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14 junio, 2007 - 19:35

Toque de queda

Seguimos con el toque de queda. Las calles continúan vacías. La gente permanece en sus casas. He tenido algo de tiempo para leer y escribir. Tras el nacimiento de Hana no he podido leer o escribir en casa. Mi mujer y yo estamos empezando a acostumbrarnos a cuidar de los dos niños. Es una tarea difícil, dada la escasez de electricidad, de agua y de petróleo, y con las altas temperaturas de nuestro largo verano. Mi hermana y mi suegra están haciendo todo lo que pueden para ayudarnos.

A las 14.00 lanzaron ataques con mortero desde nuestro barrio. No sabemos quien estaba detrás o qué zona era el objetivo del ataque. Por la noche, helicópteros apache de EE UU sobrevolaron la zona, como siempre, a muy baja altura.

Según el informe de seguridad de la Biblioteca Nacional, la situación era tensa en Bab al-Mudham. Pero no hubo combates o bombardeos.

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Las presiones de EEUU para la aprobación de la ley del petróleo, primero por el gobierno y luego por el Parlamento, son muy fuertes.

Sobre el terreno los operativos militares de los ocupantes, las incursiones de limpieza sectaria de las milicias confesionales shiíes en Bagdad y su periferia sur —retroalimentadas sin duda por los ataques masivos indiscriminados atribuidos a Al-Qaeda—, y los enfrentamientos entre milicias y cuerpos de seguridad shiíes prefiguran una ruptura territorial del país que algunas instancias internacionales plantean como “la única alternativa” para Iraq. Tras ello, está la gestión por nuevas oligarquías locales del petróleo iraquí con fuerte implicación de las compañías petrolíferas internacionales y, más allá de esto, quizás la única salida que les queda a EEUU y Reino Unido, incapaces de controlar militarmente Iraq.

Además del universo lo único inmenso a la vista es la estupidez humana.

El New York Times pide hoy en su editorial que "Es tiempo de que Estados Unidos deje Irak, sin más demora que la necesaria para que el Pentágono organice una salida de forma ordenada". Ademas dice haber esperado "una señal de que el presidente Bush trataba seriamente de sacar a Estados Unidos del desastre que creó al invadir Irak sin suficientes motivos, enfrentando oposición global y sin un plan para estabilizar el país luego de eso. Bush no tiene ni la visión ni los medios para hacerlo".

"Sacrificar vidas y a los miembros de los soldados estadounidenses está mal. La guerra está socavando la fortaleza de las alianzas nacionales y las fuerzas militares".

Fue precisamente el New York Times, el medio de prensa escrita más influente en Estados Unidos, el que sistemáticamente intoxicó a la opinión pública con aseveraciones infundadas sobre la existencia de armas de destrucción masiva en el Irak de Saddam Hussein, y uno de los promotores directos de la guerra de invasión que hoy es un desastre de proporciones incalculables.

La invasión a Irak desencadenó lo que podría ser el mayor boom petrolero en la historia. Todas las señales están ahí: multinacionales con libertad para tragarse a voluntad empresas nacionales, llevarse ganancias ilimitadas a casa, disfrutar de placenteras "vacaciones fiscales" y pagar un risible uno por ciento de regalías al gobierno.

Este no es el boom en Irak iniciado por la nueva propuesta de ley petrolera. Eso vendrá después. Este boom ya está en pleno apogeo, y ocurre tan lejos de las matanzas en Bagdad como se puede llegar a estar: en las remotas tierras del norte de Alberta. En los pasados cuatro años, Alberta e Irak han estado conectados entre sí a través de una especie de subibaja invisible: mientras Bagdad arde, desestabilizando la región entera y haciendo que los precios del petróleo se eleven, Calgary prospera.

Así es como el caos en Irak desató lo que The Financial Times recientemente llamó "el boom de recursos más grande de Norteamérica desde la fiebre de oro de Klondike". Los habitantes de Alberta siempre han sabido que en la zona norte de su provincia hay vastos depósitos de betún (sustancia viscosa negra parecida al alquitrán, que se mezcla con arena, arcilla, agua y petróleo). Hay aproximadamente 2.5 billones de barriles de esa sustancia, los depósitos más grandes de hidrocarburos en el mundo.

Una cuarta parte de todos los soldados y marines que regresan de Irak padecen heridas psicológicas, según un informe reciente de la Asociación Americana de Psicología. Un estudio del ejercitó arrojó que el 20 por ciento de los soldados en Irak dieron positivo en ansiedad, depresión y estrés agudo.

Guerra, tortura y terror: el rol de la psicología. Michael Gelles fue uno de esos miembros del grupo de trabajo de la APA que estuvo en el panel de trabajo. Defendió la posición de la participación de psicólogos en interrogatorios militares. Después, una serie de psicólogos lo cuestionó seriamente desde el público.
El argumento de gente como Gelles es que si hay un psicólogo en la sala o cerca de la sala en la que tiene lugar un interrogatorio, permite que el psicólogo sea una especie de personal de seguridad. En otras palabras: tengamos por lo menos psicólogos cerca, para que puedan fijar ciertos límites. El reverso de eso, desde luego, es que los psicólogos – como profesionales médicos, saben cómo apretar las clavijas a la gente. Y hay transcripciones de interrogatorios, que incluyen a ese individuo, el vigésimo secuestrador, Kahtani, que muestran a psicólogos en Guantánamo que dicen a los interrogadores cómo pueden aumentar la presión, no actuando como personal de seguridad durante los interrogatorios, sino diciendo esencialmente a los interrogadores cómo ser más compulsivos. Es el punto crucial del problema.

Hay un antes del 11-S y hay un después del 11-S; después del 11-S nos sacamos los guantes.

Traducir esta jerga oficial significa: nosotros los norteamericanos hacemos con el mundo los que nos dá la gana, nuestra misión es asegurar la depredación de las áreas a cargo del comando central de operaciones de la guerra contínua, con especial atención a Sudán, Somalia, Irak, Irán y Agfanistán.

U.S. Central Command conducts operations to attack, disrupt and defeat terrorism, deter and defeat adversaries, deny access to WMD, assure regional access, strengthen regional stability, build the self-reliance of partner nations’ security forces, and protect the vital interests of the United States within the area of responsibility.

Simplemente la ¨coalición¨ -Usa, Gran Bretaña y Australia- desea imponer una privatización de los ingresos petroleros a un Estado iraquí en situación de debilidad y bajo la amenaza de las bayonetas, para luego ordenar a sus tropas replegarse a bases permanentes, siguiendo un «modelo coreano» frecuentemente mencionado en Washington en los últimos tiempos. Pero antes, los parlamentarios iraquíes tienen que decidir el destino de su economía nacional para los próximos 40 años. Alrededor de ellos, para ayudarlos a decidir, se mantienen 120 000 soldados estadounidenses y una cifra similar de mercenarios armados hasta los dientes, listos proclamar el cumplimiento de la segunda misión de la Coalición del Petróleo en Irak.

La primera consistía en revertir, mediante el restablecimiento del dólar como moneda utilizada en las transacciones petroleras, el movimiento que Sadam Husein y Hugo Chávez habían emprendido en el seno de la OPEP, y salvar así la economía estadounidense. La segunda consiste en garantizar, durante 40 años como mínimo y por tanto más allá del pico petrolero, el monopolio de las majors occidentales -BP, Shell, ExxonMobil, Chevron, Total y Eni- sobre el petróleo iraquí y aliviar así el desplazamiento del poder petrolero hacia los países del Medio Oriente.

En la primavera de 2003, mediante la falsificación y la fabricación de «pruebas» por parte de Estados Unidos y sus vasallos –una criminalidad de cuello blanco que quedó impune, situada al más alto nivel político– ayudó a legitimar la invasión de Irak, que fue una violación del derecho internacional. A mi entender se trata de un engaño inicial cometido por personas que dicen representar a las Naciones Unidas e instaurar la democracia cuando en realidad buscan someter a la humanidad o por lo menos participar en ese proceso de sometimiento.

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