Aires de nostalgia en la literatura saharaui

Por: | 07 de enero de 2015

TAGANET                                                                                                                    Paisaje de Taganet

Vuelvo a desempolvar viejos pergaminos del registro oral saharaui, aún latentes en la memoria colectiva de la sociedad para acercar a mis lectores momentos originales en la educación que la familia saharaui transmite como buen legado a sus miembros. En Tiris1, la región del Sahara Occidental donde nací y pasé mi infancia, sus habitantes por naturaleza son amantes de la poesía, las tertulias, la buena oralidad y los géneros musicales de azauan2  y elhoul3. Y estos rasgos son los que muchas veces me llevan en mis escritos a  escarbar sobre la heterogeneidad de estos géneros literarios del verso hasaní y su espacio nostálgico en la memoria colectiva. Esta vez me trasladan a un personaje de la talla de Mohamed Uld Adubba4  el gran poeta de Taganet.

 

Se dice que “cualquier tiempo pasado fue mejor”; pero creo que el concepto o intención del refrán en sí sólo cobra sentido si buscamos lo transcendental de los más relevantes  hechos del pasado como referente histórico y guía de memoria. Hace poco dos amigos,  de los territorios liberados y de los ocupados del Sahara Occidental, me escribieron. El motivo era para informarme de algo bueno que los saharauis siempre reservan como primicia en las noticias; algo que es reflejo del pasado de nuestra cultura saharaui y que persiste en nuestra literatura. El primero me informó “Zemur está desbordado de aguas por las lluvias que cayeron en los territorios liberados en este mes de noviembre”. Qué inmensa alegría me invadió por la noticia, un sentir como si tuviera en mi posesión o a mi cuidado un centenar de cabezas de camellos, pensando siempre en la tierra y sus nómadas.

El segundo amigo, fue más contundente y breve. Me escribió desde su oficina en mi pueblo ocupado, Auserd. Posiblemente al hacerlo de su correo, lo hizo con total prudencia por si los marroquíes husmeaban y detectaban que tiene relación con un compatriota de los territorios liberados, campamentos de refugiados o de la diáspora saharaui exiliada en Europa, como es mi caso. Este último mensaje fue breve, condensando en siete palabras la información que generalmente se da con muchos detalles y al son de las tres tandas del ritual té saharaui.  “Bahia, desde Bu Guetalla, buenas tardes, Tiris mashuba5”. La recepción de esta noticia cobra un profundo sentido de placidez y significado en el corazón de un saharaui. La lluvia es el embrión de la vida, la lluvia es hierba, la lluvia es la sonrisa del cielo, aunque a veces puede causar inesperados daños. Un dicho saharaui, en defensa de ese apreciado don del cielo, reza: السحاب ماتخسر الي ماصلحت “La lluvia compensará lo que ha destruido”.

En Occidente estos valores humanos que relacionan el individuo con su entorno natural  han sido sustituidos por un espíritu materialista que ha invadido el corazón de las personas. Y la noticia más relevante que hace reaccionar a estas sociedades, causando preocupación, alegría, asombro, sentimiento de unidad que llega a paralizar las arterias de una urbe de millones de habitantes, sería el equivalente a una victoria relevante en fútbol. Pocas cosas más movilizarían el corazón en las materialistas sociedades occidentales actuales. El clásico poeta tirseño Salama Uld Eydud en los años sesenta escribía desde Tiris a su amigo el poeta Yedehlu Uld Esid; le daba la siempre buena noticia de esas tan ansiadas y bendecidas gotas de agua caídas del cielo, que humedecen los sedientos labios de camellos y el alma de sus amos.

Díganle a Yedehlu que esta morada
que limpia el alma es todo agua,
desde Tishia hasta El Mahyub,
del Guetma al pozo Deyan.
(…)

“La morada que limpia el alma” y “es todo agua”, así decía el poeta; un hermoso recorrido por la geografía en dos conceptos que se complementan entre sí para expresar el inquebrantable espíritu beduino saharaui, tanto en el campo como en la ciudad. La morada o lemrah, es decir el hogar de acampada y el agua de las lluvias en nuestra cultura son más que un bienestar que va y viene. Se mezclan júbilo, amor, vida y muchas efemérides, que al repasarlas nos llevan a una nostalgia conceptual, provocada por la buena nueva sobre las lluvias, el recuerdo de nuestros seres más queridos que se nos han ido o la añoranza por nuestros desplazamientos del pasado. Y el verso hasaní siempre fue el elocuente testigo en estos aires de nostalgia literaria.

Y como ejemplo de esta conceptual nostalgia que desde antaño ha estado ligada a nuestra geografía y su literatura, me remito a este talaa6 del gran poeta de Taganet,  Mohamed Uld Adubba. El poema o talaa está escrito y cantado en lebteit, el género por excelencia más dulce y suave de las gamas musicales de hasania, considerado el clímax del houl saharaui. Es la evocación a la patria de uno, recuerdos de buenos tiempos pasados, que se interpretan por el alma saharaui como la intrínseca vinculación del hombre con su geografía y literatura social. De este poema de Uld Adubba se deduce que no estaba en su tierra Taganet y que alguien de su entorno durante su ausencia le aportó alguna novedad sobre ésta en el mismo estilo y con semejanza en términos literarios en cómo lo hizo el poeta Salama Uld Eydud con Yedehlu Uld Esid.

عاﯖب ذلي فات امن اهلاك         لرض افلخلاﯖ المنكوب

شوفيلك يلعين ؤرذاك              حجرت تݣانت مسحوب

شوفيلك حجرت بيل انيار      اخظار ؤشوفي زاد احجار

ﯖافان ؤشوفي لخظار              في النعوى مزالت شوف

 ؤلرض اموجر فم الديار               ﯖط انزلتها مطروب

من لخظار ؤتبك من عار             نوبت تݣانت مجدوب

يخلاݣى حجمك بتكدار              زرݣيه ابعيد ابعد شوف

 منك منطرب ذلقرار                  و انت فلاه افذي انوب

عاﯖب ذلي فات امن اهلاك        لرض افلخلاﯖ المنكوب

شوفيلك يلعين ؤرذاك               حجرت تݣانت مسحوب

Tras esos tiempos de tormento
en los que el alma siente
la tierra quebrada.
Oh, ojos míos, después de todo,
disfrutad las torrenciales lluvias
caídas en las rocas de Taganet.
Mira alma mía las rocas Bil Enyar,
todo verde,
y también contempla las rocas
de Gafan y verás desde la distancia
aún en Neeui las verdes estepas.
En estos lugares de patria
permanecen viejas moradas y tiempos felices
que tú has vivido.
Llanuras de campos verdes
que lloraban la desgraciada sequía
que asoló Taganet en aquellos tiempos.
Oh, alma mía, que de nuevo
te desbordan recuerdos y nostalgias,
abandona tus desvelos,
tíralos lo más lejos de ti y alégrate
por tu decisión y refúgiate esta vez en Dios
tras esos tiempos de tormento
en los que el alma siente
la tierra quebrada.
Oh, ojos míos, después de todo,
disfrutad las torrenciales lluvias
caídas en las rocas de Taganet.

Leí no hace mucho en el periódico británico Daily Mail un artículo que hablaba de la nostalgia en sus diferentes manifestaciones. Decía que escuchar a los Beatles, puede generar un especial calor en el cuerpo al revivir tiempos que hubieran transcurrido con especial gratitud emocional en nuestra vida. Así lo refleja el cantautor catalán Joan Manuel Serrat, en la canción que reza: “Perdóname si hoy busco en la arena, esa luna llena, que arañaba el mar”. Este artículo lo escribí tras escuchar el clásico músico mauritano Cheij Uld Abba en una velada musical, que data de los años sesenta y en la que cantaba este poema de Taganet. La gran poetisa saharaui Ljadra Mint Mabruk, una vez me dijo, “en aquellos tiempos llevábamos nuestros ganados para finiquitar el verano en Taganet y el invierno lo pasábamos en Tiris. Muchos poetas saharauis dicen que Taganet es una porción de Tiris en la  topografía de Mauritania, y es por su semejanza geográfica.  Este clásico en mi infancia mis padres lo escuchaban en nuestra jaima de la badia7  y nuestra casa de Auserd.  Estos momentos de nostalgia que nos lleva a los felices años que hemos pasado en nuestra patria significan que estamos vivos culturalmente y que seguimos transmitiendo este legado que hemos heredado de nuestros eruditos, poetas, abuelos y bisabuelos. Ejercitar esta nostalgia que anida en nuestra literatura, tarea sana y grata, conserva y mantiene vivos nuestros vínculos con la patria.

1Región sur del Sahara Occidental conocida como la patria del verso, la erudición, los guerreros anticoloniales y los caballeros andantes.

2La música tocada en todas sus gamas desde el principio al final. Suele estar acompañada por recitación de poemas, cortos estribillos, que se llaman  shour o ashuar y comentarios de los músicos.

3Los dos géneros musicales de la música de la sociedad de los bidan, Sahara Occidental y Mauritania.

4Un clásico poeta hasaní, natural de Mauritania de gran prestigio literario que es conocido por su canto a la región de Taganet. Región que los habitantes del Tiris saharaui, iban con sus ganados de camellos en los cálidos veranos. Emigración a esta región que se debe a sus suficientes lluvias y pastos para los animales. Dicen los sabios saharauis que Taganet tiene algún parecido a Tiris, la tierra del verso saharaui. También es una región muy recurrida en la poesía saharaui y mauritana en hasania.

5Anegada en aguas, ha caído muchas lluvias, muy bien ha precipitado el cielo.

6Poema en hasania.

7Campos, llanos y sabanas que eclosionan con todo verde durante los buenos años de lluvia en el territorio.

Hay 4 Comentarios

Bello

soy como la tierra del desierto ávida de lluvia, cuánto tiempo he de esperar tu llegada?

Gracias querido amigo Ali por tu sentir de alma saharaui y por animar.
Saludos

En este texto se respira poesía, prosa poética y sobre todo, una profunda nostalgia del espíritu nómada y beduino, frente a un mundo material que se transmite a través de la publicidad y los whatsapp. Gracias Bahia por transmitirnos la profundidad y belleza de estos grandes poetas.

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

01

Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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El País

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