Memoria de arena [03]

Por: | 06 de octubre de 2014

03_poema_Roberto_Majan                                                                                                    Ilustración de Roberto Maján

RECUERDOS - Mohamed Salem Abdelfatah, Ebnu

Al maestro le bastaba con atravesar la puerta hacia dentro, para que un silencio de sarcófago se apoderase de la clase. Un silencio denso, que afianzaba su indiscutible protagonismo, e incrementaba el miedo que tan solo su presencia provocaba.

Entraba con aire marcial, haciendo sonar sus tacones sobre el suelo de cemento. Recuerdo su constante ir y venir por el aula, se paseaba lentamente como si desfilara. Tardaba casi un minuto en recorrer el aula de punta a cabo, desde la pizarra hasta el mapa de España, incluyendo sus territorios de ultramar, colgado en la pared opuesta.

Recuerdo la primera vez que nos enseñó el mapa del Sáhara. Lo recuerdo perfectamente porque, quizá fuese aquella la primera vez, que volvía la cabeza sin el temor de ser castigado.

“Esta es la provincia del Sáhara” dijo cuando todos nos volvimos “Yo vengo de aquí” continuó, mientras señalaba con una enorme regla de madera un punto del Levante español.

Ese día lo recuerdo, con mucha emoción, porque me liberó de un miedo que nació conmigo. Me enteré con suma satisfacción, que la tierra no terminaba en el horizonte, y que el mundo no se limitaba a la inmensidad del desierto; y que más allá del horizonte, no había ningún riesgo de precipitarse al vacío.

Me invadió un urgente deseo de llegar hasta el mismo horizonte y comprobarlo.

¿Cómo iba a saber yo, que en pocos años pasaría casi la mitad de mi vida al otro lado de mi mundo, y que iba a descubrir que el horizonte o los horizontes, por muy presentes que estén en todas partes, no son más que meros espejismos?

De vez en cuando evoco esos lejanos mundos de mi vida, intentando cada vez encontrarme con un recuerdo extraviado. Es la paradoja de recordar el olvido. Recuperar o rescatar, aunque sea un mínimo detalle de lo que un día ocurrió o dejó de ocurrir. Cuando se logra vislumbrar ese detalle, comienza la aventura de resucitar paso a paso una realidad, que no por añeja deja de ser verosímil. Es como restaurar la historia.

Nos convertimos en rastreadores, como los expertos nómadas deyara, del Tiris, o los baqueanos de la Pampa. Resueltos a encontrar e identificar la más intrincada de las huellas, que el viento va borrando. Sólo ellos saben encontrar los caminos que llevan a la meta definitiva.

Rastros que seguimos, sin saberlo, guiados por un simple instinto, un olor, un ruido, o una inexplicable sensación que brota de pronto, como si alguna extraña fuerza o razón suprema nos incitara a buscar entre los recovecos de nuestra memoria.

Comenzamos la pesquisa al interior del olvido, oteando desde las atalayas desperdigadas por la geografía de la memoria. Posando la mirada del recuerdo sobre la oscuridad pretérita de las entrañas del pasado. Mientras nos empeñamos en la búsqueda de un destello que nos indique el lugar exacto de un callado ruido, un marchito aroma, o un leve dolor gastado.

Lo intentamos una y otra vez hasta cansarnos.

De pronto, un día o una noche, a cualquier hora se ilumina el horizonte y a lo lejos un recuerdo rompe el cascarón del tiempo y emerge como un retoño.

Lentamente comienza a crecer y crecer, haciéndose gigante, vivaz e inexorablemente cruza la inmensa frontera del olvido.

El recuerdo más reciente que he rescatado, tiene casi mi misma edad y el tierno aroma de la melhfa de mi madre.

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

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Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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El País

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