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23 julio, 2007 - 18:46

Criticamos a la Guardia Nacional

Según el informe de seguridad de la Biblioteca Nacional, a las 3.30 la calle Haifa fue escenario de un choque armado entre el Ejército y un grupo armado. El combate no duró mucho.

Una bomba explotó justo antes de que nosotros llegásemos a Bab al-Mudham. La escena era caótica. La Guardia Nacional estaba nerviosa e inquieta. Cuando nuestro coche intentó entrar en la calle provisional mi conductor y un agente de tráfico empezaron a discutir. Mientras yo intentaba tranquilizar la situación, los guardias nacionales empezaron a disparar de forma aleatoria y después asaltaron físicamente a dos de mis empleados. Cuando intentaba explicar en vano a los guardias nacionales que sólo se trataba de un malentendido entre dos personas y que no había necesidad de usar sus armas o de abrir fuego, apuntaron sus pistolas hacia mí e incluso empezaron a hacer disparos de corto alcance. Intentaron asustarme y trataron de evitar que ayudase a dos de mis empleados que estaban siendo atacados con saña por guardias poco disciplinados.

Se llevaron esposados a nuestros dos empleados al edificio cercano, en donde ambos fueron torturados por guardias nacionales. Solicité una reunión del Consejo de la Biblioteca Nacional para analizar el ataque hacia mí y nuestros trabajadores. Al final de la reunión acordamos emitir un comunicado en el que condenamos la conducta de la Guardia Nacional y exigimos al ministro de Defensa que abra un comité de investigación y que se disculpe en persona. Aunque nos han advertido que es extremadamente peligroso criticar a la Guardia Nacional en público, decidimos enviar copias del comunicado a todos los periódicos iraquíes. Contactamos con el Ministerio de Cultura para invitar a su portavoz a que emita un comunicado.

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Para esta crisis se sumaron las deudas internas y externas, los créditos fáciles, en especial los destinados a las viviendas crecieron de manera desmesurada, el déficit energético se expandió... hacia finales de 2006 la deuda total estadounidense (pública, empresarial y personal) llegaba a los 48 billones de dólares: más de tres veces el Producto Bruto Interno norteamericano y superior al Producto Bruto Mundial. Las deudas con el exterior trepaban a 10 billones de dólares...la cuerda no podía ser estirada indefinidamente.

En menos de dos semanas, ha vuelto un vocabulario de hace 30 años: problema de credibilidad, búsqueda y destrucción, difícil distinguir al amigo del enemigo, interferencia civil en los asuntos militares, la dominación de la política interior, la victoria, o más a menudo, perder los corazones y las mentes.

Irak es más que un infierno. Más que un escaparate infame de la esquizofrenia mundial. Más que el mapa ensangrentado de la vileza humana. Irak es el altar de los holocaustos en nombre del ajusticiamiento infinito. Si otros siglos practicaron la tortura con negliglencia, este ha depurado nuestra crueldad. Porque allí, si los demonios probaran el amargor de la sangre derramada, enloquecerían de tristeza.

Tres fueron las razones para que los USA y sus aliados se lanzaran en picado sobre esta parte del mundo. Primera: había un vínculo, o si no lo había, alguien se lo inventó, entre Saddam y Al-Qaeda. Así que había que matar al déspota para vengar el 11-S. Segunda: había que liberar al pueblo iraquí de la tiranía. Y tercera: liberando a Irak se ablandaría la resistencia en esa parte del mundo, lo que nos acercaría un acuerdo palestino-israelí. Solo una se ha cumplido. Saddam fue ejecutado como un perro. Así que solo resta encontrar las otras razones. Las ocultas y no nombradas. Ahí va una pista: Freud utilizó un chiste para ilustrar la extraña lógica de los sueños y que el demoledor y provocador filósofo esloveno Slavoj Zizek recoge en su fantástico libro Irak. La tetera prestada. Primero: jamás me prestaste una tetera. Segundo: te la devolví intacta. Tercero: la tetera ya estaba rota cuando me la prestaste. Por supuesto, esta sucesión de argumentos incongruentes confirma per negationen lo que intenta negar: que te devolví una tetera rota. (Zizek) Es decir, se atacó Irak bajo el argumento confirmado de que había armas de destrucción masiva. (Jamás me prestaste una tetera) No las había. (Te la devolví intacta) Pero había que seguir inventando mentiras para cargar de credibilidad la decisión del trío de las Azores. (La tetera ya estaba rota cuando me la prestaste) Y a partir de aquí la aberración.

A estas alturas del conflicto, con más de un millón de muertos despanzurrados en las cunetas, castrados, violados, guillotinados, exiliados, reventados y absolutamente olvidados por la comunidad internacional, nadie sabe qué pasa allí. Lo cierto es que los americanos seguirán, apoyados por un gobierno colonial para asegurarse el postpoder tras el titereteo de un régimen transitorio absolutamente sumiso, que las fuerzas de seguridad de dicho gobierno están plagadas de sectarios envenenados, que todos se revientan a sí mismos y, si pueden, al de lado. Y en medio, la Resistencia. O lo que queda de ella. Una amalgama de fuerzas sin control que, incapaces de lograr unidad de acción, están inmolando al pueblo iraquí, absolutamente abandonado por las democracias farisaicas del bienpensante mundo mundial. Irak se ha convertido en una absoluta locura social, en un genocidio consumado y consentido por todos nosotros, en una guerra civil encubierta que solo favorece a los grandes capitales americanos. Una guerra diseñada por los halcones ultra derechistas y ultra católicos americanos alistados en la guardia pretoriana de Bush donde, además de financieros petrolíferos, también anidan teóricos de la ultraderecha cuya aspiración es el dominio mundial de los USA.

Lo que es necesario es una nueva y completamente independiente Comisión que destape la verdad sobre qué sucedió realmente durante ese día profético hace seis años. Esta comisión debe consistir en líderes del mundo, científicos, filósofos, arquitectos, ingenieros, profesionales de inteligencia, expertos militares, y gente con relevante maestría. Y deben tomar declaración de la gente que no fue admitida para dar testimonio a la Comisión del 11 de septiembre y a otros cuerpos e instituciones que han publicado los informes oficiales en los Estados Unidos — por ejemplo bomberos, oficiales de policía, otros primeros auxilios, gente que escapó de las torres y del pentágono, y de la gente cerca de Shanksville Pennsylvania, en donde se dijo que el vuelo 93 se estrelló.

Y cuando finalmente la verdad sea revelada, podemos aprender de ella y comenzar el proceso curativo. Quizás necesitemos una Comisión de la verdad y la reconciliación. Pero primero necesitamos conseguir que la verdad vaya saliendo a la luz, para motivar un proceso de descubrimiento más formal.

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