Por qué el agotamiento del fósforo debería preocuparte (mucho)

Por: | 07 de abril de 2014

Roberto_Majan_Ilustracion_08                                                                                                                    África, ilustración de Roberto Maján

Esta entrada ha sido escrita por el periodista y habitual colaborador de este blog, Iñaki Berazaluce.

La alimentación del mundo depende del nitrógeno y del fósforo. Y el último se está agotando.

A 100 kilómetros de El Aiún, la capital del Sáhara Occidental, en pleno desierto, está la mina a cielo abierto de Bou Craa, el depósito de fosfatos más grande del mundo. No es su único récord: desde la mina parte la cinta transportadora más larga del mundo (construida por España en los años 60) hasta el puerto de El Aiún donde los fosfatos serán procesados y embarcados hacia su destino: los campos de Norteamérica, Asia y Australia.

Apenas un puñado de personas conoce la existencia de la mina de Bou Craa y menos aún han estado alguna vez allí. Sin embargo, cientos de millones de personas nos alimentamos gracias al fosfato que sale del subsuelo del Sáhara, cuya privilegiada combinación de sequedad, humedad del Atlántico y restos de animales que poblaron el antiguo mar hace 20 millones de años ha permitido la formación del mineral, un fertilizante imprescindible para la agricultura intensiva.

Pero la mina de Bou Craa tiene sus días contados: en algún momento entre los próximos 60 y 70 años el fosfato se agotará y sólo quedará un gigantesco agujero en el desierto. Para entonces, la población mundial ascenderá a entre 10.000 y los 13.000 millones de personas (dependiendo de varios factores, entre otros la comida disponible) y más nos vale haber encontrado un fertilizante alternativo para abonar nuestros campos. Porque el fosfato se agota, y no sólo en la mina de Bou Craa sino en todas las excavaciones, según advierte la Iniciativa Global del Fósforo: “No habrá suficientes suministros de fósforo en 30 o 40 años”. Esa es la buena noticia. La mala es que “el fósforo en la agricultura es irreemplazable”.

¿Por qué es tan importante el fósforo? Para las plantas, se trata de un elemento (P, en la tabla periódica) imprescindible para hacer la fotosíntesis. Por lo que nos concierne a nosotros, el fósforo es el segundo mineral más abundante en el cuerpo humano, tras el calcio. Si no ingerimos entre 800 y 1.200 miligramos diarios de fósforo, petamos.

Nuestra avidez por el fósforo explica que cada año extraigamos 170 millones de toneladas de fosfato de la tierra (2,4 millones de ellas procedentes de Bou Craa). Cada tonelada de fosfatos produce 130 toneladas de cereal. En otras palabras, sin fosfatos no hay comida para todos.

Esto explica también por qué Marruecos invadió el Sáhara Occidental en 1975, arrebatando su territorio (y sus fosfatos y su pesca) al millón de saharauis que vivían en el protectorado español: “Desde luego no vinieron por sus bonitas playas”, me comenta el delegado del Frente Polisario en Euskadi, Lih Beiruk. El principal motivo era la mina de Bou Craa, que supone “en torno al 80 o 90% de las riquezas del Sáhara Occidental, unos 4.800 millones de dólares anuales”, según Javier García Lachica, de Western Sahara Resources Watch, una organización dedicada a vigilar –y denunciar- la explotación de los recursos naturales del Sáhara por parte de Marruecos ante los organismos internacionales.

Las reservas de fosfato de Marruecos son propiedad de la empresa estatal Office Cherifien des Phosphates, aunque “empresa real” sería un término más apropiado para definirla: es propiedad casi enteramente del rey Mohammed VI, quien debe una parte sustancial de su fortuna (estimada por Forbes en 2.500 millones de dólares) al fosfato del desierto, marroquí también, pero sobre todo saharaui: Bou Craa es su Potosí.

El fosfato es un inmenso negocio para Marruecos y para su monarca. El país africano es el tercer productor del mundo, tras China y EEUU, pero el primer exportador, dado que tanto Estados Unidos como China han establecido fuertes aranceles a los fosfatos, al considerarlos estratégicos para alimentar su población. El 90% de las reservas mundiales están concentradas en 5 países –los tres citados más Sudáfrica y Jordania- lo que confiere una nueva dimensión a la importancia geoestratégica de Bou Craa y, por ende, del Sáhara Occidental.

El agotamiento a medio plazo del fósforo es un problema serio, una confirmación más de que el futuro se ha convertido en un vertedero del presente, pero más inminente es el llamado “pico del fósforo”, el momento en el que la demanda sobrepasa a la oferta, disparando la competencia por el recurso remanente. Los geólogos no están de acuerdo: algunos piensan que el pico no llegará hasta 2030 y otros que ya tuvo lugar, en 1989, lo que en parte explicaría la escalada del precio de los alimentos, hambrunas locales y consiguientes revoluciones sociales.

¿Hay escape a la trampa malthusiana que plantea el agotamiento del fósforo? Sólo una. Al contrario que el petróleo, el fósforo es un recurso renovable: de hecho lo expulsamos en nuestras deposiciones. La solución pasa por utilizar las heces y los orines humanos para abonar los campos, una técnica que, por cierto, llevan utilizando los campesinos asiáticos desde tiempos ancestrales.

De hecho, antes del hallazgo de los fosfatos minerales los ávidos campos de la superpoblada Europa se nutrían del guano, que no es otra cosa que la caca solidificada de los pájaros, producto del que Chile detentaba un monopolio de facto. El guano se agotó, pero llegaron los nitratos y los fosfatos para apuntalar la explosión demográfica del siglo XX. Cuando el geólogo español Manuel Alía Madina descubrió Fos Bucraa, en 1947, la población mundial era de 2.500 millones de personas, la tercera parte que en la actualidad.

Artículo elaborado con la inestimable ayuda de Ali Salem Alali y Sukeina Aali-Taleb.

Más información sobre Bou Craa en Western Sahara Resources. Con información de Foreign Policy, Consumer, e360, Forbes, Resilience, Global Phosphorus Research Initiative, Libertad Digital y Fertilizers Europe [.pdf].

Hay 3 Comentarios

Es un asco todo esto, yo soy marroquí y me da vergüenza lo que está haciendo el monarca, esta aprovechando la riqueza del país solo para el, mientras millones de personas viven en la pobreza y miseria. Ni siquiera crea puestos de trabajo para muchos jóvenes con carreras universitarias, al final de tanto estudiar se ven obligados a abandonar su familia y su país para buscar un futuro mejor en Europa, pero muchas veces no sale bien ya que algunos para llegar tienen que arriesgar su vida en el estrecho del mediterráneo.

Que pena me da leer estos blogs, tan cargadados de manipulación y en este caso pro saharaui.
Las mentiras que se cuentan aqui son mas altas que el Everest.

1. Fosfatos que exporta marruecos:
Origen de Marruecos: 93%
Origen del Sahara Occidental (bu craa): 7%

La mina de bu craa se mantiene por su impacto social en la población, nada mas porque da trabajo y el gobierno marroqui la mantiene operativa.

Ya sabemos que es una ocupación ilegal y que el gobierno marroqui oprime a la población saharui, pero eso no es excusa para decir mentiras. La ciudad de Khorigba en el centro de marruecos, esta rodeada de grandes minas de fosfatos, la de bu craa es muy pequeña.

EL FOSFATO ES UN INMENSO NEGOCIO PARA MARRUECOS Y PARA SU MONARCA. Tú lo has dicho, para SU MONARCA, porque lo que es los habitantes de Marruecos ya dudo que sea un inmenso negosio, si están muertos de hambre y escapando como pueden a España para salir de la miseria. Asqueroso monarca de mierda. Pero nada nada, recibamos al mandatario con todos los honores, como a toda la bazofia que gobierna pueblos esquilmados para vivir ellos nadando en dinero y robando a manos llenas. Mundo apestoso, dan ganas de vomitar allá donde mires. A ver si es verdad que se acaba el fosfato y nos extinguimos de una puta vez.

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

01

Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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El País

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