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04 marzo, 2007 - 18:46

Reuniones provechosas

Tráfico increíblemente intenso. Me llevó 55 minutos llegar a la Biblioteca Nacional. Los controles de seguridad aumentan a diario. Los soldados y los oficiales de policía registran a coches y pasajeros por igual. Muchos de estos controles están en lugares inoportunos. ¡A veces paran y registran un coche en varios controles a lo largo de la misma carretera! La gente todavía no se queja. Pero estoy bastante seguro de que expresarán su enojo, ya que sus movimientos se están restringiendo día a día. Nuestros guardias nacionales y policías deben reconsiderar la distribución de sus controles de seguridad analizando el mapa de carreteras de Bagdad. La gente está perdiendo horas muy valiosas en el tráfico.Resulta muy difícil para muchos funcionarios civiles, estudiantes universitarios y profesores acudir a sus trabajos. La interrupción de nuestra vida diaria es el principal objetivo de los terroristas y de las bandas armadas, que continúan con su campaña de terror para destruir todo tipo de normalidad en la vida de las personas. Lamentablemente, las acciones precipitadas de los guardias nacionales y de la policía, que causan caos y confusión a diario, juegan a favor de quienes están al margen de la ley.

La corrupción generalizada ha estado socavando mis esfuerzos para modernizar la Biblioteca Nacional desde mi nombramiento en diciembre de 2003. Me he visto forzado a poner en marcha mis ideas a espaldas de quienes están por encima de mí. Si no hubiese recurrido a métodos y tácticas atípicas hubiese sido imposible reconstruir la Biblioteca Nacional. Tengo suerte de tener muy buenos amigos en muchos países, incluidos Italia, la república Checa, Gran Bretaña, Estados Unidos y Holanda. Estos amigos trabajaron muy duro para ayudarme a reabrir todos los departamentos de la Biblioteca y el Archivo. Desde el extranjero nos han enviado publicaciones, laboratorios de restauración y de micrografia, computadoras, impresoras, sistemas de Internet, muebles y muchas otras cosas. Mi personal y yo nunca olvidaremos a esas personas que han permanecido junto a nosotros. A los iraquíes nos resulta muy triste ver que países a los que ayudamos en el pasado, especialmente árabes, ni siquiera nos han contactado. La destrucción de la Biblioteca Nacional es una lección para nosotros, aunque sea muy dura.

A las 9.10 me reuní con el jefe del departamento de Contabilidad. Para resolver el problema del transporte, he propuesto sustituir los vehículos actuales por unos más grandes. Esto nos ayudaría a reducir considerablemente el coste del servicio de transporte. Creo que es una buena idea, así que le pedí que contacte a los contratistas de inmediato y que me informe tan pronto sepa algo.

A las 10.00 me reuní con la señorita Th., que es la jefa de Tecnologías de la Información y de la Biblioteca de la Escuela de Administración. La escuela está a tan sólo 500 metros de nuestro edificio. La señorita Th., que llegó sin cita previa, me preguntó si participaríamos en la feria del libro de su escuela, que se celebrará el 22 de marzo. Le dije que sí, y le pregunté si su biblioteca recibe alguna de nuestras publicaciones. Dijo que no. Le sorprendió saber que nos las arreglamos para publicar todos los números de la Bibliografía Nacional, ya que hubo un hueco enorme entre 1997 y 2003. Pedí a algunos de los bibliotecarios del departamento de Intercambio y Adquisiciones que se sumaran a la reunión. Al final, acordamos enviar a la escuela copias de todas nuestras publicaciones y parte de nuestro excedente de libros y revistas. También accedimos a participar en la feria, en donde expondremos algunos de nuestros libros raros, que pudimos recuperar después del saqueo de abril de 2003.

Me reuní con el señor F., que se fue con su familia a un país vecino en noviembre de 2006 después de recibir una amenaza de muerte. Su casa fue saqueada y confiscada por una de las milicias. Su familia permanece lejos, pero él regresó solo. Me alegró muchísimo verle; es un gran activo de mi oficina. Sadam ejecutó a su padre a finales de la década de los 60. Hablamos durante varios minutos de los cambios que tuvieron lugar durante su ausencia. Le he propuesto encabezar el departamento de Relaciones Públicas, que necesita a alguien que lo revitalice. En principio, ha dicho que sí. Acordamos reunirnos mañana para redefinir las actividades y tareas del departamento de Relaciones Públicas.

Nuestros empleados más jóvenes han empezado a trasladar ejemplares excedentes de nuestras colecciones a los sótanos del edificio, en donde serán almacenados hasta que se distribuyan entre bibliotecas académicas y locales de Bagdad y el resto del país. Después de ser nombrado, me fijé en que la Biblioteca Nacional tiene varias copias del mismo libro. En algunos casos ¡hasta diez! Propuse que nos quedáramos con sólo tres copias de cada libro (las mejores, por supuesto) y retirar el resto de los estantes de la biblioteca. Para hacerlo, necesitaba permiso del anterior ministro de Cultura. El nuevo ministro ordenó la creación de un comité para distribuir los excedentes. No me gustó la propuesta, porque sé que los ejemplares se entregarían a las personas erróneas. Así que aparqué la idea de distribuir los excedentes y estoy esperando el momento correcto para implementar mi idea.

Un periodista del Washington Post me llamó para ver si puedo reunirme con él mañana. Le dije que puede venir entre las 9.00 y 9.30.

Antes de dejar la oficina leí un artículo sobre la Biblioteca Nacional publicado en The Guardian el 28 de febrero. El autor fue generoso al alabar nuestros esfuerzos por mantener la Biblioteca Nacional abierta a nuestros lectores.

He recibido un correo electrónico importante de un miembro de la Biblioteca del Congreso de EE UU (LC). Me piden que firme un memorando que establece los principios de cooperación entre la Biblioteca del Congreso de EE UU y la Biblioteca y Archivos Nacionales de Irak. Podremos acceder a su World Digital Library. Los funcionarios de la LC, con quienes me reuní el año pasado, acceden amablemente a aportar el material necesario y a formar a algunos de nuestros empleados. Valoro especialmente este proyecto, ya que muy pocos países del Tercer Mundo han podido acceder a las bibliotecas digitales.

Por la noche leí los periódicos nacionales. En la segunda página del diario al-Mutamar me encontré un pequeño comunicado que hice hace unos días, en el que demandaba al gobierno que separase a la Biblioteca Nacional del Ministerio de Cultura y la ligase directamente al consejo de ministros o a la presidencia. También pedía que se le diesen al director de la Biblioteca Nacional amplias responsabilidades financieras y administrativas, de modo que pueda llevar a cabo una serie de cambios fundamentales en las áreas de organización, normativa y personal. Sé que mi comunicado disgustará a unas cuantas personas. Sueño con conseguir que la Biblioteca Nacional sea independiente del ministerio de Cultura. Nuestra dependencia de ese ministerio es la principal razón por la que no podemos avanzar tan rápido como quisiera. No puedo nombrar ningún bibliotecario o documentalista sin tener primero la autorización del ministro, y esto ha resultado difícil de obtener en muchas ocasiones. De hecho, en noviembre del año pasado escribí una carta al ministro pidiendo su aprobación para el nombramiento de nueve jóvenes licenciados que necesitaba para cubrir ciertos huecos en algunos departamentos, como administración, informática y catalogación. El ministro se negó a dar su aprobación. Le envié otra carta hace dos semanas, insistiendo en que mi institución necesita sangre nueva para poder progresar de verdad. Pero se niega a contestar. Este es sólo uno de los muchos problemas que afronto. El primer ministro ha dicho a los medios que sustituirá a unos cuantos de sus ministros. No tengo más remedio que esperar y ver.

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