Y el Sáhara... ¿está cerca de Islandia?

Por: | 18 de septiembre de 2013

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                                                                                                 Hijos del desierto. Ilustración de Roberto Maján

Esta entrada ha sido escrita por Larosi Haidar, profesor de Traducción e Interpretación en la Universidad de Granada y miembro del grupo de escritores la Generación de la Amistad Saharaui.

La primera vez que leí en una novela los términos skyr, skald y gothi, y sus respectivas definiciones, supe que los pueblos, en su esencia, se parecen mucho más de lo que parece y sus historias suelen diseñarse de forma semejante y paralela. Las palabras hacen referencia, respectivamente, a una bebida de leche cuajada, al cantor de odas y al jefe de clan en la Islandia medieval, lo que de manera espontánea activó en mi mente los términos saharauis zryg, igguiu y shij, y que salvando los matices vendrían a ser las traducciones de los primeros.

 

Otra similitud que descubrí entre los dos pueblos es el uso del patronímico para identificarse, algo así como Juan, hijo de Pedro. Así, encontramos nombres islandeses como Alnaldur Indridason, Alnaldur hijo de Indrid; Ava Ólafsdóttir, Ava hija de Olafs, al igual que saharauis como Mohamed wald Brahim, Mohamed hijo de Brahim, o Jadiyettu ment Baba, Jadiyettu hija de Baba. También está el hecho de la utilización exagerada del diminutivo en su lenguaje cotidiano, algo también notable en nuestra lengua hassaní y que enriquece su fina ironía benévola al igual que su cruel sarcasmo cáustico.

Sin embargo, la coincidencia que me pareció más reveladora del espíritu igualitario imperante en las dos sociedades es la casi inexistencia del tratamiento de cortesía usted, pues su uso es rarísimo y pedante. Lo que es una evidencia clara de la igualdad de los individuos en el seno de ambos sistemas sociales, independientemente del cargo o título que ostenten, pues se tratarán entre sí de tú a tú. Es de suponer que se debe, en los dos casos, a la escasa población y a la rudeza del hábitat que les ha tocado vivir, donde la solidaridad anclada en el respeto entre individuos era condición indispensable para la supervivencia. Eso sí, cuando esta última peligraba, los clanes y grupos se veían obligados a realizar incursiones en territorios remotos para saquear y pillar lo que se ponía en su camino. Los islandeses se hacían vikingos y se hacían a la mar en sus temibles drakkars, mientras que los saharauis se unían a los ghazzis, de allí razias, y montaban sus inquebrantables dromedarios y caballos para atacar a poblados lejanos que asolaban en un abrir y cerrar de ojos.

Más cerca en el tiempo y de manera más anecdótica, las coincidencias curiosamente persisten. El 20 de mayo, ese mayo beduino nacido por cesárea un lustro después del mayo galo, los saharauis iniciaron la vía de la lucha armada para alcanzar la tan ansiada libertad. Como si fuera ayer, sin embargo, acaban de celebrar con cierta amargura y frustración el cuadragésimo aniversario de tan simbólico acontecimiento en la historia moderna del Sáhara Occidental. Mas sí, también para los islandeses esa fecha es muy significativa, dado que fue un veinte de mayo, concretamente del año 1944, cuando el pueblo de Islandia votó en un referéndum  para acabar definitivamente su vinculación a la monarquía danesa.

Varios años antes de recurrir a las armas, los saharauis habían intentado autodeterminarse de manera pacífica y partiendo del diálogo y la negociación cívica y civilizada. Pero la metrópoli no lo permitió y puso todo tipo de trabas ante dicho proyecto recurriendo, incluso, a las malas artes de la corrupción y compra de conciencias. La gota que colmó el vaso fue la disolución a balazos de una manifestación pacífica llevada a cabo en el barrio aiunense de Zemla, manifestación que el historiador Pablo Dalmases denominó atinadamente El grito de Zemla. Como es de esperar, esa fecha igualmente es simbólica y significativa para el pueblo saharaui, por lo que cada año se celebra su festividad el día 17 de junio y, curiosamente, también lo es para los islandeses, pues es el día en que su país se convirtió oficialmente en una República: el 17 de junio de 1944.

Llegados aquí, lo mismo no es tan descabellado decir que el Sáhara Occidental está, de alguna manera, cerca de Islandia. Lo está por la similitud y la afinidad subyacente que caracteriza al género humano, pero también, y desgraciadamente, por la lejanía causada por el desconocimiento y la ignorancia de todo lo relativo a la que hace poco, muy poco, era la provincia 53 de España. Y aunque a muchos les suene a Reikiavik, esa bella Bahía humeante capital islandesa, en realidad su capital es Aaiún, esos Manantiales que beben de las entrañas de Saguia al-Hamra, Acequia Roja que surca el desierto para besar el Atlántico, mientras sus Ojuelos acarician llorosos las antaño blanquecinas paredes de las moradas vecinas de su ribera sur. Hoy, sin embargo, esas mismas paredes tiemblan rojizas bajo el peso humillante de un rojo sangre venido del norte. Mientras, en lares no tan lejanos, la relaxing indiferencia hacia todo lo saharaui campa a sus anchas.

Y sí, aunque parezca mentira, el Sáhara está cerca, muy cerca, de Islandia.


Hay 30 Comentarios

Estuve una vez en El Aaiún. De paso, en el aeropuerto, cuando los aviones a Las Palmas hacían escala. Tomé un whisky en la cantina mirando al desierto... y me pregunto ahora ¿no estarían mucho mejor si continuaran siendo la 53 provincia española?
Pero eran los tiempos del FPOLISARIO, la Guerra Fría, Argelia, Marruecos, los estertores del franquismo (y de Franco)... la descolonización... no podía ser. De ninguna manera, y no fué.
Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde ¿y quién de todos aquellos conocía el futuro? ¿Que darían ahora por volver atrás y ser una Comunidad Autónoma española?... pero, si lo fueran ¿no estarían luchando ahora para hacerse independientes. Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde.
No hay remedio.

Estoy de acuerdo con esto.

No me parece acertado buscar similitudes donde no las hay. También Alvarez es el hijo/a de Alvaro.. y así en muchas otras lenguas... los vikingos y los ghazzis? por favor!!! Tampoco Reikiavik quiere decir bahía humeante como dice el poco afortunado articulista, que poco sabe de Islandia y de islandés- Reikiavik es "Cala de los humos".- Dejen de escribir de lo que no saben...

Muy bonito.Son las similitudes de dos pueblos pequeños en número pero muy acostumbrados a entornos muy hostiles,sobre todo el saharaui.

Una delicia de texto; gracias a los escritores saharauis.

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

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Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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El País

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