El Sahara en Minnesota. Nevada

Por: | 12 de mayo de 2014

El Sahara en Minnesota_Roberto Maján
                                                                            Ilustración de Roberto Maján

Los pronósticos del tiempo hablaban de una fuerte nevada. Bahia decía: “que venga la nevada, que venga. Somos hombres del desierto y queremos ver una nevada de verdad”.

Y llegó la nevada. Era una lluvia blanca. Miles, millones de sacos de harina vaciados por una mano invisible desde el cielo, para llenar la tierra de blancura. Esa era la imagen que volaba por mi cabeza. Aquella nevada parecía que iba a enterrar la ciudad entera.  Y en dos o tres horas sepultó a coches, calzadas, casas, calles, autovías. Caía tanta nieve que las cámaras fotográficas que utilizábamos no captaban la nieve, sino unos hilos blancos  formando enredaderas y estropeando las instantáneas.

 

Fuertes rachas de viento y  remolinos de nieve golpeaban los muros y los cristales de las ventanas. Así caía la nieve mientras cenábamos todos los invitados en casa de la profesora Michelle Hamilton. Y así continuó cuando cada uno de nosotros estaba ya en su cama soñando quizás con tanta blancura en medio de la noche.

Por la  mañana, cuando miré por la ventana, no podía creer que se fuera a celebrar el Seminario sobre el Sahara. Ni pensé que fuera a salir alguien de su casa. Para nada. Pero a las cinco de la mañana ya las maquinas quita nieve estaban despejando las calles. Y dos horas después había muchos transeúntes y el tráfico era fluido. La vida seguía su curso.

Hay 5 Comentarios

Tienes toda la razón Antonia, la nieve, para los que no la conocemos o hemos nacido lejos de ella, es fascinante,
Muchas garcias.
Shukran Conx por tu generosidad, por tu pluma y alma al servicio del Sahara. Y lo mismo digo de las maravillosas y cautivadoras historias ilustradas de Roberto Maján.
Ésta caravana de camellos en la nieve de Minnesota o en nuestros corazones de arena, es preciosa. Muchas gracias.

Los nacidos en tierras secas adoramos la nieve. Si cae algún copo aún lo recibo con el mismo alborozo que a los 6 años. Limam, delicioso post.
Abrazos.

Gracias Limam por aportarnos la visión beduina, siempre detallista, limpia, observadora y certera. Y no puedo dejar de dar las gracias a Roberto Manjón por sus bellísimas ilustraciones.

Hola fernan 557. Buena pregunta:"¿Boicha o boisha?" Esa es la cuestión. Empecé a escribir Boicha, pero la pronunciación correcta es: Boisha. Con la "sh" inglesa o "sh" de la matrícula de los coches saharauis en la actualidad, herencia de la provincia número 53, ja,ja..

Es Boicha o Boisha?

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

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Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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El País

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