La libertad y la lluvia

Por: | 23 de octubre de 2013

Roberto_Majan_Ilustracion_05                                                                                                                      Ilustración de Roberto Maján

Esta entrada ha sido escrita por Mohamed Salem Abdelfatah, Ebnu, miembro del grupo de escritores la Gerenación de la Amistad Saharaui.

La lluvia casi siempre cae lejos, quizá es su manera de hacer que siempre estemos en movimiento. Su escasez nos despierta, nos incita a emprender la marcha, o a salir en busca de lo desconocido; nos obliga a mantener la vida. Llueve lejos, siempre lejos, como si alimentara una ilusión, nuestra esperanza. Ella juega y se esconde, ella es libre y se divierte. Le  seguimos el rastro, las huellas que deja una nube peregrina, señales que sólo el corazón de un nómada percibe, interpreta: como la arena al abrigo de un pequeño arbusto, o la orientación de la entrada de un hormiguero, como una imperceptible fragancia o la fuerza del batir de unas alas de mariposa.

Un día cae, sin previo aviso, y nos precipitamos en un abrazo de humedad y tormenta…y aunque a veces nos sorprende con su cólera, nuestro amor es más grande que la rabia, los lamentos y lágrimas que su paso con dolor nos arranca.
La lluvia y la libertad, dos anhelos, dos sueños que nos acompañan y que vamos heredando generaciones tras generaciones. La lluvia, aunque tarda, suele llegar y cambiar, generalmente para bien, nuestros ánimos y renueva nuestras esperanzas. La libertad, sin embargo, sigue lejana, vedada, dolorosamente ausente.

¿Ha caído la lluvia? Pregunta que se repite por todos los caminos, en todos los encuentros, en todos los saludos.
¡Bendito sea quien tiene la respuesta afirmativa!

¡Sí, ha llovido!

(…Ha llovido también en Bashabshub
y ha llovido en las gargantas de Shergan.
Y desde allí hasta Argub
Laglat y las espaldas de Dirramán…)

El poeta, Salama Uld Ydud, en un poema conocido “Díganle a Yidehlu” anuncia la llegada de la lluvia a varios parajes del Sáhara.

En estos tiempos la llegada de la libertad, sería la mejor noticia.
¡Bendito sea quien la anuncie!

¡Una lluvia de libertad!

Mientras tanto seguimos, y aunque se hace de rogar, la lluvia cuando nos visita nos distrae, nos alienta. Y por unos breves momentos podemos sentir la pasión del efímero paso del agua, acariciando la tierra sedienta, fecundando con prisa las semillas de la espera.




Hay 2 Comentarios

Gracias a los poetas saharauis, en hasania y en español, que me emocionan, me hacen reflexionar y me enseñan. Recuerdo a Ebnu afirmar en el Congreso constituyente de Generación de la Amistad que mientras su madre estuviera confinada en un campo de refugiados él escribiría para denunciar la injusticia cometida con el pueblo saharaui. El martes lo recordamos precisamente en la Universidad de Murcia. Gratitud eterna. “Ven a mí, / ven a nuestro frig; / porque, sabes, / ya cayó la lluvia”. Limam Boicha

Si en todos lados esperamos una lluvia de libertad , que sea para todos los del sur que durante tanto tiempo estamos al antojo del Norte . Cuando caiga la lluvia libertaria los niños jugaran en sus lagos y las aves volaran sin rumbo felices de haber alcanzado el horizonte , cuando asoma un temporal feroz tenemos la impresión que todas las tormentas son para limpiar lo que ensucia y tapa la vida , arrancando arboles podridos para dar nacimiento a otros nuevos mas verdes y fuertes como un ciclo inmortal, el espiral universal de la vida y la muerte . La lluvia nos trae vida limpia y alimenta .

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

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Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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El País

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