Poesía saharaui en Cabudanne de los poetas en Cerdeña, Italia

Por: | 08 de septiembre de 2020

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Texto: Ali Salem Iselmu. Fotos: Festival Cabudanne, Isla de Cerdeña, Italia

Cuando el avión atravesó el cielo poblado de nubes y la ciudad de Bilbao iba convirtiéndose en un pequeño punto rodeado de montañas verdes. El inmenso océano mostraba sus olas envueltas en espuma, los barcos flotaban buscando el viento del norte. Nuestro avión mantenía su equilibrio en el cielo en busca de la ciudad de Paris. Teníamos la mirada tensa, estábamos separados como marca el protocolo del Covid-19. Un aparato nos apuntaba a la cara, a las manos para detectar nuestra temperatura corporal. Yo sentía una fiebre de poemas por dentro, quería llegar al festival «Cabudanne de sos poetas 2020», quería llevar la voz de la poesía saharaui. Contar mi experiencia de niño refugiado, de hombre exiliado que sigue recordando aquel día en que mi madre me vistió con un pantalón de tirantes y una chaqueta verde, cerró la puerta de la casa y se marchó. Ese momento sigue vivo a pesar de los años, al igual que la ciudad de Dajla y la ría que separa la pequeña península de la ciudad de Argub.

El avión aterrizó en el aeropuerto Charles de Gualle, el cielo estaba despejado y el sol de septiembre iluminaba nuestras caras. Subimos en el autobús en dirección a la terminal aérea. Cada uno estaba en su asiento con la mascarilla puesta, sentados en asientos separados e intentando mantener la distancia. En ese momento me vino a la memoria aquel viaje que hice a Miami cuando atravesamos el atlántico, entonces no había mascarillas, ni distancias de seguridad. La azafata se esmeraba en venderte comida, bebida y cigarrillos. En esta ocasión los cigarrillos electrónicos estaban prohibidos.

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EL JAZZ Y EL COLONIALISMO EN ÁFRICA, CASO EL SAHARA OCCIDENTAL

Por: | 19 de julio de 2020

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Crónica de Bahia MH Awah. Fotos de FiSahara 2014

Decía Martin Luther King: “Ahora es tiempo de alzar nuestra nación desde las arenas movedizas de la injusticia”. La percepción que siempre he tenido de la música es la que tuvo Dick Clark, el transgresor periodista americano que dirigió en los años sesenta el célebre programa televisivo American Bandstand, al considerar que «La música es la banda sonora de la vida». Clark inequívoco en su apreciación; la música en su función es amplia e inabarcable en su rol reivindicativo en la vida social y política de los pueblos desvalidos. Si observamos su enorme dinámica de visibilizar y denunciar atropellos de las injusticias en nuestro mundo, nos topamos con muchos ejemplos, el jazz antiapartheid en la Sudáfrica de aquellos horrorosos años de segregación racial que azotó el pueblo sudafricano desde la época del primer presidente apartheidiano Charles Robberts Swart hasta el último de esa saga de supremacías de blancos, que tuvo su fin con el inevitable punto de convergencia de la razón por la que ha luchado  Nelson Mandela y ante la que se rindió el presidente Frederik Willem de Klerk.

La historia del jazz ha demostrado que este género de la música es una potente arma necesaria para dinámicas en procesos sociales y políticos que desempeñó tanto en África que es su origen, como su pasado papel en la lucha que libraron los movimientos de derechos civiles en los Estados Unidos. Y no solo el jazz acaparó esta militancia de música, sino también, el soul, el rock, el funk, el blus y que en gran medida tuvieron su impacto en varios procesos de luchas políticas, de derechos civiles y humanos. El jazz se convirtió en un poderoso fenómeno de lucha cultural que en la lengua afrikaans le llamaron “Ingoma” for the Stragle, es decir, la música en la lucha contra el apartheid.

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Como vuelven los grandes

Por: | 27 de junio de 2020

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Texto de Mohamidi Fakal-la. Ilustración del artista y pintor saharaui Fadel Jalifa

Del escritor, poeta y periodista saharaui Mohamidi Fakal-la, intelectual saharaui que lleva más de tres décadas viviendo en el exilio de los campamentos de refugiados saharauis en la ciudad argelina ,Tinduf. Desde donde escribe reflexiones tanto en verso como de prosa y que encierran inquietudes de un exiliado que anhela la vuelta a su patria saharaui. Como decía Rafael Alberti en su exilio,

“Dejé un temblor, dejé una sacudida,

un resplandor de fuegos no apagados,

dejé mi sombra en los desesperados

ojos sangrantes de la despedida”

Como vuelven los grandes

Atendieron pacientemente a que alguien,

por muy desconocido que fuera,

aludiese al retorno de los héroes. 

Ellos fueron despedidos revestidos de fulgor

en más de una batalla conquistada o perdida.

Pero la diferencia del tiempo impone sin vacilación

a que se marcase esa perplejidad

en la similitud donde caben

por igual todas las proezas ocultas

detrás de la sombra de lo desconocido.

En esa dirección concurrente

todo ocurrió al son de una rara melodía,

imparable, en los salones de París

pasando por Madrid hasta alcanzar 

sin cansancio alguno la urbe de Nueva York

a pesar de la lejanía.

Una marea de huecas celebraciones en la rareza

de tanto ruido que no ha sido capaz de tambalear

los pies arraigados en el apego de tu suelo, 

Sahara Occidental.

Soledad de aires beduinos que susurran victoria delineada

por sudor desafiante que colma el simple verso desnudo

que tinta los brazos de los años,

y noche que nunca amaneciese en la prontitud deseada.

Supuestos vencedores de las tinieblas partidarios de injusticia. 

Una mirada imperiosa de una anciana de tibias manos

esparce resecas flores de verano a fin que no se alimenten

muros sobre cuerpos minados de desilusiones.

Miradas contrincantes vencidas por el aliento de un tumulto

de gente curtida por soles sedientos,

vientos sorprendidos por granizos,

silenciadas dunas como venas que pronuncian

secuaces latidos despertando heridas,

removiendo tiempo en otros tiempos

sin que el juramento de los triunfos se convierta

en ocaso de atardeceres,

callosas manos que no se afligen

revestidas de arcilla rojiza,

desconcierto de locura

enfurecido adversario que atraganta tu nombre

en la imposibilidad de su nombre

traición de difuntos,

historia y claras suspicacias.

No será para siempre la vida

recuerdo acontecido en el universo estrellado

donde nunca desaparezcas a causa de la serenidad

y la falta de furia

identificada sin equívoco a pesar de la traición

de naufragios desconcertantes.

Ya no lloviesen cielos de nubes desocupadas

ni los ídolos fueron jamás vencidos por insensata amargura.

Por eso hoy vuelves como deben volver siempre los grandes.

BASIRI

TEXTO: Limam Boicha

Hay una foto. Allí estás tú.

Tus dedos largos y delicados sujetan una escuálida placa

Número: B-2875.

Tu mirada está perdida como en el horizonte.

¿Sabes que tu hora está cerca?

Y no viene de tus ojos negros.

No de tu negra barba. No de tu pelo oscuro.

¿Dónde aguardan tus huesos?

Como una onda quedó tu sueño. Una onda inmensa que avanza.

Inexorablemente avanza.

Empujada por un deseo libertario, terrenal, vivo.

Algún día, un gesto suave ante una fosa, un cepillo,

una mano amorosa

traerá a la memoria del viento tus restos.

Quizás jirones de tu ropa,

quizás el casquillo de la bala con la que segaron tu vida.

Algún día, se desmoronará el largo invierno de silencio

con el que aquella pala te sepultó.

¿Dónde?

Algún día,

el pueblo desgarrará el velo con sus ojos,

disipará la niebla con su conciencia pura

y dejará al descubierto la ligereza

con que te arrojaron al hacha de los verdugos.

El hierro con el que te quemaron.

El verbo con el que te inmolaron.

La alegría con la que te traicionaron.

La indiferencia con la que- aún -te siguen martirizando.

Algún día, Basiri. Algún día…

Muchos son los obstáculos

y vigorosos han de ser los esfuerzos,

pero hay que ir removiendo

las entrañas del mundo

hasta encontrar la verdad.

Aunque quieran borrar todos los rastros,

y escondan el horror de los cuerpos desprovistos de saliva y sangre.

Aunque la verdad les sepa a hiel,

y no aparenten más que indiferencia y desprecio.

Aunque tú a veces tengas miedo,

y otras disfraces tus palabras para que no te entiendan,

y otras veces alces tu rostro al cielo,

y terribles recuerdos vuelvan a tu memoria,

y supliques, y te sientas abandonado.

Y aunque escuches elogiar a tus verdugos.

Y a veces solo veas hilos de una esperanza ya harapienta.

Aún entonces,

no dudes de que, algún día,

cobrará aliento la memoria inocultable.

La canción de tus sueños, al fin desvelada.

Y cada día de largo silencio,

por más que intenten extinguir el eco

de los disparos en la plaza de Zemla,

por más arena que descarguen sobre el cuerpo de Basiri,

la verdad se hará más fuerte, estruendosa y vital.

Un nómada confinado

Por: | 10 de mayo de 2020

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Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui. Cuadro del artista saharaui Fadel Jalifa

Esa inmensidad de arena que ha despertado la autenticidad de su sueño a lo largo de todos los confinamientos de peor naturaleza que las enfermedades mortíferas o la dureza de un exilio perpetuo, todo ello lleva a reflexionar para poder alcanzar la alborada de estos tiempos turbios. Hay dolencias mayores que han calado instintivamente en toda esa relación existencial tomando como ejemplo la pérdida de su tierra natal a causa de una pandemia que ha arrasado con todos los aspectos de la vida de un pueblo desde hace más de cuatro décadas, sin juicio ponderoso. Sin embargo, resulta tedioso el prolongamiento de tanto sufrimiento en la dureza del tiempo que parece no tener fin como  una secular permanencia ligada a borbotones del anuncio de una coacción de comportamiento en el que se han visto alterados toda una gama de ritos y tópicos. En esa quietud impositiva el señor Beduino se ha encontrado abatido a solas como un rehén y mira sus alargados pasos detrás de los hatajos del que se nutre y que quedaron en un instante gobernados por la insolencia de los mayores.

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

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Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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El País

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