exitazo que ha llegado hasta ahora viviendo de ella y contando que secó a Michael Jordan y que Jack Nicholson le invitó a su casa después de verle jugar, lo que nunca se ha confirmado al 100%. Le gustan todos los deportes olímpicos, Pentatlón moderno incluido.

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Día 15. De aniversario

Por: | 10 de agosto de 2012

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A lo largo de este diario he intentado tener controlado al Abuelo Cebolleta. Para aquellos más jóvenes, este encantador anciano era un personaje creado por el inigualable Vázquez, patriarca de la familia Cebolleta, y que en cuanto te descuidabas te clavaba una de sus historias, todas ocurridas hace muchos, muchos años. Alguna batallita se me ha escapado, pero pocas. Ahora bien, hay veces que no puedes escapar a tu destino. O al calendario. Y este dice que cada 10 de Agosto, o sea, en días como hoy, que diría Juan Ramón Lucas (y ya no volverá a decir, eso le pasa por hacer un buen programa y multiplicar audiencia, a quién se le ocurre) se cumple aniversario de la medalla de plata de los Juegos de Los Ángeles 84.  No siempre es notorio, pero es imposible escapar a su influjo cuando cumple quinquenio o en año de Juegos. 

Como es fácil de imaginar pasados ya veintiocho años de aquello y con tanta celebración por medio, me resulta complicado contar algo que no haya contado nunca. Me encantaría, pero entre las veces que se nos ha solicitado que lo recordásemos y que veintiocho años no pasan sin que la memoria vaya tirando a la basura partes de lo acontecido, es tarea hercúlea. También suele pasar con un hecho acaecido hace casi tres décadas, algunas cosas de las que ocurrieron se han ido transformando en cosas que NO ocurrieron. Como eso que suelen decir mi ex compañeros de que a Jordan no le vi hasta la entrega de medallas. Si os fijáis en la foto que hay en la parte superior derecha de esta página, veréis un momento del partido en el que Jordan no sabe qué hacer conmigo. Ante mi juego malabar con la pelota, Michael está desconcertado. No sabe si la pasaré, si me daré la vuelta y se la tiraré en su cara, o si con un finta a un lado y saliendo por el otro, le dejaré atrás y lograré otra canasta. Todo lo contrario que le pasó a Epi, que por muy súper que fuese, mirar en esta foto como las pasó siguiendo al de la lengua fuera

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Este desconcierto dolió mucho a Jordan y me la guardó durante muchos años. A mediados de los noventa y cuando iba acumulando anillos, vino a Barcelona a jugar un partido de exhibición. Aprovechando su estancia, el País consiguió una entrevista y me mandó para allá. Al entrar en la habitación del hotel y a modo de presentación rompehielos, le dije eso tan original de “no te acordarás de mí, pero yo jugué contra ti en la final de Los Ángeles”. Estoy seguro que no se había olvidado de mí, unos de los primeros jugadores que le trajo por la calle de la amargura, pero el muy rencoroso hizo como que no sabía quien era. Mentirosooooo. 

Son unas cuantas las leyendas que corren sobre aquel día. Otra clásica es la que dice que Fernando Romay, afamado bailarín y hombre clave para muchos de los éxitos de aquella generación, se acercó a Patrick Ewing antes del salto inicial. Miró a aquel armario con brazos eternos y mirada fiera y le preguntó: “¿Os rendís?. Al parecer Ewing le dijo que no, a lo cual respondió Fernando: “Pues nosotros sí” y se marchó. Yo no puedo ni confirmar ni desmentir la historia, pues no estaba cerca, ya que Antonio decidió aquel día que fuese el Matraco Margall el que acompañaría a Corbi, Epi y los dos Fernandos en el quinteto titular, lo que me hizo gran ilusión como es fácil de imaginar. 

No sólo hay historias sin confirmar, sino también recuerdos de los que en un determinado momento comienzas a dudar. Por ejemplo lo de los telegramas. La parte contrastada es que antes de la final, y cuando nos estábamos cambiando y preparándonos para salir, nos trajeron un saco de telegramas que habían llegado después de la victoria en semifinales ante Yugoslavia, que nos daba ya la plata. Era un saco de verdad, 5.000 decía que habían llegado. Tentación irresistible, cogimos algunos para leerlos. Y aquí viene la parte de la no sé si es un recuerdo o una alucinación. En un momento dado apareció uno de ¡Mónica Randall!. Sí, sí, de Mónica Randall, actriz, presentadora y de muy, pero que de muy buen ver que se decía antes. Como es lógico, el telegrama fue celebrado y comentado con esa elegancia clásica de vestuario de machotes con exceso de testosterona. ¿Cierto o soñado? Pues no lo sé pero tampoco hay que preocuparse mucho por la realidad o no de ciertas historias. Llegados a este punto, veintiocho años después, lo importante, como dijo Federico Fellini, es que sean buenas historias. Como una que suelo contar de la fiesta a la que nos invitó Jack Nicholson donde iban a estar Diane Keaton, Katheleen Turner y Bianca Jagger y a la que no pudimos asistir porque teníamos partido al día siguiente. Y es que éramos unos profesionales como la copa de un pino. 

Tuvo mucho mérito aquella plata. Pillar metal cuando pocos días antes de empezar a competir nos invitaron al primer concierto de Julio Iglesias en Estados Unidos no es fácil. Sí, sí, allí fuimos, a ver al “Gran Hey” requeridos por Toncho Nava, ex jugador del Madrid y amigo de Julio. Recuerdo que había mucha mujer que se sabían todas las canciones y que gritaban muy alto, pero lo que más me impactó fue el encontrarme con Vahitiare, una novia de Churches y habitual del Hola, en la copa posterior al concierto. Si ya de por sí no anda sobrada de centímetros, a nuestro lado parecía no levantar un palmo del suelo. Ah, y me entrevistaron para la NBC, ABC o CBS, una de las tres. Preguntaron quien podía hablar en ingles y nos presentaron “voluntarios” a Juan Corbalán y a mí. Juan, que fue primero, contó todo lo que yo tenía pensado contar, por lo que me tuve que ir por los cerros de Úbeda en mis contestaciones para no repetirnos. Eso sí, por cortesía hable de Julius como personaje legendario de nuestro país, gran profesional y mejor persona y del que, por supuesto, tenía todos sus discos. 

 

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Total, que entre conciertos, alguna que otra celebración anticipada y mucho glamour, hace 28 años una banda de deportistas vestidos con pantalones demasiado ajustados para la buena salud de nuestros espermatozoides y camisetas que te dejaban los pezones en carne viva, fuimos capaces de llegar a una final olímpica donde por no estropear la fiesta a los estadounidenses, terminamos en la segunda altura del pódium. Todo un momentazo del que alguno, y no voy a dar nombres, lleva sacando provecho desde entonces. 28 años después quiero decir a Antonio, al Pitu Lluís, a Manolo Padilla, Cristóbal, al Romano y por supuesto a Corbi, Iñaki Solozábal, Llorente, Matraco, al Abuelo Arcega, SuperEpi, Beirán, Martín, Romay, Jiménez y Lagarto De La Cruz, que fue todo un placer. Sé que sin mí no lo hubieseis conseguido, pero eso no quita mérito a lo que hicisteis vosotros. Aprovecho para mandaros una abrazo, a los que estáis y a los que desgraciadamente no lo pueden volver a celebrar con nosotros. Que sepáis que a pesar de lo difícil que fue convivir con vosotros durante los cuatro meses de preparación y de lo poco que sacasteis la cartera alguno para pagar unas cañas, os sigo queriendo. 



 

 

 

 

 

 

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