La anhelada lluvia

Por: | 07 de octubre de 2013

  Roberto_Majan_Ilustracion_04                                                                                                           

                                                                                                                              Ilustración de Roberto Maján

Aquella noche cuando todos dormían llovió en el campamento. En silencio se formó el agua y se arrastró desde las colinas. En su viaje se llevó todo lo que encontró a su paso: arena, piedras, huesos de animales, sacos de basura abandonados en las venas de los caminos. Botellas de plástico que pululaban como fantasmas. Emergían y flotaban en medio de aquella carrera de barrizal. Y las cabras, ovejas y dromedarios prisioneros en sus corrales de alambre oxidado, balaban por sus vidas. Los lanzó el caudal hacia su garganta en la oscuridad de la noche. Lo mismo hizo con garrafas de agua y aceite, vasijas, baúles, sandalias, planchas de zinc y sacos de harina. Algunas jaimas que bien sembradas estaban en la árida tierra colisionaron y la riada las extirpó con furia y sin detenerse. Partió de cuajo el mercado y descuartizó todo tipo de mercancías: latas de comida, tomates, melones, paquetes de caramelos, galletas, arroz, montañas de sacos de carbón apiladas y todo tipo de ropa, una húmeda confusión de melhfas, daraás, de pantalones, bragas y camisas. Las casas de adobe levantadas con tanto sacrificio, las derritió como una golosina en el paladar de un niño.

Los refugiados se despertaron con los gritos y salieron corriendo hacia las colinas más cercanas que rodeaban el mujaiam. El monstruo del agua turbia solo se llevó a Tahra,  que con una pierna ortopédica no pudo ponerse a salvo. Regentaba una pequeña tienda hecha de remiendos, donde pasaba horas y horas. Por las noches dormía en la tiendecita para custodiar sus escasas pertenencias, y esa fue su desgracia.

Cuando la cólera del agua - que se formó en pocas horas -se precipitó contra las rocas y se secó en la nada, no quedó más que su arrugado rostro de lodo. La gente volvió a la vida, a la rutina diaria y agradeció al cielo que el daño no hubiera sido más devastador.  El dolor se sumergió en otras capas de la piel menos visibles y la tristeza más inmediata volvió a ser la vieja tristeza de siempre. Y los deseos volvieron a ser los mismos de siempre.

Las mujeres se reunieron y fueron a acompañar a la única hija que tenía Tahra, para mitigar su dolor. Con ellas llevaron agujas, ovillos, hilos, telas, vestidos, mantas, comida.  Llevaron  sus manos arenosas, su entusiasmo vital. 

Y todo el mujaiam olvidó pronto y volvió a anhelar la lluvia.   



Hay 6 Comentarios

La lluvia siempre presente entre los saharauis. Tan importante, vital... Recuerdo estos versos de Bahia, del poema Galb El Haulia:
"Me siguen llegando tus cartas de amor,
que escribes
desde Galb El Haulia,
cartas en las que cuentas que la vida
se reanuda tras las pasadas lluvias".
La lluvia como fuente de vida en el desierto, la vida que se reanuda tras la lluvia...
Gracias poetas.

"As-saiiiiil, as-saiiil!", gritaban todos en medio de la noche oscura. Bello texto.

Muchas Gracias Larosi,
Si, seguimos y seguiremos anhelando la lluvia, la justa, la que edifica y no destruye. La que da vida.

Y nosotros la civilizacion Occidental , ya en decadencia, no usamos todo lo que sabemos para hacer verde esa tierra sino ARMAS ARMAS y MAS ARMAS ¿ EN QUE SERA QUE ESTAMOS PENSANDO???? ver este enlace http://ernesto-consultoria.blogspot.com/2013/09/la-economia-del-mundo-en-crisis.html


Proyectos si hay lo que no hay es VOLUNTAD http://ernesto-consultoria.blogspot.com/2012/12/proyecto-bosque-sahara.html

La ilustración de Roberto Maján es bella, poderosa. Turbadora y llena de angustia como la presencia de la riada en el Sahara. Con talento y mucha imaginación Maján ha captado y reforzado el espíritu del texto. ilustarción y texto se complementan regalándonos una historia dura, pero al mismo tiempo llena de esperanza.

Bello texto que expresa de manera sencilla y cercana el amor odio que sienten los beduinos por la lluvia, por su milagrosa agua. Fertilidad, vida y libertad... pero también, destrucción y muerte cuando uno es refugiado. E incluso así, y como bien dice Limam, lo que triunfa es el amor, el anhelo a la magia del agua, la lluvia.

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

01

Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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El País

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