« Internet para la Biblioteca | Inicio | Vuelta a casa con el bebé »

07 junio, 2007 - 06:00

Nacimiento de Hanas

Fue un día muy difícil. Mi mujer no podía dormir, porque sentía unos dolores agudos en el abdomen. Por algún motivo desconocido, a mi hijo también le costaba dormir. Yo estuve despierto la mayor parte de la noche. Ni mi mujer ni yo éramos conscientes de la seriedad de su situación. Llegó mi hermana. Tuvo que evitar la carretera principal y caminar un buen trecho entre las casas para poder evitar a los francotiradores, muy activos en su barrio. Rápidamente mi hermana, mi suegra, mi sobrino y su mujer llevaron a mi mujer al hospital.

Mi escolta me llevó en coche a la Biblioteca Nacional, en donde me encontré otro problema. Las altas temperaturas están empezando a afectar gravemente a las cámaras de microfilmado y otros aparatos. El jefe del departamento de Microfilmación me pidió permiso para trasladar el equipo, o de lo contrario ni él ni sus empleados podrán realizar sus tareas diarias. Tras consultar con algunos miembros del personal decidí reubicar varios departamentos y unidades.

Las cámaras de microfilmado serán trasladadas a una de las salas de clasificación y catalogación del archivo, que tiene un buen aire acondicionado. La colección documental en inglés se irá a la sala del departamento de Personal. Este último se trasladará al segundo piso, al aula de formación tecnológica. La sala de conferencias se utilizará temporalmente como aula de formación. Estos cambios son necesarios si queremos seguir filmando nuestras colecciones documentales. A algunos de los empleados no les gustaron los cambios, aunque les expliqué ampliamente las razones.

Una empresa de construcción ha empezado a reparar las partes destruidas de la valla de la Biblioteca Nacional, que por razones de seguridad pasará a ser un metro más alta. La misma empresa arreglará también las ventanas destrozadas. Las obras durarán un mes como mucho.

A las 12.00 me telefoneó mi sobrino para decirme que mi mujer estaba todavía en la cola, esperando a ser operada. La tenían esperando desde las 8.30.

Uno de los guardias vino a mi oficina para decirme que todos los vigilantes de la Biblioteca Nacional han recibido una amenaza directa de muerte de los extremistas suníes que actúan en al-Fadhel. Los extremistas acusan a nuestros vigilantes de ser miembros del ejército de Al Mahdi. Es totalmente falso. Los vigilantes de la Biblioteca Nacional son una mezcla de suníes y chiíes, árabes y kurdos. Nunca han participado en combates. Les he dicho que eviten al-Jamhoriya y al-Fadhel cuando acudan o salgan de la Biblioteca Nacional.

Telefoneé a mi sobrino. Me dijo que mi mujer aún esperaba a ser operada. A las 12.30, después de terminar con todo el papeleo, decidí acudir al hospital. El día era muy caluroso. El aire acondicionado en nuestro coche Daewoo no funcionaba. Estaba sudando copiosamente. Llegué al hospital hacia las 13.15. A mi mujer aún no la habían operado. No pude verla antes de la intervención. Cinco minutos más tarde me dijeron que mi mujer ya estaba dentro de la sala de operaciones. A las 13.35 nació mi segundo hijo. Es una niña.

A las 14.00 llevaron a mi mujer a una habitación privada, en donde mi hermana, mi suegra y yo la esperábamos ansiosamente. Treinta minutos después vino a la habitación la médico de mi mujer. Nos dijo que las vidas de mi mujer y de mi hija estuvieron en verdadero peligro, porque las costuras del primer parto se rompieron. Ambas tuvieron suerte de sobrevivir. Mi mujer se mostró despreocupada, y no se tomó en serio lo que dijo la doctora. Mi hija pesó 4 kilos al nacer. Parece estar sana. Se llamará Hanas. Es un nombre kurdo que significa “alma”.

Amigos y parientes fueron llegando al hospital para ver a mi mujer y a Hanas. Como el viernes habrá toque de queda, tomé algunas medidas para que le dieran el alta a mi mujer antes de las 11.00. El toque de queda durará cuatro horas (de 11.00 a 15.00).

Le pedí a mi sobrino que me comprase un generador nuevo para así poder usarlo cuando mi mujer y mi hija lleguen al piso. El viejo generador ya no funciona. Nos fuimos a casa a las 16.40. Mi mujer, mi hijo, mi hija recién nacida, mi hermana y mi suegra pasaron la noche en el hospital. Pero nadie pudo dormir. Mi mujer no pudo dormir por los dolores, y a mi hijo le costó mucho dormirse sin estar abrazado a uno de sus padres.

En cuanto llegué a casa empezaron a telefonearme amigos y parientes. Me felicitaron por el nacimiento de mi segundo hijo. A medianoche, justo antes de irme a cama, no podía dar crédito a lo que veía: el reflejo de llamas en la puerta de la sala. Por motivos desconocidos, el aire acondicionado había empezado a arder. Apagué el fuego apresuradamente, con el piso lleno de humo. Abrí las puertas y las ventanas rápidamente para deshacerme del desagradable olor y del humo. Tuve suerte de ver el fuego antes de irme a cama, o de lo contrario se habría destruido todo el piso. Afortunadamente los daños fueron pocos. Cuando me fui a dormir estaba exhausto.

Según el informe diario de seguridad de la Biblioteca Nacional, por la noche hubo ligeros intercambios esporádicos de fuego en Bab al-Mudham.

Comentarios

TrackBack

URL del Trackback para esta entrada:
https://www.typepad.com/services/trackback/6a00d8341bfb1653ef00e009845aff8833

Listed below are links to weblogs that reference Nacimiento de Hanas:

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal