De las delicias del verso y la transgresión de su autor saharaui

Por: | 15 de agosto de 2021

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El fallecido poeta saharaui Beibuh Uld El Hach (1929-2017) sobre las reivindicaciones de la identidad saharaui por parte del régimen marroquí escribía un largo poema que se titula “La lengua, el bagaje y la jerga nos separan”. Y Don Quijote decía “Si el poeta fuera casto en sus costumbres, lo será también en sus versos; la pluma es lengua del alma”, y no dudo que lo fue la pluma y alma del poeta Beibuh como lo es Bachir Uld Ali Uld Abderrahaman en casto y pluma.

Este poeta al desarrollar la temática inicial que aparece en el poema de Beibuh zanja cualquier duda en las abismales diferencias que alejan a la identidad saharaui del marroquí y su cultura.  El rigor del verso que cantó Beibuh lo ratifica Bachir Ali en este poema.

Opuestos y diferentes a ellos

Opuestos seremos los saharauis con Marruecos

como pueblo,

en la moral y en el credo.

Los ancestros nos separan

Nos separan su traición a la religión,

ellos dicen que su amo es el Rey Hasan

y nosotros decimos

que sólo tenemos un amo:

el Dios todopoderoso y compasivo.

Nos separan costumbres y hábitos,

Nos separan los vocabularios

Nos separan los modos de vida

Nos separa la genealogía

Nos separa la geografía

Nos separan los brotes de verdes hierbas

Nos separan días de calor, fríos y vientos

Nos separan atuendos

Nos separan y nos diferencian deleites y hospitalidad

Nos separan indumentarias

Nos separan el arte de cocinar en el desierto

y desde antaño y desde los ancestros

otros rasgos más nos separan.

Ellos ordinarios son del género humano

y nosotros somos más que esto

porque no nos exponemos para que nos adivinen

leyéndonos en manos llenas de perforadas conchas y caracolas.

Nosotros y ellos opuestos seremos

como pueblo,

en la moral y en el credo.

Reto al marroquí escribir un aguilal en Leboir

o que se enardezca por nuestro canto

o que tenga atisbo de nuestra sombra

o que tenga el mínimo de nuestros gestos

o que tenga una brizna de nuestra guasa,

tú que pretendes conocernos.

Reto al marroquí ofrecer sus alfombras al huésped

como iguala en nuestra generosidad

donde los días transcurren reflejados en nuestra sonrisa

de alma sincera

y nuestras puertas abiertas de par en par

y aglomeradas de convidados.

Le reto a que nos igualen en proteger el vecino

en ser transparentes

en ser hombres al que se pueden confiar.

Le reto a seguir nuestros pasos cuando

enfurecidos golpeamos en la batalla

o cuando acudimos salvar al débil

o saldar las deudas de los que poco tienen.

A Marruecos les aconsejo no tener esperanza

con nosotros.

Nosotros y ellos opuestos seremos

como pueblo,

en la moral y en el credo.

Desde allá asómate y fíjate, verás un marroquí y un saharaui

caminar en un zoco,

observa su caminar y te darás cuenta sus diferencias,

observa la fisionomía

observa el temple y seguridad personal

observa sus manos y sus pies y luego si sigues

observando te darás cuenta de que Dios nos ha diferenciado.

Decidles a Adán y a Eva si es cierto

que han parido para Marruecos este espécimen de humanos,

decidles que a nosotros

nos renegamos de Adán y nos renegamos de Eva.

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Ilustración: Uld Radaa, pintor y artista saharaui. Óleo, Resistimos

Texto de Mohamidi Fakala, periodista y escritor saharaui colaborador de este blog. Escribe desde los campos del exilio saharaui en el sur de Argelia

Mucho ha cambiado en estos tiempos de tormenta. Sin embargo, para aquellos que desconocen la esencia del desierto fueron sorprendidos al vislumbrar la gigantesca nube de arena que parecía cambiar la tierra y el cielo en un día. El vendaval llegó para volcarse con sus alas sobre los campamentos, dispersando ceniza que hace arder la calma y sentidos a los cuatro vientos.

El Oeste instigaba a cambiar el rumbo de las direcciones de los alisios. Traía consigo misma intensa polvareda de jinetes invisibles, cabalgaban al son de nubes rubescentes vacías de líquido. El embate en las alturas arde en la semblanza ardorosa que causaba misterio donde se unía el universo a modo de lodo como filigrana. Y la meta atiende a su alcance en la desembocadura del  canal de Suez. Junio precedía mucho más que  arduo verano de poca sombra. Por su parte, un telón de espejismo atiende filtrarse en maravilloso arco iris que evocaba cantos de alegría. Mientras, que los eruditos longevos del desierto se afanan en plegaria ante tanto embrujo de una ola sin espuma ni escarcha. El granito tamizado revelaba uno de los infinitos secretos de la naturaleza del desierto. Cuando el aire coronaba las tiendas y barracones la agilidad de fuerza caía invertida en  trasfondo obscuro de la noche.

El Sol tímidamente quedaba inquieto para perderse después en la Soledad de la nada, y el cielo se tornaba de color púrpura para que se extendiera unos lienzos que reflejaban una lidia desconocida y carnal.

Al otro lado de la esquina se percibía un discurso incomprensible matizado en la rareza de una simple cacofonía. Otros, sin embargo, quedaban embelesados de júbilo, lejos de ser rendidos. De hecho, un sumiso adversario se adversa en el juicio del fracaso. Voces se levantan refutando ahogarse en la profundidad del olvido.

Una tormenta de sables con sus hélices remolinaba sin desenfreno cosechando un inquieto vendaval. Y el habitual chillido de los niños quedaba encerrado entre paredes de una escuela, y la sombra de tormenta quedaba retraída en mutismo áspero de un prolongado refugio. Un alto en el ciclo de la naturaleza da señas de descontento en aras del ensueño de la justicia. El silbido de los vientos parecía gorjeo de  pájaros en  plena primavera. En los momentos en que los extraños aires se retiraban amainando, un ligero frío se percibía momentáneamente, quizás arrebatado a uno de los dos polos. Seguido por un goteo de ligera lluvia que devolvía la vida. Un efímero hecho dejaba claro el sentir de fuerza que alimentaba la sobrehumana resistencia  de un pueblo.

¿Quién encendió las luces del camión?

Por: | 03 de mayo de 2021

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Texto del escritor y periodista del exilio saharaui: Ali Salem Iselmu Abderrahaman

Ilustración del pintor y artista del exilio saharaui, Fadel Jalifa Embarec Fal

Cuando me saludó note que el tono de su voz había cambiado, hablaba más despacio y cierta calma dominaba su cara. El paso inevitable de los años, había moldeado aquella dura infancia  que le permitió sobrevivir entre veinte niños que perecieron por la madrugada, cuando una bomba de fragmentación estalló sobre el camión en el que huían.

Él recuerda el momento del impacto, el llanto de su madre y las llamas  del camión que alumbraban el camino  que atravesaba las dos montañas. Todos se quedaron atrapados, menos él y su madre. Lograron sobrevivir, escondiéndose en la escasa vegetación. Haciendo un pequeño refugio entre los árboles.

¿Por qué no te atraparon?le pregunté después de muchos años no tenía una respuesta clara, algún recuerdo quedaba en su mente no obstante seguía asustándose de los aviones, del ruido de sus motores. Después de estar en silencio durante un largo rato, me dijo:

̶ ¿Por qué me preguntas por esta historia, si han pasado muchos años?.

̶ Quiero saber el nombre de los niños que murieron le contesté con cierta insistencia.

̶ Quiero desprenderme de ese pasado, del momento del impacto de aquella bomba me contestó él con cierta impotencia.  

Quería rebuscar en la oscuridad de aquella madrugada, adentrarme en el fuego de aquel camión y recordar las caras de  los niños devorados por el fuego y los fragmentos de esa  bomba mortal.

Varias preguntas estaban sin respuesta, pero él no quería seguir hablando de ese lejano momento. Ahora tenía cuatro hijos y vivía próximo a la playa. Le gustaba hablar de su oficio de fontanero, de las calderas de gas  y de su familia.

No obstante, yo tenía que saber los nombres de los supervivientes, recuperar sus fotos para volver a aquel lugar en el que aún permanecen los restos oxidados de aquel camión.

 «Los habrán enterrado» me preguntaba, mientras él seguía hablando de otras cosas. Son veinte niños junto con sus madres los que perecieron aquella madrugada, todos sabían lo que había ocurrido, pero nadie se atrevía a dar más detalles.

«¿Cómo los pudieron localizar para arrojarles aquella bomba?».

Entre suaves palabras continuaba nuestra charla. Hablamos de la dificultad que tenía él para recordar, no obstante, su madre tenía en su poder los detalles de aquella historia.

Quién tomó la decisión de encender las luces del camión, sí sabía que la zona estaba vigilada por aire y tierra. Ellos eran un objetivo claro, no podían romper aquel cerco y escapar.

El conductor pereció al igual que los niños y las mujeres, en aquel lugar rodeado de montañas en el que se escondieron durante una semana.

«¿Cómo pudo sobrevivir él, junto con su madre?, probablemente la bomba no los alcanzó o quizás se quedaron dormidos en el momento de la huida o querían volver a su ciudad».

Entre palabras y palabras, seguía buscando más detalles, intentando armar aquel puzle. Él cambiaba de forma permanente de conversación, evitaba recordar aquella madrugada.

Le dije que estaba interesado en volver a ese lugar, quizás me ayude a entender algunas cosas que me lleven a descifrar sus recuerdos.

«¿Quién encendió entonces las luces del camión aquella madrugada?, ¿quién escapó con vida?». Observando detenidamente sus ojos, supe con certeza que algo más ocurrió. Me despedí con una idea clara, volver a ese lugar, buscar los cuerpos quemados, enterrarlos.

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Texto de Pablo-Ignacio de Dalmases

Ilustración: Fadel Jalifa

Un viaje apresurado a Madrid para intervenir en un programa de televisión producido por la UNED da pie al reencuentro con buenos amigos que traen siempre noticias gratas. En este caso son Juan Carlos Gimeno, profesor titular de la UAM y antropólogo y Bahía Mahmud Awah, escritor e investigador. Coautores ambos en la edición de una antología poética sobre el Sáhara Occidental en la que también han colaborado Mohamed Ali Leman, Juan Ignacio Robles Picón, Mohamed Salem Abdelfatah y Vivian Solana Moreno. El volumen se titula “Poetas y poesía del Sáhara Occidental. Antología de la poesía nacional saharaui” (Última línea)

Pocos géneros literarios son tan capaces de expresar los más recónditos sentimientos del alma humana como la poesía. Toda gran literatura, por ejemplo, la misma española, tiene en sus poetas a sus más caracterizados cultivadores. Pero la nuestra, como la de la generalidad de los países, está destinada, como ocurre con las obras de los demás géneros, a ser publicada y, por tanto, leída, lo que no excluye su recitación puntual. Con la poesía saharaui ocurre exactamente lo contrario. Como se dice en la introducción se trata de una poesía “destinada a ser recitada públicamente, que no se registraba por escrito y que aún hoy, cuando se escribe, es para facilitar su memorización, no su lectura” y que se “cantaba en el nomadeo, los viajes realizados para la reproducción de la vida, rememoraba los lugares de pastos, agua y cultivos… cantaba los combates entre las tribus y la valentía de los combatientes de cada una de ellas… el amor a la tierra, no de una manera abstracta, sin aludiendo a lugares concretos…".

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Este volumen constituye la primera antología en español de poesía oral saharaui y recoge obra de Mohamed Salem Uld Abdelahe, “Badi”, que es considerado el decano de los poetas saharauis, así como Mohamed Mulud Uld Budi uld El Hach “Beibuh”, “poeta de la patria y el pueblo”, Ljadra mint Mabruk uld Daaf, la “poetisa del fusil”, Alal Uld Daf Uld Did, Sidi Brahim Uld Salama Uld Eydud, Bachir uld Ali Uld Abderrahman, “poeta de la revolución y del nacionalismo”, Ahmed Uld Mahmud Uld Omar, Hosein Uld Mulud Uld Mohamed Salem, Mustafa Uld el Bar Uld Abdedayem, Hasin Uld Brahim uld Mohamed, Hamdi Uld Alal Uld Daf “Zaim”, Bunana Uld Abdelhay Uld Ahmed Uld Buseif y Jadiyetu Mint Aleiyat Uld Suelam, considerada la “poetisa de la intifada”.

Hay poesía de la época precolonial y colonial, de la etapa en que se produjo la emergencia del nacionalismo saharaui y luego la propia de la revolución, la creación de la RASD y la lucha con la ocupación marroquí. Una buena muestra de la creación literaria saharaui que acredita, como apunta Boaventura de Sousa Santos, que “los poetas son los guardianes de la sabiduría que se sedimenta en los accidentes de vidas tan llenas de incertidumbres como de voluntad colectiva para vencer las dificultades. Son los educadores populares por excelencia”.

Efemérides del verso anticolonial saharaui

Por: | 10 de marzo de 2021

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Texto y foto: Bahia Mahmud Awah

Ahmed Mahmud Uld Omar, el juez y poeta del exilio

Durante estos últimos años del proceso saharaui, me he ido familiarizando con su nombre, Ahmed Mahmud Uld Omar. Su obra fue incluida en el trabajo etnográfico de investigación sobre la historia y memoria de la sociedad saharaui que produjimos el año 2014. Un ambicioso proyecto de investigación del que formo parte y que dirigen los profesores Juan Carlos Gimeno Martín y Juan Ignacio Robles de la Universidad Autónoma de Madrid. En estos últimos cinco años he estado estudiando la poesía de los poetas saharauis en hasanía para que su obra vea la luz fuera del contexto oral que sufre el verso saharaui en hasanía de todos los grandes poetas de su generación.

En octubre de 2011 tuve la suerte,  junto al profesor Juan Ignacio Robles, de compartir un día de charla con Ahmed Mahmud sobre su obra. Nos recibió en su jaima de la Wilaya de Auserd donde residía junto a su familia. Un hombre campechano, divertido y muy elocuente en su vida como poeta y juez, al que el destino le llevó a experimentar diferentes tiempos sociopolíticos adversos. Ese día en su jaima, infundido en una دراع صحراوي clásica darra saharaui de color blanco y un elegante الثام اكحل  turbante negro, que colgaba en su cuello, le invité a que nos hablara de su historia de vida como poeta. Recuerdo que comenzó diciéndonos: “Nací en افطوط  Aftut en la región de الحوظ الغربي  Elhaud Elgarbi en Mauritania, era el año como lo llamaban en Mauritania عام النعيسان  Am Neisan, y que correspondía al año pastoril saharaui en el que desapareció todo افريك اهل لبصير el frig de Ahel Lebsir, fecha que corresponde al año gregoriano de 1947.

Ahmed Mahmud como poeta y juez contaba que a los seis años inició el estudio e interpretación del libro del Corán y la lengua árabe, erudición que siguió hasta que culminó la memorización de los sesenta capítulos del libro sagrado a manos de su padre, un hombre versado en la teología musulmana y con conocimientos de la lengua árabe y su literatura. En aquella charla el poeta se sintió cómodo con nosotros, porque decía que era lo que siempre había querido compartir con las personas interesadas y que dejan huella.  Recordaba que su padre tenía una escopeta de caza y que lo llevaba con él muchas veces para aprender a cazar en el desierto.

Después de ese periodo de infancia, a los 15 años se dedicó a estudiar la gramática árabe y los principios teológicos de la religión. A los 19 años recibió una carta de un familiar que residía en El Aaiun, la capital del Sahara entonces colonia española, misiva en la que le decía que fuera a su patría  para trabajar y vivir.

Una vez en la ciudad de El Aaiun, y tras un largo viaje que hizo a lomos de su camello, se instaló en la ciudad y conoció a sus habitantes. El Gobierno General del Sahara de esa época colonial, le invitó a que trabajara con la administración basándose en sus conocimientos en el derecho consuetudinario, la teología y su dominio de la lengua clásica árabe. Tras un periodo en el que impartió clases de árabe, la administración de El Aaiun le asignó como vicealcalde de la ciudad. Tarea en la que prosiguió hasta los primeros brotes de connotaciones nacionalistas de 1969 protagonizados por la organización política que fundó el periodista e intelectual saharaui Sidi Brahim Basiri. En aquel año Ahmed Mahmud conoció en persona a Basiri e intercambió con él varios encuentros en su casa y decidió afiliarse clandestinamente en la organización. Tarea revolucionaria y anticolonial que compaginó con el servicio que prestaba a la administración española. Tras los acontecimientos del barrio Casa Piedra, Zemla, el 17 de junio de 1970, España arremetió contra la organización y secuestró e hizo desaparecer a Basiri y encarceló a varios militantes, que un año más tarde fueron puestos en libertad. Ahmed Mahmud contaba que la población de Smara les hizo un multitudinario recibimiento en el que se montaron jaimas, se sacrificaron camellos y cantaron canciones de gesta por su liberación. Ahmed Mahmud decía que en fue en aquella ocasión cuando nació su primer verso anticolonial. Había una mujer que era militante de la organización de Basiri y que se llamaba Salka Mint Blal en la fiesta, ella tatareaba un estribillo al ritmo del tabal que tocaba junto a otras mujeres y decía.

يامولنا عين ازماني      ابش انحرر وطاني

يامولنا عين ازماني      ابش انحرر وطاني

Dios dale fuerza a mi pueblo

para liberar mi patria. (bis)

Ahmed Mahmud decía que al oír las palabras mi patria y liberar sintió que le brotaban sus primeros versos, que desde entonces definieron su pensamiento anticolonial y su apego a la organización que sirvió como embrión del movimiento de liberación saharaui, Frente Polisario, surgido de su antecedente histórico, la Organización Liberación Sahara, que había fundado el periodista Sidi Brahim Basiri y otros jóvenes de su generación entre los que estaba el actual presidente de la República Saharaui Brahim Ghali. Ahmed Mahmud recordaba que no era entonces consciente de la importancia de aquellos históricos versos en el registro de la memoria saharaui y que le llevaron al exilio, tras la invasión militar del territorio por parte de Marruecos.

عن شورك كان سمع حد      يبدع لك ماه متحاني

بيه الي مؤمن و امحد          واسلاً ماه نصراني

Si alguien escucha

tus estribillos

te contesta desesperado,

porque emana fe en la lucha,

unidad,

y porque no es nasrani.

En estos versos, su primera composición, Ahmed Mahmud pretendió usar el termino نصراني  nasrani, es decir cristiano, como recurso para referirse a los que gobernaban, es decir a los colonialistas europeos. Implícitamente quería decir con el recurso que él no era europeo colonialista, a pesar de haber ostentado esa identidad española de la época.

Como anécdota comentaba Ahmed Mahmud que, a pesar de ser segundo alcalde en la administración colonial de El Aaiun, participaba en las manifestaciones del POLISARIO camuflado entre la multitud, cubierto por su turbante negro y gafas oscuras para no ser identificado, siendo funcionario del Gobierno General del Sahara.

En 2011 hicimos un viaje a los campamentos saharauis del exilio donde residía el poeta. Teníamos planificado verle y recoger parte de su obra y su historia de vida como un poeta referente de los que tienen rastro en la memoria contemporánea del proyecto nacional saharaui. Así lo hicimos, con el propósito de recoger y editar parte de su obra para una antología que engloba piezas de la producción literaria de los más de quince poetas nacionales saharauis que producen en la lengua hasanía e introducir su obra en la película “Legna, habla el verso saharaui”, trabajo que estrenamos en el año 2014 Juan Ignacio Robles, Juan Carlos Gimeno y yo mismo.

Sabiendo que el poeta igual que sus versos, en la memoria es inmortal, Ahmed Mahmud siempre estará vivo en el registro de cualquier generación saharaui y tiempo.

Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

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Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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El País

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