Modesto acercamiento a la salud mental de las mujeres saharauis

Por: | 13 de junio de 2014

Ilustración_Roberto Maján

                                                                                                                            Ilustración de Roberto Maján

Esta entrada ha sido escrita por Marta Guarch Rubio, licenciada en Psicología.

Con 25 años, siendo licenciada en Psicología  y viviendo en un país en el que la crisis ha convertido en una odisea la posibilidad de encontrar un trabajo digno, decidí emigrar a Francia unos meses para trabajar en el campo. Recorrí gran parte del sur del país con unos amigos y acabamos trabajando en la vendimia, un trabajo duro pero que consigue  hacer que quienes trabajan contigo acaben convirtiéndose en amigos  por la convivencia tan directa que allí se experimenta.

 

De todas las personas que conocí, una de ellas me llamó especialmente la atención. Mohammed es palestino y vivió refugiado en Siria hasta que el estallido de la guerra y la vivencia de una serie de acontecimientos traumáticos le obligaron a abandonar su país de acogida. Tras pasar por varios países Europeos, se afincó en Estocolmo, ciudad en la que vivió hasta que se produjo la trágica muerte de su hermano en un ataque militar, noticia que convirtió su vida en una constante zozobra que le empujó a buscar de nuevo su sitio en otro lugar. Así llegó a Francia y, entre uvas, nos conocimos.

Con el tiempo surgió entre nosotros una relación fraternal. Él contaba muchas historias y yo le atendía siempre expectante, pues escuchando sus vivencias descubrí las dificultades que las personas refugiadas han de atravesar a lo largo de sus vidas. Por otro lado, y aplicando mis conocimientos a los datos y a las anécdotas que Mohammed me narraba, me planteé la posibilidad de que sufriese un Trastorno de Estrés Post-Traumático, desarrollado por sus desgarradoras circunstancias.

Al poco tiempo y, tras regresar a España para retomar mi especialidad en Psicología Clínica, se me ofreció la oportunidad de hacer un pequeño estudio de investigación en el Instituto Superior de Estudios Psicológicos (ISEP). Fue entonces cuando decidí conocer a fondo las circunstancias de vida de las personas refugiadas, para ver de qué forma, desde la Psicología, se puede contribuir a una mejoría en ellas.

Por cercanía física y por responsabilidad histórica, decidí centrarme en la población saharaui con el objetivo de conocer y analizar las principales patologías que las mujeres adultas sufren dentro de los campos  (las circunstancias vitales que se dan en Estados Frágiles como los campos de refugiados, son caldo de cultivo para el desarrollo de dolencias psíquicas). Siendo el objetivo último de esta modesta investigación ofrecer estrategias de intervención ajustadas a los resultados.

 Además, es necesario mencionar que, aunque existen numerosos estudios relacionados con población refugiada y salud mental, hasta la fecha, no he encontrado ninguno publicado sobre la población saharaui.

De esta forma, me desplacé a los campos de refugiados de Tindouf para comprobar si era factible la puesta en marcha del estudio. Tras este primer viaje de toma de contacto,  llegó el segundo y con él,  la recogida de datos y la estancia prolongada en campamentos que albergan a casi 170.000 personas.

A pesar de la escasez de medios, tanto profesionales como psicofarmacológicos y de importantes obstáculos como la gran influencia la religión o el arraigado uso de la medicina tradicional, pude llevar a cabo la recogida de datos  entre los meses de Abril y Mayo de 2014, visitando los hospitales del  Aaiún, Smara, Bojador, Ausserd y el dispensario de Dajla. Simultáneamente, realicé entrevistas a mujeres voluntarias que aparentemente no padecían ninguna patología siendo estas  desarrolladas estas evaluaciones en otros puntos de los campamentos.

La reciente implantación del Sistema de Salud Mental en los campamentos y la existencia de un psicólogo en cada wilaya o municipio, facilitaron los trámites para acceder a las pacientes. Por otro lado,  la inexistencia de un cuestionario específico para esta población concreta, me llevó  a utilizar el cuestionario sintomatológico   “SCL-90” y una historia clínica ajustada a las necesidades poblacionales.

Realizando el estudio, comprobé de primera mano el anhelo por recuperar la tierra perdida con el que la población saharaui vive desde hace casi 40 años. El sentimiento de esperanza colectiva que aúna a las diferentes generaciones que sobreviven en los campos, frustrado por el respeto al Derecho Internacional,  les convierte  en víctimas pacientes del mismo. Estos  hechos, junto con la escasez de medios que les rodea, pienso que les dificulta enormemente el avance como pueblo.

Asimismo, la realización de este estudio me ha servido para comprobar fehacientemente que, ignorando el conflicto saharaui, contribuimos a perpetuar la eximición de la responsabilidad española  como parte vinculada a su  historia y a prolongar la situación de las personas que viven en estos campos.

Esta realidad, junto con los sentimientos que en mí despertaron las personas que allí conocí, tanto por la cálida acogida con la que me recibieron, como por su voluntad impecable para contribuir a sacar adelante este estudio, me han servido para descubrir, que esta no será la última vez que pise territorio saharaui.

Hay 8 Comentarios

Gran artículo que nos muestra y nos acerca en palabras de una Psicóloga a los problemas de personas que han sufrido conflictos que desde aquí parecen tan lejanos. Gracias por permitirnos acercarnos un poquito más a la mente y las experiencias de estas mujeres desde tus magistrales palabras.

Espero que sigas mostrándonos tu visión de este conflicto desde el punto de vista de una profesional.

Muy buen articulo, permite acercarnos a un pueblo que históricamente ha sido tan cercano y que casi ha caído en el olvido, un buen tema de investigación ya que la mayoría de las veces solo nos preocupamos de los problemas físicos y no de los problemas psicológicos tan importantes para que la salud sea completa.

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Gracias por sorprenderme con esta experiencia que remueve y te transporta. Gracias por tu granito de arena para cambiar todo esto y por regalarme la sensacion de querer saber mas sobre este tema. ¿Como seguirlo?

Y enhorabuena por como está escrito

Me gusta mucho tu artículo, Marta. Por lo bien escrito que está y por su contenido. Tendemos a pensar en el sufrimiento físico de las personas que se encuentran en campos de refugiados, pero tan importante es el sufrimiento psicológico. Que se investigue sobre ello y se encuentren procedimientos de Intervención psicológica para remediar o, al menos aliviar, su malestar es una tarea digna de todo encomio. Me gustaría conocer tu estudio de investigación completo. Felicidades Marta y a continuar profundizando en el tema.

Muy buen articulo y muy buena experiencia la suya.Me gustaria poder leer el estudio para interiorizarme un poco con el tema.Felicitaciones señora Marta Guarch.

Con artículos como este nuestra consciencia recuerda los lejanos problemas de otra gente, que de pronto están mas cerca.
Gracias por hacernos partícipes de tus experiencias y permitirnos ver el mundo desde tus ojos.
Gracias también a tí y a toda la gente como tú que cada día hace que el mundo sea mas humano.
No dejes de seguir escribiendo, te seguire de cerca!!!

Gracias, Marta Guarch por enseñarnos en detalle otro problema que sufre el pueblo saharaui, al que abandonamos a su suerte hace casi 40 años. Y también gracias por tu contribución científico-social en el Sahara,

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

01

Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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El País

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