Dibuje maestro

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Enric González, corresponsal de EL PAÍS en Oriente Próximo y autor, entre otros libros, de Historias del Calcio escribirá durante el Mundial de Sudáfrica de futbolistas y de fútbol, "es decir, del juego más hermoso. Solamente de eso".

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19 jun 2010

Pulsión de muerte

Por: Enric González

Rooney

Supongamos que las selecciones de fútbol fueran psicoanalizables. En ese caso, habría que seguir suponiendo, funcionarían según el principio del placer y según el principio de realidad.

Freud atribuía al principio del placer los impulsos más básicos: queremos conseguir el placer y evitar el dolor.

Lo normal sería que un partido estimulara el principio del placer en sus participantes. Son futbolistas jugando a fútbol, una actividad que (no dejemos de suponer) les gusta muchísimo, ante una audiencia cuya inmensidad parece capaz de satisfacer cualquier tipo de exhibicionismo.

Evidentemente, existe el rival. Y existe la responsabilidad de sacar un buen resultado. Eso activaría el principio de realidad, es decir, la acomodación a las circunstancias: se acepta demorar el placer y se tantea, se especula, se defiende, sin perder nunca de vista que el objetivo es la satisfacción final: la victoria, el pase a la siguiente fase, el orgasmo supremo de alzar la copa.

La mayoría de las selecciones oscilan entre placer y realidad. Algunas, como Argentina, Uruguay o México, empezaron muy clavadas en la realidad y en el segundo partido se aproximaron al placer. Otras, como Alemania y muy especialmente España, ya han comprobado que la realidad, a veces, es poco placentera y conduce a la frustración. Habrá que ver cómo evolucionan.

Hay, sin embargo, un par de casos especiales para los que también se puede apelar a Freud. El doctor vienés consideraba que en situaciones de altísima tensión, cuando la realidad se hace insufrible, las personas esgrimen una pulsión opuesta a la del placer. Se trata de la pulsión de muerte. La persona (la selección de fútbol, en el caso que nos ocupa) desea desaparecer, autodestruirse, convertirse en nada, para resolver una tensión que no es capaz de afrontar.

Inglaterra es uno de esos casos. En sus dos partidos ha resultado evidente el sufrimiento de sus jugadores, su incapacidad para hacer frente a la realidad. Que tipos como Rooney, Gerrard y Lampard no consigan tocar un solo balón con criterio revela una angustia profunda. Un síntoma adicional fue la bronca de Rooney a los espectadores tras el empate con Argelia: la pulsión de muerte se vuelca al exterior en forma de agresividad.

Hay algo que oprime a los ingleses. Tal vez las muchas décadas de frustración desde la victoria de 1966, tal vez la presión de un público que en cada Mundial espera mucho de ellos y a la vez sospecha que obtendrá poco; tal vez la misma presencia de Capello, un técnico que tiende a exprimir y carbonizar sus equipos. No lo sé.

Luego está el caso de Francia. Quizá sería un exceso de benevolencia atribuir a los seleccionados franceses, entre los cuales hay futbolistas de una calidad teóricamente indiscutible, una simple fase negativa, un descenso hacia la pulsión de muerte. Lo suyo parece más bien nihilismo. Pero también esa valoración podría resultar demasiado positiva.

Dejémoslo en el viejo “jemenfoutisme”: les da igual todo, les aburre el fútbol, les hastía el público, no quieren perder más tiempo del estrictamente necesario entre balones que brincan y ruido de vuvuzelas. Lo que desean es largarse de vacaciones.

Lo que, bien mirado, y tratándose de futbolistas a los que, por lo que sea, no apetece jugar al fútbol (¿odio a Domenech?, ¿sentimiento de culpa por haberse clasificado con la mano?), enlazaría con el principio de realidad y el principio de placer: quieren darse el gustazo de irse a la playa.

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Lo psíquico (la psique en términos de Freud) es un atributo exclusivamente humano. Los grupos y colectividades, en este caso las selecciones, lo que tienen son características o rasgos que se suponen orientados desde el liderazgo, en este caso desde los seleccionadores.
Aunque Zidane acabe de decir que Doménech no es un seleccionador sino un mero reclutador de jugadores (igual que Maradona, diría yo) convengamos que ejerce ese liderazgo sobre todos ellos, incluído el elegante Anelka, que le dedica ese lenguaje tan distinguido. Ese liderazgo tan roñoso es el que explica que Francia sea hoy una selección que carece de nivel para estar en este mundial en el que el 180 minutos no ha conseguido realizar ni una sola jugada destacable.
El el caso de Inglaterra, la cosa no está tan clara. Su esquema es muy tradicional, e incluso Capello ha renunciado a jugar con dos pivotes defensivos como tanto le gustaba ("aseguro que con Emerson y Diarra no perderemos más de tres partidos"). La prensa deportiva carga contra la falta de velocidad de Rooney y la falta de entendimiento entre Gerrard y Lampard. Yo, a la vista del partido de ayer no diría que eso es lo principal. Para mí creo que Inglaterra jugó sin nadie que condujese el balón, y de esa forma, el juego carece de sentido y se reduce a una serie de movimientos aleatorios. Carecen de un Bobby Moore o un Paul Gascoigne, ni siquiera tienen un Brian Robson. Barry, es un gran recuperador, pero se limita a pasar en corto a Gerrard o Lampard, y estos arrancan sin criterio a ver que sale, especialmente a improvisar a ver si en el desarrollo de cada acometida, Rooney o ellos, cazan algún rechace aprovechable de segunda jugada. No es que no se entiendan, es que carecen de un esquema previo de orientación del juego, y de esa manera ni se entienden entre ellos ni con el resto del equipo. Dentro del desbarajuste táctico de Inglaterra, el segundo factor de desorientación es la función de Heskey en el campo. Supuestamente se trata de un segundo delantero, muy corpulento y bastante dinámico, pero en realidad Capello le ha debido decir que no pare de moverse sin balón a fin de provocar, desorientar y desplazar a los jugadores contrarios. Lo que consigue haciendo eso es estorbar y desorientar más a sus compañeros que a los oponentes, sobre todo cuando como ayer la defensa de Argelia marcaba en zona con bastante disciplina.
De todos modos, a diferencia de Francia, Inglaterra no está muerta. Sus futbolistas en general tienen un gran nivel. Si alguien pone criterio allí dentro, puede que progresen hasta cuartos. Más allá, no sería lógico.

Y mira que no me gusta el fútbol, pero no puedo dejar de leerte, ahora que abandonas por un tiempo las crónicas de Jerusalén, al menos nos dejas una visión de un deporte, demasiado sobreestimado para mi gusto, desde un punto diferente que me engancha a tu blog irremediablemente....

Me encantan tus artículos, el enfoque del mundial desde otra perspectiva, la analítica que encierran tus palabras. Aquí tienes un seguidor incondicional para este mundial insólito y lleno de sorpresas.

Un saludo.

REFO

No me gusta el fútbol, excepto cada dos años, eurocopa y mundial, y le felicito por el post, muy bueno. Es inevitable extrapolar lo de la pulsión por la muerte a la situación económica actual: están aumentando los suicidios de muchos europeos incapaces de soportar la crisis. En este mundial, todos los buenos están cayendo: excesiva presión, excesivas ganas de irse a la playa. En fin, viva Camerún, y si no, que España reaccione el lunes 21 (los demás, me da igual, la verdad)

Si vives lo suficiente todo llega.

Si vives lo suficiente todo llega,

Nada es demasiado maravilloso para ser cierto.

RECORDEMOS SIEMPRE: "MAL DE MUCHOS CONSUELO DE TONTOS !!!"

Buen artículo. Habría que pensar en el "más allá del principio del placer" en el que Freud destaca esa satisfacción que hay en el sufrimiento. ¿Cuál sería el beneficio secundario en este caso?
España vive del provenir de una ilusión.
Argentina de una melancolía tanguera del triunfo narcisista perdido hace años combinado de una omnipotencia megalómana encubierta por una falsa modestia.
Brasil de la tranquilidad y humildad de los grandes.
Alemania de una frialdad angustiante.
Los africanos y los sudamericanos tambíen (como España) viven de una ilusión, de ser como los grandes, siempre y cuando la ira del Amo les permita asomar la cabeza siempre a la espera de que satisfaga su sadismo o no.(y lo castre, claro) Sabemos los angustiante que es superar al Padre.
Veremos (siempre aprés coup) desde el final de esta historia el sentido de los pasos que ha dado cada uno. Bien sabemos que con el inconsciente del ser hablante no se puede hacer pronósticos. Sólo nos queda ver futbol.

El psicoanálisis está solo un nivel por encima del chamanismo.

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